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De
lo que sucedió a don Quijote en el castillo o casa del Caballero del Verde Gabán [1], con otras cosas extravagantes [2]
Halló don Quijote ser la casa de don Diego de
Miranda ancha como de aldea [3]; las
armas [4], empero, aunque de piedra
tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal [5], y muchas tinajas a la redonda, que, por
ser del Toboso [6], le renovaron las
memorias de su encantada y transformada Dulcinea; y sospirando, y sin mirar lo que decía,
ni delante de quién estaba, dijo:
¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería [7]!
»¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído
a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura!
Oyóle decir esto el estudiante poeta hijo de don
Diego, que con su madre había salido a recebirle, y madre y hijo quedaron suspensos de
ver la estraña figura de don Quijote; el cual, apeándose de Rocinante, fue con mucha
cortesía a pedirle las manos para besárselas, y don Diego dijo:
Recebid, señora, con vuestro sólito
agrado al señor don Quijote de la Mancha [8],
que es el que tenéis delante, andante caballero, y el más valiente y el más discreto
que tiene el mundo.
La señora, que doña Cristina se llamaba, le
recibió con muestras de mucho amor y de mucha cortesía, y don Quijote se le ofreció con
asaz de discretas y comedidas razones. Casi los mismos comedimientos pasó con el
estudiante, que en oyéndole hablar don Quijote le tuvo por discreto y agudo.
Aquí pinta el autor todas las circunstancias de
la casa de don Diego, pintándonos en ellas lo que contiene una casa de un caballero
labrador y rico; pero al traductor desta historia le pareció [*] pasar estas y otras
semejantes menudencias en silencio [9],
porque no venían bien con el propósito principal de la historia, la cual más tiene su
fuerza en la verdad que en las frías digresiones. |
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Entraron a don Quijote en una sala, desarmóle Sancho, quedó en valones y en jubón de
camuza [10], todo bisunto con la mugre de
las armas [11]: el cuello era valona a lo
estudiantil, sin almidón y sin randas [12];
los borceguíes eran datilados [13], y
encerados los zapatos. Ciñóse su buena espada, que pendía de un tahalí de lobos
marinos, que es opinión que muchos años fue enfermo de los riñones [14]; cubrióse un herreruelo de buen paño
pardo [15], pero antes de todo, con cinco
calderos o seis de agua [16], que en la
cantidad de los calderos hay alguna diferencia, se lavó la cabeza y rostro, y todavía se
quedó el agua de color de suero, merced a la golosina de Sancho [17] y a la compra de sus negros requesones,
que tan blanco pusieron a su amo [18].
Con los referidos atavíos y con gentil donaire y gallardía, salió don Quijote a otra
sala, donde el estudiante le estaba esperando para entretenerle en tanto que las mesas se
ponían, que por la venida de tan noble huésped quería la señora doña Cristina mostrar
que sabía y podía regalar a los que a su casa llegasen.En tanto que don Quijote se estuvo desarmando, tuvo lugar
don Lorenzo, que así se llamaba el hijo de don Diego, de decir a su padre:
¿Quién diremos, señor, que es este
caballero que vuesa merced nos ha traído a casa? Que el nombre, la figura y el decir que
es caballero andante, a mí y a mi madre nos tiene suspensos.
No sé lo que te diga, hijo
respondió don Diego; solo te sabré decir que le he visto hacer cosas del
mayor loco del mundo y decir razones tan discretas, que borran y deshacen sus hechos:
háblale tú y toma el pulso a lo que sabe, y, pues eres discreto, juzga de su discreción
o tontería lo que más puesto en razón estuviere, aunque, para decir verdad, antes le
tengo por loco que por cuerdo.
Con esto, se fue don Lorenzo a entretener a don
Quijote, como queda dicho, y entre otras pláticas que los dos pasaron dijo don Quijote a
don Lorenzo: |
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El señor don Diego de Miranda, padre de vuesa merced, me ha dado noticia de la rara
habilidad y sutil ingenio que vuestra merced tiene, y, sobre todo, que es vuesa merced un
gran poeta.Poeta, bien podrá ser
respondió don Lorenzo, pero grande, ni por pensamiento. Verdad es que yo soy
algún tanto aficionado a la poesía y a leer los buenos poetas, pero no de manera que se
me pueda dar el nombre de grande que mi padre dice.
No me parece mal esa humildad
respondió don Quijote, porque no hay poeta que no sea arrogante y piense de
sí que es el mayor poeta del mundo.
No hay regla sin excepción
respondió don Lorenzo, y alguno habrá que lo sea y no lo piense.
Pocos [*]; respondió don
Quijote. Pero dígame vuesa merced: ¿qué versos son los que agora trae entre
manos, que me ha dicho el señor su padre que le traen algo inquieto y pensativo? Y si es
alguna glosa, a mí se me entiende algo de achaque de glosas, y holgaría saberlos; y si
es que son de justa literaria, procure vuestra merced llevar el segundo premio, que el
primero siempre se le lleva [*]
el favor o la gran calidad de la persona, el segundo se le lleva la mera justicia, y el
tercero viene a ser segundo, y el primero, a esta cuenta, será el tercero, al modo de las
licencias que se dan en las universidades [19];
pero, con todo esto, gran personaje es el nombre de primero [20].
«Hasta ahora dijo entre sí don
Lorenzo no os podré yo juzgar por loco. Vamos adelante.» Y díjole:
Paréceme que vuesa merced ha cursado las
escuelas: ¿qué ciencias ha oído [21]?
La de la caballería andante
respondió don Quijote, que es tan buena como la de la poesía, y aun dos
deditos más. |
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No sé qué ciencia sea esa replicó don Lorenzo, y hasta ahora no ha
llegado a mi noticia.Es una ciencia
replicó don Quijote que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo,
a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito y saber las leyes de la justicia
distributiva y comutativa [22], para dar
a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar razón
de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequiera que le fuere pedido;
ha de ser médico, y principalmente herbolario [23], para conocer en mitad de los
despoblados y desiertos las yerbas que tienen virtud de sanar las heridas, que no ha de
andar el caballero andante a cada triquete buscando quien se las cure [24]; ha de ser astrólogo, para conocer por
las estrellas cuántas horas son pasadas de la noche y en qué parte y en qué clima del
mundo se halla; ha de saber las matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener
necesidad dellas; y dejando aparte que ha de estar adornado de todas las virtudes
teologales y cardinales [25], decendiendo
a otras menudencias, digo que ha de saber nadar como dicen que nadaba el peje Nicolás o
Nicolao [26], ha de saber herrar un
caballo y aderezar la silla y el freno, y, volviendo a lo de arriba, ha de guardar la fe a
Dios y a su dama; ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en
las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los
menesterosos y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el
defenderla. De todas estas grandes y mínimas partes se compone un buen caballero andante.
Porque vea vuesa merced, señor don Lorenzo, si es ciencia mocosa lo que aprende el
caballero que la estudia y la profesa [27],
y si se puede igualar a las más estiradas que en los ginasios y escuelas se enseñan [28].
Si eso es así replicó don
Lorenzo, yo digo que se aventaja esa ciencia a todas.
¿Cómo si es así? respondió don
Quijote.
Lo que yo quiero decir dijo don
Lorenzo es que dudo que haya habido, ni que los hay ahora, caballeros andantes y
adornados de virtudes tantas. |
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Muchas veces he dicho lo que vuelvo a decir ahora respondió don
Quijote: que la mayor parte de la gente del mundo está de parecer de que no ha
habido en él caballeros andantes; y por parecerme a mí que si el cielo milagrosamente no
les da a entender la verdad de que los hubo y de que los hay, cualquier trabajo que se
tome ha de ser en vano, como muchas veces me lo ha mostrado la experiencia, no quiero
detenerme agora en sacar a vuesa merced del error que con los muchos tiene [29]: lo que pienso hacer es rogar [*] al cielo le saque dél y le
dé a entender cuán provechosos y cuán necesarios [*] fueron al mundo
los caballeros andantes en los pasados siglos, y cuán útiles fueran en el presente si se
usaran; pero triunfan ahora, por pecados de las gentes, la pereza, la ociosidad [*], la gula y el regalo.«Escapado se nos ha nuestro huésped dijo a esta
sazón entre sí don Lorenzo, pero, con todo eso, él es loco bizarro [30], y yo sería mentecato flojo si así no
lo creyese.» [31]
Aquí dieron fin a su plática, porque los
llamaron a comer. Preguntó don Diego a su hijo qué había sacado en limpio del ingenio
del huésped. A lo que él respondió:
No le sacarán del borrador de su locura
cuantos médicos y buenos escribanos tiene el mundo [32]: él es un entreverado loco, lleno de
lúcidos intervalos [33].
Fuéronse a comer, y la comida fue tal como don
Diego había dicho en el camino que la solía dar a sus convidados: limpia, abundante y
sabrosa; pero de lo que más se contentó don Quijote fue del maravilloso silencio que en
toda la casa había, que semejaba un monasterio de cartujos [34]. Levantados, pues, los manteles, y dadas
gracias a Dios y agua a las manos, don Quijote pidió ahincadamente a don Lorenzo dijese
los versos de la justa literaria, a lo que él respondió que, por no parecer de aquellos
poetas que cuando les ruegan digan sus versos los niegan y cuando no se los piden los
vomitan, «yo diré mi glosa [35], de la
cual no espero premio alguno; que solo por ejercitar el ingenio la he hecho».
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