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Por lo que he oído hablar [*], amigo
dijo don Jerónimo, sin duda debéis de ser Sancho Panza, el escudero del
señor don Quijote.
Sí soy respondió
Sancho, y me precio dello.
Pues a fe dijo el
caballero que no os trata este autor moderno con la limpieza que en vuestra persona
se muestra [37]: píntaos comedor y
simple y nonada gracioso, y muy otro del Sancho que en la primera parte de la historia de
vuestro amo se describe.
Dios se lo perdone dijo
Sancho. Dejárame en mi rincón [38],
sin acordarse de mí, porque quien las sabe las tañe [39], y bien se está San Pedro en Roma [40].
Los dos caballeros pidieron a don
Quijote se pasase a su estancia a cenar con ellos, que bien sabían que en aquella venta
no había cosas pertenecientes para su persona [41]. Don Quijote, que siempre fue comedido,
condecendió con su demanda y cenó con ellos. Quedóse Sancho con la olla con mero mixto
imperio [42], sentóse en cabecera de
mesa, y con él el ventero, que no menos que Sancho estaba de sus manos y de sus uñas
aficionado.
En el discurso de la cena preguntó
don Juan a don Quijote qué nuevas tenía de la señora Dulcinea del Toboso, si se había
casado, si estaba parida o preñada o si, estando en su entereza, se acordaba, guardando
su honestidad y buen decoro, de los amorosos pensamientos del señor don Quijote [*]. A lo que él
respondió:
Dulcinea se está entera, y
mis pensamientos, más firmes que nunca; las correspondencias, en su sequedad antigua; su
hermosura, en la de una soez labradora transformada. |
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Y luego les fue contando punto por punto el encanto
de la señora Dulcinea y lo que le había sucedido en la cueva de Montesinos, con la orden
que el sabio Merlín le había dado para desencantarla, que fue la de los azotes de
Sancho.Sumo fue el contento
que los dos caballeros recibieron de oír contar a don Quijote los estraños sucesos de su
historia, y así quedaron admirados de sus disparates como del elegante modo con que los
contaba. Aquí le tenían por discreto y allí se les deslizaba por mentecato, sin saber
determinarse qué grado le darían entre la discreción y la locura [43].
Acabó de cenar Sancho y, dejando
hecho equis al ventero [44], se pasó a
la estancia de su amo y en entrando dijo:
Que me maten, señores, si el
autor deste libro que vuesas mercedes tienen no quiere [*] que no comamos buenas
migas juntos [45]: yo querría que ya que
me llama [*] comilón, como
vuesas mercedes [*]
dicen, no me llamase también borracho.
Sí llama dijo don
Jerónimo, pero no me acuerdo en qué manera, aunque sé que son malsonantes las
razones, y además, mentirosas, según yo echo de ver en la fisonomía del buen Sancho que
está presente.
Créanme vuesas mercedes
dijo Sancho que el Sancho y el don Quijote desa historia deben de ser otros
que los que andan en aquella que compuso Cide Hamete Benengeli, que somos nosotros: mi
amo, valiente, discreto y enamorado, y yo, simple gracioso, y no comedor ni borracho.
Yo así lo creo dijo don
Juan, y, si fuera posible, se había de mandar que ninguno fuera osado a tratar de
las cosas del gran don Quijote, si no fuese Cide Hamete, su primer autor, bien así como
mandó Alejandro que ninguno fuese osado a retratarle sino Apeles [46].
Retráteme el que quisiere
dijo don Quijote, pero no me maltrate [47], que muchas veces suele caerse la
paciencia cuando la cargan de injurias. |
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Ninguna dijo don Juan se le puede hacer al señor don Quijote de quien
él no se pueda vengar, si no la repara en el escudo de su paciencia [48], que a mi parecer es [*] fuerte y grande.
En estas y otras pláticas se pasó
gran parte de la noche, y aunque don Juan quisiera que don Quijote leyera más del libro,
por ver lo que discantaba [49], no lo
pudieron acabar con él [50], diciendo
que él lo daba por leído y lo confirmaba por todo necio [51], y que no quería, si acaso llegase a
noticia de su autor que le había tenido en sus manos, se alegrase con pensar que le
había leído, pues de las cosas obscenas y torpes los pensamientos se han de apartar,
cuanto más los ojos. Preguntáronle que adónde llevaba determinado su viaje. Respondió
que a Zaragoza, a hallarse en las justas del arnés [52], que en aquella ciudad [*] suelen hacerse todos los
años. Díjole don Juan que aquella nueva historia contaba como don Quijote [*], sea quien se quisiere,
se había hallado en ella en una sortija falta de invención [53], pobre de letras, pobrísima de libreas
[54], aunque rica [*] de simplicidades.
Por el mismo caso
respondió don Quijote no pondré los pies en Zaragoza y así sacaré a la
plaza del mundo la mentira dese historiador moderno, y echarán de ver las gentes como yo
no soy el don Quijote que él dice.
Hará muy bien dijo don
Jerónimo, y otras justas hay en Barcelona donde podrá el señor don Quijote [*] mostrar su
valor [55].
Así lo pienso hacer
dijo don Quijote; y vuesas mercedes me den licencia, pues ya es hora, para
irme al lecho, y me tengan y pongan en el número de sus mayores amigos y servidores [*].
Y a mí también dijo
Sancho: quizá seré bueno para algo.
Con esto se despidieron, y don
Quijote y Sancho se retiraron a su aposento, dejando a don Juan y a don Jerónimo
admirados de ver la mezcla que había hecho de su discreción y de su locura, y
verdaderamente creyeron que estos eran los verdaderos don Quijote y Sancho, y no los que
describía su autor aragonés.
Madrugó don Quijote y, dando golpes al tabique
del otro aposento, se despidió de sus huéspedes. Pagó Sancho al ventero magníficamente
y aconsejóle que alabase menos la provisión de su venta o la tuviese más proveída.
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