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Donde
prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías, con otras cosas dignas de
su ingenio
Así es como vuestra merced [*] dice, señor canónigo
dijo el cura, y por esta causa son más dignos de reprehensión los que hasta
aquí han compuesto semejantes libros, sin tener advertencia a ningún buen discurso [1] ni al arte y reglas por donde pudieran
guiarse y hacerse famosos en prosa, como lo son en verso los dos príncipes de la poesía
griega y latina [2].
Yo, a lo menos replicó el
canónigo, he tenido cierta tentación de hacer un libro de caballerías, guardando
en él todos los puntos que he significado; y si he de confesar la verdad, tengo escritas
más de cien hojas, y para hacer la experiencia de si correspondían a mi estimación, las
he comunicado con hombres apasionados desta leyenda [3], dotos [*] y discretos, y con otros
ignorantes, que solo atienden al gusto de oír disparates, y de todos he hallado una
agradable aprobación. Pero, con todo esto, no he proseguido adelante, así por parecerme
que hago cosa ajena de mi profesión como por ver que es más el número de los simples
que de los prudentes [4], y que, puesto
que es mejor ser loado de los pocos sabios que burlado de los muchos necios, no quiero
sujetarme al confuso juicio del desvanecido vulgo [5], a quien por la mayor parte toca leer
semejantes libros. Pero lo que más me le quitó de las manos y aun del pensamiento de
acabarle fue un argumento que hice conmigo mesmo, sacado de las comedias que ahora se
representan [6], diciendo: «Si estas que
ahora se usan, así las imaginadas como las de historia [7], todas o las más son conocidos
disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con
gusto, y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que
las componen y los actores [*]
que las representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, y no de
otra manera, y que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide no sirven
sino para cuatro discretos que las entienden, y todos los demás se quedan ayunos de
entender su artificio, y que a ellos les está mejor ganar de comer con los muchos que no
opinión con los pocos [8], deste modo
vendrá a ser mi libro [*], al
cabo de haberme quemado las cejas por guardar los preceptos referidos [9], y vendré a ser el sastre del cantillo [10]». Y aunque algunas veces he procurado
persuadir a los actores [*] que se engañan
en tener la opinión que tienen [11], y
que más gente atraerán y más fama cobrarán representando comedias que sigan [*] el arte que no con las
disparatadas, ya están [*]
tan asidos y encorporados en su parecer [12],
que no hay razón ni evidencia que dél los saque. Acuérdome que un día dije a uno
destos pertinaces: «Decidme, ¿no os acordáis que ha pocos años que se representaron en
España tres tragedias que compuso un famoso poeta destos reinos, las cuales fueron tales
que admiraron, alegraron y suspendieron a todos cuantos las oyeron, así simples como
prudentes, así del vulgo como de los escogidos [13], y dieron más dineros a los
representantes ellas tres solas que treinta de las mejores que después acá se han
hecho?». «Sin duda respondió el autor [*] que digo que debe de decir
vuestra merced por La Isabela, La Filis y La Alejandra [14]». «Por esas digo le
repliqué yo, y mirad si guardaban bien los preceptos del arte, y si por guardarlos
dejaron de parecer lo que eran y de agradar a todo el mundo. Así que no está la falta en
el vulgo, que pide disparates, sino en aquellos que no saben representar otra cosa. Sí,
que no [*] fue disparate La
ingratitud vengada [15], ni le tuvo La
Numancia [16], ni se le halló en la
del Mercader amante [17], ni menos
en La enemiga favorable [18], ni
en otras algunas que de algunos entendidos poetas han sido compuestas, para fama y
renombre suyo y para ganancia de los que las han representado». Y otras cosas añadí a
estas, con que a mi parecer le dejé algo confuso, pero no satisfecho ni convencido [*] para sacarle de su errado
pensamiento. |
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En materia ha tocado vuestra merced, señor canónigo dijo a esta sazón el
cura, que ha despertado en mí un antiguo rancor que tengo con las comedias que
agora se usan, tal, que iguala al que tengo con los libros de caballerías; porque
habiendo de ser la comedia, según le parece a Tulio, espejo de la vida humana, ejemplo de
las costumbres y imagen [*] de
la verdad [19], las que ahora se
representan son espejos de disparates, ejemplos de necedades e imágenes de lascivia.
Porque ¿qué mayor disparate puede ser en el sujeto que tratamos que salir un niño en
mantillas en la primera scena [*]
del primer acto [20], y en la segunda
salir ya hecho hombre barbado [21]? ¿Y
qué mayor que pintarnos un viejo valiente y un mozo cobarde, un lacayo rectórico, un
paje consejero, un rey ganapán y una princesa fregona [22]? ¿Qué diré, pues, de la observancia
que guardan en los tiempos en que pueden o podían suceder las acciones que representan,
sino que he visto comedia que la primera jornada comenzó en Europa, la segunda en Asia,
la tercera se acabó en África, y aun, si [*] fuera de cuatro jornadas, la
cuarta acababa [*] en América,
y, así, se hubiera hecho en todas las cuatro partes del mundo [23]? Y si es que la imitación es lo
principal que ha de tener la comedia, ¿cómo es posible que satisfaga a ningún [*] mediano entendimiento que,
fingiendo una acción que pasa en tiempo del rey Pepino y Carlomagno, el mismo que en ella
hace la persona principal le atribuyan [*] que fue el emperador Heraclio,
que entró con la Cruz en Jerusalén, y el que ganó la Casa Santa, como Godofre de
Bullón, habiendo infinitos años de lo uno a lo otro [24]; y fundándose [*] la comedia sobre cosa
fingida, atribuirle verdades de historia y mezclarle pedazos de otras sucedidas a
diferentes personas y tiempos, y esto no con trazas verisímiles, sino con patentes
errores, de todo punto inexcusables? Y es lo malo que hay ignorantes que digan [*] que esto es lo perfecto y que lo
demás es buscar gullurías [25]. Pues
¿qué, si venimos a las comedias divinas [26]?
¡Qué de milagros falsos [*]
fingen en ellas, qué de cosas apócrifas y mal entendidas, atribuyendo a un santo los
milagros de otro! Y aun en las humanas se atreven a hacer milagros, sin más respeto ni
consideración que parecerles que allí estará bien el tal milagro y apariencia [*], como ellos llaman [*][27], para que gente [*] ignorante se admire y venga a la
comedia. Que todo esto es en perjuicio de la verdad y en menoscabo de las historias, y aun
en oprobrio de los ingenios españoles, porque los estranjeros, que con mucha puntualidad
guardan las leyes de la comedia, nos tienen por bárbaros e ignorantes, viendo los
absurdos y disparates de las que hacemos [28].
Y no sería bastante disculpa desto decir que el principal intento que las repúblicas
bien ordenadas tienen permitiendo que se hagan públicas comedias es para entretener la
comunidad con alguna honesta recreación y divertirla a veces de los malos humores que
suele engendrar la ociosidad [29], y que
pues este se consigue con cualquier comedia, buena o mala, no hay para qué poner leyes,
ni estrechar a los que las componen y representan a que las hagan como debían hacerse,
pues, como he dicho, con cualquiera se consigue lo que con ellas se pretende. A lo cual
respondería yo que este fin se conseguiría mucho mejor, sin comparación alguna, con las
comedias buenas que con las no tales, porque de haber oído la comedia artificiosa y bien
ordenada [30] saldría el oyente alegre
con las burlas, enseñado con las veras, admirado de los sucesos, discreto con las
razones, advertido con los embustes, sagaz con los ejemplos, airado contra el vicio y
enamorado de la virtud: que todos estos afectos ha de despertar la buena comedia en el
ánimo del que la escuchare [31], por
rústico y torpe que sea, y de toda imposibilidad es imposible dejar de alegrar y
entretener, satisfacer y contentar la comedia que todas estas partes tuviere mucho más
que aquella que careciere dellas, como por la mayor parte carecen estas que de ordinario
agora se representan. Y no tienen la culpa desto los poetas que las componen, porque
algunos hay dellos que conocen muy bien en lo que yerran y saben estremadamente lo que
deben hacer, pero, como las comedias se han hecho mercadería vendible, dicen, y dicen
verdad, que los representantes no se las comprarían si no fuesen de aquel jaez; y,
así, el poeta procura acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra
le pide. Y que esto sea verdad véase por muchas e infinitas comedias que ha compuesto un
felicísimo ingenio destos reinos [32]
con tanta gala, con tanto donaire, con tan elegante verso, con tan buenas razones, con tan
graves sentencias, y, finalmente, tan llenas de elocución y alteza de estilo, que tiene
lleno el mundo de su fama; y por querer acomodarse al gusto de los representantes, no han
llegado todas, como han llegado algunas, al punto de la perfección que requieren. Otros
las componen tan sin mirar lo que hacen, que después de representadas tienen necesidad
los recitantes de huirse y ausentarse [33],
temerosos de ser castigados, como lo han sido muchas veces, por haber representado [*] cosas en perjuicio de
algunos reyes y en deshonra de algunos linajes [34]. Y todos estos inconvinientes cesarían,
y aun otros muchos más que no digo, con que hubiese en la corte una persona inteligente y
discreta que examinase todas las comedias antes que se representasen [35] (no solo aquellas que se hiciesen en la
corte, sino todas las que se quisiesen representar en España), sin la cual aprobación,
sello y firma ninguna justicia en su lugar dejase representar comedia alguna, y desta
manera los comediantes tendrían cuidado de enviar las comedias a la corte, y con
seguridad podrían representallas, y aquellos que las componen mirarían con más cuidado
y estudio lo que hacían, temerosos [*] de haber de pasar sus obras
por el riguroso examen de quien lo entiende; y desta manera se harían buenas comedias y
se conseguiría felicísimamente [*] lo que en ellas se
pretende: así el entretenimiento del pueblo como la opinión de los ingenios de España [36], el interés y seguridad de los
recitantes, y el ahorro del cuidado de castigallos. Y si se diese cargo a otro, o a este
mismo, que examinase los libros de caballerías que de nuevo se compusiesen, sin duda
podrían salir algunos con la perfección que vuestra merced ha dicho, enriqueciendo
nuestra lengua del agradable y precioso tesoro de la elocuencia, dando ocasión que los
libros viejos se escureciesen a la luz de los nuevos que saliesen, para honesto
pasatiempo, no solamente [*]
de los ociosos, sino de los más ocupados, pues no es posible que esté continuo el arco
armado [37], ni la condición y flaqueza
humana se pueda [*] sustentar sin
alguna lícita recreación. |
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