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Por
comisión y mandado de los señores del Consejo he visto la Segunda parte de don
Quijote [*] de la
Mancha, por Miguel de Cervantes Saavedra. No contiene cosa contra nuestra santa fe
católica ni buenas costumbres, antes muchas de honesta recreación y apacible
divertimiento, que los antiguos juzgaron convenientes a sus repúblicas, pues aun en la [*] severa de los lacedemonios
[1] levantaron [*] estatua a la risa, y los
de Tesalia la dedicaron fiestas, como lo dice Pausanias, referido de Bosio, libro 2º
«De signis Ecclesiae», capitulo 10º [*][2], alentando ánimos marchitos y espíritus
melancólicos, de que se acordó Tulio en el primero De legibus [3], y el poeta diciendo:
Interpone tuis interdum gaudia [*] curis [4],
lo cual hace el autor mezclando las veras a las
burlas, lo dulce a lo provechoso y lo moral a lo faceto [5], disimulando en el cebo del donaire el
anzuelo de la reprehensión [6] y
cumpliendo con el acertado asunto en que pretende la expulsión de los libros de
caballerías, pues con su buena diligencia mañosamente ha limpiado [*] de su contagiosa
dolencia a estos reinos. Es obra muy digna de su grande ingenio, honra y lustre de nuestra
nación, admiración y invidia de las estrañas. Este es mi parecer, salvo, etc. En
Madrid, a 17 de marzo de 1615.
El Maestro Josef de Valdivielso
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