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Por el camino que llevan topan con
los galeotes, a los cuales DQ libera, y de resultas de su hazaña no
queda guarda en el campo, con gran temor de SP, que aconseja
a su amo emboscarse en la sierra para huir de la Santa Hermandad.
DQ quiere que los galeotes se vayan a la ciudad del Toboso,
pero los galeotes no están de acuerdo ya que, como aún no son las
diez del día, no pueden correr el riesgo de ser vistos si van
juntos. Lucha entre Ginés de Pasamonte y DQ. (23) Aventura
en Sierra Morena. DQ y SP se entran por una parte de la Sierra
con la intención de SP de atravesarla y llegar hasta el Viso o
Almodóvar del Campo. A DQ aquellas montañas le alegran
el corazón. Encuentran los restos de la mula muerta. En aquel lugar
inhabitable, DQ ve por cima de una montañuela al que luego
será Cardenio, saltando de risco en risco, y se propone ir
a buscarlo por aquellas montañas. Insinúa a SP rodear esta
serrezuela, y, habiendo rodeado parte de la montaña, hallan,
caída en un arroyo y muerta, la mula; y por cima de la montaña
aparece el cabrero, quien, tras referirse a la mula muerta en esa
hondonada, cuenta que hará al pie de seis meses poco más o
menos llegó Cardenio a una majada de pastores, como a tres
leguas de este lugar, con la intención de entrarse en la parte
más áspera desta sierra, y se emboscó en la sierra,
corriendo por entre estos jarales y malezas, aunque de vez
en cuando sale al camino a pedir comida a los pastores. Y,
continúa el cabrero, justamente ayer varios pastores determinaron
buscarlo y llevarlo hasta Almodóvar, que está de aquí a
ocho leguas, para curarle la locura. Otra vez mencionan la
sierra y la montaña, y luego se dice que por entre una quebrada
de una sierra aparece Cardenio [2].
(24) Todavía en Sierra Morena. DQ quiere saber
por qué Cardenio se ha ido a vivir entre estas soledades, y
Cardenio los conduce hasta un verde pradecillo que estaba
a la vuelta de una peña poco desviada de allí. Les cuenta la primera
parte de su historia, iniciada en una ciudad de las mejores desta
Andalucía, que continúa por otros lugares ajenos a la acción de
la novela, hasta que DQ le interrumpe y, entre otras razones, le invita
a venirse a mi aldea para mostrarle los libros de caballerías.
Riña con el cabrero, que se embosca otra vez en la montaña.
(25) Siguen en Sierra Morena. DQ y SP se entran
en lo más áspero de la montaña, con reniegos de SP, que quiere
«volver a mi casa» y no seguir por estas soledades.
DQ, para calmarle, le da permiso para hablar pero no más «de en cuanto
anduviéramos por estas sierras». Insiste SP en la no necesidad
de vagar por estas montañas, sin senda ni camino, pero DQ encuentra
estos lugares tan a propósito para su penitencia, que no quiere
dejar pasar la ocasión. Llegan luego al lugar que DQ escoge para su
penitencia: al pie de una alta montaña, que casi como
peñón tajado estaba sola, rodeada de un arroyuelo. Un
lugar apacible. Y allí anuncia a SP que partirá de aquí a tres
días a entregar la carta a Dulcinea, pero SP le ruega que piense
que ya son pasados los tres días, que haga la penitencia y
«póngame yo por una en el Toboso». Es con ocasión de este diálogo
que DQ le dice a SP que doce años ha que quiere a Dulcinea.
La libranza de los pollinos se firma «en las entrañas de Sierra
Morena, a veinte y dos de agosto deste presente año». Se va SP,
pero, por temor a no saber volver a este lugar, DQ le aconseja
que de trecho en trecho vaya poniendo algunas retamas hasta salir
a lo raso o camino del llano, como en efecto hizo. (26)
En Sierra Morena aún. DQ se sube sobre una punta de
una alta peña a hacer su penitencia, entre árboles, un
arroyo y el pradecillo, grabando versos por las cortezas
de los árboles y ayunando hasta el extremo de que si SP en vez de
tardar tres días en volver, como tardó, tarda tres semanas,
habría quedado desfigurado. De hecho, SP, habiendo salido al camino
real, se dirije hacia el Toboso y otro día (al día siguiente)
llega a la venta... a hora... de comer. Pero como no quería
entrar porque recordaba la faena del manteo, se llega sólo junto
a la venta, en el preciso momento en que salen de ella el cura
y el barbero de su mismo lugar, a quienes explica que su amo
queda haciendo penitencia en la mitad de esta montaña y que
le ha dado una carta para Dulcinea y una libranza para tres pollinos
que están en casa, pero silencia lo que le había sucedido
en aquella venta, y no quiere entrar en ella. (27)
El cura y el barbero quieren sacar a DQ de la montaña y
resuelven que SP vaya primero solo hasta donde está y pruebe si, con
una supuesta respuesta de Dulcinea, logra sacarlo de aquel lugar.
Y, así, otro día llegan al lugar donde SP había dejado
las retamas, y éntrase este por aquellas quebradas de la sierra,
dejando a los otros dos en una por donde corría un pequeño
y manso arroyo... Hacía el calor propio del mes de agosto y
hora de las tres de la tarde, cuando el cura y el barbero primero
oyen unos lamentosos versos y después de andar un poco, al volver
de una punta de una peña, vieron un hombre que resultó ser
Cardenio, quien, al ver a los dos en trajes tan poco usados por aquellas
soledades, se dispone a contarles por qué también él se halla
en tan remotos y apartados lugares. En efecto, les cuenta su
historia y cómo los vaqueros y cabreros destas montañas le
prestan ayuda. (28) En la mesma Sierra todavía.
Ahora los tres (cura, barbero, Cardenio) descubren, tras andar veinte
pasos y detrás de un peñasco, a un mozo que se lava los pies en
un arroyo. El barbero y Cardenio se esconden detrás de unos pedazos
de peña, mientras el cura queda espiando al mozo, que resulta
ser, en definitiva, la discreta Dorotea, la cual les cuenta su propia
historia. El relato empieza con la frase En esta Andalucía hay
un lugar... y enlaza con la misma relación que antes había dado
Cardenio, y diciendo que se ha escondido por estas montañas
hasta dar con un ganadero que
la llevó en las entrañas desta sierra, del cual tuvo también
que huir para «asconderse» en estas asperezas, con el fin,
si no puede salirse de ellas, de morir entre estas soledades.
(29) Los cuatro (cura, barbero, Cardenio y Dorotea)
esperan una solución a sus problemas. Cardenio propone que los otros
le acompañen a su aldea, pero en esto vuelve SP que, por no
hallarlos en el lugar donde los dejó, los llama a voces y les
cuenta cómo había explicado a DQ que Dulcinea le mandaba que saliese
de aquel lugar y se fuese al del Toboso. Se urde la
trama para devolver a DQ a su aldea, con el protagonismo que
toma Dorotea, quien se hará pasar por la heredera del gran reino de
Micomicón. A tres cuartos de legua encuentran a DQ, entre
unas intrincadas peñas. Todos juntos, ya con DQ, salen luego al
camino real y se ponen en el llano a la salida de
la sierra. Se establecen turnos para montar hasta llegar a
la venta, que estaría hasta dos leguas de allí. El cura
justifica su presencia: dice que él y el barbero iban a Sevilla
y que al pasar por estos lugares fueron asaltados. (30)
En un malentendido DQ apalea a SP y este, cuando amo y criado
quedan adelante para hablar de la embajada de SP a Dulcinea,
dice a su amo que esos palos que le ha dado ahora «más fueron por
la pendencia que entre los dos trabó el diablo la otra noche
que por lo que dije contra mi señora Dulcinea» [3].
DQ dice a SP que recuperó el librillo con la carta «a cabo de dos
días de tu partida». (31) De nuevo solos DQ y SP,
este cuenta a DQ que halló a Dulcinea en un corral de su casa
y le explicó cómo DQ quedaba metido entre estas sierras. Dulcinea,
siempre según SP, rompe la carta de DQ porque no quiere que en
el lugar sepan sus secretos, y ruega a DQ, por mediación de SP,
que salga de aquellos matorrales y se ponga en camino del
Toboso, y a SP, antes de despedirse este, por las bardas de
un corral le dio un pedazo de pan y queso. DQ se maravilla de
la prisa que se ha dado SP en ir y volver, pues dice «poco más
de tres días has tardado en ir y venir desde aquí al Toboso,
habiendo... más de treinta leguas». Y esta misma idea la repite
DQ luego, aunque sin mención del tiempo: «sólo en tan breve tiempo...
deste lugar al del Toboso». Llega un momento en que, para hacer
un alto en el camino, los que mandan la comitiva quieren detenerse
a beber en una fuentecilla, donde, en efecto, se pararán para
beber y comer. Entonces se presenta el mozo Andrés, el que los
días pasados había sido liberado por DQ de los latigazos de Juan
Haldudo, les cuenta el desgraciado final del episodio y dice que se
va a Sevilla. (32) En la venta. Llegan
todos otro día a la venta. Se prepara la lectura de El curioso
impertinente, cuando a juicio de Dorotea era tiempo más para
dormir que para leer. (33-35) El curioso impertinente,
cuya acción pasa en Florencia, en la Toscana, Italia. (36)
En la venta todavía. Entran
en ella don Fernando y su séquito con Luscinda, y uno de los caballeros
acompañantes dice que no ha más de dos días que van con ellos.
Se repite un poco el relato anterior al ser preguntada Dorotea por
qué había venido a aquel lugar tan apartado del suyo y se acaba
de completar el rompecabezas con el relato de don Fernando, que había
secuestrado a Luscinda en un monesterio, que estaba en el
campo, buen trecho fuera del pueblo, y desde el cual se
encaminaron hacia la venta. (37-38) Felices todos los
improvisados huéspedes, prosiguen con la intención de llevar a DQ
a su tierra que, según se dice, no está a más de dos jornadas
de la venta. Es de nuevo la Micomicona quien decide llevárselo a
su tierra, a lo que DQ accede. Don Fernando dispone que se pongan
en camino mañana, porque hoy ya es tarde, y, así, se
espera hasta el venidero día. Pero he aquí que entran en la
venta el capitán cautivo, «de edad de poco más de cuarenta años»
y Zoraida. Como en esto llegaba la noche y el ventero había
dispuesto la cena, llegada la hora cenan todos y DQ discursea
sobre las armas y las letras. Después de cenar aderezan el
camaranchón de DQ para que aquella noche la pasen allí las
mujeres. (39-41) En el relato del cautivo, este dice
ser natural de un lugar de las montañas de León y hacer veinte
y dos años que se fue de su tierra para servir al rey. Se mencionan
lugares desde Flandes hasta Constantinopla y Argel. Acaba con su desembarco
en Vélez Málaga. (42) En la venta todavía.
El relato del cautivo ha gustado tanto, que, dice don Fernando, aunque
los hallara el día de mañana, se holgaran que de nuevo empezara.
Pero el cautivo no empieza de nuevo su relación, sino que se dice
por segunda vez aquel día que en esto llegaba ya la noche y
que el oidor y su hija arriban. Y, como ya en esto estaba aderezada
la cena, todos se sentaron a la mesa, menos el cautivo y las señoras
que cenaron en su aposento. En mitad de la cena el oidor y el cautivo
se reconocen como hermanos. Por fin, como ya la noche iba casi
en las dos partes de su jornada, se van todos a dormir, menos
DQ que queda de guardia en el castillo para impedir la entrada a algún
gigante codicioso de tanta hermosura como en aquel castillo
se encerraba. (43) En la venta. Estando DQ velando
el castillo, faltando poco por venir el alba, se oyen las serenatas
de don Luis, cuya historia explica doña Clara. Dorotea confía que,
en el nuevo día, el problema de doña Clara (que para el
día de San Miguel que vendrá habrá de cumplir dieciocho años)
quedará resuelto, y aconseja de momento descansar lo poco que...
queda de la noche. Es lo que hacen todos en la venta, menos DQ
que estaba fuera haciendo guardia, durante la cual la hija
de la ventera y Maritornes lo atan en aquel agujero o ventana en el
pajar del castillo o venta. Y allí le toma la mañana a DQ, esperando que con el día se le remediará su cuita. Pero se engaña, porque cuando comenzó a amanecer, los cuatro criados de don Luis llaman a la puerta de la venta, y DQ les conmina a que esperen que aclare el día. Fortaleza, castillo, venta o venta tan pequeña, lo cierto es que (44) prosiguen los sucesos en ella. Maritornes desata a DQ y los criados de don Luis entran y preguntan si ha llegado a aquella venta don Luis. Se presenta en la venta el barbero con el baciyelmo. (45) |