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De
la pendencia que don Quijote tuvo con el cabrero, con la rara aventura de los
deceplinantes [*][1], a quien dio felice fin a costa de su
sudor
General gusto causó el cuento del cabrero a
todos los que escuchado le habían; especialmente le recibió el canónigo, que con
estraña curiosidad notó la manera con que le había contado [2], tan lejos de parecer rústico cabrero
cuan cerca de mostrarse discreto cortesano [3],
y, así, dijo que había dicho muy bien el cura en decir que los montes criaban letrados.
Todos se ofrecieron a Eugenio, pero el que más se mostró liberal en esto fue don
Quijote, que le dijo:
Por cierto, hermano cabrero, que si yo me
hallara posibilitado de poder comenzar alguna aventura, que luego luego me pusiera en
camino [4] porque vos la tuviérades
buena [5], que yo [*] sacara del monesterio (donde
sin duda alguna debe de estar contra su voluntad) a Leandra, a pesar de la abadesa [*] y de cuantos quisieran
estorbarlo, y os la pusiera en vuestras manos, para que hiciérades della a toda vuestra
voluntad y talante, guardando, pero [6],
las leyes de la caballería [*], que mandan que a
ninguna doncella se le sea fecho desaguisado alguno [7]; aunque yo espero en Dios nuestro Señor
que no ha de poder tanto la fuerza de un encantador malicioso, que no pueda más la de
otro encantador mejor intencionado, y para entonces os prometo mi favor y ayuda, como me
obliga mi profesión, que no es otra sino es [*] favorecer a los desvalidos
y menesterosos [*].
Miróle el cabrero y, como vio a don Quijote de
tan mal pelaje y catadura [8], admiróse
y preguntó al barbero, que cerca de sí tenía: |
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Señor, ¿quién es este hombre que tal talle tiene y de tal manera habla?¿Quién ha de ser respondió el barbero
sino el famoso don Quijote de la Mancha, desfacedor de agravios, enderezador de tuertos,
el amparo de las doncellas, el asombro de los gigantes [9] y el vencedor de las batallas?
Eso me semeja respondió el
cabrero a lo que se lee en los libros de caballeros andantes, que hacían todo eso
que de este hombre vuestra merced dice, puesto que para mí tengo o que vuestra merced se
burla o que este gentilhombre debe de tener vacíos los aposentos de la cabeza [10].
Sois un grandísimo bellaco dijo a
esta sazón don Quijote, y vos sois el vacío y el menguado, que yo estoy más lleno
que jamás lo estuvo la muy hideputa puta que os parió.
Y, diciendo y haciendo [*], arrebató de un pan que
junto a sí tenía [11] y dio con él al
cabrero en todo el rostro, con tanta furia, que le remachó las narices [12]; mas el cabrero, que no sabía de
burlas, viendo con cuántas veras le maltrataban [*][13], sin tener respeto a la alhombra, ni a
los manteles, ni a todos aquellos que comiendo estaban [*], saltó sobre don Quijote y,
asiéndole del cuello con entrambas manos, no dudara de ahogalle [*], si Sancho Panza no llegara
en aquel punto y le asiera por las espaldas y diera con él encima de la mesa, quebrando
platos, rompiendo tazas y derramando y esparciendo cuanto en ella estaba. Don Quijote, que
se vio libre, acudió a subirse sobre el cabrero, el cual, lleno de sangre el rostro,
molido a coces de Sancho, andaba buscando a gatas algún cuchillo de la mesa para hacer
alguna sanguinolenta venganza, pero estorbábanselo [*] el canónigo y el
cura; mas el barbero [*]
hizo de suerte que el cabrero cogió debajo de sí a don Quijote, sobre el cual llovió
tanto número de mojicones, que del rostro del pobre caballero llovía tanta sangre como
del suyo. |
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Reventaban de risa el canónigo y el cura, saltaban los cuadrilleros de gozo, zuzaban los
unos y los otros [14], como hacen a los
perros cuando en pendencia están trabados; sólo Sancho Panza se desesperaba, porque no
se podía desasir de un criado del canónigo, que le estorbaba que a su amo no ayudase.En resolución, estando todos en regocijo y fiesta, sino
los dos aporreantes que se carpían [15],
oyeron el son de una trompeta, tan triste, que les hizo [*] volver los rostros hacia
donde les pareció que sonaba; pero el que más se alborotó de oírle fue don Quijote, el
cual, aunque estaba debajo del cabrero, harto contra su voluntad [*][16] y más que medianamente molido, le dijo:
Hermano demonio, que no es posible que
dejes de serlo, pues has tenido valor y fuerzas para sujetar las mías, ruégote que
hagamos treguas, no más de por una hora, porque el doloroso son de aquella trompeta que a
nuestros oídos llega me parece que a alguna nueva aventura me llama.
El cabrero, que ya estaba cansado de moler y ser
molido, le dejó luego, y don Quijote se puso en pie, volviendo asimismo el rostro a donde
el son se oía, y vio a deshora que por un recuesto [*] bajaban muchos
hombres vestidos de blanco, a modo de diciplinantes.
Era el caso que aquel año habían las nubes
negado su rocío a la tierra y por todos los lugares de aquella comarca se hacían
procesiones, rogativas y diciplinas, pidiendo a Dios abriese las manos de su misericordia
y les lloviese; y para este efecto la gente de una aldea que allí junto estaba venía en
procesión a una devota ermita que en un recuesto de aquel valle había. |
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Don Quijote, que vio los estraños trajes de los diciplinantes, sin pasarle por la memoria
las muchas veces que los había [*] de haber visto, se
imaginó que era cosa de aventura y que a él solo tocaba, como a caballero andante, el
acometerla, y confirmóle más esta imaginación pensar que una imagen que traían
cubierta de luto fuese alguna principal señora que llevaban por fuerza aquellos follones
y descomedidos malandrines; y como esto le cayó en las mientes, con gran ligereza
arremetió a Rocinante, que paciendo andaba, quitándole del arzón el freno y el adarga,
y en un punto le enfrenó, y, pidiendo a Sancho su espada, subió sobre Rocinante y
embrazó su adarga y dijo en alta voz a todos los que presentes estaban:Agora, valerosa compañía, veredes [17] cuánto importa que haya en el mundo
caballeros que profesen la orden de la andante caballería; agora digo que veredes, en la
libertad de aquella buena señora que allí va cautiva, si se han de estimar los
caballeros andantes.
Y en diciendo esto apretó los muslos a
Rocinante, porque espuelas no las tenía, y a todo galope, porque carrera tirada no se lee
en toda esta verdadera historia que jamás la diese Rocinante [18], se fue a encontrar con los
diciplinantes, bien que fueran [*]
el cura y el canónigo y barbero a detenelle [*]; mas no les fue posible,
ni menos le detuvieron las voces que Sancho le daba, diciendo:
¿Adónde va, señor don Quijote? ¿Qué
demonios lleva en el pecho que le incitan a ir contra nuestra fe católica? Advierta, mal
haya yo, que aquella es procesión de diciplinantes y que aquella señora que llevan sobre
la peana es la imagen benditísima de la Virgen sin mancilla; mire, señor, lo que hace,
que por esta vez se puede decir que no es lo que sabe [19].
Fatigóse [*] en vano Sancho, porque su
amo iba tan puesto en llegar a los ensabanados [*][20] y en librar a la señora enlutada, que
no oyó palabra, y aunque la oyera, no volviera, si el rey se lo mandara. Llegó, pues, a
la procesión y paró a Rocinante, que ya llevaba deseo de quietarse un poco, y con
turbada y ronca voz dijo: |
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Vosotros, que quizá por no ser buenos os encubrís los rostros, atended y escuchad
lo que deciros quiero.Los primeros que se
detuvieron fueron los que la imagen llevaban; y uno de los cuatro clérigos que cantaban
las ledanías [*][21], viendo la estraña catadura de don
Quijote, la flaqueza de Rocinante y otras circunstancias [*] de risa que notó y
descubrió en don Quijote, le respondió, diciendo:
Señor hermano, si nos quiere decir algo,
dígalo presto, porque se van estos hermanos abriendo las carnes [22], y no podemos ni es razón que nos
detengamos a oír cosa alguna, si ya no es tan breve que en dos palabras se diga.
En una lo diré replicó don
Quijote, y es esta: que luego al punto dejéis libre a esa hermosa señora, cuyas
lágrimas y triste semblante dan claras muestras que la lleváis contra su voluntad y que
algún notorio desaguisado le habedes fecho [23];
y yo, que nací en el mundo para desfacer semejantes agravios, no consentiré que un solo
paso adelante pase sin darle la deseada libertad que merece.
En estas razones cayeron todos los que las oyeron
que don Quijote debía de ser algún hombre loco, y tomáronse a reír muy de gana [24], cuya risa fue poner pólvora a la
cólera de don Quijote, porque, sin decir más palabra, sacando la espada, arremetió a
las andas. Uno de aquellos que las llevaban, dejando la carga a sus compañeros, salió al
encuentro de don Quijote, enarbolando una horquilla o bastón con que sustentaba las andas
en tanto que descansaba; y recibiendo en ella una gran cuchillada que le tiró don
Quijote, con que se la hizo dos partes, con el último tercio que le quedó en la mano [25] dio tal golpe a don Quijote encima de un
hombro, por el mismo lado de la espada que no pudo cubrir el adarga contra villana [*] fuerza, que el pobre
don Quijote vino al suelo muy malparado. |
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Sancho Panza, que jadeando [*]
le iba a los alcances, viéndole caído, dio voces a su moledor que no le diese otro palo,
porque era un pobre caballero encantado, que no había hecho mal a nadie en todos los
días de su vida. Mas lo que detuvo al villano no fueron las voces de Sancho, sino el ver
que don Quijote no bullía pie ni mano [26],
y, así, creyendo que le había muerto, con priesa se alzó la túnica a la cinta y dio a
huir por la campaña como un gamo.Ya en
esto llegaron todos los de la compañía de don Quijote [*] adonde él estaba; mas [*] los de la procesión,
que los vieron venir corriendo, y con ellos los cuadrilleros con sus ballestas, temieron
algún mal suceso y hiciéronse [*] todos un remolino
alrededor de la imagen, y alzados los capirotes [*][27], empuñando las diciplinas, y los
clérigos los ciriales [28], esperaban el
asalto con determinación de defenderse, y aun ofender si pudiesen, a sus acometedores.
Pero la fortuna lo hizo mejor que se pensaba, porque Sancho no hizo otra cosa que
arrojarse sobre el cuerpo de su señor, haciendo sobre él el más doloroso y risueño
llanto del mundo [29], creyendo que
estaba muerto.
El cura fue conocido de otro cura que en la
procesión venía, cuyo conocimiento puso en sosiego el concebido temor de los dos
escuadrones. El primer cura dio al segundo, en dos razones, cuenta de quién era don
Quijote, y así él como toda la turba de los diciplinantes fueron a ver si estaba muerto
el pobre caballero y oyeron que Sancho Panza, con lágrimas en los ojos, decía:
¡Oh flor de la caballería [*][30], que con solo un garrotazo acabaste la
carrera de tus tan bien gastados años! ¡Oh honra de tu linaje, honor [*] y gloria de toda la Mancha, y
aun de todo el mundo, el cual, faltando tú en él, quedará lleno de malhechores [*] sin temor de ser
castigados de sus malas fechorías! ¡Oh liberal sobre todos los Alejandros, pues por
solos ocho meses de servicio me tenías dada la mejor ínsula que el mar ciñe y rodea [31]! ¡Oh humilde con los soberbios y
arrogante con los humildes [32],
acometedor de peligros, sufridor de afrentas, enamorado sin causa, imitador de los buenos,
azote de los malos, enemigo de los ruines, en fin, caballero andante, que es todo lo que
decir se puede! |
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Con las voces y gemidos de Sancho revivió don Quijote, y la primer palabra que dijo fue:El que de vos vive ausente, dulcísima Dulcinea, a
mayores miserias que estas está sujeto. Ayúdame, Sancho amigo, a ponerme sobre el carro
encantado, que ya no [*]
estoy para oprimir la silla de Rocinante, porque tengo todo este hombro hecho pedazos.
Eso haré yo de muy buena gana, señor mío
respondió Sancho, y volvamos a mi aldea en compañía destos señores que su
bien desean, y allí daremos orden de hacer otra salida que nos sea de más provecho y
fama [33].
Bien dices [*], Sancho respondió don
Quijote, y será gran prudencia dejar pasar el mal influjo de las estrellas que
agora corre [34].
El canónigo y el cura y barbero le dijeron que
haría muy bien en hacer lo que decía, y así, habiendo recebido grande gusto de las
simplicidades de Sancho Panza, pusieron a don Quijote en el carro, como antes venía. La
procesión volvió a ordenarse y a proseguir su camino; el cabrero se despidió de todos;
los cuadrilleros no quisieron pasar adelante, y el cura les pagó lo que se les debía; el
canónigo pidió al cura le avisase el suceso de don Quijote, si sanaba de su locura o si
proseguía en ella, y con esto tomó licencia para seguir su viaje. En fin, todos se
dividieron [*] y
apartaron, quedando solos el cura y barbero, don Quijote y Panza y el bueno de Rocinante,
que a todo lo que había visto estaba con tanta paciencia como su amo.
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