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De lo que le pasó a don
Quijote con su sobrina y con su ama, y es uno de los importantes capítulos de toda la
historia
En tanto que Sancho Panza y su mujer
Teresa Cascajo pasaron la impertinente referida plática [1], no estaban ociosas la sobrina y el ama
de don Quijote, que por mil señales iban coligiendo que su tío y señor quería
desgarrarse la vez tercera [2] y volver
al ejercicio de su para ellas malandante caballería: procuraban por todas las vías
posibles apartarle [*] de
tan mal pensamiento, pero todo era predicar en desierto y majar en hierro frío [3]. Con todo esto, entre otras muchas
razones que con él pasaron, le dijo el ama:
En verdad, señor mío, que si
vuesa merced no afirma el pie llano [4] y
se está quedo en su casa y se deja de andar por los montes y por los valles como ánima
en pena, buscando esas que dicen [*]
que se llaman aventuras, a quien yo llamo desdichas [5], que me tengo de quejar en voz y en grita
a Dios y al rey [6], que pongan remedio
en ello.
A lo que respondió don Quijote:
Ama, lo que Dios responderá a tus quejas
yo no lo sé, ni lo que ha de responder Su Majestad tampoco, y solo sé que si yo fuera
rey me escusara de responder a tanta infinidad de memoriales impertinentes como cada día
le dan [7], que uno de los mayores
trabajos que los reyes tienen, entre otros muchos, es el estar obligados a escuchar a
todos y a responder a todos [8]; y, así,
no querría yo que cosas mías le diesen pesadumbre. |
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A lo que dijo el ama:Díganos,
señor, en la corte de Su Majestad, ¿no hay caballeros [9]?
Sí respondió don
Quijote, y muchos, y es razón que los haya, para adorno de la grandeza de los
príncipes y para ostentación de la majestad real.
Pues ¿no sería vuesa [*] merced replicó
ella uno de los que a pie quedo sirviesen a su rey y señor estándose en la corte [10]?
Mira, amiga respondió
don Quijote, no todos los caballeros pueden ser cortesanos, ni todos los cortesanos
pueden ni deben ser caballeros andantes: de todos ha de haber [*] en el mundo, y aunque
todos seamos caballeros, va mucha diferencia de los unos a los otros; porque los
cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la corte, se pasean por todo
el mundo mirando un mapa, sin costarles blanca, ni padecer calor ni frío, hambre ni sed;
pero nosotros, los caballeros andantes verdaderos, al sol, al frío, al aire, a las
inclemencias del cielo, de noche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con
nuestros mismos pies, y no solamente conocemos los enemigos pintados, sino en su mismo ser
[11], y en todo trance y en toda ocasión
los acometemos, sin mirar en niñerías, ni en las leyes de los desafíos: si lleva o no
lleva más corta la lanza o la espada, si trae sobre sí reliquias o algún engaño
encubierto, si se ha de partir y hacer tajadas el sol o no [12], con otras ceremonias deste jaez que se
usan en los desafíos particulares de persona a persona, que tú no sabes y yo sí. Y has
de saber más: que el buen caballero andante, aunque vea diez gigantes que con las cabezas
no solo tocan, sino pasan las nubes, y que a cada uno le sirven de piernas dos
grandísimas torres, y que los brazos semejan árboles de gruesos y poderosos navíos [13], y cada ojo como una gran rueda de
molino y más ardiendo que un horno de vidrio [14], no le han de espantar en manera alguna,
antes con gentil continente y con intrépido corazón los ha de acometer y embestir [15], y, si fuere posible, vencerlos y
desbaratarlos en un pequeño instante, aunque viniesen armados de unas conchas de un
cierto pescado que dicen que son más duras que si fuesen de diamantes [16], y en lugar de espadas trujesen
cuchillos tajantes de damasquino acero [17],
o porras ferradas con puntas asimismo de acero [18], como yo las he visto más de dos veces.
Todo esto he dicho, ama mía, porque veas la diferencia que hay de unos caballeros a
otros; y sería razón que no hubiese príncipe que no estimase en más esta segunda, o,
por mejor decir, primera especie de caballeros andantes, que, según leemos en sus
historias, tal ha habido entre ellos, que ha sido la salud no solo de un reino, sino de
muchos [19]. |
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¡Ah, señor mío! dijo a esta sazón [*] la sobrina. Advierta
vuestra merced que todo eso que dice de los caballeros andantes es fábula y mentira, y
sus historias, ya que no las quemasen, merecían que a cada una se le echase un sambenito
[20] o alguna señal en que fuese
conocida por infame y por gastadora de las buenas costumbres [21].
Por el Dios que me sustenta
dijo don Quijote, que si no fueras mi sobrina derechamente, como hija de mi
misma hermana, que había de hacer un tal castigo en ti, por la blasfemia que has dicho,
que sonara por todo el mundo. ¿Cómo que es posible que una rapaza que apenas sabe menear
doce palillos de randas [22] se atreva a
poner lengua y a censurar las historias de los caballeros andantes [23]? ¿Qué dijera el señor Amadís si lo
tal oyera? Pero a buen seguro que él te perdonara, porque fue el más humilde y cortés
caballero de su tiempo, y demás [*], grande amparador de las
doncellas; mas tal te pudiera haber oído, que no te fuera bien dello, que no todos son
corteses ni bien mirados: algunos hay follones y descomedidos; ni todos los que se llaman
caballeros lo son de todo en todo, que unos son de oro, otros de alquimia [24], y todos parecen caballeros, pero no
todos pueden estar al toque de la piedra de la verdad [25]. Hombres bajos hay que revientan por
parecer caballeros, y caballeros altos hay que parece que aposta mueren por parecer
hombres bajos: aquellos se levantan [*] o con la ambición o con la
virtud, estos se abajan o con la flojedad o con el vicio; y es menester aprovecharnos del
conocimiento discreto [26] para
distinguir estas dos maneras de caballeros, tan parecidos en los nombres y tan distantes
en las acciones.
¡Válame Dios! dijo la
sobrina. ¡Que sepa vuestra merced tanto, señor tío, que si fuese menester en una
necesidad podría subir en un púlpito e irse a predicar por esas calles, y que con todo
esto dé en una ceguera tan grande y en una sandez tan conocida, que se dé a entender que
es valiente, siendo viejo; que tiene fuerzas, estando enfermo, y que endereza tuertos,
estando por la edad agobiado [27], y,
sobre todo, que es caballero, no lo siendo, porque aunque lo puedan ser los hidalgos, no
lo son los pobres... [28]! |
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Tienes mucha razón, sobrina, en lo que dices respondió don Quijote, y
cosas te pudiera yo decir cerca de los linajes, que te admiraran [29]; pero por no mezclar lo divino con lo
humano, no las digo. Mirad, amigas, a cuatro suertes de linajes, y estadme atentas, se
pueden reducir todos los que hay en el mundo, que son estas [30]: unos, que tuvieron principios humildes
y se fueron estendiendo y dilatando hasta llegar a una suma grandeza; otros, que tuvieron
principios grandes y los fueron conservando y los conservan y mantienen en el ser que
comenzaron; otros, que, aunque tuvieron principios grandes, acabaron en punta, como
pirámide, habiendo diminuido y aniquilado su principio hasta parar en nonada [31], como lo es la punta de la pirámide,
que respeto de su basa o asiento no es nada; otros hay, y estos son los más, que ni
tuvieron principio bueno ni razonable medio, y así tendrán el fin, sin nombre, como el
linaje de la gente plebeya y ordinaria. De los primeros, que tuvieron principio humilde y
subieron a la grandeza que agora conservan, te sirva de ejemplo la casa otomana, que de un
humilde y bajo pastor que le dio principio [32]
está en la cumbre que le vemos [*]. Del segundo linaje, que
tuvo principio en grandeza y la conserva sin aumentarla, serán ejemplo muchos príncipes
que por herencia lo son y se conservan en ella, sin aumentarla ni diminuirla,
conteniéndose en los límites de sus estados pacíficamente. De los que comenzaron
grandes y acabaron en punta hay millares de ejemplos, porque todos los Faraones y Tolomeos
de Egipto [33], los Césares de Roma, con
toda la caterva (si es que se le puede dar este nombre) de infinitos príncipes, monarcas,
señores, medos, asirios, persas, griegos y bárbaros [34], todos estos linajes y señoríos han
acabado en punta y en nonada, así ellos como los que les dieron principio, pues no será
posible hallar agora ninguno de sus decendientes, y si le hallásemos sería en bajo y
humilde estado. Del linaje plebeyo no tengo que decir sino que sirve solo de acrecentar el
número de los que viven, sin que merezcan otra fama ni otro elogio sus grandezas. De todo
lo dicho quiero que infiráis, bobas mías, que es grande la confusión que hay entre los
linajes, y que solos aquellos parecen grandes y ilustres que lo muestran en la virtud [35] y en la riqueza y liberalidad de sus
dueños. Dije virtudes, riquezas y liberalidades, porque el grande que fuere vicioso será
vicioso grande, y el rico no liberal será un avaro mendigo, que al poseedor de las
riquezas no le hace dichoso el tenerlas, sino el gastarlas, y no el gastarlas como quiera,
sino el saberlas bien gastar. Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que
es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido [*] y oficioso [36], no soberbio, no arrogante, no
murmurador, y, sobre todo, caritativo, que con dos maravedís que con ánimo alegre dé al
pobre [37] se mostrará tan liberal como
el que a campana herida da limosna [38],
y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que, aunque no le conozca,
deje de juzgarle y tenerle por de buena casta, y el no serlo sería milagro; y siempre la
alabanza fue premio de la virtud, y los virtuosos no pueden dejar de ser alabados [39]. Dos caminos hay, hijas, por donde
pueden ir los hombres a llegar a ser ricos y honrados: el uno es el de las letras; otro,
el de las armas. Yo tengo más armas que letras, y nací, según me inclino a las armas,
debajo de la influencia del planeta Marte [40],
así que casi me es forzoso seguir por su camino, y por él tengo de ir a pesar de todo el
mundo, y será en balde cansaros en persuadirme a que no quiera yo lo que los cielos
quieren, la fortuna ordena y la razón pide, y, sobre todo, mi voluntad desea [41]; pues con saber, como sé, los
innumerables trabajos que son anejos a la andante [*] caballería [42], sé también los infinitos bienes que
se alcanzan con ella y sé que la senda de la virtud es muy estrecha, y el camino del
vicio, ancho y espacioso [43]; y sé que
sus fines y paraderos son diferentes, porque el del [*] vicio, dilatado y espacioso,
acaba en muerte, y el de la virtud, angosto y trabajoso, acaba en vida, y no en vida que
se acaba, sino en la que no tendrá fin; y sé, como dice el gran poeta castellano
nuestro, que
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Por estas asperezas se camina
de la inmortalidad al alto asiento,
do nunca arriba quien de allí declina [44].
¡Ay, desdichada de mí
dijo la sobrina, que también mi señor es poeta! Todo lo sabe, todo lo
alcanza: yo apostaré que si quisiera ser albañil, que supiera fabricar una casa como una
jaula [45].
Yo te prometo, sobrina
respondió don Quijote, que si estos pensamientos caballerescos no me llevasen
tras sí todos los sentidos, que no habría cosa que yo no hiciese, ni curiosidad que no
saliese de mis manos, especialmente jaulas y palillos de dientes [46].
A este tiempo llamaron a la puerta,
y preguntando quién llamaba, respondió Sancho Panza que él era; y apenas le hubo
conocido el ama, cuando corrió a esconderse, por no verle: tanto le aborrecía. Abrióle
la sobrina, salió a recebirle con los brazos abiertos su señor don Quijote y
encerráronse los dos en su aposento, donde tuvieron otro coloquio que no le hace ventaja
el pasado.
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