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De lo mal que le avino a Sancho Panza
con la visita de las galeras, y la nueva aventura de la hermosa morisca
Grandes eran los discursos [1] que don Quijote hacía sobre la respuesta
de la encantada cabeza, sin que ninguno dellos diese en el embuste, y todos paraban con la
promesa, que él tuvo por cierto [*],
del desencanto de Dulcinea. Allí iba y venía, y se alegraba entre sí mismo, creyendo
que había de ver presto su cumplimiento; y Sancho, aunque aborrecía el ser gobernador,
como queda dicho, todavía deseaba volver a mandar y a ser obedecido, que esta mala
ventura trae consigo el mando, aunque sea de burlas.
En resolución, aquella tarde don
Antonio Moreno, su huésped, y sus dos amigos, con don Quijote y Sancho, fueron a las
galeras [2]. El cuatralbo que estaba
avisado de su buena venida [3], por ver a
los dos tan famosos Quijote y Sancho, apenas llegaron a la marina [4] cuando todas las galeras abatieron tienda
[5] y sonaron las chirimías. Arrojaron
luego el esquife al agua, cubierto de ricos tapetes y de almohadas de terciopelo carmesí
[6], y en poniendo que puso los pies en
él don Quijote disparó la capitana el cañón de crujía [7] y las otras galeras hicieron lo mesmo, y
al subir don Quijote por la escala derecha [8]
toda la chusma le saludó como es usanza cuando una persona principal entra en la galera,
diciendo «¡Hu, hu, hu!» tres veces [9].
Diole la mano el general, que con este nombre le llamaremos [*], que era un principal
caballero valenciano [10]; abrazó a don
Quijote, diciéndole:
Este día señalaré yo con
piedra blanca, por ser uno de los [*] mejores que pienso llevar
en mi vida, habiendo visto al señor don Quijote de la Mancha, tiempo y señal [11] que nos muestra que en él se encierra y
cifra todo el valor de la andante [*] caballería.
Con otras no menos corteses razones
le respondió don Quijote, alegre sobremanera de verse tratar tan a lo señor. Entraron
todos en la popa, que estaba muy bien aderezada, y sentáronse por los bandines [12]; pasóse el cómitre en crujía [13] y dio señal con el pito que la chusma
hiciese fuera ropa [14], que se hizo en
un instante. Sancho, que vio tanta gente en cueros, quedó pasmado, y más cuando vio
hacer tienda con tanta priesa [15], que a
él le pareció que todos los diablos andaban allí trabajando. Pero esto todo fueron
tortas y pan pintado, para lo que ahora diré. Estaba Sancho sentado sobre el estanterol [16], junto al espalder [*] de la mano derecha [17], el cual ya avisado de lo que había de
hacer, asió de Sancho y, levantándole en los brazos, toda la chusma puesta en pie y
alerta, comenzando de la derecha banda, le fue dando y volteando sobre los brazos de la
chusma de banco en banco [18], con tanta
priesa, que el pobre Sancho perdió la vista de los ojos y sin duda pensó que los mismos
demonios le llevaban: y no pararon con él hasta volverle por la siniestra banda y ponerle
en la popa. Quedó el pobre molido, y jadeando y trasudando, sin poder imaginar qué fue
lo que sucedido le había. |
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Don Quijote, que vio el vuelo sin alas de Sancho, preguntó al general si eran ceremonias
aquellas que se usaban con los primeros que entraban en las galeras, porque si acaso lo
fuese [*], él, que no tenía
intención de profesar en ellas, no quería [*] hacer [*] semejantes ejercicios, y que
votaba a Dios que si alguno llegaba a asirle para voltearle, que le había de sacar el
alma a puntillazos [19]; y diciendo esto
se levantó en pie y empuñó la espada.
A este instante abatieron tienda y
con grandísimo ruido dejaron caer la entena de alto abajo [20]. Pensó Sancho que el cielo se
desencajaba de sus quicios y venía a dar sobre su cabeza, y agobiándola [21], lleno de miedo, la puso entre las
piernas. No las tuvo todas consigo don Quijote, que también se estremeció y encogió de
hombros y perdió la color del rostro. La chusma izó [*] la entena con la misma priesa y
ruido que la habían [*]
amainado [22], y todo esto callando, como
si no tuvieran voz ni aliento. Hizo señal el cómitre que zarpasen el ferro [23] y, saltando en mitad de la crujía con
el corbacho o rebenque [24], comenzó a
mosquear las espaldas de la chusma y a largarse poco a poco a la mar. Cuando Sancho vio a
una moverse tantos pies colorados, que tales pensó él que eran los remos, dijo entre
sí:
«Estas sí son verdaderamente cosas
encantadas, y no las que mi amo dice. ¿Qué han hecho estos desdichados, que ansí los
azotan, y cómo este hombre solo que anda por aquí silbando tiene atrevimiento para
azotar a tanta gente [25]? Ahora yo digo
que este es infierno, o por lo menos el purgatorio».
Don Quijote, que vio la atención
con que Sancho miraba lo que pasaba, le dijo:
¡Ah, Sancho amigo, y con qué
brevedad y cuán a poca costa os podíades vos, si quisiésedes, desnudar de medio cuerpo
arriba, y poneros entre estos señores y acabar con el desencanto de Dulcinea! Pues con la
miseria y pena de tantos no sentiríades vos mucho la vuestra, y más, que podría ser que
el sabio Merlín tomase en cuenta cada azote destos, por ser dados de buena mano, por diez
de los que vos finalmente os habéis [*] de dar.
Preguntar quería el general qué
azotes eran aquellos, o qué desencanto de Dulcinea, cuando dijo el marinero [26]:
Señal hace Monjuí de que hay bajel de
remos en la costa [27] por la banda del
poniente.
Esto oído, saltó el general en la
crujía [28] y dijo: |
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¡Ea, hijos, no se nos vaya! Algún bergantín de cosarios de Argel debe de ser este
que la atalaya nos señala [29]. Llegáronse luego las otras tres
galeras a la capitana a saber lo que se les ordenaba. Mandó el general que las dos
saliesen a la mar, y él con la otra iría tierra a tierra [30], porque ansí el bajel no se les
escaparía. Apretó la chusma los remos, impeliendo las galeras con tanta furia, que
parecía que volaban. Las que salieron a la mar a obra de dos millas descubrieron un
bajel, que con la vista le marcaron por de hasta catorce o quince bancos, y así era la
verdad; el cual bajel, cuando descubrió las galeras, se puso en caza [31], con intención y esperanza de escaparse
por su ligereza, pero avínole mal, porque la galera capitana era de los más ligeros
bajeles que en la mar navegaban, y así le fue entrando [32], que claramente los del bergantín
conocieron [*] que no
podían escaparse, y, así, el arráez [33]
quisiera que dejaran [*] los
remos y se entregaran, por no irritar a enojo [*] al capitán que
nuestras galeras regía. Pero la suerte, que de otra manera lo guiaba, ordenó que ya que
la capitana llegaba tan cerca que podían los del bajel oír las voces que desde ella les
decían que se rindiesen, dos toraquis [*], que es como decir dos
turcos borrachos [34], que en el
bergantín [*] venían
con otros [*] doce, dispararon
dos escopetas, con que dieron muerte a dos soldados que sobre nuestras arrumbadas venían
[35]. Viendo lo cual juró el general de
no dejar con vida a todos cuantos en el bajel tomase; y llegando a embestir con toda
furia, se le escapó por debajo de la palamenta [36]. Pasó la galera adelante un buen
trecho; los del bajel se vieron perdidos, hicieron vela en tanto que la galera volvía, y
de nuevo a vela y a remo se pusieron en caza; pero no les aprovechó su diligencia tanto
como les dañó su atrevimiento, porque alcanzándoles la capitana a poco más de media
milla, les echó la palamenta encima y los cogió vivos a todos.
Llegaron en esto las otras dos
galeras, y todas cuatro con la presa volvieron a la playa, donde infinita gente los estaba
esperando, deseosos de ver lo que traían. Dio fondo el general cerca [*] de tierra y conoció que
estaba en la marina el virrey de la ciudad. Mandó echar el esquife para traerle y mandó
amainar la entena para ahorcar luego luego [*] al arráez y a los
demás turcos que en el bajel había cogido, que serían hasta treinta [*] y seis personas, todos
gallardos, y los más, escopeteros turcos. Preguntó el general quién era el arráez del
bergantín, y fuele respondido por uno de los cautivos en lengua castellana (que después
pareció ser renegado español) [37]:
Este mancebo, señor, que
aquí veis [*] es nuestro
arráez.
Y mostróle uno de los más bellos y
gallardos mozos que pudiera pintar la humana imaginación. La edad al parecer no llegaba a
veinte años. Preguntóle el general:
Dime, mal aconsejado perro,
¿quién te movió a matarme mis soldados, pues veías ser imposible el escaparte? ¿Ese
respeto se guarda a las capitanas [38]?
¿No sabes tú que no es valentía la temeridad? Las esperanzas dudosas han de hacer a los
hombres atrevidos, pero no temerarios [39]. |
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Responder quería el arráez, pero no pudo el general por entonces oír la respuesta, por
acudir a recebir al virrey, que ya entraba en la galera, con el cual entraron algunos de
sus criados y algunas personas del pueblo.
¡Buena ha estado la caza,
señor general! dijo el virrey.
Y tan buena respondió
el general cual la verá Vuestra Excelencia agora colgada de esta entena.
¿Cómo ansí? replicó
el virrey.
Porque me han muerto
respondió el general, contra toda ley y contra toda razón y usanza de
guerra, dos soldados de los mejores que en estas galeras venían, y yo he jurado de
ahorcar a cuantos he cautivado, principalmente a este mozo, que es el arráez del
bergantín.
Y enseñóle al que ya tenía atadas
las manos y echado el cordel a la garganta, esperando la muerte.
Miróle el virrey, y viéndole tan
hermoso y tan gallardo y tan humilde, dándole en aquel instante una carta de
recomendación su hermosura [40], le vino
deseo de escusar su muerte y, así, le preguntó:
Dime, arráez, ¿eres turco de
nación o moro o renegado?
A lo cual el mozo respondió, en
lengua asimesmo castellana:
Ni soy turco de nación, ni moro, ni
renegado.
Pues ¿qué eres?
replicó el virrey.
Mujer cristiana
respondió el mancebo.
¿Mujer y cristiana y en tal
traje y en tales pasos? Más es cosa para admirarla que para creerla.
Suspended dijo el
mozo, ¡oh señores!, la ejecución de mi muerte, que no se perderá mucho en que se
dilate vuestra venganza en tanto que yo os cuente mi vida.
¿Quién fuera el de corazón tan
duro que con estas razones no se ablandara, o a lo menos hasta oír las que el triste y
lastimado mancebo decir quería? El general le dijo que dijese lo que quisiese, pero que
no esperase alcanzar perdón de su conocida culpa. Con esta licencia, el mozo comenzó a
decir desta manera:
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