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Que
trata del curioso discurso que hizo don Quijote de las armas y las letras
Prosiguiendo don Quijote, dijo:
Pues comenzamos en el estudiante por la
pobreza y sus partes, veamos si es más rico el soldado, y veremos que no hay ninguno más
pobre en la misma pobreza, porque está atenido a la miseria de su paga, que viene o tarde
o nunca [1], o a lo que garbeare por sus
manos [2], con notable peligro de su vida
y de su conciencia. Y a veces suele ser su desnudez tanta, que un coleto acuchillado le
sirve de gala y de camisa [3], y en la
mitad del invierno se suele [*]
reparar de las inclemencias del cielo, estando en la campaña rasa [4], con solo el aliento de su boca, que,
como sale de lugar vacío, tengo por averiguado que debe de salir frío, contra toda
naturaleza. Pues esperad que espere [*] que llegue la noche para
restaurarse de todas estas incomodidades en la cama que le aguarda, la cual, si no es por
su culpa, jamás pecará de estrecha: que bien puede medir en la tierra los pies que
quisiere y revolverse en ella a su sabor, sin temor que se le encojan las sábanas.
Lléguese, pues, a todo esto, el día y la hora de recebir el grado de su ejercicio [5]: lléguese un día de batalla, que allí
le pondrán la borla en la cabeza, hecha de hilas [6], para curarle algún balazo que quizá le
habrá pasado las sienes o le dejará estropeado de brazo o pierna. Y cuando esto no
suceda, sino que el cielo piadoso le guarde y conserve sano y vivo, podrá ser que se
quede en la mesma pobreza que antes estaba y que sea menester que suceda uno y otro
rencuentro [7], una y otra batalla, y que
de todas salga vencedor, para medrar en algo; pero estos milagros vense raras veces. Pero,
decidme, señores, si habéis mirado en ello [8]:
¿cuán menos son los premiados por la guerra que los que han perecido en ella? Sin duda
habéis de responder que no tienen comparación ni se pueden reducir a cuenta los muertos,
y que se podrán contar los premiados vivos con tres letras de guarismo [9]. Todo esto es al revés en los letrados,
porque de faldas (que no quiero decir de mangas [10]) todos tienen en qué entretenerse [11]. Así que, aunque es mayor el trabajo
del soldado, es mucho menor el premio. Pero a esto se puede responder que es más fácil
premiar a dos mil letrados que a treinta mil soldados, porque a aquellos se premian con
darles oficios que por fuerza se han [*] de dar a los de su
profesión, y a estos no se pueden [*] premiar sino con la mesma
hacienda del señor a quien sirven, y esta imposibilidad fortifica más la razón que
tengo. Pero dejemos esto aparte, que es laberinto de muy dificultosa salida, sino volvamos
a la preeminencia de las armas contra las letras [12], materia que hasta ahora está por
averiguar, según son las razones que cada una de su parte alega. Y, entre las que he
dicho, dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra
también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son
letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podrán [*] sustentar sin ellas, porque
con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las
ciudades, se aseguran los caminos, se despejan [*] los mares de cosarios [13], y, finalmente, si por ellas no fuese,
las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra
estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura
y tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas. Y es razón averiguada que
aquello que más cuesta se estima y debe de estimar [*] en más. Alcanzar alguno a
ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, váguidos [*] de cabeza [14], indigestiones de estómago y otras
cosas a éstas adherentes [15], que en
parte ya las tengo referidas; mas llegar uno por sus términos a ser buen soldado le
cuesta todo lo que a el [*]
estudiante, en tanto mayor grado, que no tiene comparación, porque a cada paso está a
pique de perder la vida. Y ¿qué temor de necesidad y pobreza puede llegar ni fatigar al
estudiante, que llegue al que tiene un soldado que, hallándose cercado en alguna fuerza [16] y estando de posta o guarda en algún
revellín o caballero [17], siente que
los enemigos están minando hacia la parte donde él está, y no puede apartarse de allí
por ningún caso, ni huir el peligro que de tan cerca le amenaza? Solo lo que puede hacer
es dar noticia a su capitán de lo que pasa, para que lo remedie con alguna contramina [18], y él estarse quedo, temiendo y
esperando cuándo improvisamente ha de subir a las nubes sin alas y bajar al profundo sin
su voluntad. Y si este parece pequeño peligro, veamos si le iguala o hace ventaja [*] el de embestirse dos galeras
por las proas en mitad del mar espacioso [*], las cuales enclavijadas y
trabadas no le queda al soldado más espacio del que concede [*] dos pies de tabla del
espolón [19]; y con todo esto, viendo
que tiene delante de sí tantos ministros de la muerte que le amenazan cuantos cañones de
artillería se asestan de la parte contraria, que no distan de su cuerpo una lanza, y
viendo que al primer descuido de los pies iría a visitar los profundos senos de Neptuno,
y con [*] todo esto,
con intrépido corazón, llevado de la honra que le incita [20], se pone a ser blanco de tanta
arcabucería [21] y procura pasar por tan
estrecho paso al bajel contrario. Y lo que más es de admirar: que apenas uno ha caído
donde no se podrá levantar hasta la fin del mundo, cuando otro ocupa su mesmo lugar; y si
este también cae en el mar, que como a enemigo le aguarda, otro y otro le sucede, sin dar
tiempo al tiempo de sus muertes [*]: valentía y atrevimiento
el mayor que se puede hallar en todos los trances de la guerra. Bien hayan aquellos
benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados
instrumentos de la artillería [22], a
cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su
diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a
un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío
que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien
quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita
máquina) y corta y acaba [*]
en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos [23]. Y así, considerando esto, estoy por
decir que en el alma me pesa de haber tomado este ejercicio de caballero andante en edad
tan detestable como es esta en que ahora vivimos; porque aunque a mí ningún peligro me
pone miedo, todavía me pone recelo pensar si la pólvora y el estaño [24] me han de quitar la ocasión de hacerme
famoso y conocido por el valor de mi brazo y filos de mi espada, por todo lo descubierto
de la tierra. Pero haga el cielo lo que fuere servido, que tanto seré más estimado, si
salgo con lo que pretendo, cuanto a mayores peligros me he puesto que se pusieron los
caballeros andantes de los pasados siglos. |
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Todo este largo preámbulo [25] dijo don
Quijote en tanto que los demás cenaban [*], olvidándose de llevar
bocado a la boca, puesto que algunas veces le había dicho Sancho Panza que cenase [*], que después habría lugar
para decir todo lo que quisiese. En los que escuchado le habían sobrevino nueva lástima
de ver que hombre que al parecer tenía buen entendimiento y buen discurso en todas las
cosas que trataba [*], le
hubiese perdido tan rematadamente en tratándole de su negra y pizmienta [*] caballería [26]. El cura le dijo que tenía mucha razón
en todo cuanto había dicho en favor de las armas, y que él, aunque letrado y graduado [27], estaba de su mesmo parecer.Acabaron de cenar [*], levantaron los manteles, y en
tanto que la ventera, su hija y Maritornes aderezaban el camaranchón de don Quijote de la
Mancha, donde habían determinado que aquella noche las mujeres solas en él se
recogiesen, don Fernando rogó al cautivo les contase el discurso de su vida, porque no
podría ser sino que fuese peregrino y gustoso, según las muestras que había comenzado a
dar, viniendo en compañía de Zoraida. A lo cual respondió el cautivo que de muy buena
gana haría lo que se le mandaba, y que solo temía que el cuento no había de ser tal que
les diese el gusto que él deseaba, pero que, con todo eso, por no faltar en obedecelle,
le contaría. El cura y todos los demás se lo agradecieron, y de nuevo se lo rogaron; y
él, viéndose rogar de tantos, dijo que no eran menester ruegos adonde el mandar tenía
tanta fuerza.
Y, así, estén vuestras mercedes atentos [28] y oirán un discurso verdadero a quien
podría ser que no llegasen los mentirosos que con curioso y pensado artificio suelen
componerse [29].
Con esto que dijo hizo que todos se acomodasen y le
prestasen un grande silencio; y él, viendo que ya callaban y esperaban lo que decir
quisiese, con voz agradable y reposada comenzó a decir desta manera:
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