 |
|
De cómo don Quijote cayó malo y del testamento que hizo
y su muerte
Como las cosas humanas no sean
eternas [1], yendo siempre en declinación
de [2] sus principios hasta llegar a su
último fin, especialmente las vidas de los hombres [3], y como la de don Quijote no tuviese
privilegio del cielo para detener el curso de la suya [4], llegó su fin y acabamiento cuando él
menos lo pensaba; porque o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido [5] o ya por la disposición del cielo, que
así lo ordenaba, se le arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama, en los
cuales fue visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, sin
quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero.
Estos, creyendo que la pesadumbre de
verse vencido y de no ver cumplido su deseo en la libertad y desencanto de Dulcinea le
tenía de aquella suerte, por todas las vías posibles procuraban alegrarle, diciéndole
el bachiller que se animase y levantase para comenzar [*] su pastoral ejercicio, para
el cual tenía ya compuesta una écloga, que mal año para cuantas Sanazaro había
compuesto [6], y que ya tenía comprados
de su propio dinero dos famosos perros para guardar el ganado, el uno llamado Barcino y el
otro Butrón [7], que se los había
vendido un ganadero del Quintanar [8].
Pero no por esto dejaba don Quijote sus tristezas.
Llamaron sus amigos al médico,
tomóle el pulso, y no le contentó mucho y dijo que, por sí o por no, atendiese a la
salud de su alma, porque la del cuerpo corría peligro. Oyólo don Quijote con ánimo
sosegado, pero no lo oyeron así su ama, su sobrina y su escudero, los cuales comenzaron a
llorar tiernamente, como si ya le tuvieran muerto delante. Fue el parecer del médico que
melancolías y desabrimientos le acababan [9].
Rogó don Quijote que le dejasen solo, porque quería dormir un poco. Hiciéronlo así y
durmió de un tirón, como dicen, más de seis horas [10]: tanto, que pensaron el ama y la sobrina
que se había de quedar en el sueño. Despertó al cabo del tiempo dicho y, dando una gran
voz [11], dijo: |
|
¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho! En fin, sus
misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres.Estuvo atenta la sobrina a las razones
del tío y pareciéronle más concertadas que él solía decirlas, a lo menos en aquella
enfermedad, y preguntóle:
¿Qué es lo que vuestra
merced dice, señor? ¿Tenemos algo de nuevo? ¿Qué misericordias son estas, o qué
pecados de los hombres?
Las misericordias
respondió don Quijote, sobrina, son las que en este instante ha usado Dios
conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis pecados. Yo tengo juicio ya libre y claro,
sin las sombras caliginosas [*][12] de la ignorancia que sobre él me
pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías [13]. Ya conozco sus disparates y sus
embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja
tiempo para hacer alguna recompensa [14]
leyendo otros que sean luz del alma [15].
Yo me siento, sobrina, a punto de muerte: querría hacerla de tal modo [16], que diese a entender que no había sido
mi vida tan mala, que dejase renombre de loco; que, puesto que lo he sido, no querría
confirmar esta verdad en mi muerte. Llámame, amiga, a mis buenos amigos, al cura [*], al bachiller [*] Sansón Carrasco y a
maese Nicolás el barbero, que quiero confesarme y hacer mi testamento [17].
Pero de este trabajo se escusó la
sobrina con la entrada [*]
de los tres. Apenas los vio don Quijote, cuando dijo:
Dadme albricias [18], buenos señores, de que ya yo no soy
don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre
de «bueno [19]». Ya soy enemigo de
Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las
historias profanas de la andante [*] caballería; ya
conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído; ya, por misericordia
de Dios escarmentando en cabeza propia, las abomino. |
|
Cuando esto le oyeron decir los tres, creyeron sin duda que alguna nueva locura le había
tomado, y Sansón le dijo:¿Ahora,
señor don Quijote, que tenemos nueva que está desencantada la señora Dulcinea, sale
vuestra merced con eso? ¿Y agora que estamos tan a pique de ser pastores, para pasar
cantando la vida, como unos príncipes, quiere vuesa merced hacerse ermitaño? Calle, por
su vida, vuelva en sí y déjese de cuentos [20].
Los de hasta aquí
replicó don Quijote, que han sido verdaderos en mi daño, los ha de volver mi
muerte, con ayuda del cielo, en mi provecho. Yo, señores, siento que me voy muriendo a
toda priesa: déjense burlas aparte y tráiganme un confesor que me confiese y un
escribano que haga mi testamento, que en tales trances como este no se ha de burlar el
hombre con el alma; y, así, suplico que en tanto que el señor cura me confiesa vayan por
el escribano.
Miráronse unos a otros, admirados
de las razones de don Quijote, y, aunque en duda, le quisieron creer; y una de las
señales por donde conjeturaron se moría fue el haber vuelto con tanta facilidad de loco
a cuerdo [21], porque a las ya dichas
razones añadió otras muchas tan bien dichas, tan cristianas y con tanto concierto, que
del todo les vino a quitar la duda, y a creer [*] que estaba cuerdo.
Hizo salir la gente el cura, y
quedóse solo con él y confesóle [22].
El bachiller fue por el escribano y
de allí a poco volvió con él y con Sancho Panza; el cual Sancho, que ya sabía por
nuevas del bachiller en qué estado estaba su señor, hallando a la ama y a la sobrina
llorosas, comenzó a hacer pucheros y a derramar lágrimas [23]. Acabóse la confesión y salió el cura
diciendo:
Verdaderamente se muere y
verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno; bien podemos entrar para que haga su
testamento. |
|
Estas nuevas dieron un terrible empujón a los ojos preñados de ama, sobrina y de Sancho
Panza [*], su buen escudero,
de tal manera, que los hizo reventar las lágrimas de los ojos y mil profundos suspiros
del pecho; porque verdaderamente, como alguna vez se ha dicho, en tanto que don Quijote
fue Alonso Quijano el Bueno a secas, y en tanto que fue don Quijote de la Mancha [24], fue siempre de apacible condición y de
agradable trato, y por esto no solo era bien querido de los de su casa, sino de todos
cuantos le conocían.
Entró el escribano con los demás,
y después de haber hecho la cabeza del testamento y ordenado su alma don Quijote, con
todas aquellas circunstancias cristianas que se requieren [25], llegando a las mandas, dijo:
Iten, es mi voluntad que de
ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en mi locura hice mi escudero, tiene, que porque
ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares [26], quiero que no se le haga cargo dellos
ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno después de haberse pagado de lo
que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga; y si,
como estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora,
estando cuerdo, darle el de un reino, se le diera, porque la sencillez de su condición y
fidelidad de su trato lo merece.
Y, volviéndose a Sancho, le dijo:
Perdóname, amigo, de la
ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he
caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo.
|
|
|
|