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Que trata de la alta aventura y
rica ganancia del yelmo de Mambrino [1],
con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero
En esto comenzó a llover un poco, y
quisiera Sancho que se entraran en el molino de los batanes, mas habíales cobrado tal
aborrecimiento don Quijote por la pesada [*] burla, que en ninguna manera
quiso entrar dentro; y, así, torciendo el camino a la derecha mano, dieron en otro como
el que habían llevado el día de antes.
De allí a poco, descubrió don
Quijote un hombre a caballo que traía en la cabeza una cosa que relumbraba como si fuera
de oro, y aun él [*] apenas
le hubo visto, cuando se volvió a Sancho y le dijo:
Paréceme, Sancho, que no hay
refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia
[2], madre de las ciencias todas,
especialmente aquel que dice: «Donde una puerta se cierra, otra se abre». Dígolo porque
si anoche nos cerró la ventura la puerta de la que buscábamos, engañándonos con los
batanes, ahora nos abre de par en par otra, para otra mejor y más cierta aventura, que si
yo no acertare a entrar por ella, mía será la culpa, sin que la pueda dar a la poca
noticia de batanes ni a la escuridad de la noche. Digo esto porque, si no me engaño,
hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo
hice el juramento que sabes [3]. |
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Mire vuestra merced bien lo que dice y mejor lo que hace dijo Sancho,
que no querría que fuesen otros batanes que nos acabasen de abatanar [*] y aporrear el sentido.¡Válate el diablo por hombre [4]! replicó don Quijote. ¿Qué
va de yelmo a batanes [5]?
No sé nada respondió
Sancho, mas a fe que si yo pudiera hablar tanto como solía, que quizá diera tales
razones, que vuestra merced viera que se engañaba en lo que dice.
¿Cómo me puedo engañar en
lo que digo, traidor escrupuloso? dijo don Quijote. Dime, ¿no ves aquel
caballero que hacia nosotros viene, sobre un caballo rucio rodado [6], que trae puesto en la cabeza un yelmo de
oro?
Lo que yo [*] veo y columbro respondió
Sancho no es sino un hombre sobre un asno pardo, como el mío, que trae sobre la
cabeza una cosa que relumbra.
Pues ese es el yelmo de
Mambrino dijo don Quijote. Apártate a una parte y déjame con él a solas:
verás cuán sin hablar palabra, por ahorrar del tiempo, concluyo esta aventura y queda [*] por mío el yelmo que tanto he
deseado.
Yo me tengo en cuidado el
apartarme replicó Sancho, mas quiera Dios, torno a decir, que orégano sea y
no batanes [7]. |
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Ya os he dicho, hermano, que no me mentéis ni por pienso más eso de los batanes
dijo don Quijote, que voto, y no digo más, que os batanee el alma [8].
Calló Sancho, con temor que su amo
no cumpliese el voto que le había echado, redondo como una bola.
Es, pues, el caso que el yelmo y el
caballo y caballero que don Quijote veía era esto: que en aquel contorno había dos
lugares, el uno tan pequeño, que ni tenía botica ni barbero, y el otro, que estaba junto
a él [9], sí; y, así [*], el barbero del mayor
servía al menor, en el cual tuvo necesidad un enfermo de sangrarse, y otro de hacerse la
barba, para lo cual venía el barbero y traía una bacía de azófar [10]; y quiso la suerte que al tiempo que
venía comenzó a llover, y porque no se le manchase el sombrero, que debía de ser nuevo,
se puso la bacía sobre la cabeza, y, como estaba limpia, desde media legua relumbraba.
Venía sobre un asno pardo, como Sancho dijo, y esta fue la ocasión que a don Quijote le
pareció caballo rucio rodado y caballero y yelmo [*] de oro, que todas las cosas
que veía con mucha facilidad las acomodaba a sus desvariadas caballerías y malandantes
pensamientos. Y cuando él vio que el pobre caballero llegaba cerca, sin ponerse con él
en razones [11], a todo correr de
Rocinante le enristró con el lanzón bajo, llevando intención de pasarle [*] de parte a parte; mas cuando
a él llegaba, sin detener la furia de su carrera le dijo:
¡Defiéndete, cautiva
criatura [12], o entriégame de tu
voluntad lo que con tanta razón se me debe [13]!
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El barbero, que tan sin pensarlo ni temerlo vio
venir aquella fantasma sobre sí, no tuvo otro remedio para poder guardarse del golpe de
la lanza sino fue el dejarse caer del asno abajo; y no hubo tocado al suelo, cuando se
levantó más ligero que un gamo y comenzó a correr por aquel llano, que no le alcanzara
el viento. Dejóse la bacía en el suelo, con la cual se contentó don Quijote, y dijo que
el pagano había andado discreto [14] y
que había imitado al castor, el cual, viéndose acosado de los cazadores, se taraza y
harpa [*] con los dientes [15] aquello por lo que él por distinto
natural sabe que es perseguido [16].
Mandó a Sancho que alzase el yelmo, el cual, tomándola [*] en las manos [17], dijo:
Por Dios que la bacía es
buena y que vale un real de a ocho como un maravedí [18].
Y, dándosela a su amo, se la [*] puso
luego en la cabeza, rodeándola a una parte y a otra [19], buscándole el encaje [20], y, como no se le hallaba, dijo:
Sin duda que el pagano a cuya
medida se forjó primero esta famosa celada debía de tener grandísima cabeza; y lo peor
dello es que le falta la mitad.
Cuando Sancho oyó llamar a la
bacía «celada», no pudo tener la risa, mas vínosele a las mientes la cólera de su amo
y calló en la mitad della.
¿De qué te ríes, Sancho?
dijo don Quijote.
Ríome respondió
él de considerar la gran cabeza que tenía el pagano dueño deste almete [21], que no semeja sino [*] una bacía de barbero
pintiparada. |
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¿Sabes qué imagino, Sancho? Que esta famosa pieza deste encantado yelmo por algún
estraño acidente debió de venir a manos de quien no supo conocer ni estimar su valor y,
sin saber lo que hacía, viéndola de oro purísimo, debió de fundir la mitad [*] para aprovecharse del
precio, y de la otra mitad hizo esta que parece bacía de barbero, como tú dices. Pero
sea lo que fuere, que para mí que la conozco no hace al caso su trasmutación, que yo la
aderezaré en el primer lugar donde haya herrero, y de suerte que no le haga ventaja, ni
aun le llegue, la que hizo y forjó el dios de las herrerías para el dios de las batallas
[22]; y en este entretanto la traeré
como pudiere, que más vale algo que no nada [23],
cuanto más que bien será bastante para defenderme de alguna pedrada.Eso será dijo Sancho
si no se tira con honda, como se tiraron en la pelea de los dos ejércitos, cuando le
santiguaron a vuestra merced las muelas y le rompieron el alcuza donde venía aquel
benditísimo brebaje que me hizo vomitar las asaduras [24].
No me da mucha pena el haberle
perdido, que ya sabes tú, Sancho dijo don Quijote, que yo tengo la receta en
la memoria.
También la tengo yo
respondió Sancho; pero si yo le hiciere ni [*] le probare más en mi vida, aquí
sea mi hora [25]. Cuanto más que no
pienso ponerme en ocasión de haberle menester, porque pienso guardarme con todos mis
cinco sentidos de ser ferido ni de ferir a nadie. De lo del ser otra vez manteado no digo
nada, que semejantes desgracias mal se pueden prevenir, y, si vienen, no hay que hacer
otra cosa sino encoger los hombros, detener el aliento, cerrar los ojos y dejarse ir por
donde la suerte y la manta nos llevare. |
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Mal cristiano eres, Sancho dijo oyendo esto don Quijote, porque nunca
olvidas la injuria que una vez te han hecho [26];
pues sábete que es de pechos nobles y generosos no hacer caso de niñerías. ¿Qué pie
sacaste cojo, qué costilla quebrada, qué cabeza rota, para que no se te olvide aquella
burla? Que, bien apurada la cosa [27],
burla fue y pasatiempo, que, a no entenderlo yo ansí, ya yo hubiera vuelto allá y
hubiera hecho en tu venganza más daño que el que hicieron los griegos por la robada
Helena [28]. La cual si fuera en este
tiempo, o mi Dulcinea fuera en aquel, pudiera estar segura que no tuviera tanta fama de
hermosa como tiene.
Y aquí dio un sospiro y le puso en
las nubes [29]. Y dijo Sancho:
Pase por burlas [*], pues la venganza no
puede pasar en veras; pero yo sé de qué calidad fueron las veras y las burlas y sé
también que no se me caerán de la memoria, como nunca se quitarán [*] de las espaldas. Pero,
dejando esto aparte, dígame vuestra merced qué haremos deste caballo rucio rodado que
parece asno pardo, que dejó aquí desamparado aquel Martino que vuestra merced derribó [30], que, según él puso los pies en
polvorosa y cogió las de Villadiego [31],
no lleva pergenio de volver por él jamás [32].
¡Y para mis barbas, si no es bueno el rucio!
Nunca yo acostumbro dijo
don Quijote despojar a los que venzo, ni es uso de caballería quitarles los
caballos y dejarlos a pie, si ya no fuese que el vencedor hubiese perdido en la pendencia
el suyo, que en tal caso lícito es tomar el del vencido, como ganado en guerra lícita [33]. Así que, Sancho, deja ese caballo o
asno o lo que tú quisieres que sea, que como su dueño nos vea alongados de aquí
volverá por él [34].
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