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De
la notable [*] aventura de
los cuadrilleros y la gran ferocidad de nuestro buen caballero don Quijote
En tanto que don Quijote esto decía, estaba
persuadiendo el cura a los cuadrilleros como don Quijote era falto de juicio, como lo
veían [*]
por sus obras y por sus palabras, y que no tenían para qué llevar aquel negocio
adelante, pues aunque le prendiesen y llevasen, luego le habían de dejar por loco; a lo
que respondió el del mandamiento que a él no tocaba juzgar de la locura de don Quijote,
sino hacer lo que por su mayor le era mandado [1], y que una vez preso, siquiera le
soltasen trecientas [2].
Con todo eso dijo el cura, por
esta vez no le habéis de llevar, ni aun él dejará llevarse, a lo que yo entiendo.
En efeto, tanto les supo el cura decir y tantas
locuras supo don Quijote hacer, que más locos fueran que no él los cuadrilleros si no
conocieran la falta de don Quijote, y, así, tuvieron por bien de apaciguarse y aun de ser
medianeros de hacer las paces entre el barbero y Sancho Panza [*], que todavía asistían
con gran rancor a su pendencia [3].
Finalmente, ellos, como miembros de justicia, mediaron la causa [4] y fueron árbitros della, de tal modo,
que ambas partes quedaron, si no del todo contentas, a lo menos en algo satisfechas,
porque se trocaron las albardas, y no las cinchas y jáquimas [5]. Y en lo que tocaba a lo del yelmo de
Mambrino, el cura, a socapa y sin que don Quijote lo entendiese [6], le dio por la bacía ocho reales, y el
barbero le hizo una cédula del recibo y de no llamarse a engaño por entonces, ni por
siempre jamás, amén [7]. |
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Sosegadas, pues, estas dos pendencias, que eran las más principales y de más tomo [8], restaba que los criados de don Luis se
contentasen de volver los tres [9], y que
el uno quedase para acompañarle donde don Fernando le quería llevar; y como ya la buena
suerte y mejor fortuna había comenzado a romper lanzas y a facilitar
[*]
dificultades [10] en favor [*] de
los amantes de la venta y de los valientes della, quiso llevarlo al cabo y dar a todo
felice suceso, porque los criados se contentaron de cuanto don Luis quería: de que
recibió tanto contento doña Clara, que ninguno en aquella sazón la mirara al rostro que
no conociera el regocijo de su alma.Zoraida,
aunque no entendía bien todos los sucesos que había visto, se entristecía y alegraba a
bulto, conforme veía [*] y notaba los semblantes
a cada uno, especialmente de su español, en quien tenía siempre puestos los ojos y
traía colgada el alma [11]. El ventero,
a quien no se [*] le pasó [*]
por alto la dádiva y recompensa que el cura había hecho al barbero, pidió el escote de
don Quijote con el menoscabo [*] de sus
cueros y falta de vino, jurando que no saldría de la venta Rocinante, ni el jumento de
Sancho [12], sin que se le pagase primero
hasta el último ardite. Todo lo apaciguó el cura y lo pagó don Fernando, puesto que el
oidor, de muy buena voluntad, había también ofrecido la paga; y de tal manera quedaron
todos en paz y sosiego, que ya no parecía la venta la discordia del campo de Agramante,
como don Quijote había dicho, sino la misma paz y quietud del tiempo de Otaviano [13]; de todo lo cual fue común opinión que
se debían dar las gracias a la buena intención y mucha elocuencia del señor cura y a la [*]
incomparable liberalidad de don Fernando.
Viéndose, pues, don Quijote libre y
desembarazado de tantas pendencias, así de su escudero como suyas, le pareció que sería
bien seguir su comenzado viaje y dar fin a aquella grande aventura para que había sido
llamado y escogido [14], y, así, con
resoluta determinación se fue a poner de hinojos ante Dorotea, la cual no le consintió
que hablase palabra hasta que se levantase, y él, por obedecella, se puso en pie y le
dijo: |
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Es común proverbio, fermosa señora, que la diligencia es madre de la buena ventura
[15], y en muchas y graves cosas ha
mostrado la experiencia que la solicitud del negociante trae a buen fin el pleito dudoso;
pero en ningunas cosas se [*] muestra
más esta [*] verdad que
en las de la guerra, adonde la celeridad y presteza previene los discursos del enemigo [16] y alcanza la vitoria antes que el
contrario se ponga en defensa. Todo esto digo, alta y preciosa [*] señora, porque me
parece que la estada nuestra en este castillo ya es sin provecho [17], y podría sernos de tanto daño, que lo
echásemos de ver algún día, porque ¿quién sabe si por ocultas espías y diligentes
habrá sabido ya vuestro enemigo el gigante de que yo voy a destruille, y, dándole lugar
el tiempo, se fortificase en algún inexpugnable castillo o fortaleza
[*] contra quien
valiesen poco mis diligencias y la fuerza de mi incansable brazo? Así que, señora mía,
prevengamos, como tengo dicho, con nuestra diligencia sus designios, y partámonos luego a
la buena ventura, que no está [*] más de tenerla vuestra [*]
grandeza como desea [*][18] de cuanto yo tarde de verme con vuestro
contrario.Calló y no dijo más don
Quijote y esperó con mucho sosiego la respuesta de la fermosa infanta [19], la cual, con ademán señoril y
acomodado al estilo de don Quijote, le respondió desta manera:
Yo os agradezco, señor caballero, el deseo
que mostráis tener de favorecerme en mi gran cuita, bien así como caballero a quien es
anejo y concerniente favorecer los huérfanos y menesterosos, y quiera el cielo que el
vuestro y mi deseo se cumplan, para que veáis que hay agradecidas mujeres en el mundo; y
en lo de mi partida, sea luego, que yo no tengo más voluntad que la vuestra: disponed vos
de mí a toda vuestra guisa y talante, que la que una vez os entregó la defensa de su
persona y puso en vuestras manos la restauración de sus señoríos no ha de querer ir
contra lo que la vuestra prudencia ordenare. |
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A la mano de Dios dijo don Quijote. Pues así es que vuestra señoría [*]
se me humilla, no quiero yo perder la ocasión de levantalla y ponella en su heredado
trono [20]. La partida sea luego, porque
me va poniendo espuelas al deseo y al camino [*][21] lo que [*] suele decirse que en
la tardanza está el peligro [22]; y pues
no ha criado el cielo ni visto el infierno ninguno que me espante ni acobarde, ensilla,
Sancho, a Rocinante y apareja tu jumento y el palafrén [*] de la reina, y
despidámonos del castellano y destos señores, y vamos de aquí luego al punto.Sancho, que a todo estaba presente, dijo, meneando la
cabeza a una parte y a otra:
¡Ay, señor, señor, y cómo hay más mal
en el aldegüela que se suena [23], con
perdón sea dicho [*] de las tocadas [*]
honradas [24]!
¿Qué mal puede haber en ninguna aldea, ni
en todas las ciudades del mundo, que pueda sonarse en menoscabo mío [25], villano?
Si vuestra merced se enoja respondió
Sancho, yo callaré y dejaré de decir [*] lo que soy
obligado como buen escudero y como debe un buen criado decir a su señor.
Di lo que quisieres replicó don
Quijote [*],
como tus palabras no se encaminen a ponerme miedo: que si tú le tienes, haces como quien
eres, y si yo no le tengo, hago como quien soy.
No es eso, ¡pecador fui yo a Dios!
respondió Sancho, sino que yo tengo por cierto y por averiguado que esta
señora que se dice ser reina del gran reino Micomicón no lo es más que mi madre, porque
a ser lo que ella dice no se anduviera hocicando con alguno de los que están en la rueda
[26], a vuelta de cabeza y a cada
traspuesta [27]. |
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Paróse colorada [*] con las razones de
Sancho Dorotea [28], porque era verdad
que su esposo don Fernando, alguna vez, a hurto de otros ojos había cogido con los labios
parte del premio que merecían sus deseos, lo cual había visto Sancho, y parecídole [*]
que aquella desenvoltura más era de dama cortesana que de reina de tan gran reino [29], y no pudo ni quiso responder palabra a
Sancho, sino dejóle proseguir en su plática, y él fue diciendo:Esto digo, señor, porque si al cabo de haber andado
caminos y carreras, y pasado malas noches y peores días, ha de venir a coger el fruto de
nuestros trabajos el que se está holgando en esta venta, no hay para qué darme priesa a
que ensille a Rocinante, albarde el jumento y aderece al palafrén [*], pues será
mejor que nos estemos quedos [*], y cada puta hile, y
comamos [30].
¡Oh, válame Dios y cuán grande que fue el
enojo que recibió don Quijote oyendo las descompuestas palabras de su escudero! Digo que
fue tanto, que con voz atropellada y tartamuda lengua, lanzando vivo fuego por los ojos,
dijo:
¡Oh bellaco villano, malmirado,
descompuesto, ignorante [*], infacundo [31], deslenguado, atrevido, murmurador y
maldiciente! ¿Tales palabras has osado decir en mi presencia y en la destas ínclitas
señoras, y tales deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginación?
¡Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de
embustes, silo de bellaquerías [32],
inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales
personas! ¡Vete, no parezcas delante de mí, so pena de mi ira [33]! |
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Y, diciendo esto, enarcó las cejas, hinchó los carrillos, miró a todas partes y dio con
el pie derecho una gran patada en el suelo, señales todas de la ira que encerraba en sus
entrañas. A cuyas palabras y furibundos ademanes quedó Sancho tan encogido [*]
y medroso, que se holgara que en aquel instante se abriera debajo de sus pies la tierra y
le tragara, y no supo qué hacerse, sino volver las espaldas y quitarse de la enojada
presencia de su señor. Pero la discreta Dorotea, que tan entendido tenía ya el humor de
don Quijote, dijo, para templarle la ira:No
os despechéis [34], señor Caballero de
la Triste Figura, de las sandeces que vuestro buen escudero ha dicho, porque quizá no las
debe de decir sin ocasión, ni de su buen entendimiento y cristiana conciencia se puede
sospechar que levante testimonio a nadie [35];
y, así, se ha de creer, sin poner duda en ello, que como en este castillo, según vos,
señor caballero, decís, todas las cosas van y suceden por modo de encantamento, podría
ser, digo, que Sancho hubiese visto por esta diabólica vía lo que él dice que vio tan
en ofensa de mi honestidad.
Por el omnipotente Dios juro dijo a
esta sazón don Quijote que la vuestra grandeza ha dado en el punto, y que alguna
mala visión se le puso delante a este pecador de Sancho, que le hizo ver lo que fuera
imposible verse de otro modo que por el de encantos no fuera: que sé yo bien de la bondad
e inocencia deste desdichado que no sabe levantar testimonios a nadie.
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