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Al
hilo de sus ideas poéticas se han ido viendo muchos de los grandes temas becquerianos. No
tiene nada de raro, pues ya hemos comprobado cómo esas ideas nacen muy directamente de la
práctica de la escritura, como reflexión sobre las dificultades y el horizonte de la
escritura.
Es más, este conjunto de poemas
y casi cada uno de ellos aparece cruzado en diferentes direcciones por
preocupaciones muy diferentes
que se funden y enriquecen mutuamente, o acaso fuera más exacto decir que aparece
recubierto por estratos o capas que posibilitan diferentes lecturas, progresivamente
complejas e interrelacionadas, pero siempre autónomas en su raíz. Es el caso central del
amor y la mujer, el tema que varias generaciones de lectores han asociado a las Rimas.
El tema amoroso, ligado vívidamente a la experiencia de un sujeto poético bien
circunstanciado, que espera o se desespera, admite un segundo plano de lectura que nos
remonta a la experiencia no menos vívida del poema posible y sus dificultades
y sus goces y sus dolores. Y frecuentemente, amor y poesía se expresan en los versos
mediante el recurso a motivos de la naturaleza: mar, playa, cielo, astros, bruma, viento,
nieve, flores, aves... Hay mucha más naturaleza en las rimas de lo que generalmente se
piensa. Eso sí, todos los lectores saben leer esos motivos como claves simbólicas que,
sin dejar de ser lo que son, remiten a una experiencia interior, sentimental o
metapoética. En ocasiones puede ser huracán o bien ola impetuosa que busca la playa,
pero de modo más frecuente la naturaleza se va adelgazando hacia lo más ligero y
evanescente, hasta ser bruma o niebla, o ya sólo luz o átomo de luz. En esos casos,
sabemos que lo natural nos ha conducido hasta lo ideal, cuyo símbolo es la luz, ideal
asociado a la mujer o a la poesía, o a ambas cosas. |

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Ese adelgazamiento o esa trascendencia de lo
inmediato no impide que haya también poemas donde el amor u otros sentimientos se agotan
en sí mismos. La persecución del ideal y el hundimiento en lo terrible son dos aspectos
de lo mismo en los grandes poetas. Cernuda señalaba, con razón, que hay mucha rabia de
amor en estos poemas, «una pasión horrible, hecha de lo más duro y amargo, donde entran
los celos, el despecho, la rabia, el dolor más cruel» [(1935) 1975: 1271-1272].
A veces, incluso de manera descarnada y brutal, como en la rima
55, que por ello no llegó a publicarse en 1871. Y la idealidad de la mujer no es
óbice para que en ocasiones se cante el goce del puro amor físico, sin problemas, como
en la 8 (LVIII). O dando un giro impensado, hasta es
posible que la asociación de mujer y poesía conduzca a la conclusión atípica de la 65 (XXXIV): la mujer bella y estúpida se disfruta como
pura forma, como sola expresión.
También el tiempo reclama su
protagonismo en buena parte del libro. En realidad, el contraste entre el amor ilusionado
y el desilusionado inserta el tiempo como factor degradante. La rima 38 (LIII), con sus golondrinas que marchan y vuelven
una y otra vez, está estructurada sobre esa idea del amor vencido por el tiempo. Y
también es el tiempo, con evidentes recuerdos seiscentistas, el tema de la 67 (LXVI). En ella, como en algunas otras, el destino
incierto y la asechanza de la muerte sitúan la meta existencial en «donde habite el
olvido». O bien el rechazo de la realidad mezquina conduce al deseo de otra realidad, que
bien pudiera ser la del sueño. Sobrepasar los límites de la realidad, sustraerse al
acoso del tiempo, vencer al mismo amor. Volvemos a lo que antes decía. Hay una marcada
preferencia por los estados de tránsito a lo inmaterial: el sueño, la duermevela, el
viaje platónico de la 23 (LXXV), los espacios
indeterminados...
También por esa misma razón,
habría que destacar cuánto tienen estos poemas de depuración, de desnudez. Bécquer
afirmará tajantemente en la rima 39 (IV): «mientras
haya un misterio para el hombre, / ¡habrá poesía!». La vida cotidiana, material, si no
es en sus facetas más delicadas, apenas le interesa. Esta búsqueda de lo esencial
implica, como apuntaba Cernuda, una modernidad basada en el rechazo de cuanto siente ajeno
al lirismo: relato, ampulosidad oratoria, baja explicación moral [(1935) 1975: 1274]. La
modernidad, en Bécquer, no significa atención a los motivos de la emergente sociedad
burguesa, de la ciudad moderna o de los nuevos valores que se abren paso en ella. Esa
tensión entre ideal lírico y realidad prosaica, típicamente baudeleriana, la ignora. No
hay tampoco moralismo o didactismo. Lo que se cuenta es, sobre todo, una experiencia
sentimental. Y viene esto a cuento, porque en Bécquer es tan importante lo que niega como
lo que afirma. |
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Estamos así ante un universo temático que expresa,
no ya el deseo de alcanzar la mujer imposible o el deseo de decir lo todavía no nombrado
como tantas veces se ha escrito, sino el deseo mismo, desnudo, en cuanto
inefable e inmaterial. El propio deseo sustantivado, el deseo en sí mismo como
flecha en el aire, tanto en su elevación como en su frustración, es su gran tema.
Las rimas recorren todas las variaciones posibles de ese deseo, casi siempre ligado a una
raíz erótica, sea cual sea su carácter.
Fijémonos, finalmente, en cómo esa
línea erótica que enlaza los diferentes motivos del libro propicia una expresión
dialógica, algo que propugnaba ya la rima 11, que los
amigos del poeta colocaron al comienzo de la edición de 1871. Hay un yo y hay un tú
que no siempre son un hombre y una mujer, y esos sujetos poéticos recorren
todos los grados posibles de relación: encuentro e identificación, oposición y choque,
disimulo, deseo... Por todo ello, las rimas facilitan una sensación de cosa vivida, en
ocasiones de literatura diarística.
Muchísimos lectores de Bécquer se
sorprenderían de que se le busquen tantos pliegues a unos poemas que ellos,
legítimamente, han disfrutado y disfrutan como una experiencia sentimental compartida,
biográfica en un sentido intersubjetivo. Volvemos al principio: Bécquer tiene la rara
fortuna de ser escritor para los muchos y para los pocos, y acaso su clasicismo en las
letras españolas incluya también esa cualidad, la de admitir lecturas y lectores tan
diferentes. El lector libre y curioso podrá comprobar la justeza de esas lecturas al pie
de las rimas de esta edición, donde se incluye un resumen interpretativo que, si no
anulará su propia lectura personal, acaso pueda abrirle las puertas de otros bécqueres
posibles. Ojalá sea así. |
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