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De la libertad que dio don
Quijote a muchos desdichados que mal de su grado los llevaban donde no quisieran ir
Cuenta Cide Hamete Benengeli, autor
arábigo y manchego [1], en esta
gravísima, altisonante, mínima, dulce e imaginada historia [2], que después que entre el famoso don
Quijote de la Mancha y Sancho Panza, su escudero, pasaron aquellas razones que en el fin
del capítulo veinte y uno quedan referidas, que don Quijote alzó los ojos y vio que por
el camino que llevaba venían hasta doce hombres a pie, ensartados como cuentas en una
gran cadena de hierro por los cuellos, y todos con esposas a las manos [3]; venían ansimismo con ellos dos hombres
de a caballo y dos de a pie: los de a caballo, con escopetas de rueda [4], y los de a pie, con dardos y espadas [5]; y que así como Sancho Panza los vido [6], dijo:
Esta es cadena de galeotes [7], gente forzada del rey [8], que va a las galeras.
¿Cómo gente forzada?
preguntó don Quijote. ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?
No digo eso respondió
Sancho, sino que es gente que por sus delitos va condenada a servir al rey en las
galeras de por fuerza.
En resolución replicó
don Quijote, como quiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan, van de por
fuerza, y no de su voluntad [9]. |
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Así es dijo Sancho.
Pues, desa manera dijo
su amo, aquí encaja la ejecución de mi oficio: desfacer fuerzas y socorrer y
acudir a los miserables [10].
Advierta vuestra merced
dijo Sancho que la justicia, que es el mesmo rey [11], no hace fuerza ni agravio a semejante
gente, sino que los castiga en pena de sus delitos.
Llegó en esto la cadena de los
galeotes y don Quijote con muy corteses razones pidió a los que iban en su guarda fuesen
servidos de informalle y decille la causa o causas porque llevaban [*] aquella gente de aquella
manera.
Una de las guardas de a caballo
respondió que eran galeotes [12], gente
de Su Majestad, que iba a galeras, y que no había más que decir, ni él tenía más que
saber.
Con todo eso replicó
don Quijote, querría saber de cada uno dellos en particular la causa de su
desgracia.
Añadió a estas otras tales y tan
comedidas razones para moverlos a que le dijesen lo que deseaba, que la otra guarda de a
caballo le dijo:
Aunque llevamos aquí el
registro y la fe de las sentencias de cada uno destos malaventurados [13], no es tiempo este de detenerles [*] a sacarlas ni a leellas:
vuestra merced llegue y se lo pregunte a ellos mesmos, que ellos lo dirán si quisieren,
que sí querrán, porque es gente que recibe gusto de hacer y decir bellaquerías. |
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Con esta licencia, que don Quijote se tomara aunque no se la dieran, se llegó a la cadena
y al primero le preguntó que por qué pecados iba de tan mala guisa [14]. Él le [*] respondió que por enamorado iba
de aquella manera [*][15].
¿Por eso no más?
replicó don Quijote. Pues si por enamorados echan a galeras, días ha que
pudiera yo estar bogando en ellas [16].
No son los amores como los que
vuestra merced piensa dijo el galeote, que los míos fueron que quise tanto a
una canasta de colar atestada de ropa blanca [17],
que la abracé conmigo tan fuertemente, que a no quitármela la justicia por fuerza, aún
hasta agora no la hubiera dejado de mi voluntad. Fue en fragante [18], no hubo lugar de tormento [19], concluyóse la causa, acomodáronme las
espaldas con ciento, y por añadidura tres precisos [*] de gurapas, y acabóse la
obra [20].
¿Qué son gurapas?
preguntó don Quijote.
Gurapas son galeras
respondió el galeote.
El cual era un mozo de hasta edad de
veinte y cuatro años, y dijo que era natural de Piedrahíta. Lo mesmo preguntó don
Quijote al segundo, el cual no respondió palabra, según iba de triste y malencónico [*], mas respondió por él
el primero y dijo:
Este, señor, va por canario,
digo [*], por músico y cantor
[21]. |
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Pues ¿cómo? replicó [*] don Quijote. ¿Por
músicos y cantores van también a galeras?
Sí, señor respondió
el galeote, que no hay peor cosa que cantar en el ansia [22].
Antes he yo oído decir
dijo don Quijote que quien canta sus males espanta [23].
Acá es al revés dijo
el galeote, que quien canta una vez llora toda la vida.
No lo entiendo dijo don
Quijote.
Mas una de las guardas le dijo:
Señor caballero, cantar en el
ansia se dice entre esta gente non santa confesar en el tormento [24]. A este pecador le dieron tormento y
confesó su delito, que era ser cuatrero, que es ser ladrón de bestias, y por haber
confesado le condenaron por seis años a galeras, amén de docientos azotes que ya lleva
en las espaldas; y va siempre pensativo y triste porque los demás ladrones que allá
quedan y aquí van le maltratan y aniquilan [25]
y escarnecen y tienen en poco, porque confesó y no tuvo ánimo de decir nones [26]. Porque dicen ellos que tantas letras
tiene un no como un sí [27]
y que harta ventura tiene un delincuente que está en su lengua su vida o su muerte [28], y no en la de los testigos y probanzas;
y para mí tengo que no van muy fuera de camino.
Y yo lo entiendo así
respondió don Quijote.
El cual, pasando al tercero,
preguntó lo que a los otros; el cual de presto y con mucho desenfado respondió y dijo: |
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Yo voy por cinco años a las señoras [*] gurapas por faltarme diez
ducados [29].
Yo daré veinte de muy buena
gana dijo don Quijote por libraros desa pesadumbre.
Eso me parece respondió
el galeote como quien tiene dineros en mitad del golfo [30] y se está muriendo de hambre, sin tener
adonde comprar lo que ha menester. Dígolo porque si a su tiempo tuviera yo esos veinte
ducados que vuestra merced ahora me ofrece, hubiera untado con ellos la péndola del
escribano [31] y avivado el ingenio del
procurador, de manera que hoy me viera en mitad de la plaza de Zocodover de Toledo [32], y no en este camino, atraillado como
galgo [33]; pero Dios es grande:
paciencia, y basta.
Pasó don Quijote al cuarto, que era
un hombre de venerable rostro, con una barba blanca que le pasaba del pecho; el cual,
oyéndose preguntar la causa por que allí venía, comenzó a llorar y no respondió
palabra; mas el quinto condenado le sirvió de lengua [34] y dijo:
Este hombre honrado va por
cuatro años a galeras, habiendo paseado las acostumbradas, vestido, en pompa y a caballo
[35].
Eso es dijo Sancho
Panza, a lo que a mí me parece, haber salido a la vergüenza.
Así es replicó el
galeote, y la culpa por que le dieron esta pena es por haber sido corredor de oreja
[36], y aun de todo el cuerpo. En efecto,
quiero decir que este caballero va por alcahuete y por tener asimesmo sus puntas y collar
de hechicero [37]. |
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A no haberle añadido esas puntas y collar dijo don Quijote, por
solamente el alcahuete limpio no merecía él ir a bogar en las galeras [38], sino a mandallas y a ser general
dellas. Porque no es así como quiera el oficio de alcahuete, que es oficio de discretos y
necesarísimo en la república bien ordenada, y que no le debía ejercer sino gente muy
bien nacida; y aun había de haber veedor y examinador de los tales [39], como le hay de los demás oficios, con
número deputado y conocido, como corredores de lonja [40], y desta manera se escusarían muchos
males que se causan por andar este oficio y ejercicio entre gente idiota y de poco
entendimiento [41], como son mujercillas
de poco más a menos, pajecillos y truhanes de pocos años y de poca [*] experiencia, que, a la más
necesaria ocasión y cuando es menester dar una traza que importe, se les yelan las migas
entre la boca y la mano [42], y no saben
cuál es su mano derecha. Quisiera pasar adelante y dar las razones por que convenía
hacer elección de los que en la república habían de tener tan necesario oficio, pero no
es el lugar acomodado para ello: algún día lo diré a quien lo pueda proveer y remediar
[43]. Solo digo ahora que la pena que me
ha causado ver estas blancas canas y este rostro venerable en tanta fatiga por alcahuete,
me la ha [*] quitado el
adjunto de ser hechicero. Aunque bien sé que no hay hechizos en el mundo que puedan mover
y forzar la voluntad, como algunos simples piensan, que es libre nuestro albedrío y no
hay yerba ni encanto que le fuerce [44]:
lo que suelen hacer algunas mujercillas simples y algunos embusteros bellacos [45] es algunas misturas y venenos, con que
vuelven locos a los hombres, dando a entender que tienen fuerza para hacer querer bien,
siendo, como digo, cosa imposible forzar la voluntad [46].
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Así es dijo el buen viejo, y en
verdad, señor, que en lo de hechicero que no tuve culpa; en lo de alcahuete, no lo pude
negar, pero nunca pensé que hacía mal en ello, que toda mi intención era que todo el
mundo se holgase y viviese en paz y quietud, sin pendencias ni penas; pero no me
aprovechó nada este buen deseo para dejar de ir adonde no espero volver, según me cargan
los años y un mal de orina que llevo, que no me deja reposar un rato.Y aquí tornó a su llanto como de
primero [47]; y túvole Sancho tanta
compasión, que sacó un real de a cuatro del seno y se le dio de limosna.
Pasó adelante don Quijote y
preguntó a otro su delito, el cual respondió con no menos, sino con mucha más
gallardía que el pasado:
Yo voy aquí porque me burlé
demasiadamente con dos primas hermanas mías y con otras dos hermanas que no lo eran mías
[48]; finalmente, tanto me burlé con
todas, que resultó de la burla crecer la parentela tan intricadamente, que no hay diablo
[*] que la declare.
Probóseme todo, faltó favor, no tuve dineros, víame [*] a pique de perder los
tragaderos [49], sentenciáronme a
galeras por seis años, consentí: castigo es de mi culpa; mozo soy: dure la vida, que con
ella todo se alcanza. Si vuestra merced, señor caballero, lleva alguna cosa con que
socorrer a estos pobretes, Dios se lo pagará en el cielo y nosotros tendremos en la
tierra [*] cuidado de rogar a
Dios en nuestras oraciones por la vida y salud de vuestra merced, que sea tan larga y tan
buena como su buena presencia merece.
Este iba en hábito de estudiante [50], y dijo una de las guardas que era muy
grande hablador y muy gentil latino [51].
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