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De lo que le aconteció al famoso
don Quijote en Sierra Morena [1],
que fue una de las más raras aventuras que en esta
verdadera historia se cuenta [*]
Viéndose tan malparado don Quijote,
dijo a su escudero:
Siempre, Sancho, lo he oído
decir, que el hacer bien a villanos es echar agua en la mar [2]. Si yo hubiera creído lo que me dijiste,
yo hubiera escusado esta pesadumbre; pero ya está hecho: paciencia, y escarmentar para
desde aquí adelante [3].
Así escarmentará vuestra
merced respondió Sancho como yo soy turco; pero, pues dice que si me hubiera
creído se hubiera escusado este daño, créame ahora y escusará otro mayor, porque le
hago saber que con la Santa Hermandad no hay usar de caballerías [4], que no se le da a ella por cuantos
caballeros andantes hay dos maravedís, y sepa que ya me parece que sus saetas me zumban
por los oídos [5]. |
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Naturalmente eres cobarde [6],
Sancho dijo don Quijote, pero, porque no digas que soy contumaz y que jamás
hago lo que me aconsejas, por esta vez quiero tomar tu consejo [7] y apartarme de la furia que tanto temes,
mas ha de ser con una condición: que jamás en vida ni en muerte has de decir a nadie que
yo me retiré y aparté deste peligro de miedo sino por complacer a tus ruegos; que si
otra cosa dijeres mentirás en ello, y desde ahora para entonces y desde entonces para
ahora [8] te desmiento y digo que mientes
y mentirás todas las veces que lo pensares o lo dijeres [9]. Y no me repliques más, que en solo
pensar que me aparto y retiro de algún peligro, especialmente deste que parece que lleva
algún es no es de sombra de miedo [10],
estoy ya para quedarme y para aguardar aquí, solo, no solamente a la Santa Hermandad que
dices y temes, sino a los hermanos de los doce tribus de Israel y a los siete Macabeos [*] y a Cástor y a Pólux [11], y aun a todos los hermanos y
hermandades que hay en el mundo.Señor respondió Sancho, que el retirar [*] no es huir [12], ni el esperar es cordura, cuando el
peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hoy para mañana y no
aventurarse todo en un día. Y sepa que, aunque zafio y villano, todavía se me alcanza
algo desto que llaman buen gobierno [13];
así que no se arrepienta de haber tomado mi consejo, sino suba en Rocinante, si puede, o
si no yo le ayudaré, y sígame; que el caletre me dice [14] que hemos menester ahora más los pies
que las manos [15].
Subió don Quijote sin replicarle
más palabra, y guiando Sancho sobre su asno, se entraron por una parte de Sierra Morena
que allí junto estaba, llevando Sancho intención de atravesarla toda e ir a salir al
Viso o a Almodóvar [*]
del Campo [16] y esconderse algunos días
por aquellas asperezas, por no ser hallados si la Hermandad los buscase. Animóle a esto
haber visto que de la refriega de los galeotes se había escapado libre la despensa que
sobre su asno venía [17], cosa que la
juzgó a milagro, según fue lo que llevaron y buscaron los galeotes. |
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Así como don Quijote [18] entró [*]
por aquellas montañas, se le alegró el corazón, pareciéndole aquellos lugares
acomodados para las aventuras que buscaba. Reducíansele a la memoria [19] los maravillosos acaecimientos que en
semejantes soledades y asperezas habían sucedido a caballeros andantes [20]. Iba pensando en estas cosas, tan
embebecido y trasportado en ellas, que de ninguna otra se acordaba. Ni Sancho llevaba otro
cuidado, después que le pareció que caminaba por parte segura, sino de satisfacer su
estómago con los relieves que del despojo clerical habían quedado [21], y, así, iba tras su amo, sentado a la
mujeriega sobre su jumento [22], sacando
de un costal [*]
y embaulando en su panza; y no se le diera por hallar otra aventura [*], entre tanto que iba de
aquella manera, un ardite [23].
En esto, alzó los ojos y vio [*] que su amo
estaba parado, procurando con la punta del lanzón alzar no sé qué bulto que estaba
caído en el suelo, por lo cual se dio priesa a llegar a ayudarle [*]
si fuese menester, y cuando llegó fue a tiempo que alzaba con la punta del lanzón un
cojín y una maleta asida a él [24],
medio podridos, o podridos del todo, y deshechos; mas pesaba tanto, que fue necesario que
Sancho se apease a tomarlos [*], y
mandóle su amo que viese lo que en la maleta venía.
Hízolo con mucha presteza Sancho,
y, aunque la maleta venía cerrada con una cadena y su candado, por lo roto y podrido
della vio lo que en ella había, que eran cuatro camisas de delgada holanda [25] y otras cosas de lienzo no menos
curiosas que limpias [26], y en un
pañizuelo halló un buen montoncillo de escudos de oro [27]; y así como los vio dijo: |
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¡Bendito sea todo el cielo, que nos ha
deparado una aventura que sea de provecho!
Y, buscando más, halló un librillo
de memoria ricamente guarnecido [28].
Este le pidió don Quijote, y mandóle que guardase el dinero y lo tomase para él.
Besóle las manos Sancho por la merced y, desvalijando a la valija de su lencería [29], la puso en el costal de la despensa.
Todo lo cual visto por don Quijote, dijo:
Paréceme, Sancho, y no es
posible que sea otra cosa, que algún caminante descaminado debió de pasar por esta
sierra, y, salteándole malandrines, le debieron de matar y le trujeron a enterrar en esta
tan escondida parte.
No puede ser eso
respondió Sancho, porque si fueran ladrones no se dejaran aquí este dinero.
Verdad dices dijo don
Quijote, y, así, no adivino ni doy en lo que esto pueda ser; mas espérate, veremos
si en este librillo de memoria hay alguna cosa escrita por donde podamos rastrear y venir
en conocimiento de lo que deseamos.
Abrióle, y lo primero que halló en
él, escrito como en borrador, aunque de muy buena letra, fue un soneto, que, leyéndole
alto, porque Sancho también lo oyese, vio que decía desta manera: |
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O le falta al Amor conocimiento
o le sobra crueldad, o no es mi pena
igual a la ocasión que me condena
al género más duro de tormento.
Pero, si Amor es dios, es argumento
que nada ignora, y es razón muy buena
que un dios no sea cruel. Pues ¿quién ordena
el terrible dolor que adoro y siento?
Si digo que sois vos, Fili [*], no acierto,
que tanto mal en tanto bien no cabe
ni me viene del cielo esta ruina.
Presto habré de morir, que es lo más cierto:
que al mal de quien la causa no se sabe
milagro es acertar la medicina.
Por esta trova [30] dijo Sancho no se puede
saber nada, si ya no es que por ese hilo que está ahí se saque el ovillo de todo [31].
¿Qué hilo está aquí?
dijo don Quijote.
Paréceme dijo
Sancho que vuestra merced nombró ahí hilo.
No dije sino Fili
respondió don Quijote, y este sin duda es el nombre de la dama de quien se
queja el autor deste soneto; y a fe que debe de ser razonable poeta, o yo sé poco del
arte.
Luego ¿también dijo
Sancho se le entiende a vuestra merced de trovas? |
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Y más de lo que tú piensas respondió
don Quijote, y veráslo cuando lleves una carta, escrita en verso de arriba abajo, a
mi señora Dulcinea del Toboso. Porque quiero que sepas, Sancho, que todos o los más
caballeros andantes de la edad pasada eran grandes trovadores y grandes músicos [32], que estas dos habilidades, o gracias,
por mejor decir, son anexas a los enamorados andantes. Verdad es que las coplas de los
pasados caballeros tienen más de espíritu que de primor.
Lea más vuestra merced
dijo Sancho, que ya hallará algo que nos satisfaga.
Volvió la hoja don Quijote y dijo:
Esto es prosa y parece carta.
¿Carta misiva [33], señor? preguntó Sancho.
En el principio no parece sino
de amores respondió don Quijote.
Pues lea vuestra merced alto
dijo Sancho, que gusto mucho destas cosas de amores.
Que me place dijo don
Quijote.
Y leyéndola alto, como Sancho se lo
había rogado, vio que decía desta manera: |
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Tu falsa promesa y mi cierta desventura me llevan a parte donde antes volverán a tus
oídos las nuevas de mi muerte que las razones de mis quejas. Desechásteme, ¡oh
ingrata!, por quien tiene más, no por quien vale más que yo; mas si la virtud fuera
riqueza que se estimara, no envidiara yo dichas ajenas ni llorara desdichas propias. Lo
que levantó tu hermosura han derribado tus obras: por ella entendí que eras ángel y por
ellas conozco que eres mujer. Quédate en paz, causadora de mi guerra, y haga el cielo que
los engaños de tu esposo estén siempre encubiertos, porque tú no quedes arrepentida de
lo que heciste [*] y
yo no tome venganza de lo que no deseo.Acabando de leer la carta, dijo don Quijote:
Menos por esta que por los
versos se puede sacar más de que quien la escribió es algún desdeñado amante [34].
Y hojeando casi todo el librillo,
halló otros versos y cartas, que algunos pudo leer y otros no; pero lo que todos
contenían eran quejas, lamentos, desconfianzas, sabores y sinsabores [35], favores y desdenes, solenizados los
unos [36] y llorados los otros.
En tanto que don Quijote pasaba el
libro, pasaba Sancho la maleta [37], sin
dejar rincón en toda ella ni en el cojín que no buscase, escudriñase e inquiriese, ni
costura que no deshiciese, ni vedija de lana que no escarmenase [38], porque no se quedase nada por
diligencia ni mal recado [39]: tal
golosina habían despertado en él los hallados escudos [40], que pasaban de ciento. Y aunque no
halló más de lo hallado, dio por bien empleados los vuelos de la manta, el vomitar del
brebaje, las bendiciones de las estacas, las puñadas del arriero, la falta de las
alforjas, el robo del gabán, y toda la hambre, sed y cansancio que había pasado en
servicio de su buen señor, pareciéndole que estaba más que rebién pagado con la merced
recebida de la entrega del hallazgo. |
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Con gran deseo quedó el Caballero de la Triste Figura de saber quién fuese el dueño de
la maleta, conjeturando por el soneto y carta, por el dinero en oro y por las tan buenas
camisas, que debía de ser algún [*] principal enamorado [41], a quien desdenes y malos tratamientos
de su dama debían de haber conducido a algún desesperado término [42]. Pero como por aquel lugar inhabitable y
escabroso no parecía persona alguna de quien poder informarse [43], no se curó de más que de pasar
adelante, sin llevar otro camino que aquel que Rocinante quería que era por donde
él podía caminar, siempre con imaginación que no podía faltar por aquellas
malezas alguna estraña aventura.Yendo, pues, con este pensamiento, vio que por cima de una montañuela que
delante de los ojos se le ofrecía iba saltando un hombre de risco en risco y de mata en
mata con estraña ligereza. Figurósele que iba desnudo, la barba negra y espesa, los
cabellos muchos y rabultados [*][44], los pies descalzos y las piernas sin
cosa alguna; los muslos cubrían unos calzones, al parecer de terciopelo leonado, mas tan
hechos pedazos, que por muchas partes se le descubrían las carnes. Traía la cabeza
descubierta, y aunque pasó con la ligereza que se ha dicho, todas estas menudencias miró
y notó el Caballero de la Triste Figura, y aunque lo procuró, no pudo seguille, porque
no era dado a la debilidad de Rocinante andar por aquellas asperezas, y más siendo él de
suyo pasicorto [*] y
flemático [45]. Luego imaginó don
Quijote que aquel era el dueño del cojín y de la maleta, y propuso en sí de buscalle,
aunque supiese andar un año por aquellas montañas [46], hasta hallarle, y, así, mandó a
Sancho que se apease del asno [*] y atajase por la
una parte de la montaña [47], que él
iría por la otra, y podría ser que topasen con esta diligencia con aquel hombre que con
tanta priesa se les había quitado de delante. |
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No podré hacer eso respondió
Sancho, porque en apartándome de vuestra merced, luego es conmigo el miedo, que me
asalta con mil géneros de sobresaltos y visiones. Y sírvale esto que digo de aviso, para
que de aquí adelante no me aparte un dedo de su presencia.Así será dijo el de la Triste Figura,
y yo estoy muy contento de que te quieras valer de mi ánimo, el cual no te ha de faltar,
aunque te falte el ánima del cuerpo. Y vente ahora tras mí poco a poco, o como pudieres,
y haz de los ojos lanternas [48];
rodearemos esta serrezuela: quizá toparemos con aquel hombre que vimos, el cual sin duda
alguna no es otro que el dueño de nuestro hallazgo.
A lo que Sancho respondió:
Harto mejor sería no
buscalle, porque si le hallamos y acaso fuese el dueño del dinero, claro está que lo
tengo de restituir; y, así, fuera mejor, sin hacer esta inútil diligencia, poseerlo yo
con buena fe, hasta que por otra vía menos curiosa y diligente pareciera su verdadero
señor, y quizá fuera a tiempo que lo hubiera gastado, y entonces el rey me hacía franco
[49].
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