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Que trata de la notable pendencia
[*] que Sancho Panza
tuvo con la sobrina y ama de don Quijote, con otros sujetos graciosos [1]
Cuenta la historia [2] que las voces que oyeron don Quijote, el
cura y el barbero eran de la sobrina y ama, que las daban diciendo a Sancho Panza, que
pugnaba por entrar a ver a don Quijote, y ellas le defendían la puerta [3]:
¿Qué quiere este mostrenco
en esta casa [4]? Idos a la vuestra,
hermano, que vos sois, y no otro, el que destrae y sonsaca a mi señor [5] y le lleva por esos andurriales.
A lo que Sancho respondió:
Ama de Satanás, el sonsacado
y el destraído y el llevado por esos andurriales soy yo [6], que no tu amo: él me llevó por esos
mundos, y vosotras os engañáis en la mitad del justo precio [7]; él me sacó de mi casa con engañifas,
prometiéndome una ínsula que hasta agora la espero [8].
Malas ínsulas te ahoguen
respondió la sobrina, Sancho maldito. ¿Y qué son ínsulas? ¿Es alguna cosa
de comer, golosazo, comilón que tú eres?
No es de comer replicó
Sancho, sino de gobernar y regir mejor que cuatro ciudades y que cuatro alcaldes de
corte [9].
Con todo eso dijo el
ama, no entraréis acá, saco de maldades y costal de malicias [10]. Id a gobernar vuestra casa y a labrar
vuestros pegujares [11], y dejaos de
pretender ínsulas ni ínsulos [12]. |
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Grande gusto recebían el cura y el barbero de oír el coloquio de los tres, pero don
Quijote, temeroso que Sancho se descosiese y desbuchase algún montón de maliciosas
necedades [13] y tocase en puntos que no
le estarían bien a su crédito, le llamó, y hizo a las dos que callasen y le dejasen
entrar. Entró Sancho, y el cura y el barbero se despidieron de don Quijote, de cuya salud
desesperaron, viendo cuán puesto estaba en sus desvariados pensamientos [14] y cuán embebido en la simplicidad de
sus malandantes caballerías [15]; y,
así, dijo el cura al barbero:Vos
veréis, compadre, como cuando menos lo pensemos nuestro hidalgo sale otra vez a volar la
ribera [16].
No pongo yo duda en eso
respondió el barbero, pero no me maravillo tanto de la locura del caballero
como de la simplicidad del escudero, que tan creído tiene aquello de la ínsula, que creo
que no se lo sacarán del casco cuantos desengaños pueden imaginarse.
Dios los remedie dijo el
cura, y estemos a la mira [17]:
veremos en lo que para esta máquina de disparates de tal caballero y de tal escudero, que
parece que los forjaron a los dos en una mesma turquesa y que las locuras del señor sin
las necedades del criado no valían un ardite [18].
Así es dijo el
barbero, y holgara mucho saber qué tratarán ahora los dos.
Yo seguro [19] respondió el cura que la
sobrina o el ama [*] nos lo
cuenta [*] después, que no
son de condición que dejarán de escucharlo.
En tanto, don Quijote se encerró
con Sancho en su aposento y, estando solos, le dijo:
Mucho me pesa, Sancho, que
hayas dicho y digas que yo fui el que te saqué de tus casillas, sabiendo que yo no me
quedé en mis casas [20]: juntos salimos,
juntos fuimos y juntos peregrinamos; una misma fortuna y una misma suerte ha corrido por
los dos [21]: si a ti te mantearon una
vez, a mí me han molido ciento, y esto es lo que te llevo de ventaja. |
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Eso estaba puesto en razón respondió Sancho, porque, según vuestra
merced dice, más anejas son a los caballeros andantes las desgracias que a sus escuderos.
Engáñaste, Sancho dijo
don Quijote, según aquello «quando caput dolet», etcétera [22].
No entiendo otra lengua que la
mía respondió Sancho.
Quiero decir dijo don
Quijote que cuando la cabeza duele, todos los miembros duelen; y así, siendo yo tu
amo y señor, soy tu cabeza, y tú mi parte, pues eres mi criado; y por esta razón el mal
que a mí me toca, o tocare, a ti te ha de doler, y a mí el tuyo.
Así había de ser dijo
Sancho, pero cuando a mí me manteaban como a miembro, se estaba mi cabeza detrás
de las bardas [23], mirándome volar por
los aires, sin sentir dolor alguno; y pues los miembros están obligados a dolerse del mal
de la cabeza, había de estar obligada ella a dolerse dellos.
¿Querrás tú decir agora,
Sancho respondió don Quijote, que no me dolía yo cuando a ti te manteaban? Y
si lo dices, no lo digas, ni lo pienses, pues más dolor sentía yo entonces en mi
espíritu que tú en tu cuerpo. Pero dejemos esto aparte por agora, que tiempo habrá
donde lo ponderemos y pongamos en su punto [24],
y dime, Sancho amigo, qué es lo que dicen de mí por ese lugar [*]. ¿En qué opinión me
tiene el vulgo, en qué los hidalgos y en qué los caballeros? ¿Qué dicen de mi
valentía, qué de mis hazañas y qué de mi cortesía [25]? ¿Qué se platica del asumpto que he
tomado de resucitar y volver al mundo la ya olvidada orden caballeresca [26]? Finalmente, quiero, Sancho, me digas lo
que acerca desto ha llegado a tus oídos, y esto me has de decir sin añadir al bien ni
quitar al mal cosa alguna, que de los vasallos leales es decir la verdad a sus señores en
su ser y figura propia [27], sin que la
adulación la acreciente o otro vano respeto la disminuya; y quiero que sepas, Sancho, que
si a los oídos de los príncipes llegase la verdad desnuda, sin los vestidos de la
lisonja, otros siglos correrían, otras edades serían tenidas por más de hierro que la
nuestra, que entiendo que de las que ahora se usan es la dorada [28]. Sírvate este advertimiento, Sancho,
para que discreta y bienintencionadamente pongas en mis oídos la verdad de las cosas que
supieres de lo que te he preguntado [29].
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Eso haré yo de muy buena gana, señor mío respondió Sancho, con
condición que vuestra merced no se ha de enojar de lo que dijere, pues quiere que lo diga
en cueros [30], sin vestirlo de otras
ropas de aquellas con que llegaron a mi noticia.En ninguna manera me enojaré respondió don
Quijote. Bien puedes, Sancho, hablar libremente y sin rodeo alguno.
Pues lo primero que digo
dijo [*]; es que el
vulgo tiene a vuestra merced por grandísimo loco, y a mí por no menos mentecato. Los
hidalgos dicen que, no conteniéndose vuestra merced en los límites de la hidalguía, se
ha puesto don y se ha arremetido a caballero con cuatro cepas y dos yugadas de
tierra, y con un trapo atrás y otro adelante [31]. Dicen los caballeros que no querrían
que los hidalgos se opusiesen a ellos [32],
especialmente aquellos hidalgos escuderiles que dan humo a los zapatos [33] y toman los puntos de las medias negras
con seda verde [34].
Eso dijo don
Quijote no tiene que ver conmigo, pues ando siempre bien vestido, y jamás
remendado: roto, bien podría ser [35], y
el roto, más de las armas que del tiempo.
En lo que toca
prosiguió Sancho a la valentía, cortesía, hazañas y asumpto de vuestra
merced, hay diferentes opiniones. Unos dicen: «loco, pero gracioso»; otros, «valiente,
pero desgraciado»; otros, «cortés, pero impertinente»; y por aquí van discurriendo en
tantas cosas, que ni a vuestra merced ni a mí nos dejan hueso sano.
Mira, Sancho dijo don
Quijote: dondequiera que está la virtud en eminente grado, es perseguida [36]. Pocos o ninguno de los famosos varones
que pasaron dejó de ser calumniado de la malicia [37]. Julio César, animosísimo,
prudentísimo y valentísimo capitán, fue notado de ambicioso y algún tanto no limpio,
ni en sus vestidos ni en sus costumbres [38].
Alejandro, a quien sus hazañas le alcanzaron el renombre de Magno, dicen dél que tuvo
sus ciertos puntos de borracho [39]. De
Hércules, el de los muchos trabajos, se cuenta que fue lascivo y muelle [40]. De don Galaor, hermano de Amadís de
Gaula, se murmura que fue más que demasiadamente rijoso; y de su hermano, que fue llorón
[41]. Así que, ¡oh Sancho!, entre las
tantas [*] calumnias de
buenos bien pueden pasar las mías, como no sean más de las que has dicho.
¡Ahí está el toque, cuerpo
de mi padre [42]! replicó Sancho.
Pues ¿hay más?
preguntó don Quijote. |
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Aún la cola falta por desollar [43]
dijo Sancho: lo de hasta aquí son tortas y pan pintado [44]; mas si vuestra merced quiere saber todo
lo que hay acerca de las caloñas que le ponen [45], yo le traeré aquí luego al momento
quien se las diga todas, sin que les falte una meaja [46], que anoche llegó el hijo de Bartolomé
Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, hecho bachiller [47], y yéndole yo a dar la bienvenida me
dijo que andaba ya en libros la historia de vuestra merced, con nombre del Ingenioso
Hidalgo don Quijote de la Mancha [48];
y dice que me mientan a mí en ella con mi mesmo nombre de Sancho Panza, y a la señora
Dulcinea del Toboso, con otras cosas que pasamos nosotros a solas, que me hice cruces de
espantado cómo las pudo saber el historiador que las escribió.
Yo te aseguro, Sancho
dijo don Quijote, que debe de ser algún sabio encantador el autor de nuestra
historia, que a los tales no se les encubre nada de lo que quieren escribir.
¡Y cómo dijo
Sancho si era sabio y encantador, pues, según dice el bachiller Sansón Carrasco [49], que así se llama el que dicho tengo,
que el autor de la historia se llama Cide Hamete Berenjena [50]!
Ese nombre es de moro
respondió don Quijote.
Así será respondió
Sancho, porque por la mayor parte he oído decir que los moros son amigos de
berenjenas.
Tú debes, Sancho dijo
don Quijote, errarte en el sobrenombre de ese Cide, que en arábigo quiere decir
señor.
Bien podría ser
replicó Sancho; mas si vuestra merced gusta que yo le haga venir aquí, iré
por él en volandas.
Harásme mucho placer, amigo
dijo don Quijote, que me tiene suspenso lo que me has dicho y no comeré
bocado que bien me sepa hasta ser informado de todo.
Pues yo voy por él
respondió Sancho.
Y, dejando a su señor, se fue a
buscar al bachiller, con el cual volvió de allí a poco espacio, y entre los tres pasaron
un graciosísimo coloquio.
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