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De que el señor Sancho Panza sea
gobernador, no hay que dudar en ello; de que sea ínsula o no la que gobierna, en eso no
me entremeto, pero basta que sea un lugar de más de mil vecinos; y en cuanto a lo de las
bellotas, digo que mi señora la duquesa es tan llana y tan humilde, que... (no decía él
enviar [*] a
pedir bellotas a una labradora, pero que le acontecía enviar a pedir un peine prestado a
una vecina suya [36]). Porque quiero que
sepan vuestras mercedes que las señoras de Aragón, aunque son tan principales, no son
tan puntuosas y levantadas como las señoras castellanas [37]: con más llaneza tratan con las gentes.
Estando en la mitad destas
pláticas, saltó [*]
Sanchica con un halda [*]
de güevos [38] y preguntó al paje:
Dígame, señor: ¿mi señor
padre trae por ventura calzas atacadas después que es gobernador?
No he mirado en ello
respondió el paje, pero sí debe de traer.
¡Ay, Dios mío replicó
Sanchica, y qué será de ver a mi padre con pedorreras [39]! ¿No es bueno sino que desde que nací
tengo deseo de ver a mi padre con calzas atacadas?
Como con esas cosas le verá
vuestra merced si vive respondió el paje. Par Dios, términos lleva de
caminar con papahígo [40], con solos dos
meses que le dure el gobierno.
Bien echaron de ver el cura y el
bachiller que el paje hablaba socarronamente; pero la fineza de los corales y el vestido
de caza que Sancho enviaba lo deshacía todo (que ya Teresa les había mostrado el
vestido), y no dejaron de reírse del deseo de Sanchica, y más cuando Teresa dijo: |
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Señor cura, eche cata por ahí si hay alguien que vaya a Madrid o a Toledo, para
que me compre un verdugado redondo, hecho y derecho, y sea al uso y de los mejores que
hubiere [41], que en verdad en verdad que
tengo de honrar el gobierno de mi marido en cuanto yo pudiere, y aun que si me enojo me
tengo de ir a esa corte y echar un coche como todas, que la que tiene marido gobernador
muy bien le puede traer y sustentar.
¡Y cómo, madre! dijo
Sanchica. Pluguiese a Dios que fuese antes hoy que mañana, aunque dijesen los que
me viesen ir sentada con mi señora madre en aquel coche: «¡Mirad la tal por cual [42], hija del harto [*] de ajos, y cómo va
sentada y tendida en el coche, como si fuera una papesa!». Pero pisen ellos los lodos, y
ándeme yo en mi coche, levantados [*] los pies del suelo. ¡Mal
año y mal mes para cuantos murmuradores hay en el mundo, y ándeme yo caliente, y ríase
la gente [43]! ¿Digo bien, madre mía?
¡Y cómo que dices bien,
hija! respondió Teresa. Y todas estas venturas, y aun mayores, me las tiene
profetizadas mi buen Sancho, y verás tú, hija, como no para hasta hacerme condesa, que
todo es comenzar a ser venturosas. Y como yo he oído decir muchas veces a tu buen padre,
que así como lo es tuyo lo es de los refranes, cuando te dieren la vaquilla, corre con la
soguilla [*]: cuando
te dieren un gobierno, cógele; cuando te dieren un condado, agárrale; y cuando te
hicieren tus, tus, con alguna buena dádiva, envásala [44]. ¡No, sino dormíos y no respondáis a
las venturas y buenas dichas que están llamando a la puerta de vuestra casa!
¿Y qué se me da a mí
añadió Sanchica que diga el que quisiere, cuando me vea entonada y
fantasiosa [45], «Viose el perro en
bragas de cerro... [46]», y lo demás?
Oyendo lo cual el cura, dijo: |
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Yo no puedo creer sino que todos los deste linaje de los Panzas nacieron cada uno
con un costal de refranes en el cuerpo: ninguno dellos he visto que no los derrame a todas
horas y en todas las pláticas que tienen.
Así es la verdad dijo
el paje, que el señor gobernador Sancho a cada paso los dice; y aunque muchos no
vienen a propósito, todavía dan gusto, y mi señora la duquesa y el duque los celebran
mucho.
¿Que todavía se afirma
vuestra merced, señor mío dijo el bachiller, ser verdad esto del gobierno de
Sancho y de que hay duquesa en el mundo que le envíe presentes y le escriba? Porque
nosotros, aunque tocamos los presentes y hemos leído las cartas, no lo creemos [47], y pensamos que esta es una de las cosas
de don Quijote nuestro compatrioto, que todas piensa que son hechas por encantamento; y,
así, estoy por decir que quiero tocar y palpar a vuestra merced, por ver si es embajador
fantástico o hombre de carne y hueso.
Señores, yo no sé más de
mí respondió el paje sino que soy embajador verdadero, y que el señor
Sancho Panza es gobernador efectivo, y que mis señores duque y duquesa pueden dar y han
dado el tal gobierno, y que he oído decir que en él se porta valentísimamente el tal
Sancho Panza. Si en esto hay encantamento o no, vuestras mercedes lo disputen allá entre
ellos, que yo no sé otra cosa, para el juramento que hago [48], que es por vida de mis padres, que los
tengo vivos y los amo y los quiero mucho.
Bien podrá ello ser así
replicó el bachiller, pero dubitat Augustinus [49].
Dude quien dudare
respondió el paje, la verdad es la que he dicho, y es la que [*] ha de andar siempre
sobre la mentira, como el aceite sobre el agua; y si no, «operibus credite, et non verbis
[50]»: véngase alguno de vuesas
mercedes conmigo y verán con los ojos lo que no creen por los oídos. |
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Esa ida a mí toca dijo Sanchica: lléveme vuestra merced, señor, a las
ancas de su rocín, que yo iré de muy buena gana a ver a mi señor padre.Las hijas de los gobernadores no
[*] han de ir solas por los
caminos, sino acompañadas de carrozas y literas y de gran número de sirvientes.
Par Dios respondió
Sancha [*],
tan bien me vaya yo sobre una pollina como sobre un coche. ¡Hallado la habéis la
melindrosa [51]!
Calla, mochacha dijo
Teresa, que no sabes lo que te dices, y este señor está en lo cierto, que tal el
tiempo, tal el tiento [52]: cuando
Sancho, Sancha, y cuando gobernador, señora, y no sé si diga [*] algo [53].
Más dice la señora Teresa de
lo que piensa dijo el paje; y denme de comer y despáchenme luego, porque
pienso volverme esta tarde.
A lo que dijo el cura:
Vuestra merced se vendrá a
hacer penitencia conmigo [54], que la
señora Teresa más tiene voluntad que alhajas para servir a tan buen huésped [55].
Rehusólo el paje, pero en efecto lo
hubo de conceder por su mejora [56], y el
cura le llevó consigo de buena gana, por tener lugar de preguntarle de espacio por don
Quijote y sus hazañas.
El bachiller se ofreció de escribir las cartas a
Teresa de la respuesta, pero ella no quiso que el bachiller se metiese en sus cosas, que
le tenía por algo burlón, y, así, dio un bollo y dos huevos a un monacillo que sabía
escribir, el cual le escribió dos cartas, una para su marido y otra para la duquesa,
notadas de su mismo caletre [57], que no
son las peores que en esta grande historia se ponen, como se verá adelante.
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