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Donde
se prosigue la novela del «Curioso impertinente»
Así como suele decirse que parece mal el
ejército sin su general y el castillo sin su castellano, digo yo que parece muy peor la
mujer casada y moza sin su marido [1],
cuando justísimas ocasiones no lo impiden. Yo me hallo tan mal sin vos y tan
imposibilitada de no poder [*] sufrir esta ausencia,
que si presto no venís, me habré de ir a entretener en casa de mis padres [2], aunque deje sin guarda la vuestra
[*], porque
la que me dejastes [3], si es que
quedó con tal título, creo que mira más por su gusto que por lo que a vos os toca; y
pues sois discreto, no tengo más que deciros, ni aun es bien que más os diga.
Esta carta recibió Anselmo, y entendió por ella
que Lotario había ya comenzado la empresa y que Camila debía de haber respondido como
él deseaba; y, alegre sobremanera de tales nuevas, respondió a Camila, de palabra [4], que no hiciese mudamiento de su casa en
modo ninguno, porque él volvería con mucha brevedad. Admirada quedó Camila de la
respuesta de Anselmo, que la puso en más confusión que primero, porque ni se atrevía a
estar en su casa, ni menos irse a la de sus padres, porque en la quedada corría peligro
su honestidad, y en la ida, iba contra el mandamiento de su esposo. |
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En fin se resolvió en lo que le estuvo peor, que fue en el quedarse, con determinación
de no huir la presencia de Lotario, por no dar que decir a sus criados, y ya le pesaba de
haber escrito lo que escribió a su esposo, temerosa de que no pensase que Lotario había
visto en ella alguna desenvoltura que le hubiese movido a no guardalle el decoro que
debía. Pero, fiada en su bondad, se fió en Dios y en su buen pensamiento, con que
pensaba resistir callando a todo aquello que Lotario decirle quisiese, sin dar más cuenta
a su marido, por no ponerle en alguna pendencia y trabajo; y aun andaba buscando manera
como disculpar a Lotario con Anselmo, cuando le preguntase la ocasión que le había
movido a escribirle aquel papel. Con estos pensamientos, más honrados que acertados ni
provechosos, estuvo otro día escuchando a Lotario, el cual cargó la mano de manera que
comenzó a titubear la firmeza de Camila, y su honestidad tuvo harto que hacer en acudir a
los ojos, para que no diesen muestra de alguna amorosa compasión que las lágrimas y las
razones de Lotario en su pecho habían despertado. Todo esto notaba Lotario, y todo le
encendía.Finalmente, a él le pareció
que era menester, en el espacio y lugar que daba la ausencia de Anselmo, apretar el cerco
a aquella fortaleza, y, así, acometió a su presunción [*] con las alabanzas de su
hermosura, porque no hay cosa que más presto rinda y allane las encastilladas torres de
la vanidad de las hermosas que la mesma vanidad [5], puesta en las lenguas de la adulación.
En efecto, él, con toda diligencia, minó la roca de su entereza [6], con tales pertrechos, que aunque Camila
fuera toda de bronce viniera al suelo [7].
Lloró, rogó, ofreció, aduló, porfió y fingió Lotario con tantos sentimientos, con
muestras de tantas veras, que dio al través con el recato de Camila [8] y vino a triunfar de lo que menos se
pensaba y más deseaba.
Rindióse Camila, Camila se rindió... Pero
¿qué mucho, si la amistad de Lotario no quedó en pie? Ejemplo claro que nos muestra que
solo se vence la pasión amorosa con huilla [9]
y que nadie se ha de poner a brazos con tan poderoso enemigo [10], porque es [*] menester fuerzas divinas para
vencer las suyas humanas [11]. Solo supo
Leonela la flaqueza de su señora, porque no se la pudieron encubrir los dos malos amigos
y nuevos amantes. No quiso Lotario decir a Camila la pretensión de Anselmo, ni que él le
había dado lugar para llegar a aquel punto, porque no tuviese en menos su amor y pensase
que así, acaso y sin pensar, y no de propósito, la había solicitado. |
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Volvió de allí a pocos días Anselmo a su casa y no echó de ver lo que faltaba en ella,
que era lo que en menos tenía y más estimaba [12]. Fuese luego a ver a Lotario y hallóle
en su casa; abrazáronse los dos, y el uno preguntó por las nuevas de su vida o de su
muerte.Las nuevas que te podré dar,
¡oh amigo Anselmo! dijo Lotario, son de que tienes una mujer que dignamente
puede ser ejemplo y corona de todas las mujeres buenas. Las palabras que le he dicho se
las ha llevado el aire; los ofrecimientos se han tenido en poco, las dádivas no se han
admitido; de algunas lágrimas fingidas mías se ha hecho burla notable. En resolución,
así como Camila es cifra de toda belleza [13],
es archivo donde asiste la honestidad [14]
y vive el comedimiento y el recato y todas las virtudes que pueden hacer loable y bien
afortunada a una honrada mujer. Vuelve a tomar tus dineros, amigo, que aquí los tengo,
sin haber tenido necesidad de tocar a ellos, que la entereza de Camila no se rinde a cosas
tan bajas como son dádivas ni promesas. Conténtate, Anselmo, y no quieras hacer más
pruebas de las hechas; y pues a pie enjuto has pasado el mar de las dificultades y
sospechas que de las mujeres suelen y pueden tenerse, no quieras entrar de nuevo en el
profundo piélago de nuevos inconvenientes [15],
ni quieras hacer experiencia con otro piloto de la bondad y fortaleza del navío que el
cielo te dio en suerte para que en él pasases la mar deste mundo, sino haz cuenta que
estás ya en seguro puerto y aférrate con las áncoras de la buena consideración, y
déjate estar hasta que te vengan a pedir la deuda que no hay hidalguía humana que de
pagarla se escuse [16].
Contentísimo quedó Anselmo de las razones de
Lotario y así se las creyó como si fueran dichas por algún oráculo, pero, con todo
eso, le rogó que no dejase la empresa, aunque no fuese más de por curiosidad y
entretenimiento, aunque no se aprovechase de allí adelante de tan ahincadas diligencias
como hasta entonces [17], y que solo
quería que le escribiese algunos versos en su alabanza, debajo del nombre de Clori [18], porque él le daría a entender a
Camila que andaba enamorado de una dama a quien le había puesto aquel nombre, por poder
celebrarla con el decoro que a su honestidad se le debía; y que cuando Lotario no
quisiera tomar trabajo de escribir los versos, que él los haría. |
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No será menester eso dijo Lotario, pues no me son tan enemigas las
musas, que algunos ratos del año no me visiten. Dile tú a Camila lo que has dicho del
fingimiento de mis amores, que los versos yo los haré: si no tan buenos como el subjeto
merece, serán por lo menos los mejores que yo pudiere.Quedaron deste acuerdo el impertinente y el traidor amigo,
y, vuelto Lotario [*] a su
casa [19], preguntó a Camila lo que ella
ya se maravillaba que no se lo hubiese preguntado, que fue que le dijese la ocasión por
que le había escrito el papel que le envió. Camila le respondió que le había parecido
que Lotario la miraba un poco más desenvueltamente que cuando él estaba en casa, pero
que ya estaba desengañada y creía que había sido imaginación suya, porque ya Lotario
huía de vella y de estar con ella a solas. Díjole Anselmo que bien podía estar segura
de aquella sospecha [20], porque él
sabía que Lotario andaba enamorado de una doncella principal de la ciudad, a quien él
celebraba debajo del nombre de Clori, y que, aunque no lo estuviera, no había que temer
de la verdad [*] de Lotario y
de la mucha amistad de entrambos. Y a no estar avisada Camila de Lotario de que eran
fingidos aquellos amores de Clori, y que él se lo había dicho a Anselmo por poder
ocuparse algunos ratos en las mismas alabanzas de Camila, ella sin duda cayera en la
desesperada red de los celos; mas, por estar ya advertida, pasó aquel sobresalto sin
pesadumbre.
Otro día, estando los tres sobre mesa [21], rogó Anselmo a Lotario dijese alguna
cosa de las que había compuesto a su amada Clori, que, pues Camila no la conocía,
seguramente podía decir lo que quisiese.
Aunque la conociera respondió
Lotario, no encubriera yo nada, porque cuando algún amante loa a su dama de hermosa
y la nota de cruel, ningún oprobrio hace a su buen crédito; pero, sea lo que fuere, lo
que sé decir, que [*]
ayer hice un soneto a la ingratitud desta Clori, que dice ansí: |
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SONETO [22]
En el silencio de la noche, cuando
ocupa el dulce sueño a los mortales,
la pobre cuenta de mis ricos males
estoy al cielo y a mi Clori dando.
Y al tiempo cuando el sol se va mostrando
por las rosadas puertas orientales [23],
con suspiros [*] y acentos
desiguales [24]
voy la antigua querella renovando [25].
Y cuando el sol, de su estrellado asiento
derechos rayos a la tierra envía,
el llanto crece y doblo los gemidos.
Vuelve la noche, y vuelvo al triste cuento
y siempre hallo, en mi mortal porfía,
al cielo sordo, a Clori sin oídos.
Bien le pareció el soneto a Camila, pero mejor a
Anselmo, pues le alabó y dijo que era demasiadamente cruel la dama que a tan claras
verdades no correspondía. A lo que dijo Camila:
Luego ¿todo aquello que los poetas
enamorados dicen es verdad?
En cuanto poetas, no la dicen
respondió Lotario; mas en cuanto enamorados, siempre quedan tan cortos como
verdaderos [26].
No hay duda deso replicó Anselmo,
todo por apoyar y acreditar los pensamientos de Lotario con Camila, tan descuidada del
artificio de Anselmo como ya enamorada de Lotario. |
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Y así, con el gusto que de sus cosas tenía, y más
teniendo por entendido que sus deseos y escritos a ella se encaminaban y que ella era la
verdadera Clori, le rogó que si otro soneto o otros versos sabía, los dijese.Sí sé respondió Lotario, pero no creo
que es tan bueno como el primero, o, por mejor decir, menos malo. Y podréislo bien
juzgar, pues es este:
SONETO [*][27]
Yo sé que muero, y si no soy creído,
es más cierto el morir, como es más cierto
verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto,
antes que de adorarte arrepentido.
Podré yo verme en la región de olvido,
de vida y gloria y de favor desierto [28],
y allí verse podrá en mi pecho abierto [29]
como tu hermoso rostro está esculpido.
Que esta reliquia guardo para el duro
trance que me amenaza mi porfía,
que en tu mismo rigor se fortalece.
¡Ay de aquel que navega, el cielo escuro,
por mar no usado y peligrosa vía [30],
adonde norte o puerto no se ofrece!
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