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Que trata de cómo
don Quijote se despidió del duque y de lo que le sucedió con la discreta y desenvuelta
Altisidora, doncella de la duquesa
Ya le pareció a don Quijote que era
bien salir de tanta ociosidad como la que en aquel castillo tenía, que se imaginaba ser
grande la falta que su persona hacía en dejarse estar encerrado y perezoso entre los
infinitos regalos y deleites que como a caballero andante aquellos señores le hacían, y
parecíale que había de dar cuenta estrecha al cielo de aquella ociosidad y encerramiento
[1]; y, así, pidió un día licencia a
los duques para partirse. Diéronsela con muestras de que en gran manera les pesaba de que
los dejase. Dio la duquesa las cartas de su mujer a Sancho Panza, el cual lloró con ellas
y dijo:
¿Quién pensara que
esperanzas tan grandes como las que en el pecho de mi mujer Teresa Panza engendraron las
nuevas de mi gobierno habían de parar en volverme yo agora a las arrastradas aventuras de
mi amo don Quijote de la Mancha [2]? Con
todo esto, me contento de ver que mi Teresa correspondió a ser quien es [3] enviando las bellotas a la duquesa, que a
no habérselas enviado, quedando yo pesaroso, se mostrara ella desagradecida. Lo que me
consuela es que esta [*]
dádiva no se le puede dar nombre de cohecho, porque ya tenía yo el gobierno cuando ella
las envió y está puesto en razón que los que reciben algún beneficio, aunque sea con
niñerías, se muestren agradecidos. En efecto, yo entré desnudo en el gobierno y salgo
desnudo dél, y así podré decir con segura conciencia, que no es poco: «Desnudo nací,
desnudo me hallo: ni pierdo ni gano [4]».
Esto pasaba entre sí Sancho el día
de la partida [5]; y saliendo don Quijote,
habiéndose despedido la noche antes de los duques [*], una mañana se
presentó armado en la plaza del castillo [6].
Mirábanle de los corredores toda la gente del castillo, y asimismo los duques salieron a
verle. Estaba Sancho sobre su rucio, con sus alforjas, maleta y repuesto, contentísimo
porque el mayordomo del duque, el que fue de la Trifaldi [*][7], le había dado un bolsico con docientos
escudos de oro para suplir los menesteres del camino, y esto aún no lo sabía don
Quijote.
Estando, como queda dicho,
mirándole todos, a deshora [8] entre las
otras dueñas y doncellas de la duquesa que le miraban alzó la voz la desenvuelta y
discreta Altisidora y en son lastimero dijo: |
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Escucha, mal caballero [9],
detén un poco las riendas,
no fatigues las ijadas
de tu mal regida bestia.
Mira, falso, que no huyes [*]
de alguna serpiente fiera,
sino de una corderilla
que está muy lejos de oveja [10].
Tú has burlado, monstruo horrendo,
la más hermosa doncella
que Dïana vio en sus montes,
que Venus miró en sus selvas.
Cruel Vireno, fugitivo Eneas [11],
Barrabás te acompañe, allá te avengas [12].
Tú llevas, ¡llevar impío!,
en las garras de tus cerras [13]
las entrañas de una humilde,
como enamorada, tierna.
Llévaste [*] tres
tocadores [14]
y unas ligas de unas piernas
que al mármol paro [*] se
igualan
en lisas, blancas y negras [*][15].
Llévaste dos mil suspiros,
que a ser de fuego pudieran
abrasar a dos mil Troyas,
si dos mil Troyas hubiera.
Cruel Vireno, fugitivo Eneas,
Barrabás te acompañe, allá te avengas.
De ese Sancho tu escudero
las entrañas sean tan tercas
y tan duras, que no salga
de su encanto Dulcinea.
De la culpa que tú tienes
lleve la triste la pena,
que justos por pecadores
tal vez pagan en mi tierra [16].
Tus más finas aventuras
en desventuras se vuelvan,
en sueños [*] tus
pasatiempos,
en olvidos tus firmezas.
Cruel Vireno, fugitivo Eneas,
Barrabás te acompañe, allá te avengas.
Seas tenido por falso
desde Sevilla a Marchena,
desde Granada hasta Loja,
de Londres a Ingalaterra [*].
Si jugares al reinado,
los cientos o la primera [17],
los reyes huyan de ti,
ases ni sietes no veas.
Si te cortares los callos,
sangre las heridas viertan,
y quédente los raigones [18],
si te sacares las muelas.
Cruel Vireno, fugitivo Eneas,
Barrabás te acompañe, allá [*] te avengas.
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En tanto que de la suerte que se ha dicho se quejaba la
lastimada Altisidora, la estuvo mirando don Quijote y, sin responderla palabra, volviendo
el rostro a Sancho le dijo:
Por el siglo de tus pasados [19], Sancho mío, te conjuro que me digas
una verdad. Dime, ¿llevas por ventura los tres tocadores y las ligas que esta enamorada
doncella dice?
A lo que Sancho respondió:
Los tres tocadores sí llevo,
pero las ligas, como por los cerros de Úbeda [20].
Quedó la duquesa admirada de la
desenvoltura de Altisidora [*], que aunque la tenía
por atrevida, graciosa y desenvuelta, no en grado que se atreviera a semejantes
desenvolturas; y como no estaba advertida desta burla, creció más su admiración. El
duque quiso reforzar el donaire y dijo:
No me parece bien, señor
caballero, que habiendo recebido en este mi castillo el buen acogimiento que en él se os
ha hecho, os hayáis atrevido a llevaros tres tocadores por lo menos, si por lo más las
ligas de mi doncella [21]: indicios son
de mal pecho y muestras que no corresponden a vuestra fama. Volvedle las ligas; si no, yo
os desafío a mortal batalla, sin tener temor que malandrines encantadores me vuelvan ni
muden el rostro, como han hecho en el de Tosilos mi lacayo, el que entró con vos en
batalla.
No quiera Dios
respondió don Quijote que yo desenvaine mi espada contra vuestra ilustrísima
persona, de quien tantas mercedes he recebido: los tocadores volveré, porque dice Sancho
que los tiene; las ligas es imposible, porque ni yo las he recebido ni él tampoco; y si
esta vuestra doncella quisiere mirar sus escondrijos, a buen seguro que las halle. Yo,
señor duque, jamás he sido ladrón, ni lo pienso ser en toda mi vida, como Dios no me
deje de su mano. Esta doncella habla (como ella dice) como enamorada, de lo que yo no le
tengo culpa, y, así, no tengo de qué pedirle perdón ni a ella ni a Vuestra Excelencia,
a quien suplico me tenga en mejor opinión y me dé de nuevo licencia para seguir mi
camino. |
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Déosle Dios tan bueno dijo la duquesa, señor don Quijote, que siempre
oigamos buenas nuevas de vuestras fechurías [*][22]. Y andad con Dios, que mientras más os
detenéis, más aumentáis el fuego en los pechos de las doncellas que os miran; y a la
mía yo la castigaré de modo que de aquí adelante no se desmande con la vista ni con las
palabras.Una no más
quiero que me escuches, ¡oh valeroso don Quijote! dijo entonces Altisidora, y
es que te pido perdón del latrocinio de las ligas, porque en Dios y en mi ánima que las
tengo puestas [23], y he caído en el
descuido del que yendo sobre el asno le buscaba [24].
¿No lo dije yo? dijo
Sancho. ¡Bonico soy yo para encubrir hurtos! Pues, a quererlos hacer, de paleta me
había venido la ocasión en mi gobierno [25].
Abajó la cabeza don Quijote y hizo
reverencia a los duques y a todos los circunstantes, y volviendo las riendas a Rocinante,
siguiéndole Sancho sobre el rucio, se salió del castillo, enderezando su camino a
Zaragoza.
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