 |
|
Y tú, ¡oh buen Sancho Panza!,
el mejor escudero y del mejor caballero del mundo, alégrate, que tu buena mujer Teresa
está buena, y esta es la hora en que ella está rastrillando una libra de lino, y, por
más señas, tiene a su lado izquierdo un jarro desbocado que cabe un buen porqué de vino
[34], con que se entretiene en su
trabajo.
Eso creo yo muy bien
respondió Sancho, porque es ella una bienaventurada, y, a no ser celosa, no
la trocara yo por la giganta Andandona [35],
que según mi señor fue una mujer muy cabal y muy de pro; y es mi Teresa de aquellas que
no se dejan mal pasar [36], aunque sea a
costa de sus herederos [37].
Ahora digo dijo a esta
sazón don Quijote que el que lee mucho y anda mucho vee mucho y sabe mucho [38]. Digo esto porque ¿qué persuasión
fuera bastante para persuadirme que hay monos en el mundo que adivinen, como lo he visto
ahora por mis propios ojos? Porque yo soy el mesmo don Quijote de la Mancha que este buen
animal ha dicho, puesto que se ha estendido algún tanto en mis alabanzas; pero como
quiera que yo me sea, doy gracias al cielo, que me dotó de un ánimo blando y compasivo,
inclinado siempre a hacer bien a todos y mal a ninguno.
Si yo tuviera dineros
dijo el paje, preguntara al señor mono qué me ha de suceder en la
peregrinación que llevo.
A lo que respondió maese Pedro, que
ya se había levantado de los pies de don Quijote:
Ya he dicho que esta
bestezuela no responde a lo por venir; que si respondiera, no importara no haber dineros,
que por servicio del señor don Quijote, que está presente, dejara yo todos los intereses
del mundo. Y agora, porque se lo debo [39],
y por darle gusto, quiero armar mi retablo y dar placer a cuantos están en la venta, sin
paga alguna. |
|
Oyendo lo cual el ventero, alegre sobremanera, señaló el lugar donde se podía poner el
retablo, que en un punto fue hecho.
Don Quijote no estaba muy contento
con las adivinanzas del mono, por parecerle no ser a propósito que un mono adivinase, ni
las de por venir ni las pasadas cosas, y, así, en tanto que maese Pedro acomodaba el
retablo, se retiró don Quijote con Sancho a un rincón de la caballeriza, donde sin ser
oídos de nadie le dijo:
Mira, Sancho, yo he
considerado bien la estraña habilidad deste mono, y hallo por mi cuenta que sin duda este
maese Pedro su amo debe de tener hecho pacto tácito o espreso con el demonio.
Si el patio es espeso y del
demonio [40]dijo Sancho, sin
duda debe de ser muy sucio patio; pero ¿de qué provecho le es al tal maese Pedro tener
esos patios?
No me entiendes, Sancho: no
quiero decir sino que debe de tener hecho algún concierto con el demonio de que infunda
esa habilidad en el mono [41], con que
gane de comer, y después que esté rico le dará su alma, que es lo que este universal
enemigo pretende. Y háceme creer esto el ver que el mono no responde sino a las cosas
pasadas o presentes, y la sabiduría del diablo no se puede estender a más, que las por
venir no las sabe si no es por conjeturas, y no todas veces, que a solo Dios está
reservado conocer los tiempos y los momentos [42],
y para Él no hay pasado ni porvenir, que todo es presente. Y siendo esto así, como lo
es, está claro que este [*]
mono habla con el estilo del diablo, y estoy maravillado cómo no le han acusado al Santo
Oficio, y examinádole y sacádole de cuajo en virtud de quién adivina; porque cierto
está que este mono no es astrólogo, ni su amo ni él alzan ni saben alzar estas figuras
que llaman «judiciarias [43]», que
tanto ahora se usan en España, que no hay mujercilla, ni paje, ni zapatero de viejo que
no presuma de alzar una figura, como si fuera una sota de naipes del suelo [44], echando a perder con sus mentiras e [*] ignorancias [*] la verdad maravillosa de
la ciencia [45]. De una señora sé yo
que preguntó a uno destos figureros que si una perrilla [*] de falda [46], pequeña, que tenía, si se
empreñaría y pariría, y cuántos y de qué color serían los perros que pariese. A lo
que el señor judiciario, después de haber alzado la figura, respondió que la perrica se
empreñaría y pariría tres perricos, el uno verde, el otro encarnado y el otro de mezcla
[47], con tal condición que la tal perra
se cubriese entre las once y doce del día o de la noche, y que fuese en lunes o en
sábado [48]; y lo que sucedió fue que
de allí a dos días se murió la perra de ahíta, y el señor levantador quedó
acreditado en el lugar por acertadísimo judiciario, como lo quedan todos o los más
levantadores. |
|
Con todo eso, querría dijo Sancho que vuestra merced dijese a maese
Pedro preguntase a su mono si es verdad lo que a vuestra merced le pasó en la cueva de
Montesinos, que yo para mí tengo, con perdón de vuestra merced, que todo fue embeleco y
mentira, o por lo menos cosas soñadas.
Todo podría ser
respondió don Quijote, pero yo haré lo que me aconsejas, puesto que me ha de
quedar un no sé qué de escrúpulo [49].
Estando en esto, llegó maese Pedro
a buscar a don Quijote y decirle que ya estaba en orden el retablo, que su merced viniese
a verle, porque lo merecía. Don Quijote le comunicó su pensamiento y le rogó preguntase
luego a su mono le dijese si ciertas cosas que había pasado en la cueva de Montesinos
habían sido soñadas o verdaderas, porque a él le parecía que tenían de todo. A lo que
maese Pedro, sin responder palabra, volvió a traer el mono, y, puesto delante de don
Quijote y de Sancho, dijo:
Mirad, señor mono, que este
caballero quiere saber si ciertas cosas que le pasaron en una cueva llamada de Montesinos,
si fueron falsas, o verdaderas.
Y haciéndole la acostumbrada
señal, el mono se le subió en el hombro izquierdo, y hablándole al parecer en el oído,
dijo luego maese Pedro:
El mono dice que parte de las
cosas que vuesa merced vio o pasó en la dicha cueva son falsas, y parte verisímiles, y
que esto es lo que sabe, y no otra cosa, en cuanto a esta pregunta; y que si vuesa merced
quisiere [*] saber más,
que el viernes venidero responderá a todo lo que se le preguntare, que por ahora se le ha
acabado la virtud, que no le vendrá hasta el viernes, como dicho tiene [50]. |
|
¿No lo decía yo dijo Sancho que no se me podía asentar que todo lo
que vuesa merced, señor mío, ha dicho de los acontecimientos de la cueva era verdad, ni
aun la mitad?Los
sucesos lo dirán, Sancho respondió don Quijote, que el tiempo, descubridor
de todas las cosas [51], no se deja
ninguna que no la saque [*]
a la luz del sol, aunque esté escondida en los senos de la tierra. Y por ahora baste
esto, y vámonos a ver el retablo del buen maese Pedro, que para mí tengo que debe de
tener alguna novedad.
¿Cómo alguna?
respondió maese Pedro: sesenta mil encierra en sí este mi retablo. Dígole a
vuesa merced, mi señor don Quijote, que es una de las cosas más de ver que hoy tiene [*] el mundo, y «operibus
credite, et non verbis [52]», y manos a
labor, que se hace tarde y tenemos mucho que hacer y que decir y que mostrar.
Obedeciéronle don Quijote y Sancho,
y vinieron donde ya estaba el retablo puesto y descubierto, lleno por todas partes de
candelillas de cera encendidas que le hacían vistoso y resplandeciente. En llegando, se
metió maese Pedro dentro dél, que era el que había de manejar las figuras del
artificio, y fuera se puso un muchacho, criado del maese Pedro, para servir de intérprete
y declarador de los misterios del tal retablo: tenía [*] una varilla en la mano, con
que señalaba las figuras que salían.
Puestos, pues, todos cuantos había en la venta,
y algunos en pie, frontero del retablo [53],
y acomodados don Quijote, Sancho, el paje y el primo en los mejores lugares, el trujamán
comenzó a decir lo que oirá y verá el que le oyere [*] o viere el capítulo
siguiente [54].
|
|
|
|