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Donde se prosigue la aventura
del Caballero del Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos
escuderos
Divididos estaban caballeros y
escuderos [1], estos contándose sus
vidas y aquellos sus amores [2], pero la
historia cuenta primero el razonamiento de los mozos y luego prosigue el de los amos, y,
así, dice que, apartándose un poco dellos, el del Bosque dijo a Sancho [3]:
Trabajosa vida es la que
pasamos y vivimos, señor mío, estos que somos escuderos de caballeros andantes: en
verdad que comemos el pan en el sudor de nuestros rostros [4], que es una de las maldiciones que echó
Dios a nuestros primeros padres.
También se puede decir
añadió Sancho que lo comemos en el yelo de nuestros cuerpos, porque ¿quién
más calor y más frío que los miserables escuderos de la andante caballería? Y aun
menos mal si comiéramos, pues los duelos con pan son menos [5], pero tal vez hay que se nos pasa un día
y dos [*] sin desayunarnos [6], si no es del viento que sopla.
Todo eso se puede llevar y
conllevar dijo el del Bosque con la esperanza que tenemos del premio; porque
si demasiadamente no es desgraciado el caballero andante a quien un escudero sirve, por lo
menos a pocos lances se verá premiado con un hermoso gobierno de cualque ínsula [7] o con un condado de buen parecer. |
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Yo replicó Sancho ya he dicho a mi amo que me contento con el gobierno
de alguna ínsula, y él es tan noble y tan liberal, que me le ha prometido muchas y
diversas veces.
Yo dijo el del
Bosque con un canonicato quedaré satisfecho de mis servicios, y ya me le tiene
mandado mi amo, y ¡qué tal [*][8]!
Debe de ser dijo
Sancho su amo de vuesa merced caballero a lo eclesiástico, y podrá hacer esas
mercedes a sus buenos escuderos, pero el mío es meramente lego [9], aunque yo me acuerdo cuando le querían
aconsejar personas discretas, aunque a mi parecer malintencionadas, que procurase ser
arzobispo, pero él no quiso sino ser emperador, y yo estaba entonces temblando si le
venía en voluntad de ser de la Iglesia, por no hallarme suficiente de tener beneficios
por ella [10]; porque le hago saber a
vuesa merced que, aunque parezco [*] hombre, soy una bestia [*] para ser de la Iglesia [11].
Pues en verdad que lo yerra
vuesa merced dijo el del Bosque, a causa que los gobiernos insulanos no son
todos de buena data [12]. Algunos hay
torcidos, algunos pobres, algunos malencónicos [13], y, finalmente, el más erguido y bien
dispuesto trae consigo una pesada carga de pensamientos y de incomodidades, que pone sobre
sus hombros el desdichado que le cupo en suerte. Harto mejor sería que los que profesamos
esta maldita servidumbre nos retirásemos a nuestras casas, y allí nos entretuviésemos
en ejercicios más suaves, como si dijésemos cazando o pescando, que ¿qué escudero hay
tan pobre en el mundo, a quien le falte un rocín y un par de galgos y una caña de
pescar, con que entretenerse en su aldea [14]?
A mí no me falta nada deso
respondió Sancho. Verdad es que no tengo rocín, pero tengo un asno que vale
dos veces más que el caballo de mi amo [15].
Mala pascua me dé Dios, y sea la primera que viniere [16], si le trocara por él, aunque me diesen
cuatro fanegas de cebada encima. A burla tendrá vuesa merced el valor de mi rucio; que
rucio es el color de mi jumento [17].
Pues galgos no me habían de faltar, habiéndolos sobrados en mi pueblo; y más, que
entonces es la caza más gustosa cuando se hace a costa ajena [18]. |
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Real y verdaderamente respondió el del Bosque, señor escudero, que
tengo propuesto y determinado de dejar estas borracherías destos caballeros [19] y retirarme a mi aldea, y criar mis
hijitos [*], que tengo tres
como tres orientales perlas.Dos
tengo yo dijo Sancho, que se pueden presentar al papa en persona [20], especialmente una muchacha, a quien
crío para condesa, si Dios fuere servido, aunque a pesar de su madre.
¿Y qué edad tiene esa
señora que se cría para condesa? preguntó el del Bosque.
Quince años, dos más a menos
[21] respondió Sancho, pero
es tan grande como una lanza y tan fresca como una mañana de abril, y tiene una fuerza de
un ganapán [22].
Partes son esas [23] respondió el del Bosque no
solo para ser condesa, sino para ser ninfa del verde bosque [24]. ¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe
de tener la bellaca [25]!
A lo que respondió Sancho, algo
mohíno:
Ni ella es puta, ni lo fue su
madre, ni lo será ninguna de las dos, Dios quiriendo [26], mientras yo viviere. Y háblese más
comedidamente, que para haberse criado vuesa merced entre caballeros andantes, que son la
mesma cortesía, no me parecen muy concertadas esas palabras.
¡Oh, qué mal se le entiende
a vuesa merced [27] replicó el del
Bosque de achaque de alabanzas [*], señor escudero! ¿Cómo
y no sabe que cuando algún caballero da una buena lanzada al toro en la plaza [28], o cuando alguna persona hace alguna
cosa bien hecha, suele decir el vulgo: «¡Oh hideputa, puto, y qué bien que lo ha
hecho!», y aquello que parece vituperio, en aquel término [29], es alabanza notable? Y renegad vos,
señor, de los hijos o hijas que no hacen obras que merezcan se les den a sus padres
loores semejantes [30]. |
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Sí reniego respondió Sancho, y dese modo y por esa misma razón podía
echar vuestra merced a mí y a mis hijos [*] y a mi mujer
toda una putería encima, porque todo cuanto hacen y dicen son estremos dignos de
semejantes alabanzas; y para volverlos a ver ruego yo a Dios me saque de pecado mortal [31], que lo mesmo será si me saca deste
peligroso oficio de escudero, en el cual he incurrido segunda vez, cebado y engañado de
una bolsa con cien ducados que me hallé un día en el corazón de Sierra Morena, y el
diablo me pone ante los ojos aquí, allí, acá no, sino acullá, un talego lleno de
doblones [32], que me parece que a cada
paso le toco con la mano y me abrazo con él y lo llevo a mi casa, y echo censos y fundo
rentas [33] y vivo como un príncipe; y
el rato que en esto pienso se me hacen fáciles y llevaderos cuantos trabajos padezco con
este mentecato de mi amo, de quien sé que tiene más de loco que de caballero.
Por eso respondió el
del Bosque dicen que la codicia rompe el saco [34], y si va a tratar dellos [35], no hay otro mayor en el mundo que mi
amo, porque es de aquellos que dicen [36]:
«Cuidados ajenos matan al asno» [37];
pues porque cobre otro caballero el juicio que ha perdido se hace él loco y anda buscando
lo que no sé si después de hallado le ha de salir a los hocicos [38].
¿Y es enamorado por dicha [*]?
Sí dijo el del
Bosque, de una tal Casildea de Vandalia, la más cruda y la más asada señora que
en todo el orbe puede hallarse [39]; pero
no cojea del pie de la crudeza [40], que
otros mayores embustes le gruñen en las entrañas, y ello dirá antes de muchas horas [41].
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