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De los agüeros que tuvo don Quijote
al entrar de su aldea, con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande historia
A la entrada del cual [1], según dice Cide Hamete, vio don Quijote
que en las eras del lugar estaban riñendo dos mochachos, y el uno dijo al otro:
No te canses, Periquillo [2], que no la has de ver en todos los días
de tu vida.
Oyólo don Quijote y dijo a Sancho:
¿No adviertes, amigo, lo que
aquel mochacho ha dicho: «no la has de ver en todos los días de tu vida»?
Pues bien, ¿qué importa
respondió Sancho que haya dicho eso el mochacho?
¿Qué? replicó don
Quijote. ¿No vees tú que aplicando aquella palabra a mi intención quiere
significar que no tengo de ver más a Dulcinea?
Queríale responder Sancho, cuando
se lo estorbó ver que por aquella campaña venía huyendo una liebre [3], seguida de muchos galgos y cazadores, la
cual, temerosa, se vino a recoger y a agazapar debajo de los pies del rucio. Cogióla
Sancho a mano salva [4] y presentósela a
don Quijote, el cual estaba diciendo:
¡Malum signum! ¡Malum
signum [5]! Liebre huye, galgos
la siguen: ¡Dulcinea no parece [6]! |
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Estraño es [*]
vuesa merced dijo Sancho. Presupongamos que esta liebre es Dulcinea del Toboso
y estos galgos que la persiguen son los malandrines encantadores que la transformaron en
labradora; ella huye, yo la cojo y la pongo en poder de vuesa merced, que la tiene en sus
brazos y la regala: ¿qué mala señal es esta, ni qué mal agüero se puede tomar de
aquí?Los dos mochachos [*] de la pendencia se
llegaron a ver la liebre, y al uno dellos preguntó Sancho que por qué reñían; y fuele
respondido por el que había dicho «no la verás más en toda tu vida» que él había
tomado al otro mochacho una jaula de grillos, la cual no pensaba volvérsela en toda su
vida. Sacó Sancho cuatro cuartos [*] de la faltriquera, y
dióselos al mochacho por la jaula, y púsosela en las manos a don Quijote, diciendo:
He aquí, señor, rompidos y
desbaratados estos agüeros, que no tienen que ver más con nuestros sucesos, según que
yo imagino, aunque tonto, que con las nubes de antaño [7]. Y, si no me acuerdo mal, he oído decir
al cura de nuestro pueblo que no es de personas cristianas ni discretas mirar en estas
niñerías, y aun vuesa merced mismo me lo dijo los días pasados [8], dándome a entender que eran tontos todos
aquellos cristianos que miraban en agüeros. Y no es menester hacer hincapié en esto,
sino pasemos adelante y entremos en nuestra aldea.
Llegaron los cazadores, pidieron su
liebre y diósela don Quijote; pasaron adelante y a la entrada del pueblo toparon en un
pradecillo rezando al cura y al bachiller Carrasco [9]. Y es de saber que Sancho Panza había
echado sobre el rucio y sobre el lío de las armas, para que sirviese de repostero [10], la túnica de bocací pintada de llamas
de fuego que le vistieron en el castillo del duque la noche que volvió en sí Altisidora;
acomodóle también la coroza en la cabeza, que fue la más nueva transformación y adorno
con que se vio jamás jumento en el mundo. |
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Fueron luego conocidos los dos del cura y del bachiller, que se vinieron a ellos con los
brazos abiertos. Apeóse don Quijote y abrazólos estrechamente; y los mochachos, que son
linces no escusados [11], divisaron la
coroza del jumento y acudieron a verle, y decían unos a otros:
Venid, mochachos, y veréis el
asno de Sancho Panza más galán que Mingo, y la bestia de don Quijote más flaca hoy que
el primer día [12].
Finalmente, rodeados de mochachos y
acompañados del cura y del bachiller, entraron en el pueblo y se fueron a casa de don
Quijote, y hallaron a la puerta della al ama y a su sobrina [*], a quien ya habían
llegado las nuevas de su venida. Ni más ni menos se las habían dado a Teresa Panza,
mujer de Sancho, la cual, desgreñada y medio desnuda, trayendo de la mano a Sanchica [*] su hija, acudió a ver a su
marido; y viéndole no tan bien adeliñado [*][13] como ella se pensaba que había de estar
un gobernador, le dijo:
¿Cómo venís así, marido
mío, que me parece que venís a pie y despeado [14], y más traéis semejanza de
desgobernado que de gobernador?
Calla, Teresa respondió
Sancho, que muchas veces donde hay estacas no hay tocinos [15], y vámonos a nuestra casa, que allá
oirás maravillas. Dineros traigo, que es lo que importa, ganados por mi industria [16] y sin daño de nadie.
Traed vos dinero [*], mi buen marido dijo
Teresa, y sean ganados por aquí o por allí, que como quiera que los hayáis ganado
no habréis hecho usanza nueva en el mundo.
Abrazó Sanchica a su padre y
preguntóle si traía algo, que le estaba esperando como el agua de mayo [17]; y asiéndole de un lado del cinto, y su
mujer de la mano, tirando su hija al rucio, se fueron a su casa, dejando a don Quijote en
la suya en poder de su sobrina y de su ama y en compañía del cura y del bachiller. |
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Don Quijote, sin guardar términos ni horas [18],
en aquel mismo punto se apartó a solas con el bachiller y el cura, y en breves razones [*] les contó su
vencimiento y la obligación en que había quedado de no salir de su aldea en un año, la
cual pensaba guardar al pie de la letra, sin traspasarla en un átomo, bien así como
caballero andante obligado por la puntualidad [*] y orden de la andante
caballería, y que tenía pensado de hacerse aquel año pastor y entretenerse en la
soledad de los campos, donde a rienda [*] suelta podía dar vado a sus
amorosos pensamientos, ejercitándose en el pastoral y virtuoso ejercicio; y que les
suplicaba, si no tenían mucho que hacer y no estaban impedidos en negocios más
importantes, quisiesen ser sus compañeros, que él compraría ovejas y ganado suficiente
que les diese nombre de pastores; y que les hacía saber que lo más principal de aquel
negocio estaba hecho, porque les tenía puestos los nombres, que les vendrían [*] como de molde. Díjole
el cura que los dijese. Respondió don Quijote que él se había de llamar el pastor
Quijótiz; y el bachiller, el pastor Carrascón; y el cura, el pastor Curiambro [*]; y Sancho Panza, el pastor
Pancino.
Pasmáronse todos de ver la nueva
locura de don Quijote, pero porque no se les fuese otra vez del pueblo a sus caballerías,
esperando que en aquel año podría ser curado, concedieron [*] con su nueva intención
[19] y aprobaron por discreta su locura,
ofreciéndosele por compañeros en su ejercicio.
Y más dijo Sansón
Carrasco [*] que,
como ya todo el mundo sabe, yo soy celebérrimo poeta y a cada paso compondré versos
pastoriles o cortesanos o como más me viniere a cuento, para que nos entretengamos por
esos andurriales donde habemos de andar [20];
y lo que más es menester, señores míos, es que cada uno escoja el nombre de la pastora
que piensa celebrar en sus versos, y que no dejemos árbol, por duro que sea, donde no la
retule y grabe su nombre, como es uso y costumbre de los enamorados [*] pastores [21].
Eso está de molde
respondió don Quijote, puesto que yo estoy libre de buscar nombre de pastora
fingida, pues está ahí la sin par Dulcinea del Toboso, gloria de estas riberas [22], adorno de estos prados, sustento de la
hermosura, nata de los donaires y, finalmente, sujeto sobre quien puede asentar bien toda
alabanza, por hipérbole que sea [23].
Así es verdad dijo el
cura, pero nosotros buscaremos por ahí pastoras mañeruelas [24], que si no nos cuadraren, nos esquinen [25]. |
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A lo que añadió Sansón Carrasco:
Y cuando faltaren [*], darémosles los nombres de
las estampadas e [*] impresas, de
quien está lleno el mundo: Fílidas, Amarilis [*], Dianas, Fléridas,
Galateas y Belisardas [26]; que pues las
venden en las plazas, bien las podemos comprar nosotros y tenerlas por nuestras. Si mi
dama, o, por mejor decir, mi pastora, por ventura se llamare Ana, la celebraré debajo del
nombre de «Anarda», y si Francisca, la llamaré [*] yo «Francenia», y si
Lucía, «Lucinda», que todo se sale allá; y Sancho Panza, si es que ha de entrar en
esta [*] cofradía [*], podrá celebrar a su
mujer Teresa Panza con nombre de «Teresaina [27]».
Rióse don Quijote de la aplicación
del nombre, y el cura le alabó infinito su honesta y honrada resolución y se ofreció de
nuevo a hacerle compañía todo el tiempo que le vacase de atender a sus forzosas
obligaciones. Con esto se despidieron dél, y le rogaron y aconsejaron tuviese cuenta con
su salud, con regalarse lo que fuese bueno [28].
Quiso la suerte que su sobrina y el
ama oyeron la plática de los tres; y así como se fueron, se entraron entrambas con don
Quijote y la sobrina le dijo:
¿Qué es esto, señor tío?
Ahora que pensábamos nosotras que vuestra merced volvía a reducirse en su casa y pasar
en ella una vida quieta y honrada, ¿se quiere meter en nuevos laberintos, haciéndose
«pastorcillo, tú que vienes, pastorcico, tú que vas [29]»? Pues en verdad que está ya duro el
alcacel [*] para zampoñas [30].
A lo que añadió el ama:
¿Y podrá vuestra merced
pasar en el campo las siestas del verano, los serenos del invierno, el aullido de los
lobos? No, por cierto, que este es ejercicio y oficio de hombres robustos, curtidos y
criados para tal ministerio casi desde las fajas y mantillas. Aun, mal por mal, mejor es
ser caballero andante que pastor. Mire, señor, tome mi consejo, que no se le doy sobre
estar harta de pan y vino, sino en ayunas, y sobre cincuenta años que tengo de edad:
estése en su casa, atienda a su hacienda, confiese a menudo, favorezca a los pobres, y
sobre mi ánima si mal le fuere [31].
Callad, hijas les
respondió don Quijote, que yo sé bien lo que me cumple. Llevadme al lecho, que me
parece que no estoy muy bueno, y tened por cierto que, ahora sea caballero andante o
pastor por andar, no dejaré siempre de acudir a lo que hubiéredes menester, como lo
veréis por la obra.
Y las buenas hijas (que lo eran sin duda ama y
sobrina) le llevaron a la cama, donde le dieron de comer y regalaron lo posible.
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