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Donde
se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora Dulcinea [1], y de otros sucesos tan
ridículos como verdaderos
Llegando el autor desta grande
historia a contar lo que en este capítulo cuenta, dice que quisiera pasarle en silencio,
temeroso de que no había de ser creído, porque las locuras de don Quijote llegaron aquí
al término y raya de las mayores que pueden imaginarse, y aun pasaron dos tiros de
ballesta más allá de las mayores. Finalmente, aunque con este miedo y recelo, las
escribió de la misma manera que él las hizo, sin añadir ni quitar a la historia un
átomo de la verdad, sin dársele nada por objeciones [*] que podían ponerle de
mentiroso; y tuvo razón, porque la verdad adelgaza y no quiebra [2], y siempre anda sobre la mentira, como el
aceite sobre el agua.
Y así, prosiguiendo su historia,
dice que así como don Quijote se emboscó en la floresta, encinar o selva junto al gran
Toboso, mandó a Sancho volver a la ciudad y que no volviese a su presencia sin haber
primero hablado de su parte a su señora, pidiéndola fuese servida de dejarse ver de su
cautivo caballero [3] y se dignase de
echarle su bendición, para que pudiese esperar por ella felicísimos sucesos de todos sus
acometimientos y dificultosas empresas. Encargóse Sancho de hacerlo así como se le
mandaba y de traerle [*] tan
buena respuesta como le trujo la vez primera. |
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Anda, hijo replicó don Quijote, y no te turbes cuando te vieres ante la
luz del sol de hermosura que vas a buscar. ¡Dichoso tú sobre todos los escuderos del
mundo! Ten memoria, y no se te pase della cómo te recibe: si muda las colores el tiempo
que la estuvieres dando mi embajada [4];
si se desasosiega y turba oyendo mi nombre; si no cabe en la almohada [5], si acaso la hallas sentada en el estrado
rico de su autoridad; y si está en pie, mírala si se pone ahora sobre el uno, ahora
sobre el otro pie; si te repite la respuesta que te diere dos o tres veces; si la muda de
blanda en áspera, de aceda en amorosa [6];
si levanta la mano al cabello para componerle, aunque no esté desordenado... Finalmente,
hijo, mira todas sus acciones y movimientos, porque si tú me los relatares como ellos
fueron, sacaré yo lo que ella tiene escondido en lo secreto de su corazón acerca de lo
que al fecho de mis amores toca: que has de saber, Sancho, si no lo sabes, que entre los
amantes las acciones y movimientos exteriores que muestran cuando de sus amores se trata
son certísimos correos que traen las nuevas de lo que allá en lo interior del alma pasa.
Ve, amigo, y guíete otra mejor ventura que la mía, y vuélvate otro mejor suceso del que
yo quedo temiendo y esperando en esta amarga soledad en que me dejas [7].
Yo iré y volveré presto
dijo Sancho; y ensanche vuestra merced, señor mío, ese corazoncillo, que le
debe de tener agora no mayor que una avellana, y considere que se suele decir que buen
corazón quebranta mala ventura, y que donde no hay tocinos, no hay estacas [8]; y también se dice: «Donde no piensa [*], salta la liebre [9]». Dígolo porque si esta noche no
hallamos los palacios o alcázares de mi señora, agora que es de día los pienso hallar,
cuando menos los piense [*];
y hallados, déjenme a mí con ella.
Por cierto, Sancho dijo
don Quijote, que siempre traes tus refranes tan a pelo de lo que tratamos [10] cuanto me dé Dios mejor ventura en lo
que deseo. |
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Esto dicho, volvió Sancho las espaldas y vareó su
rucio [11], y don Quijote se quedó a
caballo descansando sobre los estribos y sobre el arrimo de su lanza [12], lleno de tristes y confusas
imaginaciones, donde le dejaremos, yéndonos con Sancho Panza, que no menos confuso y
pensativo se apartó de su señor que él quedaba [13]; y tanto, que apenas hubo salido del
bosque, cuando, volviendo la cabeza, y viendo que don Quijote no parecía [14], se apeó del jumento y, sentándose al
pie de un árbol, comenzó a hablar consigo mesmo y a decirse [15]: Sepamos agora, Sancho hermano, adónde va vuesa
merced. ¿Va a buscar algún jumento que se le haya perdido [16]? No, por cierto. Pues ¿qué
va a buscar? Voy a buscar, como quien no dice nada, a una princesa, y en ella al sol
de la hermosura y a todo el cielo junto. ¿Y adónde pensáis hallar eso que decís,
Sancho? ¿Adónde? En la gran ciudad del Toboso. Y bien, ¿y de parte de
quién la vais a buscar? De parte del famoso caballero don Quijote de la Mancha, que
desface los tuertos y da de comer al que ha sed y de beber al que ha hambre [17]. Todo eso está muy bien. ¿Y
sabéis su casa, Sancho? Mi amo dice que han de ser unos reales palacios o unos
soberbios alcázares. ¿Y habéisla visto algún día por ventura? Ni yo ni mi
amo la habemos visto jamás. ¿Y paréceos que fuera acertado y bien hecho que si
los del Toboso supiesen que estáis vos aquí con intención de ir a sonsacarles sus
princesas [18] y a desasosegarles sus
damas, viniesen y os moliesen las costillas a puros palos y no os dejasen hueso sano?
En verdad que tendrían mucha razón, cuando no considerasen que soy mandado, y que
Mensajero sois, amigo,
no merecéis [*] culpa,
non [19].
No os fiéis en eso, Sancho,
porque la gente manchega es tan colérica como honrada y no consiente cosquillas de nadie
[20]. Vive Dios que si os huele, que os
mando mala ventura [21]. ¡Oxte,
puto! ¡Allá darás, rayo [22]! ¡No,
sino ándeme yo buscando tres pies al gato por el gusto ajeno! Y más, que así será
buscar a Dulcinea por el Toboso como a Marica por Ravena o al bachiller en Salamanca [23]. ¡El diablo, el diablo me ha metido a
mí en esto, que otro no! |
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Este soliloquio pasó consigo Sancho, y lo que sacó dél fue que volvió a decirse:
Ahora bien, todas las cosas
tienen remedio, si no es la muerte [24],
debajo de cuyo yugo hemos de pasar todos, mal que nos pese, al acabar de la vida. Este mi
amo por mil señales he visto que es un loco de atar, y aun también yo no le quedo en
zaga [25], pues soy más mentecato que
él, pues le sigo y le sirvo, si es verdadero el refrán que dice: «Dime con quién
andas, decirte he quién eres», y el otro de «No con quien naces, sino con quien paces [26]». Siendo, pues, loco, como lo es, y de
locura que las más veces toma unas cosas por otras y juzga lo blanco por negro y lo negro
por blanco, como se pareció [*] cuando dijo que los
molinos de viento eran gigantes, y las mulas de los religiosos dromedarios [27], y las manadas de carneros ejércitos de
enemigos, y otras muchas cosas a este tono [28],
no será muy difícil hacerle creer que una labradora, la primera que me topare por aquí,
es la señora Dulcinea; y cuando él no lo crea, juraré yo, y si él jurare, tornaré yo
a jurar, y si porfiare, porfiaré yo más, y de manera que tengo de tener la mía siempre
sobre el hito, venga lo que viniere [29].
Quizá con esta porfía acabaré con él que no me envíe otra vez a semejantes
mensajerías [30], viendo cuán mal
recado le traigo dellas, o quizá pensará, como yo imagino, que algún mal encantador de
estos que él dice que le quieren mal la habrá mudado la figura, por hacerle mal y daño.
Con esto que pensó Sancho [*] Panza quedó sosegado su
espíritu y tuvo por bien acabado su negocio, y deteniéndose [*] allí hasta la tarde
[31], por dar lugar a que don Quijote
pensase que le [*] había [*] tenido para ir y volver del
Toboso [32]. Y sucedióle todo tan bien,
que cuando se levantó para subir en el rucio vio que del Toboso hacia donde él estaba
venían tres labradoras sobre tres pollinos, o pollinas, que el autor no lo declara,
aunque más se puede creer que eran borricas [33],
por ser ordinaria caballería de las aldeanas; pero como no va mucho en esto [34], no hay para qué detenernos en
averiguarlo. En resolución, así como Sancho vio a las labradoras, a paso tirado volvió
a buscar a su señor don Quijote, y hallóle suspirando y diciendo mil amorosas
lamentaciones. Como don Quijote le vio, le dijo: |
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¿Qué hay, Sancho amigo? ¿Podré señalar
este día con piedra blanca o con negra [35]?
Mejor será
respondió Sancho que vuesa merced la señale [*] con almagre, como
rétulos [*] de cátedras [36], porque le echen bien de ver los que le
vieren.
De ese modo replicó don
Quijote, buenas nuevas traes.
Tan buenas respondió
Sancho, que no tiene más que hacer vuesa merced sino picar a Rocinante y salir a lo
raso a ver a la señora Dulcinea del Toboso [37],
que con otras dos doncellas suyas viene a ver a vuesa merced.
¡Santo Dios! ¿Qué es lo que
dices, Sancho amigo? dijo don Quijote. Mira no me engañes, ni quieras con
falsas alegrías alegrar mis verdaderas tristezas.
¿Qué sacaría yo de engañar
a vuesa merced respondió Sancho, y más estando tan cerca de descubrir mi
verdad? Pique, señor, y venga, y verá venir a la princesa nuestra ama vestida y
adornada, en fin, como quien ella es. Sus doncellas y ella todas son una ascua de oro [38], todas mazorcas [*] de perlas [39], todas son diamantes, todas rubíes,
todas telas de brocado de más de diez altos [40];
los cabellos, sueltos por las espaldas, que son otros tantos rayos del sol que andan
jugando con el viento [41]; y, sobre todo
[42], vienen a caballo sobre tres
cananeas remendadas [43], que no hay más
que ver [44]. |
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Hacaneas querrás decir, Sancho.Poca diferencia hay
respondió Sancho [*]; de cananeas
a hacaneas; pero, vengan sobre lo que vinieren, ellas vienen [*] las más galanas señoras que
se puedan desear, especialmente la princesa Dulcinea mi señora, que pasma los sentidos.
Vamos, Sancho hijo
respondió don Quijote, y en albricias destas no esperadas como buenas nuevas
[45] te mando el mejor despojo que ganare
en la primera aventura que tuviere [46],
y si esto no te contenta, te mando las crías que este año me dieren las tres yeguas
mías, que tú sabes que quedan para parir en el prado concejil de nuestro pueblo [47].
A las crías me atengo
respondió Sancho, porque de ser buenos los despojos de la primera aventura no
está muy cierto [48].
Ya en esto salieron de la selva y
descubrieron cerca a las tres aldeanas. Tendió don Quijote los ojos por todo el camino
del Toboso, y como no vio sino a las tres labradoras, turbóse todo y preguntó a Sancho
si las había dejado fuera de la ciudad.
¿Cómo fuera de la ciudad?
respondió [*].
¿Por ventura tiene vuesa merced los ojos en el colodrillo [49], que no vee que son estas las que aquí
vienen, resplandecientes como el mismo sol a medio día?
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