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Del estraño modo con que fue encantado don Quijote de
la Mancha [1], con otros famosos
sucesos
Cuando don Quijote se vio de aquella manera
enjaulado y encima del carro, dijo:
Muchas y muy graves historias he yo leído
de caballeros andantes, pero jamás he leído, ni visto, ni oído que a los caballeros
encantados los lleven desta manera y con el espacio que prometen estos perezosos y
tardíos animales [2], porque siempre los
suelen llevar por los aires con estraña ligereza, encerrados en alguna parda y escura
nube o en algún carro de fuego, o ya sobre algún hipogrifo o otra bestia semejante [3]; pero que me lleven a mí agora sobre un
carro de bueyes, ¡vive Dios que me pone en confusión! Pero quizá la caballería y los
encantos destos nuestros tiempos deben de seguir otro camino que siguieron los antiguos. Y
también podría ser que, como yo soy nuevo caballero en el mundo, y el primero que ha
resucitado el ya olvidado ejercicio de la caballería aventurera, también nuevamente se
hayan inventado otros géneros de encantamentos [4] y otros modos de llevar a los encantados.
¿Qué te parece desto, Sancho hijo?
No sé yo lo que me parece respondió
Sancho, por no ser tan leído como vuestra merced en las escrituras andantes; pero,
con todo eso, osaría afirmar y jurar que estas visiones que por aquí andan, que no son [*] del todo católicas [5]. |
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¿Católicas? ¡Mi padre! respondió don Quijote. ¿Cómo han de ser
católicas, si son todos demonios que han tomado cuerpos fantásticos para venir a hacer
esto y a ponerme en este estado? Y si quieres ver esta verdad, tócalos y pálpalos, y
verás como no tienen cuerpo sino de aire [6]
y como no consiste [*] más
de en la apariencia.Par Dios, señor
replicó Sancho, ya yo los he tocado, y este diablo que aquí anda tan
solícito es rollizo de carnes y tiene otra propiedad muy diferente de la que yo he oído
decir que tienen los demonios; porque, según se dice, todos huelen a piedra azufre y a
otros malos olores, pero este huele a ámbar de media legua.
Decía esto Sancho por don Fernando, que, como
tan señor, debía de oler a lo que Sancho decía [7].
No te maravilles deso, Sancho amigo
respondió don Quijote, porque te hago saber que los diablos saben mucho, y,
puesto que traigan olores consigo, ellos no huelen nada, porque son espíritus, y si
huelen, no pueden oler cosas buenas, sino malas y hidiondas [*]. Y la razón es que como
ellos dondequiera que están traen el infierno consigo [8] y no pueden recebir género de alivio
alguno en sus tormentos, y el buen olor sea cosa que deleita y contenta, no es posible que
ellos huelan cosa buena [9]. Y si a ti te
parece que ese demonio que dices huele a ámbar, o tú te engañas o él quiere engañarte
con hacer que no le tengas por demonio.
Todos estos coloquios pasaron entre amo y criado;
y temiendo don Fernando y Cardenio que Sancho no viniese a caer del todo en la cuenta de
su invención, a quien andaba ya muy en los alcances [10], determinaron de abreviar con la
partida, y llamando aparte al ventero, le ordenaron que ensillase a Rocinante y
enalbardase el jumento de Sancho, el cual lo hizo con mucha presteza. |
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Ya en esto el cura se había concertado con los cuadrilleros que le acompañasen hasta su
lugar, dándoles un tanto cada día. Colgó Cardenio del arzón de la silla de Rocinante,
del un cabo, la adarga y, del otro, la bacía [11], y por señas mandó a Sancho que
subiese en su asno y tomase de las riendas a Rocinante, y puso a los dos lados del carro a
los dos cuadrilleros con sus escopetas. Pero antes que se moviese el carro salió la
ventera, su hija y Maritornes a despedirse de don Quijote, fingiendo que lloraban de dolor
de su desgracia; a quien don Quijote dijo:No
lloréis, mis buenas señoras [12], que
todas estas desdichas son anexas a los que profesan lo que yo profeso, y si estas
calamidades no me acontecieran, no me tuviera yo por famoso caballero andante, porque a
los caballeros de poco nombre y fama nunca les suceden semejantes casos, porque no hay en
el mundo quien se acuerde dellos: a los valerosos sí, que tienen envidiosos de su virtud
y valentía a muchos príncipes [13] y a
muchos otros caballeros, que procuran por malas vías destruir a los buenos. Pero, con
todo eso, la virtud es tan poderosa, que por sí sola, a pesar de toda la nigromancía que
supo su primer inventor Zoroastes [14],
saldrá vencedora de todo trance y dará de sí luz en el mundo como la da el sol en el
cielo. Perdonadme, fermosas damas, si algún desaguisado por descuido mío os he fecho,
que de voluntad y a sabiendas jamás le di a nadie, y rogad a Dios me saque destas
prisiones donde algún malintencionado encantador me ha puesto: que si de ellas me veo
libre, no se me caerá [*] de
la memoria las mercedes que en este castillo me habedes fecho, para gratificallas [*], servillas y
recompensallas como ellas merecen.
En tanto que las damas del castillo esto pasaban
con don Quijote, el cura y el barbero se despidieron de don Fernando y sus camaradas y del
capitán y de su hermano y todas aquellas contentas señoras, especialmente de Dorotea y
Luscinda. Todos se abrazaron y quedaron de darse noticia de sus sucesos, diciendo don
Fernando al cura dónde había de escribirle para avisarle en lo que paraba don Quijote,
asegurándole que no habría cosa que más gusto le diese que saberlo, y que él asimesmo
le avisaría de todo aquello que él viese que podría darle gusto, así de su casamiento
como del bautismo de Zoraida y suceso de don Luis y vuelta de Luscinda a su casa. El cura
ofreció de hacer cuanto se le mandaba, con toda puntualidad. Tornaron a abrazarse otra
vez, y otra vez tornaron a nuevos ofrecimientos. |
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El ventero se llegó al cura y le dio unos papeles, diciéndole que los había hallado en
un aforro de la maleta donde se halló la Novela del Curioso impertinente [15], y que pues su dueño no había vuelto
más por allí, que se los llevase todos, que pues él no sabía leer, no los quería. El
cura se lo agradeció y, abriéndolos luego, vio que al principio de lo escrito decía: Novela
de Rinconete y Cortadillo, por donde entendió ser alguna novela [16] y coligió que, pues la del Curioso
impertinente había sido buena, que también lo sería aquella, pues podría ser
fuesen todas de un mesmo autor; y, así, la guardó, con prosupuesto de leerla [*] cuando tuviese comodidad.Subió a caballo, y también su amigo el barbero, con sus
antifaces, porque no fuesen luego conocidos de don Quijote, y pusiéronse a caminar tras
el carro. Y la orden que llevaban [*] era esta: iba primero el
carro, guiándole su dueño; a los dos lados iban los cuadrilleros, como se ha dicho, con
sus escopetas; seguía luego Sancho Panza sobre su asno, llevando de rienda [*] a Rocinante. Detrás de
todo esto iban el cura y el barbero sobre sus poderosas mulas, cubiertos los rostros como
se ha dicho, con grave y reposado continente, no caminando más de lo que permitía el
paso tardo de los bueyes. Don Quijote iba sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos
los pies y arrimado a las verjas, con tanto silencio y tanta paciencia como si no fuera
hombre de carne, sino estatua de piedra.
Y, así, con aquel espacio y silencio caminaron
hasta dos leguas, que llegaron [*] a un valle, donde le
pareció al boyero ser lugar acomodado para reposar y dar pasto a los bueyes; y
comunicándolo con el cura, fue de parecer el barbero que caminasen un poco más, porque
él sabía detrás [*]
de un recuesto que cerca de allí se mostraba [17] había un valle de más yerba y mucho
mejor que aquel donde parar querían. Tomóse el parecer del barbero y, así, tornaron a
proseguir su camino. |
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En esto volvió el cura el rostro y vio que a sus espaldas venían hasta seis o siete
hombres de a caballo, bien puestos y aderezados, de los cuales fueron presto alcanzados,
porque caminaban no con la flema y reposo de los bueyes, sino como quien iba sobre mulas
de canónigos y con deseo de llegar presto a sestear a la venta que menos de una legua de
allí se parecía. Llegaron los diligentes a los perezosos y saludáronse cortésmente; y
uno de los que venían, que, en resolución, era canónigo de Toledo y señor de los
demás que le acompañaban, viendo la concertada procesión del carro, cuadrilleros,
Sancho, Rocinante, cura y barbero, y más a don Quijote enjaulado y aprisionado, no pudo
dejar de preguntar qué significaba llevar aquel hombre de aquella manera, aunque ya se
había dado a entender, viendo las insignias de los cuadrilleros [18], que debía de ser algún facinoroso
salteador [19] o otro delincuente cuyo
castigo tocase a la Santa Hermandad. Uno de los cuadrilleros, a quien fue hecha la
pregunta, respondió ansí:Señor,
lo que significa ir este caballero desta manera dígalo él, porque nosotros no lo
sabemos.
Oyó don Quijote la plática y dijo:
¿Por dicha vuestras mercedes, señores
caballeros, son versados y peritos [*] en esto de la caballería
andante? Porque si lo son, comunicaré con ellos mis desgracias [20], y si no, no hay para qué me canse en
decillas.
Ya a este tiempo habían llegado [*] el
cura y el barbero, viendo que los caminantes estaban en pláticas con don Quijote de la
Mancha, para responder de modo que no fuese descubierto su artificio.
El canónigo, a lo que don Quijote dijo,
respondió:
En verdad, hermano, que sé más de libros
de caballerías que de las Súmulas de Villalpando [21]. Ansí que, si no está más que en
esto, seguramente podéis comunicar conmigo lo que quisiéredes. |
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A la mano de Dios replicó don Quijote. Pues así es, quiero, señor
caballero, que sepades que yo voy encantado en esta jaula por envidia y fraude de malos
encantadores, que la virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos.
Caballero andante soy, y no de aquellos de cuyos nombres jamás la fama se acordó para
eternizarlos en su memoria, sino de aquellos que, a despecho y pesar de la mesma envidia,
y de cuantos magos crió Persia, bracmanes [*] la India, ginosofistas la
Etiopia [22], ha de poner su nombre en el
templo de la inmortalidad, para que sirva de ejemplo y dechado en los venideros siglos,
donde los caballeros andantes vean los pasos que han de seguir, si quisieren llegar a la
cumbre y alteza honrosa de las armas.Dice
verdad el señor don Quijote de la Mancha dijo a esta sazón el cura, que él
va encantado en esta carreta, no por sus culpas y pecados, sino por la mala intención de
aquellos a quien la virtud enfada y la valentía enoja. Este es, señor, el Caballero de
la Triste Figura, si ya le oístes nombrar en algún tiempo [23], cuyas valerosas hazañas y grandes
hechos serán [*] escritas [*] en bronces duros y en
eternos mármoles, por más que se canse la envidia en escurecerlos y la malicia en
ocultarlos.
Cuando el canónigo oyó hablar al preso y al
libre en semejante estilo, estuvo por hacerse la cruz de admirado [24] y no podía saber lo que le había
acontecido, y en la mesma admiración cayeron todos los que con él venían. En esto
Sancho Panza, que se había acercado a oír la plática, para adobarlo todo [25], dijo:
Ahora, señores, quiéranme bien o
quiéranme mal por lo que dijere, el caso de ello es que así va encantado mi señor don
Quijote como mi madre: él tiene su entero juicio, él come y bebe y hace sus necesidades
como los demás hombres y como las hacía ayer, antes que le enjaulasen. Siendo esto
ansí, ¿cómo quieren hacerme a mí entender que va encantado? Pues yo he oído decir a
muchas personas que los encantados ni comen, ni duermen, ni hablan [26], y mi amo, si no le van a la mano [27], hablará más que treinta procuradores
[28].
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