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De lo que pasó don Quijote con su escudero, con otros sucesos famosísimos
Apenas vio el ama que Sancho Panza
se encerraba con su señor, cuando dio en la cuenta de sus tratos; y imaginando que de
aquella consulta había de salir la resolución de su tercera salida, y tomando su manto,
toda llena de congoja y pesadumbre se fue a buscar al bachiller Sansón Carrasco,
pareciéndole que por ser bien hablado y amigo fresco de su señor [1] le podría persuadir a que dejase tan
desvariado propósito.
Hallóle paseándose por el patio de
su casa, y, viéndole, se dejó caer ante sus pies, trasudando y congojosa. Cuando la vio
Carrasco con muestras tan doloridas y sobresaltadas, le dijo:
¿Qué es esto, señora ama?
¿Qué le ha acontecido, que parece que se le quiere arrancar el alma [2]?
No es nada, señor Sansón
mío, sino que mi amo se sale, ¡sálese sin duda!
¿Y por dónde se sale,
señora? preguntó Sansón. ¿Hásele roto alguna parte de su cuerpo [3]? |
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No se sale respondió ella sino por la puerta de su locura. Quiero
decir, señor bachiller de mi ánima, que quiere salir otra vez, que con esta será la
tercera, a buscar por ese mundo lo que él llama venturas, que yo no puedo entender cómo
les da este nombre [4]. La vez primera
nos le volvieron atravesado sobre un jumento, molido a palos. La segunda vino en un carro
de bueyes, metido y encerrado en una jaula, adonde él se daba a entender que estaba
encantado; y venía tal el triste, que no le conociera la madre que le parió, flaco,
amarillo, los ojos hundidos en los últimos camaranchones del celebro [5], que para haberle de volver algún tanto
en sí gasté más de seiscientos huevos, como lo sabe Dios y todo el mundo, y mis
gallinas, que no me dejarán mentir [6]. Eso creo yo muy bien
respondió el bachiller, que ellas son tan buenas, tan gordas y tan bien
criadas, que no dirán una cosa por otra, si reventasen [7]. En efecto [8], señora ama, ¿no hay otra cosa, ni ha
sucedido otro desmán alguno sino el que se teme que quiere hacer el señor don Quijote?
No, señor respondió
ella.
Pues no tenga pena
respondió el bachiller, sino váyase enhorabuena a su casa y téngame
aderezado de almorzar alguna cosa caliente, y de camino vaya rezando la oración de Santa
Apolonia, si es que la sabe, que yo iré luego allá y verá maravillas [9].
¡Cuitada de mí!
replicó el ama. ¿La oración de Santa Apolonia dice vuestra merced que rece?
Eso fuera si mi amo lo hubiera de las muelas, pero no lo ha sino de los cascos [10].
Yo sé lo que digo, señora
ama: váyase y no se ponga a disputar conmigo, pues sabe que soy bachiller por Salamanca,
que no hay más que bachillear [11]
respondió Carrasco. |
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Y con esto se fue el ama, y el bachiller fue luego a buscar al cura, a comunicar con él
lo que se dirá a su tiempo [12]. En el que estuvieron encerrados [13], don Quijote y Sancho pasaron las
razones que con mucha puntualidad y verdadera relación cuenta la historia.
Dijo Sancho a su amo:
Señor, ya yo tengo relucida a
mi mujer a que me deje ir con vuestra merced adonde quisiere llevarme.
Reducida has de decir [14], Sancho dijo don Quijote,
que no relucida.
Una o dos veces
respondió Sancho, si mal no me acuerdo, he suplicado a vuestra merced que no
me emiende los vocablos, si es que entiende lo que quiero decir en ellos, y que cuando no
los entienda, diga: «Sancho, o diablo, no te entiendo»; y si yo no me declarare [15], entonces podrá emendarme, que yo soy
tan fócil.. [16].
No te entiendo, Sancho
dijo luego don Quijote, pues no sé qué quiere decir soy tan [*]
fócil.
Tan fócil quiere decir
respondió Sancho soy tan así.
Menos te entiendo agora
replicó don Quijote.
Pues si no me puede entender
respondió Sancho, no sé cómo lo diga: no sé más, y Dios sea conmigo.
Ya, ya caigo respondió
don Quijote en ello: tú quieres decir que eres tan dócil, blando y mañero
[17], que tomarás lo que yo te dijere [18] y pasarás por lo que te enseñare.
Apostaré yo dijo
Sancho que desde el emprincipio me caló y me entendió, sino que quiso turbarme,
por oírme [*]
decir otras docientas patochadas. |
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Podrá ser replicó don Quijote. Y en efecto ¿qué dice Teresa?
Teresa dice dijo
Sancho que ate bien mi dedo con vuestra merced [19], y que hablen cartas y callen barbas [20], porque quien destaja no baraja [21], pues más vale un toma que dos te
daré. Y yo digo que el consejo de la mujer es poco [22], y el que no le toma es loco.
Y yo lo digo también
respondió don Quijote [*]. Decid, Sancho amigo, pasad [*] adelante, que habláis
hoy de perlas.
Es el caso replicó
Sancho que, como vuestra merced mejor sabe, todos estamos sujetos a la muerte, y que
hoy somos y mañana no, y que tan presto se va el cordero como el carnero [23], y que nadie puede prometerse en este [*]
mundo más horas de vida de las que Dios quisiere darle; porque la muerte es sorda, y,
cuando llega a llamar a las puertas de nuestra vida, siempre va de priesa, y no la harán
detener ni ruegos, ni fuerzas, ni ceptros, ni mitras, según es pública voz y fama, y
según nos lo dicen por esos púlpitos [24].
Todo eso es verdad dijo
don Quijote, pero no sé dónde vas a parar.
Voy a parar dijo
Sancho en que vuesa merced me señale salario conocido [25] de lo que me ha de dar cada mes el
tiempo que le sirviere, y que el tal salario se me pague de su hacienda, que no quiero
estar a mercedes [26], que llegan tarde o
mal o nunca; con lo mío me ayude Dios [27].
En fin, yo quiero saber lo que gano, poco o mucho que sea, que sobre un huevo pone la
gallina [28], y muchos pocos hacen un
mucho, y mientras se gana algo no se pierde nada. Verdad sea que si sucediese, lo cual ni
lo creo ni lo espero, que vuesa merced me diese la ínsula que me tiene prometida, no soy
tan ingrato, ni llevo las cosas tan por los cabos [29], que no querré que se aprecie lo que
montare la renta de la tal ínsula [30] y
se descuente de mi salario gata por cantidad.
Sancho amigo respondió
don Quijote, a las veces tan buena suele ser una gata como una rata [31]. |
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Ya entiendo dijo Sancho: yo apostaré que había de decir rata, y
no gata; pero no importa nada, pues vuesa merced me ha entendido.
Y tan entendido
respondió don Quijote, que he penetrado lo último de tus pensamientos y sé
al blanco que tiras con las inumerables saetas de tus refranes. Mira, Sancho, yo bien te
señalaría salario, si hubiera hallado en alguna de las historias de los caballeros
andantes ejemplo que me descubriese y mostrase por algún pequeño resquicio qué es lo
que solían ganar cada mes o cada año; pero yo he leído todas o las más de sus
historias y no me acuerdo haber leído que ningún caballero andante haya señalado
conocido salario a su escudero. Solo sé que todos servían a merced, y que [*]
cuando menos se lo pensaban, si a sus señores les había corrido bien la suerte, se
hallaban premiados con una ínsula o con otra cosa equivalente, y, por lo menos, quedaban
con título y señoría. Si con estas esperanzas y aditamentos vos, Sancho, gustáis de
volver a servirme, sea en buena [*] hora, que pensar que yo
he de sacar de sus términos y quicios la antigua usanza de la caballería andante es
pensar en lo escusado [32]. Así que,
Sancho mío, volveos a vuestra casa y declarad a vuestra Teresa mi intención; y si ella
gustare y vos gustáredes de estar a merced conmigo, bene quidem [33], y si no, tan amigos como de antes: que
si al palomar no le falta cebo, no le faltarán palomas [34]. Y advertid, hijo, que vale más buena
esperanza que ruin posesión [35], y
buena queja que mala paga [36]. Hablo de
esta manera, Sancho, por daros a entender que también [*] como vos sé yo
arrojar refranes como llovidos [37]. Y,
finalmente, quiero decir y os digo que si no queréis venir a merced conmigo y correr la
suerte que yo corriere, que Dios quede con vos y os haga un santo, que a mí no me
faltarán escuderos más obedientes, más solícitos, y no tan empachados ni tan
habladores como vos [38].
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