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Del ridículo razonamiento
que pasó entre don Quijote, Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco
Pensativo además quedó don Quijote
[1], esperando al bachiller Carrasco, de
quien esperaba oír las nuevas de sí mismo puestas en libro, como había dicho Sancho, y
no se podía persuadir a que tal historia hubiese, pues aún no estaba enjuta en la
cuchilla de su espada la sangre de los enemigos que había muerto [2], y ya querían que anduviesen en estampa
sus altas caballerías. Con todo eso, imaginó que algún sabio, o ya amigo o enemigo [*], por arte de encantamento
las habrá [*] dado a la
estampa: si amigo, para engrandecerlas y levantarlas sobre las más señaladas de
caballero andante; si enemigo, para aniquilarlas y ponerlas debajo de las más viles que
de algún vil escudero se hubiesen escrito [3],
puesto decía entre sí que nunca hazañas de escuderos se escribieron; y
cuando fuese verdad que la tal historia hubiese [4], siendo de caballero andante, por fuerza
había de ser grandílocua, alta, insigne, magnífica y verdadera [5].
Con esto se consoló algún tanto,
pero desconsolóle pensar que su autor era moro, según aquel nombre de Cide, y de los
moros no se podía esperar verdad alguna, porque todos son embelecadores, falsarios y
quimeristas [6]. Temíase no hubiese
tratado sus amores con alguna indecencia [7]
que redundase en menoscabo y perjuicio de la honestidad de su señora Dulcinea del Toboso;
deseaba que hubiese declarado su fidelidad y el decoro que siempre la había guardado,
menospreciando reinas, emperatrices y doncellas de todas calidades, teniendo a raya los
ímpetus de los naturales movimientos [8];
y así, envuelto y revuelto en estas y otras muchas imaginaciones [9], le hallaron Sancho y Carrasco, a quien
don Quijote recibió con mucha cortesía. |
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Era el bachiller, aunque se llamaba Sansón, no muy grande de cuerpo, aunque muy gran
socarrón; de color macilenta, pero de muy buen entendimiento; tendría hasta veinte y
cuatro años, carirredondo, de nariz chata y de boca grande, señales todas de ser de
condición maliciosa y amigo de donaires y de burlas [10], como lo mostró en viendo a don
Quijote, poniéndose delante dél de rodillas, diciéndole:
Déme vuestra grandeza las
manos, señor don Quijote de la Mancha, que por el hábito de San Pedro que visto [11], aunque no tengo otras órdenes que las
cuatro primeras [12], que es vuestra
merced uno de los más famosos caballeros andantes que ha habido [*], ni aun habrá, en toda la
redondez de la tierra. Bien haya Cide Hamete Benengeli, que la historia de vuestras
grandezas dejó escritas, y rebién haya el curioso que tuvo cuidado de hacerlas traducir
de arábigo en nuestro vulgar castellano [13],
para universal entretenimiento de las gentes.
Hízole levantar don Quijote y dijo:
Desa manera, ¿verdad es que
hay historia mía y que fue moro y sabio el que la compuso [14]?
Es tan verdad, señor
dijo Sansón, que tengo para mí que el día de hoy están impresos más de
doce mil libros de la tal [*]
historia: si no, dígalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso, y aun hay
fama que se está imprimiendo en Amberes; y a mí se me trasluce que no ha de haber
nación ni lengua donde no se traduzga [15].
Una de las cosas dijo a
esta sazón don Quijote que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y
eminente es verse, viviendo [16], andar
con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa. Dije con buen nombre,
porque, siendo al contrario, ninguna muerte se le igualará [*]. |
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Si por buena fama y si por buen nombre va dijo el bachiller, solo
vuestra merced lleva la palma a todos los caballeros andantes [17]; porque el moro en su lengua y el
cristiano en la suya tuvieron cuidado de pintarnos muy al vivo la gallardía de vuestra
merced [18], el ánimo grande en acometer
los peligros, la paciencia en las adversidades y el sufrimiento así en las desgracias
como en las heridas, la honestidad y continencia en los amores tan platónicos de vuestra
merced y de mi señora doña Dulcinea del Toboso [19].
Nunca dijo a este punto
Sancho Panza he oído llamar con don a mi señora Dulcinea, sino solamente
«la señora Dulcinea del Toboso», y ya en esto anda errada la historia [20].
No es objeción de importancia
esa respondió Carrasco.
No, por cierto
respondió don Quijote, pero dígame vuestra merced, señor bachiller: ¿qué
hazañas mías son las que más se ponderan en esa historia?
En eso respondió el
bachiller hay diferentes opiniones, como hay diferentes gustos: unos se atienen a la
aventura de los molinos de viento, que a vuestra merced le parecieron Briareos y gigantes
[21]; otros, a la de los batanes; este, a
la descripción de los dos ejércitos, que después parecieron ser dos manadas de
carneros; aquel encarece la del muerto que llevaban a enterrar a Segovia; uno dice que a
todas se aventaja la de la libertad de los galeotes; otro, que ninguna iguala a la de los
dos gigantes benitos, con la pendencia del valeroso vizcaíno.
Dígame, señor bachiller
dijo a esta sazón Sancho: ¿entra ahí la aventura de los yangüeses [22], cuando a nuestro buen Rocinante se le
antojó pedir cotufas en el golfo [23]? |
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No se le quedó nada respondió Sansón al sabio en el tintero: todo lo
dice y todo lo apunta, hasta lo de las cabriolas que el buen Sancho hizo en la manta [24]. En la manta no hice yo cabriolas respondió
Sancho; en el aire, sí, y aun más de las que yo quisiera.
A lo que yo imagino dijo
don Quijote, no hay historia humana en el mundo que no tenga sus altibajos,
especialmente las que tratan de caballerías, las cuales nunca pueden estar llenas de
prósperos sucesos.
Con todo eso respondió
el bachiller, dicen algunos que han leído la historia que se holgaran se les
hubiera olvidado a los autores della algunos de los infinitos palos que en diferentes
encuentros dieron al señor don Quijote.
Ahí entra la verdad de la
historia dijo Sancho.
También pudieran callarlos
por equidad dijo don Quijote, pues las acciones que ni mudan ni alteran la
verdad de la historia no hay para qué escribirlas, si han de redundar en menosprecio del
señor de la historia [25]. A fee que no
fue tan piadoso Eneas como Virgilio le pinta, ni tan prudente Ulises como le describe
Homero [26].
Así es replicó
Sansón, pero uno es escribir como poeta, y otro como historiador: el poeta puede
contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha
de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa
alguna [27]. |
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Pues si es que se anda a decir verdades ese señor moro dijo Sancho, a
buen seguro que entre los palos de mi señor se hallen los míos, porque nunca a su merced
le tomaron la medida de las espaldas que no me la tomasen a mí de todo el cuerpo [28]; pero no hay de qué maravillarme, pues,
como dice el mismo señor mío, del dolor de la cabeza han de participar los miembros.
Socarrón sois, Sancho
respondió don Quijote. A fee que no os falta memoria cuando vos queréis
tenerla.
Cuando yo quisiese olvidarme
de los garrotazos que me han dado dijo Sancho, no lo consentirán [*] los cardenales, que
aún se están frescos en las costillas.
Callad, Sancho dijo don
Quijote, y no interrumpáis al señor bachiller, a quien suplico pase adelante en
decirme lo que se dice de mí en la referida historia.
Y de mí dijo
Sancho, que también dicen que soy yo uno de los principales presonajes della [29].
Personajes, que no presonajes,
Sancho amigo dijo Sansón.
¿Otro reprochador de
voquibles tenemos [30]? dijo
Sancho. Pues ándense a eso y no acabaremos en toda la vida.
Mala me la dé Dios, Sancho
respondió el bachiller, si no sois vos la segunda persona de la historia [31], y que hay tal que precia más oíros
hablar a vos que al más pintado de toda ella, puesto que también hay quien diga que
anduvistes demasiadamente de crédulo [32]
en creer que podía ser verdad el gobierno de aquella ínsula ofrecida por el señor don
Quijote, que está presente. |
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Aún hay sol en las bardas [*][33] dijo don Quijote, y mientras
más fuere entrando en edad Sancho, con la esperiencia que dan los años, estará más
idóneo y más hábil para ser gobernador que no está agora.Por Dios, señor dijo Sancho, la isla [*] que yo no gobernase con los
años que tengo no la gobernaré con los años de Matusalén [34]. El daño está en que la dicha ínsula
se entretiene [35], no sé dónde, y no
en faltarme a mí el caletre para gobernarla.
Encomendadlo a Dios, Sancho
dijo don Quijote, que todo se hará bien, y quizá mejor de lo que vos
pensáis, que no se mueve la hoja en el árbol sin la voluntad de Dios.
Así es verdad dijo
Sansón, que, si Dios quiere, no le faltarán a Sancho mil islas que gobernar,
cuanto más una.
Gobernador [*] he visto por ahí
dijo Sancho que a mi parecer no llegan a la suela de mi zapato, y, con todo
eso, los llaman «señoría», y se sirven con plata [36].
Esos no son gobernadores de
ínsulas replicó Sansón, sino de otros gobiernos más manuales [37], que los que gobiernan ínsulas por lo
menos han de saber gramática [38].
Con la grama bien me
avendría yo [39] dijo
Sancho, pero con la tica ni me tiro ni me pago [40], porque no la entiendo. Pero dejando
esto del gobierno en las manos de Dios, que me eche a las partes donde más de mí se
sirva [41], digo, señor bachiller
Sansón Carrasco, que infinitamente me ha dado gusto que el autor de la historia haya
hablado de mí de manera que no enfadan las cosas que de mí se cuentan: que a fe de buen
escudero que si hubiera dicho de mí cosas que no fueran muy de cristiano viejo, como soy,
que nos habían de oír los sordos [42].
Eso fuera hacer milagros
respondió Sansón.
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