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De
la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su mujer Teresa Panza [1], y otros sucesos dignos de felice
recordación [2]
Llegando a escribir el traductor
desta historia este quinto capítulo, dice que le tiene por apócrifo [3], porque en él habla Sancho Panza con
otro estilo del que se podía prometer de su corto ingenio [4] y dice cosas tan sutiles, que no tiene
por posible que él las supiese, pero que no quiso dejar de traducirlo, por cumplir con lo
que a su oficio debía; y, así, prosiguió diciendo:
Llegó Sancho a su casa tan
regocijado y alegre, que su mujer conoció su alegría a tiro de ballesta; tanto, que la
obligó a preguntarle:
¿Qué traés [*], Sancho amigo, que tan alegre
venís?
A lo que él respondió:
Mujer mía, si Dios quisiera,
bien me holgara yo de no estar tan contento como muestro.
No os entiendo, marido
replicó ella, y no sé qué queréis decir en eso de que os holgárades [*], si Dios quisiera, de no
estar contento; que, maguer tonta [5], no
sé yo quién recibe gusto de no tenerle. |
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Mirad, Teresa respondió Sancho, yo estoy alegre porque tengo
determinado de volver a servir a mi amo don Quijote, el cual quiere la vez tercera salir [*] a buscar las aventuras; y yo
vuelvo a salir con él, porque lo quiere así mi necesidad [6], junto con la esperanza que me alegra de
pensar si podré hallar otros cien escudos como los ya gastados, puesto que me entristece
el haberme de apartar de ti y de mis hijos; y si Dios quisiera darme de comer a [*] pie enjuto y en mi casa [7], sin traerme por vericuetos y
encrucijadas, pues lo podía hacer a poca costa y no más de quererlo [8], claro está que mi alegría fuera más
firme y valedera, pues que la que tengo va mezclada con la tristeza del dejarte. Así que
dije bien que holgara, si Dios quisiera, de no estar contento.
Mirad, Sancho replicó
Teresa, después que os hicistes miembro de caballero andante, habláis de tan
rodeada manera, que no hay quien os entienda [9].
Basta que me entienda Dios,
mujer respondió Sancho, que Él es el entendedor de todas las cosas [10], y quédese esto aquí. Y advertid,
hermana, que os conviene tener cuenta estos tres días con el rucio, de manera que esté
para armas tomar [11]: dobladle los
piensos, requerid la albarda y las demás jarcias [12], porque no vamos a bodas, sino a rodear
el mundo y a tener dares y tomares con gigantes [13], con endriagos y con vestiglos, y a oír
silbos, rugidos, bramidos y baladros; y aun todo esto fuera flores de cantueso, si no
tuviéramos que entender con yangüeses y con moros encantados [14].
Bien creo yo, marido
replicó Teresa, que los escuderos andantes no comen el pan de balde, y, así,
quedaré rogando a Nuestro Señor os saque presto de tanta mala ventura. |
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Yo os digo, mujer respondió Sancho, que si no pensase antes de mucho
tiempo verme gobernador de una ínsula, aquí me caería muerto.Eso no, marido mío dijo Teresa, viva la
gallina, aunque sea con su pepita [15]:
vivid vos, y llévese el diablo cuantos gobiernos hay en el mundo; sin gobierno salistes
del vientre de vuestra madre, sin gobierno habéis vivido hasta ahora y sin gobierno os
iréis [16], o os llevarán, a la
sepultura cuando Dios fuere servido. Como esos hay en el mundo que viven sin gobierno [17], y no por eso dejan de vivir y de ser
contados en el número de las gentes. La mejor salsa del mundo es la hambre [18]; y como esta no falta a los pobres,
siempre comen con gusto. Pero mirad, Sancho, si por ventura os viéredes con algún
gobierno, no os olvidéis de mí y de vuestros hijos. Advertid que Sanchico tiene ya
quince años cabales, y es razón que vaya a la escuela, si es que su tío el abad le ha
de dejar hecho de la Iglesia [19]. Mirad
también que Mari Sancha, vuestra hija, no se morirá si la casamos: que me va dando
barruntos que desea tanto tener marido como vos deseáis veros con gobierno, y en fin, en
fin, mejor parece la hija mal casada que bien abarraganada [20].
A buena fe respondió
Sancho que si Dios me llega a tener algo qué de [*] gobierno [21], que tengo de casar, mujer mía, a Mari
Sancha tan altamente, que no la alcancen sino con llamarla «señoría [*]».
Eso no, Sancho
respondió Teresa: casadla con su igual, que es lo más acertado; que si de
los zuecos la sacáis a chapines [22], y
de saya parda de catorceno a verdugado y saboyanas de seda [23], y de una Marica y un tú
a una doña tal y señoría, no se ha de hallar la mochacha [24], y a cada paso ha de caer en mil faltas,
descubriendo la hilaza de su tela basta y grosera [25].
Calla, boba dijo
Sancho, que todo será usarlo dos o tres años, que después le vendrá el señorío
y la gravedad como de molde [26]; y
cuando no, ¿qué importa? Séase ella señoría, y venga lo que viniere. |
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Medíos, Sancho, con vuestro estado [27]
respondió Teresa, no os queráis alzar a mayores y advertid al refrán que
dice: «Al hijo de tu vecino, límpiale las narices y métele en tu casa [28]». ¡Por cierto que sería gentil cosa
casar a nuestra María con un condazo, o con caballerote [*] que cuando se le
antojase la pusiese como nueva [29],
llamándola de villana, hija del destripaterrones y de la pelarruecas [30]! ¡No en mis días [31], marido! ¡Para eso, por cierto, he
criado yo a mi hija! Traed vos dineros, Sancho, y el casarla dejadlo a mi cargo, que ahí
está Lope Tocho [32], el hijo de Juan
Tocho, mozo rollizo y sano, y que le conocemos y sé que no mira de mal ojo a la mochacha
[33]; y con este, que es nuestro igual,
estará bien casada, y le tendremos siempre a nuestros ojos, y seremos todos unos, padres
y hijos, nietos y yernos, y andará la paz y la bendición de Dios entre todos nosotros; y
no casármela vos ahora en esas cortes y en esos palacios grandes, adonde ni a ella la
entiendan ni ella se entienda.
Ven acá, bestia y mujer de
Barrabás [34] replicó
Sancho: ¿por qué quieres tú ahora, sin qué ni para qué, estorbarme que no case
a mi hija con quien me dé nietos que se llamen «señoría»? Mira, Teresa, siempre he
oído decir a mis mayores que el que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, que no
se debe quejar si se le pasa; y no sería bien que ahora que está llamando a nuestra
puerta se la cerremos: dejémonos llevar deste viento favorable que nos sopla.
Por este modo de hablar, y por lo
que más abajo dice Sancho, dijo el tradutor desta historia que tenía por apócrifo este
capítulo.
¿No te parece, animalia [35] prosiguió Sancho, que será
bien dar con mi cuerpo en algún gobierno provechoso que nos saque el pie del lodo [36]? Y cásese [*] a Mari Sancha con quien yo
quisiere, y verás como te llaman a ti «doña Teresa Panza» y te sientas en la iglesia
sobre alcatifa, almohadas y arambeles [37],
a pesar y despecho de las hidalgas del pueblo. ¡No, sino estaos siempre en un ser, sin
crecer ni menguar [38], como figura de
paramento [39]! Y en esto no hablemos
más, que Sanchica ha de ser condesa, aunque tú más me digas [40]. |
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¿Veis cuanto decís, marido? respondió Teresa. Pues, con todo eso,
temo que este condado de mi hija ha de ser su perdición. Vos haced lo que quisiéredes,
ora la hagáis duquesa o princesa, pero séos decir que no será ello con voluntad ni
consentimiento mío. Siempre, hermano, fui amiga de la igualdad [41], y no puedo ver entonos sin fundamentos
[42]. «Teresa» me pusieron en el
bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives de dones
ni donas [43]; «Cascajo» se
llamó mi padre; y a mí, por ser vuestra mujer, me llaman «Teresa Panza» (que a buena
razón me habían de llamar «Teresa Cascajo», pero allá van reyes do quieren leyes [44]), y con este nombre me contento, sin que
me le pongan un don encima que pese tanto, que no le pueda llevar, y no quiero dar
que decir a los que me vieren andar vestida a lo condesil o a lo de gobernadora, que luego
dirán: «¡Mirad qué entonada va la pazpuerca [45]! Ayer no se hartaba de estirar de un
copo de estopa [46], y iba a misa
cubierta la cabeza con la falda de la saya, en lugar de manto [47], y ya hoy va con verdugado, con broches
y con entono, como si no la conociésemos». Si Dios me guarda mis siete, o mis cinco
sentidos, o los que tengo [48], no pienso
dar ocasión de verme en tal aprieto. Vos, hermano, idos a ser gobierno o ínsulo, y
entonaos a vuestro gusto [49], que mi
hija ni yo por el siglo [50] de mi madre
que no nos hemos de mudar un paso de nuestra aldea: la mujer honrada, la pierna quebrada,
y en casa; y la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta [51]. Idos con vuestro don Quijote a vuestras
aventuras y dejadnos a nosotras con nuestras malas venturas, que Dios nos las mejorará
como seamos buenas [52]; y yo no sé, por
cierto, quién le puso a él don que no tuvieron sus padres ni sus agüelos [53].
Ahora digo replicó
Sancho que tienes algún familiar en ese cuerpo [54]. ¡Válate Dios, la mujer, y qué de
cosas has ensartado unas en otras, sin tener pies ni cabeza! ¿Qué tiene que ver el
cascajo, los broches, los refranes y el entono con lo que yo digo? Ven acá, mentecata e
ignorante, que así te puedo llamar, pues no entiendes mis razones y vas huyendo de la
dicha: si yo dijera que mi hija se arrojara de una torre abajo [55], o que se fuera por esos mundos como se
quiso ir la infanta doña Urraca [56],
tenías razón de no venir con mi gusto [57];
pero si en dos paletas y en menos de un abrir y cerrar de ojos [58] te la chanto un don y una señoría
a cuestas [59] y te la saco de los
rastrojos y te la pongo en toldo y en peana [60]
y en un estrado de más almohadas de velludo que tuvieron moros en su linaje los Almohadas
de Marruecos [61], ¿por qué no has de
consentir y querer lo que yo quiero?
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