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El texto base de la presente edición es la versión corregida del Libro de
los gorriones, manuscrito 13.216 de la Biblioteca Nacional. He usado la edición
facsímil de Ediciones 2000 [1984], junto a la
versión digitalizada de la Biblioteca Nacional [1999], y he consultado
también la preparada por Guastavino
Gallent, Rafael de Balbín y Antonio Roldán [1971]. Para las variantes, y salvo
indicación expresa, he acudido a las publicaciones originales o a reproducciones
fotográficas de los manuscritos. He manejado también la edición facsímil de la
prínceps, preparada por Cristóbal
Cuevas y Salvador Montesa [1993], y he consultado las tres ediciones posteriores en
Fernando Fe [1877, 2.ª
ed.; 1881, 3.ª ed.;
1885, 4.ª ed.].
Incluyo, aunque sin numeración,
aquellos poemas que responden al tono, forma y lenguaje de las rimas, aunque no formen
parte del Libro de los gorriones. Por lo mismo, dejo fuera el poema religioso
«Patriarcas que fuisteis la semilla» y los poemas de adolescencia recogidos en el libro
de cuentas de su padre [Autógrafos
juveniles, 1993].
Como queda dicho, respeto también
la ordenación original que Bécquer dio a sus poemas en el Libro de los gorriones.
Seguir este manuscrito no debe obligarnos a cambiar el título legítimo de los poemas,
que Bécquer titula ahí mismo como Rimas. Son éstas las Rimas, y son las
rimas ordenadas según su única voluntad conocida y expresada.
Queda dicho también que acepto como
de Bécquer las correcciones del Libro de los gorriones, y ese texto corregido
constituye por tanto la lección base
de la presente edición. La publicación de esta edición en Internet permite además
remitir al lector en cada caso, y cómodamente, al facsímil correspondiente del poema
manuscrito. Recojo además, entre el aparato crítico, todas las variantes conocidas hasta
la fecha, algunas de las cuales no han llegado a incluirse en las últimas ediciones
críticas publicadas.
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En apéndices, el lector puede consultar las tantas veces citadas Cartas literarias a
una mujer, la reseña de La soledad y los prólogos de Ramón Rodríguez Correa
a la primera y cuarta edición de las Obras. Incluyo también una cronología donde
se sintetizan los datos principales de la biografía del poeta. La ortografía ha sido adaptada a la norma actual sin
señalarlo en cada caso, aunque sí se ha hecho cuando su singularidad lo aconsejaba.
Regularizo así el uso de b/v, j/g, s/x, etc. Respecto a la
puntuación, todo editor tiene que asumir la necesidad y el riesgo de normalizar o
simplemente suplir los usos peculiares o arbitrarios del autor. No es solamente que
responda a modelos de época, que suelen diferir de los actuales, sino que Bécquer
frecuentemente prescinde de la puntuación, incluso cuando envía textos a la imprenta.
Esto no debe llevarnos a enmendarle siempre la plana, como si de un iletrado se tratase.
Por el contrario, conviene tener en cuenta su fino oído musical y valorar el sentido de
sus pausas cuando sí cree necesario echar mano de signos de puntuación. Por ello,
siempre que ha sido posible hacerlo, he respetado los usos del autor, sobre todo cuando
indican un determinado ritmo de lectura, y por lo mismo, me he propuesto liberar las
frases de cuantos signos de puntuación fuesen prescindibles.
Un caso especial es el de los signos
de admiración e interrogación, sobre todo el de los primeros. A Bécquer le resulta
incómodo el uso castellano, que exige siempre el signo de apertura, y con mucha
frecuencia opta por el signo de cierre aislado, al modo de otras lenguas. No cabe duda de
que así suaviza el inevitable énfasis que los correctores le añadimos al procurar su
acomodo a la norma castellana. Esto es cierto especialmente en algunas frases largas,
donde el signo final aislado mantiene su matiz de crescendo final o de sorpresa,
tan becqueriano, que se rompe cuando de modo siempre forzado se inserta el signo de
apertura. Tampoco debe dejar de registrarse el signo de admiración reforzado (!!),
que tiene sin duda un valor semántico. En estos dos casos y solamente en
ellos, la edición respeta el uso del autor, aunque violente la norma general. |
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A punto de publicarse esta edición, ha aparecido la
de Luis García Montero
[2001], cuyas ricas sugerencias básicamente concordantes con las aquí
expuestas no han podido incluirse.
Quiero acabar esta parte
introductoria con mi agradecimiento público a los directores del Museo Nacional de Arte
Decorativo de Buenos Aires, del Archivo Municipal de Sevilla, del Museo de Bellas Artes de
Córdoba y a los funcionarios de bibliotecas y archivos, como los de la Hemeroteca
Municipal de Madrid, cuya ayuda ha sido inestimable. |
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