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¡Vitoria, vitoria, los enemigos van de vencida!
¡Ea, señor gobernador, levántese vuesa merced y venga a gozar del vencimiento y a
repartir los despojos que se han tomado a los enemigos por el valor dese invencible brazo!
Levántenme dijo con voz
doliente el dolorido Sancho.
Ayudáronle a levantar, y, puesto en
pie, dijo:
El enemigo que yo hubiere
vencido quiero que me le [*]
claven en la frente [23]. Yo no quiero
repartir despojos de enemigos, sino pedir y suplicar a algún amigo, si es que le tengo,
que me dé un trago de vino, que me seco, y me enjugue este sudor, que me hago agua.
Limpiáronle, trujéronle el vino,
desliáronle los paveses, sentóse sobre su lecho y desmayóse del temor, del sobresalto y
del trabajo. Ya les pesaba a los de la burla de habérsela hecho tan pesada, pero el haber
vuelto en sí Sancho les templó la pena que les había dado su desmayo. Preguntó qué
hora era, respondiéronle que ya amanecía. Calló, y sin decir otra cosa comenzó a
vestirse, todo sepultado en silencio, y todos le miraban y esperaban en qué había de
parar la priesa con que se vestía. Vistióse, en fin, y poco a poco, porque estaba molido
y no podía ir mucho a mucho, se fue a la caballeriza, siguiéndole todos los que allí se
hallaban, y llegándose al rucio le abrazó y le dio un beso de paz en la frente [24], y no sin lágrimas en los ojos le dijo: |
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Venid vos acá, compañero mío y amigo mío y conllevador de mis trabajos y
miserias: cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los que me daban
los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo [*], dichosas eran mis horas,
mis días y mis años [25]; pero después
que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han
entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos [*] y cuatro mil
desasosiegos [*].Y en tanto que estas razones iba diciendo, iba asimesmo
enalbardando el asno, sin que nadie nada le dijese. Enalbardado, pues, el rucio, con gran
pena y pesar subió sobre él, y encaminando sus palabras y razones al mayordomo, al
secretario, al maestresala y a Pedro Recio [*] el doctor, y a otros
muchos que allí presentes estaban, dijo:
Abrid camino, señores míos,
y dejadme volver a mi antigua libertad: dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que
me resucite de esta muerte presente. Yo no nací para ser gobernador ni para defender
ínsulas ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende a mí
de arar [*] y cavar, podar y
ensarmentar las viñas, [26] que de dar
leyes ni de defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir
que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido. Mejor me está a mí una
hoz en la mano que un cetro de gobernador, más quiero hartarme de gazpachos que estar
sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre [27], y más quiero recostarme a la sombra de
una encina en el verano y arroparme con un zamarro de dos pelos en el invierno [28], en mi libertad, que acostarme con la
sujeción del gobierno entre sábanas de holanda y vestirme de martas cebollinas [29]. Vuestras mercedes se queden con Dios y
digan al duque mi señor que desnudo nací, desnudo me hallo [30]: ni pierdo ni gano; quiero decir que sin
blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los
gobernadores de otras ínsulas. Y apártense, déjenme ir, que me voy a bizmar [31], que creo que tengo brumadas todas las
costillas, merced a los enemigos que esta noche se han paseado sobre mí.
No ha de ser así, señor
gobernador dijo el doctor Recio; que yo le daré a vuesa merced una bebida
contra caídas y molimientos que luego le vuelva en su prístina entereza y vigor; y en lo
de la comida, yo prometo a vuesa merced de enmendarme, dejándole comer abundantemente de
todo aquello que quisiere. |
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¡Tarde piache [32]!
respondió Sancho. Así dejaré de irme como volverme turco. No son estas
burlas para dos veces. Por Dios que así me quede en este ni admita otro gobierno, aunque
me le diesen entre dos platos [33], como
volar al cielo sin alas [34]. Yo soy del
linaje de los Panzas, que todos son testarudos, y si una vez dicen nones, nones han de
ser, aunque sean pares [35], a pesar de
todo el mundo. Quédense en esta caballeriza las alas de la hormiga [36], que me levantaron en el aire para que
me comiesen vencejos y otros pájaros, y volvámonos a andar por el suelo con pie llano,
que si no le adornaren zapatos picados de cordobán [37], no le faltarán alpargatas toscas de
cuerda [38]. Cada oveja con su pareja, y
nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana [39]; y déjenme pasar, que se me hace tarde.
A lo que el mayordomo dijo:
Señor gobernador, de muy
buena gana dejáramos ir a vuesa merced, puesto que nos pesará [*] mucho de perderle, que su
ingenio y su cristiano proceder obligan a desearle; pero ya se sabe que todo gobernador
está obligado, antes que se ausente de la parte donde ha gobernado, dar [*] primero residencia [40]: déla vuesa merced de los diez días
que ha que tiene el gobierno, y váyase a la paz de Dios.
Nadie me la puede pedir
respondió Sancho si no es quien ordenare el duque mi señor: yo voy a verme
con él, y a él se la daré de molde [41];
cuanto más que saliendo yo desnudo, como salgo, no es menester otra señal para dar a
entender que he gobernado como un ángel.
Par Dios que tiene razón el
gran Sancho dijo el doctor Recio y que soy de parecer que le dejemos ir,
porque el duque ha de gustar infinito de verle.
Todos vinieron en ello [*][42], y le dejaron ir ofreciéndole primero
compañía y todo aquello que quisiese para el regalo de su persona y para la comodidad de
su viaje. Sancho dijo que no quería más de un [*] poco de cebada para el rucio y
medio queso y medio pan para él, que pues el camino era tan corto, no había menester
mayor ni mejor repostería [43].
Abrazáronle todos, y él, llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de sus
razones como de su determinación tan resoluta y tan discreta.
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