 |
|
Donde se da cuenta de la [*] grande
aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio
felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha
Grandes fueron y muchos los regalos
que los desposados hicieron a don Quijote [1],
obligados de las muestras que había dado defendiendo su causa, y al par de la valentía
le graduaron la discreción [2],
teniéndole por un Cid en las armas y por un Cicerón en la elocuencia. El buen Sancho se
refociló tres días a costa de los novios [3],
de los cuales se supo que no fue traza comunicada [4] con la hermosa Quiteria el herirse
fingidamente, sino industria de Basilio, esperando della el mesmo suceso que se había
visto: bien es verdad que confesó que había dado parte de su pensamiento a algunos de
sus amigos, para que al tiempo necesario favoreciesen su intención y abonasen su engaño.
No se pueden ni deben llamar
engaños dijo don Quijote los que ponen la mira en virtuosos fines [5].
Y que [*] el de casarse los enamorados
era el fin de más excelencia, advirtiendo que el mayor contrario que el amor tiene es la
hambre y la continua necesidad [6],
porque el amor es todo alegría, regocijo y contento, y más cuando el amante está en
posesión de la cosa amada, contra quien son enemigos opuestos y declarados la necesidad y
la pobreza [*]; y que
todo esto decía con intención de que se dejase el señor Basilio de ejercitar las
habilidades que sabe, que aunque le daban fama, no le daban dineros, y que atendiese a
granjear hacienda por medios lícitos e industriosos [*], que nunca faltan a
los prudentes y aplicados. |
|
El pobre honrado (si es que puede ser honrado el pobre [7]) tiene prenda en tener mujer hermosa, que
cuando se la quitan, le quitan la honra y se la matan. La mujer hermosa y honrada cuyo
marido es pobre merece ser coronada con laureles y palmas de vencimiento y triunfo. La
hermosura por sí sola atrae las voluntades de cuantos la miran y conocen [8], y como a señuelo gustoso se le abaten
las águilas reales y los pájaros altaneros [9];
pero si a la tal [*]
hermosura se le junta la necesidad y estrecheza, también la embisten los cuervos, los
milanos y las otras aves de rapiña: y la que está a tantos encuentros firme bien merece
llamarse corona de su marido [10]. Mirad,
discreto Basilio añadió don Quijote: opinión fue de no sé qué sabio que
no había en todo el mundo sino una sola mujer buena, y daba por consejo que cada uno
pensase y creyese que aquella sola buena era la suya, y así viviría contento [11]. Yo no soy casado, ni hasta agora me ha
venido en pensamiento serlo [12], y, con
todo esto, me atrevería a dar consejo al que me lo pidiese del [*] modo que había de buscar la
mujer con quien se quisiese casar. Lo primero, le aconsejaría que mirase más a la fama
que a la hacienda, porque la buena mujer no alcanza la buena fama solamente con ser buena,
sino con parecerlo [13], que mucho más
dañan a las honras de las mujeres las desenvolturas y libertades públicas que las
maldades secretas. Si traes buena mujer a tu casa, fácil cosa sería [*] conservarla y aun mejorarla
en aquella bondad; pero si la traes mala, en trabajo te pondrá el enmendarla, que no es
muy hacedero pasar de un estremo a otro. Yo no digo que sea imposible, pero téngolo por
dificultoso.
Oía todo esto Sancho y dijo entre
sí:
Este mi amo, cuando yo hablo
cosas de meollo y de sustancia [14] suele
decir que podría yo tomar un púlpito en las manos y irme por ese mundo adelante
predicando lindezas; y yo digo dél que cuando comienza a enhilar sentencias y a dar
consejos, no solo puede tomar un púlpito [*] en las manos, sino dos
en cada dedo, y andarse por esas plazas a ¿qué quieres, boca [15]? ¡Válate el diablo por caballero
andante, que tantas cosas sabes! Yo pensaba en mi ánima que solo podía saber aquello que
tocaba a sus caballerías, pero no hay cosa donde no pique y deje de meter su cucharada [16]. |
|
Murmuraba esto algo [*] Sancho
[17], y entreoyóle su señor y
preguntóle:¿Qué murmuras, Sancho?
No digo nada, ni murmuro de
nada respondió Sancho; solo estaba diciendo entre mí que quisiera haber
oído lo que vuesa merced aquí ha dicho antes que me casara, que quizá dijera yo agora:
«El buey suelto bien se lame [18]».
¿Tan mala es tu Teresa,
Sancho? dijo don Quijote.
No es muy mala
respondió Sancho, pero no es muy buena: a lo menos, no es tan buena como yo
quisiera.
Mal haces, Sancho dijo
don Quijote, en decir mal de tu mujer, que en efecto es madre de tus hijos.
No nos debemos nada
respondió Sancho, que también ella dice mal de mí cuando se le antoja,
especialmente cuando está celosa, que entonces súfrala el mesmo Satanás.
Finalmente, tres días estuvieron
con los novios, donde fueron regalados y servidos como cuerpos de rey. Pidió don Quijote
al diestro licenciado [19] le diese una
guía que le encaminase a la cueva de Montesinos, porque tenía gran deseo de entrar en
ella y ver a ojos vistas si eran verdaderas las maravillas que de ella se decían por
todos aquellos contornos [20]. El
licenciado le dijo que le daría a un [*] primo suyo, famoso estudiante [21] y muy aficionado a leer libros de
caballerías, el cual con mucha voluntad le pondría a la boca de la mesma cueva y le
enseñaría las lagunas de Ruidera, famosas ansimismo en toda la Mancha, y aun en toda
España; y díjole [*] que
llevaría con él gustoso entretenimiento, a causa que era mozo que sabía hacer libros
para imprimir y para dirigirlos a príncipes [22].
Finalmente, el primo vino con una pollina preñada, cuya albarda cubría un gayado tapete
o arpillera [23]. Ensilló Sancho a
Rocinante y aderezó al rucio, proveyó sus alforjas, a las cuales acompañaron las del
primo, asimismo bien proveídas, y encomendándose a Dios y despediéndose de todos, se
pusieron en camino, tomando la derrota de la famosa cueva de Montesinos. |
|
En el camino preguntó don Quijote al primo de qué género y calidad eran sus ejercicios
[24], su profesión [*] y estudios, a lo que él
respondió que su profesión era ser humanista [25]; sus ejercicios y estudios, componer
libros para dar a la estampa, todos de gran provecho y no menos entretenimiento para la
república [26], que el uno se intitulaba
el de las libreas, donde pinta setecientas y tres libreas, con sus colores, motes y
cifras [27], de donde podían sacar y
tomar las que quisiesen en tiempo de fiestas y regocijos los caballeros cortesanos, sin
andarlas mendigando de nadie, ni lambicando [*], como dicen, el cerbelo [28], por sacarlas conformes a sus deseos e
intenciones [*].
Porque doy al celoso [*], al desdeñado, al olvidado y
al ausente las que les convienen, que les vendrán más justas que pecadoras [29]. Otro libro tengo también, a quien he
de llamar Metamorfóseos, o Ovidio español, de invención nueva y rara [30], porque en él, imitando a Ovidio a lo
burlesco, pinto [*] quién fue
la Giralda de Sevilla y el Ángel de la Madalena [31], quién el Caño de Vecinguerra de
Córdoba [32], quiénes los Toros de
Guisando, la Sierra Morena, las fuentes de Leganitos y Lavapiés en Madrid, no
olvidándome de la del Piojo, de la del Caño Dorado y de la Priora [33]; y esto, con sus alegorías, metáforas
y translaciones, de modo que alegran, suspenden y enseñan a un [*] mismo punto [34]. Otro libro tengo, que le llamo Suplemento
a Virgilio Polidoro, que trata de la invención de las cosas [35], que es de grande erudición y estudio,
a causa que las cosas que se dejó de decir Polidoro de gran sustancia las averiguo yo y
las declaro por gentil estilo. Olvidósele a Virgilio de declararnos quién fue el primero
que tuvo catarro en el mundo, y el primero que tomó [*] las unciones para curarse del
morbo gálico [36], y yo lo declaro al
pie de la letra, y lo autorizo [*]
con más de veinte y cinco autores, porque vea vuesa merced si he trabajado bien y si ha
de ser útil el tal libro a todo el mundo.
Sancho, que había estado muy atento
a la narración del primo, le dijo:
Dígame, señor, así Dios le
dé buena manderecha en la impresión de sus libros [37]: ¿sabríame decir, que sí sabrá, pues
todo lo sabe, quién fue el primero que se rascó en la cabeza, que yo para mí tengo que
debió de ser nuestro padre Adán? |
|
Sí sería respondió el primo, porque Adán no hay duda sino que tuvo
cabeza y cabellos, y siendo esto así, y siendo el primer hombre del mundo, alguna vez se
rascaría.
Así lo creo yo
respondió Sancho; pero dígame ahora: ¿quién fue el primer volteador del
mundo [38]?
En verdad, hermano
respondió el primo, que no me sabré determinar por ahora, hasta que lo
estudie. Yo lo estudiaré en volviendo adonde tengo mis libros y yo os satisfaré cuando
otra vez nos veamos, que no ha de ser esta la postrera.
Pues mire, señor
replicó Sancho, no tome trabajo en esto, que ahora he caído en la cuenta de
lo que le he preguntado: sepa que el primer volteador del mundo fue Lucifer, cuando le
echaron o arrojaron del cielo, que vino volteando hasta los abismos.
Tienes razón, amigo
dijo el primo.
Y dijo don Quijote:
Esa pregunta y respuesta no es
tuya, Sancho: a alguno las has oído decir.
Calle, señor replicó
Sancho, que a buena fe que si me doy a preguntar y a responder, que no acabe de
aquí a mañana. Sí, que para preguntar necedades y responder disparates no he menester
yo andar buscando ayuda de vecinos [39].
|
|
|
|