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Fatigada del baile,
encendido el color, breve el aliento,
apoyada en mi brazo
del salón se detuvo en un extremo. |
5
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Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento. |
10
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Como en cuna de nácar
que empuja el mar y que acaricia el céfiro,
tal vez allí dormía [*]
al soplo de sus labios entreabiertos. [*]
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15
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¡Oh, quién así, pensaba,
dejar pudiera deslizarse el tiempo! [*]
¡Oh, si las flores duermen,
qué dulcísimo sueño! |
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LG, p. 540.
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Comentario temático de la rima Este poema ha sido señalado por la crítica como muestra
del Bécquer frecuentador de salones, cronista galante de bailes y saraos. El motivo de la
flor asomada al escote de la bella no es precisamente original, como no lo son el céfiro
o el nácar tan dieciochescos, pero resulta curioso comprobar cómo el
poeta se lo apropia y lo tiñe con sus temas y motivos favoritos: la levedad, el erotismo
ligado al ámbito de la naturaleza, el sueño...
Véase un motivo semejante en la
rima 19 (XXII).
Testimonios
de la rima
LG,
p. 540. O1, II, p. 268. |
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