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De lo que le sucedió a Sancho Panza rondando su
ínsula [1]
Dejamos [*] al gran gobernador enojado y
mohíno con el labrador pintor y socarrón, el cual, industriado del mayordomo, y el
mayordomo, del duque [2], se burlaban de
Sancho; pero él se las tenía tiesas a todos [3], maguera tonto, bronco y rollizo [4], y dijo a los que con él estaban, y al
doctor Pedro Recio, que como se acabó el secreto de la carta del duque había vuelto a
entrar en la sala:
Ahora verdaderamente que
entiendo que los jueces y gobernadores deben de ser o han de ser de bronce para no sentir
las importunidades de los negociantes, que a todas horas y a todos tiempos quieren que los
escuchen y despachen, atendiendo solo a su negocio, venga lo que viniere; y si el pobre
del juez no los escucha y despacha, o porque no puede o porque no es aquel el tiempo
diputado para darles audiencia [5], luego
les maldicen [*] y
murmuran, y les roen los huesos [6], y
aun les deslindan los linajes [7].
Negociante necio [8], negociante
mentecato, no te apresures: espera sazón y coyuntura para negociar; no vengas a la hora
del comer ni a la del dormir, que los jueces son de carne y de hueso y han de dar a la
naturaleza lo que naturalmente les pide, si no es yo, que no le doy de comer a la mía,
merced al señor doctor Pedro Recio Tirteafuera, que está delante, que quiere que muera
de hambre y afirma que esta muerte es vida, que así se la dé Dios a él y a todos los de
su ralea: digo, a la de los malos médicos, que la de los buenos palmas y lauros merecen.
Todos los que conocían a Sancho
Panza se admiraban oyéndole hablar tan elegantemente y no sabían a qué atribuirlo, sino
a que los oficios y cargos graves o adoban [9]
o entorpecen los entendimientos. Finalmente, el doctor Pedro Recio Agüero de Tirteafuera
prometió de darle de cenar aquella noche, aunque excediese de todos los aforismos de
Hipócrates [10]. Con esto quedó
contento el gobernador y esperaba con grande ansia llegase la noche y la hora de cenar; y
aunque el tiempo, al parecer suyo, se estaba quedo, sin moverse de un lugar,
todavía se llegó el por él tanto deseado [*][11], donde le dieron de cenar un salpicón
de vaca con cebolla y unas manos cocidas de ternera algo entrada en días. Entregóse en
todo [12], con más gusto que si le
hubieran dado francolines de Milán [13],
faisanes de Roma, ternera de Sorrento, perdices de Morón o gansos de Lavajos, y entre la
cena, volviéndose al doctor, le dijo: |
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Mirad, señor doctor, de aquí adelante no os curéis de darme a comer cosas
regaladas ni manjares esquisitos, porque será sacar a mi estómago de sus quicios, el
cual está acostumbrado a cabra, a vaca, a tocino, a cecina [14], a nabos y a cebollas, y si acaso le dan
otros manjares de palacio, los recibe con melindre y algunas veces con asco. Lo que el
maestresala puede hacer es traerme estas que llaman ollas podridas, que mientras más
podridas son mejor huelen, y en ellas puede embaular y encerrar todo lo que él quisiere,
como sea de comer, que yo se lo agradeceré y se lo pagaré algún día; y no se burle
nadie conmigo, porque o somos o no somos [15]:
vivamos todos y comamos en buena paz compaña [*][16], pues cuando Dios amanece, para todos
amanece [17]. Yo gobernaré esta ínsula
sin perdonar derecho ni llevar cohecho, y todo el mundo traiga el ojo alerta y mire por el
virote [18], porque les hago saber que el
diablo está en Cantillana [19] y que si
me dan ocasión han de ver maravillas. No, sino haceos miel, y comeros han moscas [20].
Por cierto, señor gobernador
dijo el maestresala, que vuesa merced tiene mucha razón en cuanto ha dicho, y
que yo ofrezco en nombre de todos los insulanos desta ínsula que han de servir a vuestra
merced con toda puntualidad, amor y benevolencia, porque el suave modo de gobernar que en
estos principios vuesa merced ha dado no les da lugar de hacer ni de pensar cosa que en
deservicio de vuesa merced redunde [21].
Yo lo creo respondió
Sancho, y serían ellos unos necios si otra cosa hiciesen o pensasen, y vuelvo a
decir que se tenga cuenta con mi sustento y con el de mi rucio, que es lo que en este
negocio importa y hace más al caso; y en siendo hora, vamos a rondar, que es mi
intención limpiar esta ínsula de todo género de inmundicia y de gente vagamunda [*], holgazanes [*] y mal entretenida. Porque
quiero que sepáis, amigos, que la gente baldía y perezosa es en la república lo mesmo
que los zánganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen
[22]. Pienso favorecer a los labradores,
guardar sus preeminencias a los hidalgos, premiar los virtuosos y, sobre todo, tener
respeto a la religión y a la honra de los religiosos. ¿Qué os parece desto, amigos?
¿Digo algo o quiébrome la cabeza [23]?
Dice tanto vuesa merced,
señor gobernador dijo el mayordomo, que estoy admirado de ver que un hombre
tan sin letras como vuesa merced, que a lo que creo no tiene ninguna, diga tales y tantas
cosas llenas de sentencias y de avisos, tan fuera de todo aquello que del ingenio de vuesa
merced esperaban los que nos enviaron y los que aquí venimos [*]. Cada día se veen cosas
nuevas en el mundo: las burlas se vuelven en veras y los burladores se hallan burlados. |
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Llegó la noche y cenó el gobernador, con licencia del señor doctor Recio. Aderezáronse
de ronda; salió con el mayordomo [*], secretario y
maestresala [*],
y el coronista [*] que
tenía cuidado de poner en memoria sus hechos, y alguaciles y escribanos, tantos, que
podían formar un mediano escuadrón. Iba Sancho en medio con su vara, que no había más
que ver, y, pocas calles andadas del lugar, sintieron ruido de cuchilladas; acudieron
allá y hallaron que eran dos solos hombres los que reñían, los cuales, viendo venir a
la justicia, se estuvieron quedos, y el uno dellos dijo:
¡Aquí de Dios y del rey!
¿Cómo y que se ha de sufrir que roben en poblado en este pueblo y que salgan [*] a saltear en él en la mitad
[*] de las calles?
Sosegaos, hombre de bien
dijo Sancho, y contadme qué es la causa desta pendencia, que yo soy el
gobernador.
El otro contrario dijo:
Señor gobernador, yo la diré
con toda brevedad. Vuestra merced sabrá que este [*] gentilhombre acaba de ganar
ahora en esta casa de juego que está aquí frontero más de mil reales [24], y sabe Dios cómo; y, hallándome yo
presente, juzgué más de una suerte dudosa en su favor, contra todo aquello que me
dictaba la conciencia; alzóse con la ganancia [25], y cuando esperaba que me había de dar
algún escudo por lo menos [*]
de barato [26], como es uso y costumbre
darle a los hombres principales como yo que estamos asistentes para bien y mal pasar, y
para apoyar sinrazones y evitar pendencias, él embolsó su dinero y se salió de la casa.
Yo vine despechado tras él, y con buenas y corteses palabras le he pedido que me diese
siquiera ocho reales, pues sabe que yo soy hombre honrado y que no tengo oficio ni
beneficio, porque mis padres no me le enseñaron ni me le dejaron; y el socarrón, que no
es más ladrón que Caco ni más fullero [*]
que Andradilla [27], no quería darme
más de cuatro reales... [*]
¡Porque vea vuestra merced, señor gobernador, qué poca vergüenza y qué poca
conciencia! Pero a fee que si vuesa merced no llegara, que yo le hiciera vomitar la
ganancia y que había de saber con cuántas entraba la romana [28].
¿Qué decís vos a esto?
preguntó Sancho.
Y el otro respondió que era verdad
cuanto su contrario decía y no había querido darle más de cuatro reales, porque se los
daba muchas veces, y los que esperan barato han de ser comedidos y tomar con rostro alegre
lo que les dieren, sin ponerse en cuentas con los gananciosos [29], si ya no supiesen de cierto que son
fulleros y que lo que ganan es mal ganado; y que para señal que él era [*] hombre de bien, y no ladrón
como decía, ninguna había mayor que el no haberle querido dar nada, que siempre los
fulleros son tributarios de los mirones [*] que los conocen. |
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Así es dijo el mayordomo. Vea vuestra merced, señor gobernador, qué
es lo que se ha de hacer destos hombres.Lo que se ha de hacer es esto respondió
Sancho: vos, ganancioso, bueno o malo o indiferente, dad luego a este vuestro
acuchillador cien reales, y más [30]
habéis de desembolsar treinta para los pobres de la cárcel; y vos que no tenéis oficio
ni beneficio, y andáis de nones en esta ínsula [31], tomad luego esos cien reales y mañana
en todo el día salid desta ínsula desterrado por diez años, so pena, si lo
quebrantáredes [32], los cumpláis en la
otra vida, colgándoos yo de una picota [33],
o a lo menos el verdugo por mi mandado; y ninguno me replique, que le asentaré la mano [34].
Desembolsó el uno, recibió el
otro, este se salió de la ínsula y aquel se fue a su casa, y el gobernador quedó
diciendo:
Ahora, yo podré poco o
quitaré estas casas de juego, que a mí se me trasluce que son muy perjudiciales.
Esta a lo menos dijo un
escribano no la podrá vuesa merced quitar, porque la tiene un gran personaje, y
más es sin comparación lo que él pierde al año que lo que saca de los naipes. Contra
otros garitos [*] de menor
cantía podrá vuestra merced mostrar su poder, que son los que más daño hacen y más
insolencias encubren [*],
que en las casas de los caballeros principales y de los señores no se atreven los famosos
fulleros a usar de sus tretas; y pues el vicio del juego se ha vuelto en ejercicio común,
mejor es que se juegue en casas principales que no en la de algún oficial [35], donde cogen a un desdichado de media
noche abajo y le desuellan vivo [36].
Agora, escribano dijo
Sancho, yo sé que hay mucho que decir en eso.
Y en esto llegó un corchete que
traía asido a un mozo [37] y dijo:
Señor gobernador, este
mancebo venía hacia nosotros, y así como columbró la justicia, volvió las espaldas y
comenzó a correr como un gamo: señal que debe de ser algún delincuente; yo partí tras
él, y si no fuera porque tropezó y cayó, no le alcanzara jamás.
¿Por qué huías, hombre?
preguntó Sancho.
A lo que el mozo respondió:
Señor, por escusar de
responder a las muchas preguntas que las justicias hacen. |
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¿Qué oficio tienes [*]?
Tejedor.
¿Y qué tejes?
Hierros de lanzas [38], con licencia buena de vuestra merced.
¿Graciosico me sois? ¿De
chocarrero os picáis [39]? ¡Está bien!
¿Y adónde íbades ahora?
Señor, a tomar el aire.
¿Y adónde se toma el aire en
esta ínsula?
Adonde sopla [*].
¡Bueno, respondéis muy a
propósito! Discreto sois, mancebo, pero haced cuenta que yo soy el aire y que os soplo en
popa y os encamino a la cárcel. ¡Asilde, hola, y llevalde [*], que yo haré que duerma
allí sin aire esta noche!
¡Par Dios dijo el
mozo, así me haga vuestra merced dormir en la cárcel como hacerme rey!
Pues ¿por qué no te haré yo
dormir en la cárcel? respondió Sancho. ¿No tengo yo poder para prenderte y
soltarte cada y cuando que quisiere [40]?
Por más poder que vuestra
merced tenga dijo el mozo, no será bastante para hacerme dormir en la
cárcel.
¿Cómo que no? replicó
Sancho. Llevalde [*] luego donde
verá por sus ojos el desengaño, aunque más el alcaide quiera usar con él de su
interesal liberalidad [41], que yo le
pondré pena de dos mil ducados si te deja salir un paso de la cárcel.
Todo eso es cosa de risa
respondió el mozo. El caso es que no me harán dormir en la cárcel cuantos
hoy viven.
Dime, demonio dijo
Sancho, ¿tienes algún ángel que te saque y que te quite los grillos que te pienso
mandar echar [42]?
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