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Que trata de las estrañas
cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la
imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros [1]
Despidióse del cabrero don Quijote
y, subiendo otra vez sobre Rocinante, mandó a Sancho que le siguiese, el cual lo hizo,
con su jumento [*],
de muy mala gana. Íbanse poco a poco entrando en lo más áspero de la montaña, y Sancho
iba muerto por razonar con su amo y deseaba que él comenzase la plática, por no
contravenir a lo que le tenía mandado; mas no pudiendo sufrir tanto silencio, le dijo [2]:
Señor don Quijote, vuestra
merced me eche su bendición y me dé licencia, que desde aquí me quiero volver a mi casa
y a mi mujer y a mis hijos, con los cuales por lo menos hablaré y departiré todo lo que
quisiere; porque querer vuestra merced que vaya con él por estas soledades de día y de
noche, y que no le hable cuando me diere gusto, es enterrarme en vida. Si ya quisiera la
suerte que los animales hablaran, como hablaban en tiempo de Guisopete [3], fuera menos mal, porque departiera yo
con mi jumento [*] lo que
me viniera en gana y con esto pasara [*] mi mala ventura; que es recia
cosa, y que no se puede llevar en paciencia, andar buscando aventuras toda la vida, y no
hallar sino coces y manteamientos, ladrillazos y puñadas, y, con todo esto, nos hemos de
coser la boca, sin osar decir lo que el hombre tiene en su corazón [4], como si fuera mudo. |
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Ya te entiendo, Sancho respondió don Quijote: tú mueres porque te alce
el entredicho que te tengo puesto en la lengua [5]. Dale por alzado y di lo que quisieres,
con condición que no ha de durar este alzamiento más de en cuanto anduviéremos por
estas sierras.Sea ansí
dijo Sancho, hable yo ahora, que después Dios sabe lo que será; y comenzando
a gozar de ese salvoconduto, digo que qué le iba a vuestra merced en volver tanto por
aquella reina Magimasa o como se llama. ¿O qué hacía al caso que aquel abad fuese su
amigo o no [6]? Que si vuestra merced
pasara con ello, pues no era su juez, bien creo yo que el loco pasara adelante con su
historia, y se hubieran ahorrado el golpe del guijarro y las coces y aun más de seis
torniscones [7].
A fe, Sancho respondió
don Quijote, que si tú supieras como yo lo sé cuán honrada y cuán principal
señora era la reina Madasima, yo sé que dijeras que tuve mucha paciencia, pues no
quebré la boca por donde tales blasfemias salieron; porque es muy gran blasfemia decir ni
pensar que una reina esté amancebada con un cirujano. La verdad del cuento es que aquel
maestro Elisabat que el loco dijo fue un hombre muy prudente y de muy sanos consejos y
sirvió de ayo y de médico a la reina; pero pensar que ella era su amiga es disparate
digno de muy gran castigo. Y porque veas que Cardenio no supo lo que dijo, has de advertir
que cuando lo dijo ya estaba sin juicio.
Eso digo yo dijo
Sancho, que no había para qué hacer cuenta de las palabras de un loco; porque si
la buena suerte no ayudara a vuestra merced y encaminara el guijarro a la cabeza como le
encaminó al pecho, buenos quedáramos por haber vuelto por aquella mi señora que Dios
cohonda [8]. Pues ¡montas [9], que no se librara Cardenio por loco!
Contra cuerdos y contra locos
[*] está obligado cualquier
caballero andante a volver por la honra de las mujeres, cualesquiera que sean, cuanto más
por las reinas de tan alta guisa y pro [10]
como fue la reina Madasima, a quien yo tengo particular afición por sus buenas partes;
porque, fuera de haber sido fermosa, además fue muy prudente y muy sufrida en sus
calamidades, que las tuvo muchas, y los consejos y compañía del maestro Elisabat le fue
y le fueron de mucho provecho y alivio para poder llevar sus trabajos con prudencia y
paciencia. Y de aquí tomó ocasión el vulgo ignorante y malintencionado [11] de decir y pensar que ella era su
manceba; y mienten, digo otra vez, y mentirán otras docientas todos los que [*] tal pensaren y dijeren. |
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Ni yo lo digo ni lo pienso respondió Sancho. Allá se lo hayan, con su
pan se lo coman: si fueron amancebados o no, a Dios habrán dado la cuenta. De mis viñas
vengo, no sé nada [12], no soy amigo de
saber vidas ajenas, que el que compra y miente, en su bolsa lo siente. Cuanto más, que
desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano [13]. Mas que lo fuesen, ¿qué me va a mí?
Y muchos piensan que hay tocinos, y no hay estacas [14]. Mas ¿quién puede poner puertas al
campo [15]? Cuanto más, que de Dios
dijeron [16].
¡Válame Dios dijo don
Quijote, y qué de necedades vas, Sancho, ensartando! ¿Qué va de lo que tratamos a
los refranes que enhilas? Por tu vida, Sancho, que calles, y de aquí adelante
entremétete en espolear a tu asno [*][17], y deja de hacello en lo que no te
importa. Y entiende con todos tus [*]
cinco sentidos que todo cuanto yo he hecho, hago e hiciere va muy puesto en razón y muy
conforme a las reglas de caballería, que las sé mejor que cuantos caballeros las
profesaron [*] en el
mundo.
Señor respondió
Sancho, y ¿es buena regla de caballería que andemos perdidos por estas montañas,
sin senda ni camino, buscando a un loco [*], el cual, después de
hallado, quizá le vendrá en voluntad de acabar lo que dejó comenzado, no de su cuento,
sino de la cabeza de vuestra merced y de mis costillas, acabándonoslas de romper de todo
punto?
Calla, te digo otra vez,
Sancho dijo don Quijote, porque te hago saber que no solo me trae por estas
partes el deseo de hallar al loco, cuanto el que tengo de hacer en ellas una hazaña con
que he de ganar perpetuo nombre y fama en todo lo descubierto de la tierra; y será tal,
que he de echar con ella el sello a todo aquello que puede hacer perfecto y famoso a un
andante caballero [18].
¿Y es de muy gran peligro esa
hazaña? preguntó Sancho Panza.
No respondió el de la
Triste Figura, puesto que de tal manera podía correr [*] el dado, que echásemos azar
en lugar de encuentro [19]; pero todo ha
de estar en tu diligencia. |
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¿En mi diligencia? dijo Sancho.
Sí dijo don
Quijote, porque si vuelves presto de adonde pienso enviarte, presto se acabará mi
pena y presto comenzará mi gloria [20].
Y porque no es bien que te tenga más suspenso, esperando en lo que han de parar mis
razones, quiero, Sancho, que sepas que el famoso Amadís de Gaula fue uno de los más
perfectos caballeros andantes. No he dicho bien fue uno: fue el solo, el primero,
el único, el señor de todos cuantos hubo en su tiempo en el mundo [21]. Mal año y mal mes para don Belianís y
para todos aquellos que dijeren que se le igualó en algo, porque se engañan, juro
cierto. Digo asimismo que cuando algún pintor quiere salir famoso en su arte procura
imitar los originales de los más únicos pintores que sabe [22], y esta mesma regla corre por todos los
más oficios o ejercicios de cuenta que sirven para adorno de las repúblicas [23], y así lo ha de hacer y hace el que
quiere [*] alcanzar nombre de
prudente y sufrido, imitando a Ulises, en cuya persona y trabajos nos pinta Homero un
retrato vivo de prudencia y de sufrimiento, como también nos mostró Virgilio en persona
de Eneas el valor de un hijo piadoso y la sagacidad de un valiente y entendido capitán [24], no pintándolo ni descubriéndolo [*] como
ellos fueron [25], sino como habían de
ser [26], para quedar [*] ejemplo a los venideros
hombres de sus virtudes [27]. Desta mesma
suerte, Amadís fue el norte, el lucero, el sol de los valientes y enamorados caballeros,
a quien debemos de imitar todos aquellos que debajo de la bandera de amor y de la
caballería militamos. Siendo, pues, esto ansí, como lo es, hallo yo, Sancho amigo, que
el caballero andante que más le imitare estará más cerca de alcanzar la perfeción de
la caballería. Y una de las cosas en que más este caballero mostró su prudencia, valor,
valentía, sufrimiento, firmeza y amor, fue cuando se retiró, desdeñado de la señora
Oriana, a hacer penitencia en la Peña Pobre, mudado [*] su nombre en el de Beltenebros,
nombre por cierto significativo y proprio para la vida que él de su voluntad había
escogido [28]. Ansí que me es a mí más
fácil imitarle en esto que no en hender gigantes, descabezar serpientes, matar endriagos
[29], desbaratar ejércitos, fracasar
armadas [30] y deshacer encantamentos. Y
pues estos lugares son tan acomodados para semejantes efectos, no hay para qué se deje
pasar la ocasión, que ahora con tanta comodidad me ofrece sus guedejas [31].
En efecto dijo
Sancho, ¿qué es lo que vuestra merced quiere hacer en este tan remoto lugar? |
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¿Ya no te he dicho respondió don Quijote que quiero imitar a Amadís,
haciendo aquí del desesperado, del sandio y del furioso [32], por imitar juntamente al valiente don
Roldán, cuando halló en una fuente las señales de que Angélica la Bella había
cometido vileza con Medoro [33], de cuya
pesadumbre se volvió loco, y arrancó los árboles, enturbió las aguas de las claras
fuentes, mató pastores, destruyó ganados, abrasó chozas, derribó casas, arrastró
yeguas y hizo otras cien mil insolencias dignas de eterno nombre y escritura [34]? Y, puesto que yo no pienso imitar a
Roldán, o Orlando, o Rotolando [*] (que todos estos tres
nombres tenía) [35], parte por parte, en
todas las locuras que hizo, dijo y pensó, haré el bosquejo como mejor pudiere en las que
me pareciere ser más esenciales [36]. Y
podrá ser que viniese a contentarme con sola la imitación de Amadís, que sin hacer
locuras de daño, sino de lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más.
Paréceme a mí dijo
Sancho que los caballeros que lo tal ficieron fueron provocados y tuvieron causa
para hacer esas necedades y penitencias; pero vuestra merced ¿qué causa tiene para
volverse loco? ¿Qué dama le ha desdeñado, o qué señales ha hallado que le den a
entender que la señora Dulcinea del Toboso ha hecho alguna niñería con moro o cristiano
[37]?
Ahí está el punto
respondió don Quijote y esa es la fineza de mi negocio [38], que volverse loco un caballero andante
con causa, ni grado ni gracias [39]: el
toque está en desatinar [*] sin ocasión y
dar a entender a mi dama que si en seco hago esto ¿qué hiciera en mojado [40]? Cuanto más, que harta ocasión tengo
en la larga ausencia que he hecho de la siempre señora mía Dulcinea del Toboso, que,
como ya oíste decir a aquel pastor de marras [*], Ambrosio [41], quien está ausente todos los males
tiene y teme [42]. Así que, Sancho
amigo, no gastes tiempo en aconsejarme que deje tan rara, tan felice y tan no vista
imitación. Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas con la respuesta de una
carta que contigo pienso enviar a mi señora Dulcinea; y si fuere tal cual a mi fe se le
debe, acabarse ha [*] mi
sandez y mi penitencia [43]; y si fuere
al contrario, seré loco de veras y, siéndolo, no sentiré nada. Ansí que de cualquiera
manera que responda, saldré del conflito y trabajo en que me dejares, gozando el bien que
me trujeres, por cuerdo, o no sintiendo el mal que me aportares, por loco. Pero dime,
Sancho, ¿traes bien guardado el yelmo de Mambrino, que ya vi que le alzaste del suelo
cuando aquel desagradecido le quiso hacer pedazos pero no pudo [44], donde se puede echar de ver la fineza
de su temple [45]? |
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A lo cual respondió Sancho:
Vive Dios, señor Caballero de
la Triste Figura, que no puedo sufrir ni llevar en paciencia algunas cosas que vuestra
merced dice, y que por ellas vengo a imaginar que todo cuanto me dice de caballerías y de
alcanzar reinos e imperios, de dar ínsulas y de hacer otras mercedes y grandezas, como es
uso de caballeros andantes, que todo debe de ser cosa de viento y mentira, y todo
pastraña, o patraña, o como lo llamáremos [46].
Porque quien oyere decir a vuestra merced que una bacía de barbero es el yelmo de
Mambrino, y que no salga de este error en más de cuatro días [47], ¿qué ha de pensar sino que quien tal
dice y afirma debe de tener güero el juicio [48]?
La bacía yo la llevo en el costal, toda abollada, y llévola para aderezarla en mi casa [49] y hacerme la barba en ella, si Dios me
diere tanta gracia que algún día me vea con mi mujer y hijos.
Mira, Sancho, por el mismo que
denantes juraste te juro [50] dijo
don Quijote que tienes el más corto entendimiento que tiene ni tuvo escudero en el
mundo. ¿Que es posible que en cuanto ha que andas conmigo no has echado de ver que todas
las cosas de los caballeros andantes parecen quimeras, necedades y desatinos, y que son
todas hechas al revés? Y no porque sea ello ansí, sino porque andan entre nosotros
siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las
vuelven [*] según su
gusto y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos; y, así, eso que a ti te
parece bacía de barbero me parece a mí el yelmo de Mambrino y a otro le parecerá otra
cosa [51]. Y fue rara providencia del
sabio que es de mi parte hacer que parezca bacía a todos lo que real y verdaderamente es
yelmo de Mambrino, a causa que, siendo él de tanta estima, todo el mundo me perseguiría
[*] por quitármele,
pero como ven que no es más de un bacín de barbero, no se curan de procuralle [52], como se mostró bien en el que quiso
rompelle y le dejó en el suelo sin llevarle, que a fe que si le conociera, que nunca él
le dejara. Guárdale, amigo, que por ahora no le he menester, que antes me tengo de quitar
todas estas armas y quedar desnudo como cuando nací, si es que me da en voluntad de
seguir en mi penitencia más a Roldán que a Amadís [*] [53].
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