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Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta
En efeto, fueron tantas las voces que don Quijote
dio, que abriendo de presto las puertas de la venta salió el ventero despavorido [1], a ver quién tales gritos daba, y los
que estaban fuera hicieron lo mesmo. Maritornes, que ya había despertado a las mismas
voces, imaginando lo que podía ser, se fue al pajar y desató, sin que nadie lo viese, el
cabestro que a don Quijote sostenía, y él dio luego en el suelo, a vista del ventero y
de los caminantes, que, llegándose a él, le preguntaron qué tenía, que tales voces
daba. Él, sin responder palabra, se quitó el cordel de la muñeca y, levantándose en
pie, subió sobre Rocinante, embrazó su adarga, enristró su lanzón y, tomando buena
parte del campo [2], volvió a medio
galope, diciendo:
Cualquiera que dijere que yo he sido con
justo título encantado, como mi señora la princesa Micomicona me dé licencia para ello
yo le desmiento, le rieto [*]
y desafío a singular batalla [3].
Admirados se quedaron los nuevos [*] caminantes [4] de las palabras de don Quijote, pero el
ventero les quitó de aquella admiración, diciéndoles que era [*] don Quijote y que no había
que hacer caso dél, porque estaba fuera de juicio. |
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Preguntáronle al ventero si acaso había llegado a aquella venta un muchacho de hasta
edad de quince años, que venía vestido como mozo de mulas, de tales y tales señas,
dando las mesmas que traía el amante de doña Clara. El ventero respondió que había
tanta gente en la venta, que no había echado de ver en el que preguntaban. Pero habiendo
visto uno dellos el coche donde había venido el oidor, dijo:Aquí debe de estar sin duda, porque este es el
coche que él dicen que sigue. Quédese uno de nosotros a la puerta y entren los demás a
buscarle; y aun sería bien que uno de nosotros rodease toda la venta, porque no se fuese
por las bardas de los corrales.
Así se hará respondió uno dellos.
Y entrándose los dos dentro, uno se quedó a la
puerta y el otro se fue a rodear la venta: todo lo cual veía [*] el ventero, y no sabía atinar
para qué se hacían aquellas diligencias, puesto que bien creyó que buscaban aquel mozo
[*] cuyas señas le
habían dado.
Ya a esta sazón aclaraba el día, y así por
esto como por el ruido que don Quijote había hecho, estaban todos despiertos y se
levantaban, especialmente doña Clara y Dorotea, que la una con sobresalto de tener tan
cerca a su amante [5] y la otra con el
deseo de verle habían podido dormir bien mal aquella noche. Don Quijote, que vio que
ninguno de los cuatro caminantes hacía caso dél, ni le respondían a su demanda, moría
y rabiaba de despecho y saña [6]; y si
él hallara en las ordenanzas de su caballería que lícitamente podía el caballero
andante tomar y emprender otra empresa habiendo dado su palabra y fe de no ponerse en
ninguna hasta acabar la que había prometido, él embistiera [*] con todos y les hiciera
responder mal de su grado. Pero por parecerle no convenirle ni estarle [*] bien comenzar nueva
empresa hasta poner a Micomicona en su reino, hubo de callar y estarse quedo, esperando a
ver en qué paraban las diligencias de aquellos caminantes, uno de los cuales halló al
mancebo que buscaba durmiendo [*]
al lado de un mozo de mulas, bien descuidado de que nadie ni le buscase, ni menos de que
le [*] hallase. El hombre
le trabó del brazo y le dijo: |
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Por cierto, señor don Luis, que responde bien a quien vos sois el hábito que
tenéis [7] y que dice bien la cama en
que os hallo al regalo con que vuestra madre os crió.Limpióse el mozo los soñolientos ojos y miró de espacio
al que le tenía asido [8], y luego
conoció que era criado de su padre, de que recibió tal sobresalto, que no acertó o no
pudo hablarle palabra por un buen espacio; y el criado prosiguió diciendo:
Aquí no hay que hacer otra cosa, señor
don Luis, sino prestar paciencia y dar la vuelta a casa, si ya vuestra merced no gusta que
su padre y mi señor la dé al otro mundo [9],
porque no se puede esperar otra cosa de la pena con que queda por vuestra ausencia.
¿Pues cómo supo mi padre dijo don
Luis que yo venía este camino y en este traje [10]?
Un estudiante respondió el
criado a quien distes cuenta de vuestros pensamientos fue el que lo descubrió,
movido a lástima de las que vio que hacía vuestro padre al punto que os echó menos; y,
así, despachó a cuatro de sus criados en vuestra busca, y todos estamos aquí a vuestro
servicio, más contentos de lo que imaginar se puede, por el buen despacho con que
tornaremos, llevándoos a los ojos que tanto os quieren [11].
Eso será como yo quisiere o como el cielo
lo [*] ordenare
respondió don Luis.
¿Qué habéis de querer o qué ha de
ordenar el cielo, fuera de consentir en volveros? Porque no ha de ser posible otra cosa. |
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Todas estas razones que entre los dos pasaban oyó el mozo de mulas junto a quien don Luis
estaba y, levantándose de allí, fue a decir lo que pasaba a don Fernando y a Cardenio y
a los demás, que ya vestido [*]
se habían, a los cuales dijo como aquel hombre llamaba de don a aquel muchacho [12] y las razones que pasaban, y como le
quería volver a casa de su padre y el mozo no quería. Y con esto [*], y con lo que dél sabían
de la buena voz que el cielo le había dado, vinieron todos en gran deseo de saber más
particularmente quién [*]
era, y aun de ayudarle si alguna fuerza le quisiesen hacer, y, así, se fueron hacia la
parte donde aún estaba hablando y porfiando con su criado.Salía [*] en esto Dorotea de su
aposento, y tras ella doña Clara toda turbada; y llamando Dorotea a Cardenio aparte, le
contó en breves razones la historia del músico y de doña Clara, a quien él también
dijo lo que pasaba de la venida a buscarle los criados de su padre [13], y no se lo dijo tan callando, que lo
dejase de oír Clara [*], de
lo que quedó tan fuera de sí, que si Dorotea no llegara a tenerla, diera consigo en el
suelo. Cardenio dijo a Dorotea que se volviesen al aposento, que él procuraría poner
remedio en todo, y ellas lo hicieron.
Ya estaban todos los cuatro que venían a buscar
a don Luis dentro de la venta y rodeados dél [14], persuadiéndole que luego sin detenerse
un punto volviese a consolar a su padre. Él respondió que en ninguna manera lo podía
hacer hasta dar fin a un negocio en que le iba la vida, la honra y el alma [15]. Apretáronle entonces los criados,
diciéndole que en ningún modo volverían sin él y que le llevarían quisiese o no
quisiese.
Eso [*] no haréis vosotros
replicó don Luis, si no es llevándome muerto; aunque de cualquiera manera
que me llevéis, será llevarme sin vida [16].
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Ya a esta sazón habían acudido a la porfía todos los más que en la venta estaban [17], especialmente Cardenio, don Fernando,
sus camaradas, el oidor, el cura, el barbero y don Quijote, que ya le pareció que no
había necesidad de guardar más el castillo. Cardenio, como ya sabía la historia del
mozo, preguntó a los que llevarle querían que qué les movía a querer llevar contra su
voluntad aquel muchacho [*].Muévenos respondió uno de los cuatro
dar la vida a su padre, que por la ausencia deste caballero queda a peligro de perderla.
A esto dijo don Luis:
No hay para qué se dé cuenta aquí de mis
cosas: yo soy libre y volveré si me diere gusto, y si no, ninguno de vosotros me ha de
hacer fuerza.
Harásela a vuestra merced la razón
respondió el hombre, y cuando ella no bastare con vuestra merced, bastará
con nosotros para hacer a lo que venimos y lo que somos obligados.
Sepamos qué es esto de raíz [18] dijo a este tiempo el oidor.
Pero el hombre, que lo conoció, como vecino de
su casa, respondió:
¿No conoce vuestra merced, señor oidor, a
este caballero que es el hijo de su vecino, el cual se ha ausentado de casa de su padre en
el hábito [*] tan
indecente a su calidad [19] como vuestra
merced puede ver?
Miróle entonces el oidor más atentamente y
conocióle, y, abrazándole, dijo [*]:
¿Qué niñerías son estas, señor don
Luis, o qué causas tan poderosas, que os hayan movido a venir desta manera, y en este
traje, que dice tan mal con la calidad vuestra? |
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Al mozo se le vinieron las lágrimas a los ojos, y no pudo responder palabra. El oidor
dijo [*] a los cuatro
que se sosegasen, que todo se haría bien; y tomando por la mano a don Luis, le apartó a
una parte y le preguntó qué venida había sido aquella. Y en tanto que le hacía esta y otras preguntas, oyeron
grandes voces a la puerta de la venta, y era la causa dellas que dos huéspedes que
aquella noche habían alojado en ella, viendo a toda la gente ocupada en saber lo que los
cuatro buscaban, habían intentado a irse sin pagar lo que debían; mas el ventero, que
atendía más a su negocio que a los ajenos, les asió al salir de la puerta, y pidió su
paga y les afeó su mala intención con tales palabras, que les movió a que le
respondiesen con los puños, y, así, le comenzaron a dar tal mano [20], que el pobre ventero tuvo necesidad de
dar voces y pedir socorro. La ventera y su hija no vieron a otro más desocupado para
poder socorrerle que a don Quijote, a quien la hija de la ventera dijo:
Socorra vuestra merced, señor caballero,
por la virtud que Dios le dio [21], a mi
pobre padre, que dos malos hombres le están moliendo como a cibera [22].
A lo cual respondió don Quijote muy de espacio y
con mucha flema:
Fermosa doncella, no ha lugar por ahora
vuestra petición [23], porque estoy
impedido de entremeterme en otra aventura en tanto que no diere cima a una en que mi
palabra me ha puesto. Mas lo que yo podré hacer por serviros es lo que ahora diré:
corred y decid a vuestro padre que se entretenga en esa batalla lo mejor que pudiere y que
no se deje vencer en ningún modo, en tanto que yo pido licencia a la princesa Micomicona
para poder socorrerle en su cuita; que si ella me la da, tened por cierto que yo le
sacaré della.
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