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Pues
yo replicó don Quijote hallo por mi cuenta que el sin juicio y el encantado
es vuestra merced, pues se ha puesto a decir tantas blasfemias contra una cosa tan
recebida en el mundo [38] y tenida por
tan verdadera, que el que la negase, como vuestra merced la niega, merecía la mesma pena
que vuestra merced dice que da a los libros cuando los lee y le enfadan. Porque querer dar
a entender a nadie que Amadís no fue en el mundo, ni todos los otros caballeros
aventureros de que están colmadas las historias, será querer persuadir que el sol no
alumbra, ni el yelo enfría, ni la tierra sustenta; porque ¿qué ingenio puede haber en
el mundo que pueda persuadir a otro que no fue verdad lo de la infanta Floripes y Guy de
Borgoña, y lo de Fierabrás con la puente de Mantible, que sucedió en el tiempo de
Carlomagno [39], que voto a tal que es
tanta verdad como es ahora de día? Y si es mentira, también lo debe de ser que no hubo
Héctor, ni Aquiles, ni la guerra de Troya, ni los Doce Pares de Francia, ni el rey Artús
de Ingalaterra [*], que
anda hasta ahora convertido en cuervo, y le esperan en su reino por momentos [40]. Y también se atreverán a decir que es
mentirosa la historia de Guarino Mezquino [41],
y la de la demanda del Santo Grial [42],
y que son apócrifos los amores de don Tristán y la reina Iseo [43], como los de Ginebra y Lanzarote,
habiendo personas que casi se acuerdan de haber visto a la dueña Quintañona, que fue la
mejor escanciadora de vino que tuvo la Gran Bretaña [44]. Y es esto tan ansí, que me acuerdo yo
que me decía una mi agüela de partes de mi padre [45], cuando veía [*] alguna dueña con tocas
reverendas [46]: «Aquella, nieto, se
parece a la dueña Quintañona»; de donde arguyo yo que la debió de conocer ella, o por
lo menos debió de alcanzar a ver algún retrato suyo. Pues ¿quién podrá negar no ser
verdadera la historia de Pierres y la linda Magalona, pues aun hasta hoy día se vee [*] en la armería de los reyes la
clavija con que volvía al caballo [*] de madera sobre quien iba
el valiente Pierres por los aires, que es un poco mayor que un timón de carreta [47]? Y junto a la clavija está la silla de
Babieca, y en Roncesvalles está el cuerno de Roldán [48], tamaño como una grande viga. De donde
se infiere que hubo Doce Pares, que hubo Pierres, que hubo Cides y otros caballeros
semejantes,
destos que dicen las gentes
que a sus aventuras van [49].
Si no, díganme también que no es verdad que fue
caballero andante el valiente lusitano Juan de Merlo [*][50], que fue a Borgoña y se combatió en la
ciudad de Ras [51] con el famoso señor
de Charní, llamado mosén Pierres [52],
y después, en la ciudad de Basilea, con mosén Enrique de Remestán [53], saliendo de entrambas empresas vencedor
y lleno de honrosa fama; y las aventuras y desafíos que también acabaron en Borgoña los
valientes españoles Pedro Barba y Gutierre Quijada [54] (de cuya alcurnia yo deciendo por línea
recta de varón), venciendo a los hijos del conde de San Polo. Niéguenme asimesmo que no
fue a buscar las aventuras a Alemania don Fernando de Guevara, donde se combatió con
micer Jorge, caballero de la casa del duque de Austria [55]; digan que fueron burla las justas de
Suero de Quiñones, del Paso [56]; las
empresas de mosén Luis de Falces [*] contra don Gonzalo de Guzmán
[57], caballero castellano, con otras
muchas hazañas hechas por caballeros cristianos, destos y de los reinos estranjeros, tan
auténticas y verdaderas, que torno a decir que el que las negase carecería de toda
razón y buen discurso. |
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Admirado quedó el canónigo de oír la mezcla que don Quijote hacía de verdades y
mentiras, y de ver la noticia que tenía de todas aquellas cosas tocantes y concernientes
a los hechos de su andante caballería, y así le respondió:No puedo yo negar, señor don Quijote, que no sea
verdad algo de lo que vuestra merced ha dicho, especialmente en lo que toca a los
caballeros andantes españoles, y asimesmo quiero conceder que hubo Doce Pares de Francia,
pero no quiero creer que hicieron todas aquellas cosas que el arzobispo Turpín dellos
escribe [58], porque la verdad dello es
que fueron caballeros escogidos por los reyes de Francia, a quien llamaron pares por
ser todos iguales en valor, en calidad y en valentía: a lo menos, si no lo eran, era
razón que lo fuesen, y era como una religión de las que ahora se usan de Santiago o de
Calatrava, que se presupone que los que la profesan han de ser o deben ser caballeros
valerosos, valientes y bien nacidos; y como ahora dicen «caballero de San Juan» o «de
Alcántara» [59], decían en aquel
tiempo «caballero de los Doce Pares», porque lo fueron [*] doce iguales los
que para esta religión militar se escogieron. En lo de que hubo Cid no hay duda, ni menos
Bernardo del Carpio; pero de que hicieron las hazañas que dicen creo que la hay muy
grande [60]. En lo otro de la clavija que
vuestra merced [*]
dice del conde Pierres, y que está junto a la silla de Babieca en la armería de los
reyes, confieso mi pecado, que soy tan ignorante o tan corto de vista que, aunque he visto
la silla, no he echado de ver la clavija, y más siendo tan grande como vuestra merced ha
dicho.
Pues allí está, sin duda alguna
replicó don Quijote, y, por más señas, dicen que está metida en una funda
de vaqueta [61], porque no se tome de
moho.
Todo puede ser respondió el
canónigo, pero por las órdenes que recebí que no me acuerdo haberla visto. Mas
puesto que conceda que está allí, no por eso me obligo a creer las historias de tantos
Amadises, ni las de tanta turbamulta de caballeros como por ahí nos cuentan, ni es razón
que un hombre como vuestra merced, tan honrado y de tan buenas partes [62] y dotado de tan buen entendimiento, se
dé a entender que son verdaderas tantas y tan estrañas locuras como las que están
escritas en los disparatados libros de caballerías.
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