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Que trata de lo que más sucedió en la venta [1] y de otras muchas cosas dignas de
saberse
Calló en diciendo esto el cautivo, a quien don
Fernando dijo:
Por cierto, señor capitán, el modo con
que habéis contado este estraño suceso ha sido tal, que iguala a la novedad y estrañeza
del mesmo caso: todo es peregrino y raro y lleno de accidentes que maravillan y suspenden
a quien los oye; y es de tal manera el gusto que hemos recebido en escuchalle, que aunque
nos hallara el día de mañana entretenidos en el mesmo cuento, holgáramos que de nuevo
se comenzara [2].
Y en diciendo esto don Fernando, Cardenio [*] y todos los
demás se le ofrecieron con todo lo a ellos posible para servirle, con palabras y razones
tan amorosas y tan verdaderas, que el capitán se tuvo por bien satisfecho de sus
voluntades. Especialmente le ofreció don Fernando que si quería volverse con él, que
él haría que el marqués su hermano fuese padrino del bautismo de Zoraida, y que él,
por su parte, le acomodaría de manera que pudiese entrar en su tierra con el autoridad y
cómodo que a su persona se debía [3].
Todo lo agradeció cortesísimamente [*] el cautivo, pero
no quiso acetar ninguno de sus liberales ofrecimientos. |
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En esto llegaba ya la noche [4], y al
cerrar della llegó a la venta un coche, con algunos hombres de a caballo. Pidieron
posada; a quien la ventera respondió que no había en toda la venta un palmo desocupado.Pues, aunque eso sea dijo uno de los de a
caballo que habían entrado, no ha de faltar para el señor oidor, que aquí viene [5].
A este nombre se turbó la güéspeda [*] y dijo:
Señor, lo que en ello hay es que no tengo
camas: si es que su merced del señor oidor la trae, que sí debe de traer [6], entre en buen hora, que yo y mi marido
nos saldremos de nuestro aposento por acomodar a su merced.
Sea en buen hora dijo el escudero.
Pero a este tiempo ya había salido del coche un
hombre, que en el traje mostró luego el oficio y cargo que tenía, porque la ropa luenga
con las mangas arrocadas que vestía [7]
mostraron ser oidor, como su criado había dicho. Traía de la mano a una doncella, al
parecer de hasta diez y seis años [8],
vestida de camino, tan bizarra, tan hermosa y tan gallarda, que a todos puso en
admiración su vista, de suerte que a no haber visto a Dorotea y a Luscinda y Zoraida, que
en la venta estaban, creyeran que otra tal hermosura como la desta doncella difícilmente
pudiera hallarse. Hallóse don Quijote al entrar del oidor y de la doncella, y así como
le vio dijo: |
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Seguramente puede vuestra merced entrar y espaciarse en este castillo [9], que aunque es estrecho y mal acomodado
no hay estrecheza ni incomodidad en el mundo que no dé lugar a las armas y a las letras,
y más si las armas y letras traen por guía y adalid a la fermosura, como la traen las
letras de vuestra merced en esta fermosa doncella, a quien deben no solo abrirse y
manifestarse los castillos [10], sino
apartarse los riscos y devidirse y abajarse las montañas para dalle acogida. Entre
vuestra merced, digo, en este paraíso, que aquí hallará estrellas y soles que
acompañen el cielo que vuestra merced trae consigo [11], aquí hallará las armas en su punto y
la hermosura en su estremo.Admirado quedó
el oidor del razonamiento de don Quijote, a quien se puso a mirar muy de propósito [12], y no menos le admiraba su talle que sus
palabras; y sin hallar ningunas con que respondelle, se tornó a admirar de nuevo cuando
vio delante de sí a Luscinda, Dorotea [*] y a Zoraida, que a las
nuevas de los nuevos güéspedes, y a las que la ventera les había dado de la hermosura
de la doncella, habían venido a verla y a recebirla. Pero don Fernando, Cardenio y el
cura le hicieron más llanos [*]
y más cortesanos ofrecimientos. En efecto, el señor oidor entró confuso, así de lo que
veía [*] como de lo que
escuchaba, y las hermosas de la venta dieron la bienllegada a la hermosa doncella [13].
En resolución, bien echó de ver el oidor que
era gente principal toda la que allí estaba, pero el talle, visaje y la apostura [*] de don Quijote le
desatinaba. Y habiendo pasado entre todos corteses ofrecimientos y tanteado la comodidad
de la venta, se ordenó lo que antes estaba ordenado: que todas las mujeres se entrasen en
el camaranchón [*] ya
referido, y que los hombres se quedasen fuera, como en su guarda. Y, así, fue contento el
oidor que su hija, que era la doncella, se fuese con aquellas señoras, lo que ella hizo
de muy buena gana. Y con parte de la estrecha cama del ventero, y con la mitad de la que
el oidor traía, se acomodaron aquella noche mejor de lo que pensaban [*]. |
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El cautivo, que desde el punto que vio al oidor, le dio saltos el corazón y barruntos de
que aquel era su hermano, preguntó a uno de los criados que con él venían que cómo se
llamaba y si sabía de qué tierra era. El criado le respondió que se llamaba el
licenciado Juan Pérez de Viedma y que había oído decir que era de un lugar de las
montañas de León. Con esta relación y con lo que él había visto, se acabó de
confirmar de que aquel era su hermano, que había seguido las letras, por consejo de su
padre; y alborozado [*] y
contento, llamando aparte a don Fernando, a Cardenio y al cura, les contó lo que pasaba,
certificándoles que aquel oidor era su hermano [14]. Habíale dicho también el criado como
iba proveído por oidor a las Indias [15],
en la Audiencia de México; supo también como aquella doncella era su hija, de cuyo parto
había muerto su madre, y que él había quedado muy rico con el dote que con la hija se
le quedó en casa. Pidióles consejo qué modo tendría para descubrirse o para conocer
primero si, después de descubierto, su hermano, por verle pobre, se afrentaba o le
recebía [*]
con buenas entrañas [16]. Déjeseme a mí el hacer esa experiencia dijo
el cura; cuanto más que no hay pensar sino que vos, señor capitán, seréis muy
bien recebido, porque el valor y prudencia que en su buen parecer descubre vuestro hermano
no da indicios de ser arrogante ni desconocido [17], ni que no ha de saber poner los casos
de la fortuna en su punto.
Con todo eso dijo el capitán,
yo querría no de improviso, sino por rodeos, dármele a conocer.
Ya os digo respondió el cura
que yo lo trazaré de modo que todos quedemos satisfechos. |
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Ya en esto estaba aderezada la cena, y todos se sentaron a la mesa, eceto el cautivo y las
señoras, que cenaron de por sí en su aposento [18]. En la mitad de la cena, dijo el cura:Del mesmo nombre de vuestra merced [19], señor oidor, tuve yo una camarada en
Costantinopla, donde estuve cautivo algunos años; la cual camarada era uno de los
valientes soldados y capitanes que había en toda la infantería española, pero tanto
cuanto [*] tenía de
esforzado y valeroso tenía de desdichado.
¿Y cómo se llamaba ese capitán, señor
mío? preguntó el oidor.
Llamábase respondió el cura
Ruy Pérez de Viedma y era natural de un lugar de las montañas de León, el cual me
contó un caso que a su padre [*] con sus hermanos le
había sucedido, que, a no contármelo un hombre tan verdadero como él, lo tuviera por
conseja de aquellas que las viejas cuentan el invierno al fuego [20]. Porque me dijo que su padre había
dividido su hacienda entre tres hijos que tenía, y les había dado ciertos consejos
mejores que los de Catón [21]. Y sé yo
decir que el que él escogió de venir a la guerra le había sucedido tan bien, que en
pocos años, por su valor y esfuerzo, sin otro brazo que el de su mucha virtud, subió a
ser capitán de infantería y a verse en camino y predicamento de ser presto maestre de
campo [22]. Pero fuele la fortuna
contraria, pues donde la pudiera esperar y tener buena, allí la perdió, con perder la
libertad en la felicísima jornada donde tantos la cobraron, que fue en la batalla de
Lepanto. Yo la perdí en la Goleta, y después, por diferentes sucesos, nos hallamos
camaradas en Costantinopla [*]. Desde allí vino a
Argel, donde sé que le sucedió uno de los más estraños casos que en el mundo han
sucedido. |
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De aquí fue prosiguiendo el cura, y con brevedad sucinta contó [*] lo que con Zoraida a su
hermano había sucedido, a todo lo cual estaba tan atento el oidor, que ninguna vez había
sido tan oidor como entonces [23]. Solo
llegó el cura al punto de cuando los franceses despojaron a los cristianos que en la
barca venían, y la pobreza y necesidad en que su camarada y la hermosa mora habían
quedado, de los cuales no había sabido en qué habían parado, ni si habían llegado a
España o llevádolos los franceses a Francia.Todo lo que el cura decía estaba escuchando algo de allí desviado el capitán [24], y notaba todos los movimientos que su
hermano hacía; el cual, viendo que ya el cura había llegado al fin de su cuento, dando
un grande suspiro y llenándosele los ojos de agua, dijo:
¡Oh, señor, si supiésedes las nuevas que
me habéis contado y cómo me tocan tan en parte [25] que me es forzoso dar muestras dello con
estas lágrimas que contra toda mi discreción y recato me salen por los ojos! Ese
capitán tan valeroso que decís es mi mayor hermano, el cual, como más fuerte y de más
altos pensamientos que yo ni otro hermano menor mío, escogió el honroso y digno
ejercicio de la guerra, que fue uno de los tres caminos que nuestro padre nos propuso,
según os dijo vuestra camarada en la conseja que a vuestro parecer le oístes [26]. Yo seguí el de las letras, en las
cuales Dios y mi diligencia me han puesto en el grado que me veis. Mi menor hermano está
en el Pirú [27], tan rico, que con lo
que ha enviado a mi padre y a mí ha satisfecho bien la parte que él se llevó, y aun
dado a las manos de mi padre con que poder hartar su liberalidad natural; y yo ansimesmo
he podido con más decencia y autoridad tratarme en mis estudios [28] y llegar al puesto en que me veo. Vive
aún mi padre muriendo con el deseo de saber de su hijo mayor, y pide a Dios con continuas
oraciones no cierre la muerte sus ojos hasta que él vea con vida a los de su hijo. Del
cual me maravillo, siendo tan discreto, cómo en tantos trabajos y afliciones, o
prósperos sucesos, se haya descuidado de dar noticia de sí a su padre: que si él lo
supiera, o alguno de nosotros, no tuviera necesidad de aguardar al milagro de la caña
para alcanzar su rescate. Pero de lo que yo agora me temo es de pensar si aquellos
franceses le habrán dado libertad o le habrán muerto por encubrir su hurto. Esto todo
será [*] que yo prosiga mi
viaje no con aquel contento con que le comencé, sino con toda melancolía y tristeza.
¡Oh buen hermano mío, y quién supiera agora dónde estabas [*], que yo te fuera a buscar y
a librar de tus trabajos, aunque fuera a costa de los míos! ¡Oh, quién llevara nuevas a
nuestro viejo padre de que tenías vida, aunque estuvieras en las mazmorras más
escondidas de Berbería, que de allí te sacaran sus riquezas [*], las de mi hermano y
las mías! ¡Oh Zoraida hermosa y liberal, quién pudiera pagar [*] el bien que a mi hermano [*] hiciste! ¡Quién
pudiera hallarse al renacer de tu alma [29]
y a las bodas que tanto gusto a todos nos dieran!
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