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Estas y otras semejantes palabras decía el oidor, lleno
de tanta compasión con las nuevas que de su hermano le habían dado, que todos los que le
oían le acompañaban en dar muestras del sentimiento que tenían de su lástima.
Viendo, pues, el cura que tan [*] bien había salido con su
intención y con lo que deseaba el capitán, no quiso tenerlos a todos más tiempo tristes
y, así, se levantó de la mesa y, entrando donde estaba Zoraida, la tomó por la mano, y
tras ella se vinieron Luscinda, Dorotea y la hija del oidor. Estaba esperando el capitán
a ver lo que el cura quería hacer, que fue que, tomándole a él asimesmo de la otra
mano, con entrambos a dos se fue donde el oidor y los demás caballeros estaban, y dijo:
Cesen, señor oidor, vuestras lágrimas y
cólmese vuestro deseo de todo el bien que acertare a desearse, pues tenéis delante a
vuestro buen hermano y a vuestra buena cuñada. Este que aquí veis es el capitán Viedma,
y esta, la hermosa mora que tanto bien le hizo. Los franceses que os dije los pusieron en
la estrecheza que veis, para que vos mostréis la liberalidad de vuestro buen pecho. |
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Acudió el capitán a abrazar a su hermano, y él le puso ambas manos [*] en los pechos, por
mirarle algo más apartado; mas cuando le acabó de conocer, le abrazó tan estrechamente,
derramando tan tiernas lágrimas de contento, que los más de los que presentes estaban le
hubieron de acompañar en ellas. Las palabras que entrambos hermanos se dijeron, los
sentimientos que mostraron, apenas creo que pueden pensarse, cuanto más escribirse. Allí
en breves razones se dieron cuenta de sus sucesos, allí mostraron puesta en su punto la
buena amistad de dos hermanos, allí abrazó el oidor a Zoraida, allí la ofreció su
hacienda, allí hizo que la abrazase su hija, allí la cristiana hermosa y la mora
hermosísima renovaron las lágrimas de todos.Allí don Quijote estaba atento, sin hablar palabra, considerando estos tan
estraños sucesos, atribuyéndolos todos a quimeras de la andante caballería. Allí
concertaron que el capitán y Zoraida se volviesen con su hermano a Sevilla y avisasen a
su padre de su hallazgo y libertad, para que, como pudiese [30], viniese a hallarse en las bodas y
bautismo de Zoraida, por no le ser al oidor posible dejar el camino que llevaba, a causa
de tener nuevas que de allí a un mes partía flota [*] de Sevilla a la Nueva España
[31] y fuérale de grande incomodidad
perder el viaje.
En resolución, todos quedaron contentos y
alegres del buen suceso del cautivo; y como ya la noche iba casi en las dos partes de su
jornada [32], acordaron de recogerse y
reposar lo que de ella les quedaba. Don Quijote se ofreció a hacer la guardia del
castillo, porque de algún gigante o otro malandante follón no fuesen acometidos,
codiciosos del gran tesoro de hermosura que en aquel castillo se encerraba.
Agradeciéronselo los que le conocían, y dieron al oidor cuenta del humor estraño de don
Quijote, de que no poco gusto recibió. |
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Solo Sancho Panza se desesperaba con la tardanza del recogimiento, y solo él se acomodó
mejor que todos, echándose sobre los aparejos de su jumento, que le costaron tan caros
como adelante se dirá.Recogidas, pues,
las damas en su estancia, y los demás acomodádose [*] como menos mal
pudieron, don Quijote se salió fuera de la venta a hacer la centinela del castillo, como
lo había prometido.
Sucedió, pues, que faltando poco para venir [*] el alba, llegó a los
oídos de las damas una voz tan entonada y tan buena, que les obligó a que todas le
prestasen atento oído, especialmente Dorotea, que despierta estaba, a cuyo lado dormía
doña Clara de Viedma, que ansí se llamaba la hija del oidor. Nadie podía imaginar
quién era la persona que tan bien cantaba, y era una voz sola, sin que la acompañase
instrumento alguno. Unas veces les parecía que cantaban en el patio; otras, que en la
caballeriza, y estando en esta confusión muy atentas, llegó a la puerta del aposento
Cardenio y dijo:
Quien no duerme, escuche, que oirán una
voz de un mozo de mulas que de tal manera canta, que encanta.
Ya lo oímos, señor respondió
Dorotea.
Y con esto se fue Cardenio, y Dorotea, poniendo
toda la atención posible, entendió que lo que se cantaba era esto:
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