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Y
volviéndose a mirar al cura, prosiguió diciendo:
¡Ah, señor cura, señor cura! ¿Pensaba [*] vuestra merced que no le
conozco y pensaba [*] que yo
no calo y adivino adónde se encaminan estos nuevos encantamentos? Pues sepa que le
conozco, por más que se encubra el rostro, y sepa que le entiendo, por más que disimule
sus embustes. En fin, donde reina la envidia no puede vivir la virtud, ni adonde hay
escaseza la liberalidad [29]. ¡Mal haya
el diablo, que si por su reverencia no fuera [30],
esta fuera ya la hora que mi señor estuviera casado con la infanta Micomicona y yo fuera
conde por lo menos, pues no se podía esperar otra cosa, así de la bondad de mi señor el
de la Triste Figura como de la grandeza de mis servicios! Pero ya veo que es verdad lo que
se dice por ahí: que la rueda de la fortuna anda más lista que una rueda de molino y que
los que ayer estaban en pinganitos hoy están por el suelo [31]. De mis hijos y de mi mujer me pesa [32], pues cuando podían y debían esperar
ver entrar a su padre por sus puertas hecho gobernador o visorrey [*] de alguna ínsula o reino,
le verán entrar hecho mozo de caballos. Todo esto que he dicho, señor cura, no es más
de por encarecer a su paternidad haga conciencia del mal tratamiento que a mi señor se le
hace [*][33], y mire bien no le pida Dios en la otra
vida esta prisión de mi amo [34] y se le
haga cargo de todos aquellos socorros y bienes que mi señor don Quijote deja de hacer en
este tiempo que está preso. |
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¡Adóbame esos candiles [35]!
dijo a este punto el barbero. ¿También vos, Sancho, sois de la cofradía de
vuestro amo? ¡Vive el Señor que voy viendo que le habéis de tener compañía en la
jaula [36] y que habéis de quedar tan
encantado como él, por lo que os toca de su humor y de su caballería! En mal punto os
empreñastes de sus promesas [37] y en
mal hora se os entró en los cascos la ínsula que tanto deseáis.Yo no estoy preñado de nadie respondió
Sancho, ni soy hombre que me dejaría empreñar, del rey que fuese [38], y, aunque pobre, soy cristiano viejo y
no debo nada a nadie; y si ínsulas deseo, otros desean otras cosas peores, y cada uno es
hijo de sus obras; y debajo de ser hombre puedo venir a ser papa [39], cuanto más gobernador de una ínsula,
y más pudiendo ganar tantas mi señor, que le falte a quien dallas. Vuestra merced mire
cómo habla, señor barbero, que no es todo hacer barbas y algo va de Pedro a Pedro [40]. Dígolo porque todos nos conocemos, y a
mí no se me ha de echar dado falso [41].
Y en esto del encanto de mi amo, Dios sabe la verdad, y quédese aquí, porque es peor
meneallo.
No quiso responder el barbero a Sancho, porque no
descubriese con sus simplicidades lo que él y el cura tanto procuraban encubrir; y por
este mesmo temor había el cura dicho al canónigo que caminasen [*] un poco delante, que él
le diría el misterio del enjaulado, con otras cosas que le diesen gusto. Hízolo así el
canónigo y, adelantándose [*] con sus criados y con
él, estuvo atento a todo aquello que decirle quiso de la condición, vida, locura y
costumbres de don Quijote, contándole [*] brevemente el principio
y causa de su desvarío y todo el progreso de sus sucesos, hasta haberlo puesto en aquella
jaula, y el disignio que llevaban de llevarle a su tierra, para ver si por algún medio
hallaban remedio a su locura. Admiráronse de nuevo los criados y el canónigo de oír la
peregrina historia de don Quijote, y en acabándola de oír, dijo: |
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Verdaderamente, señor cura, yo hallo por mi cuenta que son perjudiciales en la
república estos que llaman libros de caballerías [42]; y aunque he leído [*], llevado de un ocioso y
falso gusto, casi el principio de [*] todos los más
que hay impresos [43], jamás me he
podido acomodar a leer ninguno del principio al cabo, porque me parece que, cuál más,
cuál menos, todos ellos son una mesma cosa, y no tiene más este que aquel, ni estotro
que el otro. Y según a mí me parece, este género de escritura y composición cae debajo
de aquel de las fábulas que llaman milesias, que son cuentos disparatados, que
atienden solamente a deleitar, y no a enseñar, al contrario de lo que hacen las fábulas
apólogas, que deleitan y enseñan juntamente [44]. Y puesto que el principal intento de
semejantes libros sea el deleitar [45],
no sé yo cómo pueden conseguirle, yendo llenos de tantos y tan desaforados disparates:
que el deleite que en el alma se concibe ha de ser de la hermosura y concordancia que vee
o contempla en las cosas que la vista o la imaginación le ponen delante, y toda cosa que
tiene en sí fealdad y descompostura no nos puede causar contento alguno. Pues ¿qué
hermosura puede haber, o qué proporción de partes con el todo y del todo con las partes
[46], en un libro o fábula donde un mozo
de diez y seis años da una cuchillada a un gigante como una torre y le divide en dos
mitades, como si fuera de alfeñique [47],
y que cuando nos quieren pintar una batalla, después de haber dicho que hay de la parte
de los enemigos un millón de competientes [*][48], como sea contra ellos el señor del
libro [49], forzosamente, mal que nos
pese, habemos de entender que el tal caballero alcanzó la vitoria por solo el valor de su
fuerte brazo [50]? Pues ¿qué diremos de
la facilidad con que una reina o emperatriz heredera se conduce en los brazos de un
andante y no conocido caballero [51]?
¿Qué ingenio, si no es del todo bárbaro e inculto, podrá contentarse leyendo que una
gran torre llena de caballeros va por la mar adelante [52], como nave con próspero viento, y hoy
anochece en Lombardía [53] y mañana
amanezca en tierras del Preste Juan de las Indias [54], o en otras que ni las describió [*] Tolomeo ni las vio Marco
Polo [55]? Y si a esto se me respondiese
que los que tales libros componen los escriben como cosas de mentira y que, así, no
están obligados a mirar en delicadezas ni verdades, responderles hía [*] yo [56] que tanto la mentira es mejor cuanto
más parece verdadera y tanto más agrada cuanto tiene más de lo dudoso y posible [57]. Hanse de casar las fábulas mentirosas
con el entendimiento de los que las leyeren, escribiéndose de suerte que facilitando los
imposibles, allanando las grandezas, suspendiendo los ánimos, admiren, suspendan,
alborocen y entretengan, de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría
juntas; y todas estas cosas no podrá hacer el que huyere de la verisimilitud y de la
imitación, en quien consiste la perfeción de lo que se escribe. No he visto ningún
libro de caballerías que haga un cuerpo de fábula entero con todos sus miembros, de
manera que el medio corresponda al principio, y el fin al principio y al medio, sino que
los componen con tantos miembros [58],
que más parece que llevan intención a formar una quimera o un monstruo que a hacer una
figura proporcionada [59]. Fuera desto,
son en el estilo duros; en las hazañas, increíbles; en los amores, lascivos; en las
cortesías, malmirados; largos en las batallas, necios en las razones, disparatados en los
viajes, y, finalmente, ajenos de todo discreto artificio y por esto dignos de ser
desterrados de la república cristiana, como a gente [*] inútil. |
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El cura le estuvo escuchando con grande atención, y parecióle hombre de buen
entendimiento y que tenía razón en cuanto decía, y, así, le dijo que por ser él de su
mesma opinión y tener ojeriza a los libros de caballerías había quemado todos los de
don Quijote, que eran muchos. Y contóle el escrutinio que dellos había hecho, y los que
había condenado al fuego y dejado con vida, de que no poco se rió el canónigo, y dijo
que, con todo cuanto mal había dicho de tales libros, hallaba en ellos una cosa buena,
que era el sujeto que ofrecían para que un buen entendimiento pudiese mostrarse en ellos
[60], porque daban largo y espacioso
campo por donde sin empacho alguno pudiese correr la pluma, describiendo [*] naufragios, tormentas,
rencuentros y batallas, pintando un capitán valeroso con todas las partes que para ser
tal se requieren, mostrándose prudente previniendo las astucias de sus enemigos y
elocuente orador persuadiendo o disuadiendo a sus soldados, maduro en el consejo, presto
en lo determinado, tan valiente en el esperar como en el acometer; pintando ora un
lamentable y trágico suceso, ahora un alegre y no pensado acontecimiento; allí una
hermosísima dama, honesta, discreta y recatada; aquí un caballero cristiano, valiente y
comedido; acullá un desaforado bárbaro fanfarrón; acá un príncipe cortés, valeroso y
bien mirado; representando bondad y lealtad de vasallos, grandezas y mercedes de señores.
Ya puede mostrarse astrólogo, ya cosmógrafo excelente, ya músico, ya inteligente en las
materias de estado, y tal vez le vendrá ocasión de mostrarse nigromante, si quisiere.
Puede mostrar las astucias de Ulixes [*], la piedad de Eneas, la
valentía de Aquiles, las desgracias de Héctor [*], las traiciones de Sinón,
la amistad de Eurialio [*],
la liberalidad de Alejandro, el valor de César, la clemencia y verdad de Trajano, la
fidelidad de Zópiro, la prudencia de Catón [61],
y, finalmente, todas aquellas acciones que pueden hacer perfecto a un varón ilustre,
ahora poniéndolas en uno solo, ahora dividiéndolas en muchos. Y siendo esto hecho con apacibilidad de estilo y con
ingeniosa invención, que tire lo más que fuere posible a la verdad, sin duda compondrá
una tela de varios y hermosos lizos [*] tejida [62], que después de acabada tal perfeción
y hermosura muestre, que consiga el fin mejor que se pretende en los escritos, que es
enseñar y deleitar juntamente, como ya tengo dicho. Porque la escritura desatada destos
libros [63] da lugar a que el autor pueda
mostrarse épico, lírico, trágico, cómico, con todas aquellas partes que encierran en
sí las dulcísimas y agradables ciencias de la poesía y de la oratoria: que la épica
tan bien [*] puede
escrebirse en prosa como en verso [64].
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