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Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con
unos desalmados yangüeses [1]
Cuenta el sabio Cide Hamete
Benengeli que así como don Quijote se despidió de sus huéspedes y de todos los que se
hallaron al entierro del pastor Grisóstomo, él y su escudero se entraron por el mesmo
bosque donde vieron que se había entrado la pastora Marcela, y, habiendo andado más de
dos horas por él, buscándola por todas partes, sin poder hallarla, vinieron a parar a un
prado lleno de fresca yerba, junto del cual corría un arroyo apacible y fresco [2]: tanto, que convidó [*] y forzó a pasar allí las
horas de la siesta, que rigurosamente comenzaba ya a entrar.
Apeáronse don Quijote y Sancho y,
dejando al jumento y a Rocinante a sus anchuras pacer de la mucha yerba que allí había [3], dieron saco a las alforjas [4] y, sin cerimonia alguna, en buena paz y
compañía, amo y mozo comieron lo que en ellas hallaron. |
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No se había curado Sancho de echar sueltas a Rocinante [5], seguro de que le conocía por tan manso
y tan poco rijoso [6], que todas las
yeguas de la dehesa de Córdoba no le hicieran tomar mal siniestro [7]. Ordenó, pues, la suerte, y el diablo
(que no todas veces duerme) [8], que
andaban por aquel valle paciendo una manada de hacas galicianas de unos arrieros
yangüeses [*][9], de los cuales es costumbre sestear con
su recua en lugares y sitios de yerba y agua, y aquel donde acertó a hallarse don Quijote
era muy a propósito de los yangüeses [*]. Sucedió, pues, que a Rocinante le vino
en deseo de refocilarse con las señoras facas [10], y saliendo, así como las olió, de su
natural paso y costumbre, sin pedir licencia a su [*] dueño, tomó un
trotico [*] algo picadillo [11] y se fue a comunicar su necesidad con
ellas. Mas ellas, que, a lo que pareció, debían de tener más gana de pacer que de ál [12], recibiéronle con las herraduras y con
los dientes [*], de tal
manera, que a poco espacio se le rompieron las cinchas, y quedó sin silla, en pelota [13]. Pero lo que él debió más de sentir
fue que, viendo los arrieros la fuerza que a sus yeguas se les hacía, acudieron con
estacas, y tantos palos le dieron, que le derribaron malparado en el suelo.
Ya en esto don Quijote y Sancho, que
la paliza de Rocinante habían visto, llegaban ijadeando [14], y dijo don Quijote a Sancho:
A lo que yo veo, amigo Sancho,
estos no son caballeros, sino gente soez y de baja ralea. Dígolo porque bien me puedes
ayudar a tomar la debida venganza del agravio que delante de nuestros ojos se [*] le ha hecho a Rocinante. |
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¿Qué diablos de venganza hemos de tomar
respondió Sancho, si estos son más de veinte, y nosotros no más de dos, y
aun quizá nosotros [*]
sino uno y medio?Yo
valgo por ciento [15] replicó don
Quijote.
Y sin hacer más discursos echó
mano a su espada y arremetió a los yangüeses [*], y lo mesmo
hizo Sancho Panza, incitado y movido del ejemplo de su amo; y a las primeras dio don
Quijote una cuchillada a uno [16], que le
abrió un sayo de cuero de que venía vestido, con gran parte de la espalda.
Los yangüeses [*] que se vieron
maltratar de aquellos dos hombres solos, siendo ellos tantos, acudieron a sus estacas [17] y, cogiendo a los dos en medio,
comenzaron a menudear sobre ellos con grande ahínco y vehemencia [18]. Verdad es que al segundo toque dieron
con Sancho en el suelo, y lo mesmo le avino a don Quijote, sin que le valiese su destreza
y buen ánimo, y quiso su ventura que viniese a caer a los pies de Rocinante, que aún no
se había levantado: donde se echa de ver la furia con que machacan estacas puestas en
manos rústicas y enojadas.
Viendo, pues, los yangüeses [*] el mal recado
que habían hecho [19], con la mayor
presteza que pudieron cargaron su recua y siguieron su camino, dejando a los dos
aventureros de mala traza y de peor talante.
El primero que se resintió fue
Sancho Panza [20]; y hallándose junto a
su señor, con voz enferma y lastimada dijo: |
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¿Señor don Quijote? ¡Ah, señor don Quijote!¿Qué quieres, Sancho hermano? respondió don
Quijote, con el mesmo tono afeminado y doliente que Sancho [21].
Querría, si fuese posible
respondió Sancho Panza, que vuestra merced me diese dos tragos de aquella
bebida del feo Blas [*][22], si es que la tiene vuestra merced ahí
a mano: quizá será de provecho para los quebrantamientos de huesos, como lo es para las
feridas.
Pues a tenerla [*] yo aquí, desgraciado yo,
¿qué nos faltaba? respondió don Quijote. Mas yo te juro, Sancho Panza, a fe
de caballero andante, que antes que pasen dos días, si la fortuna no ordena otra cosa, la
tengo de tener en mi poder, o mal me han de andar las manos [23].
Pues ¿en cuántos le parece a
vuestra merced que podremos mover los pies? replicó Sancho Panza.
De mí sé decir dijo el
molido caballero don Quijote que no sabré poner término a esos días. Mas yo me
tengo la culpa de todo, que no había de poner mano a la espada contra hombres que no
fuesen armados caballeros como yo; y así creo que en pena de haber pasado las leyes de la
caballería [24] ha permitido el dios de
las batallas que se me diese este castigo. Por lo cual, Sancho Panza [*], conviene que estés
advertido en esto que ahora te diré, porque importa mucho a la salud de entrambos; y es
que cuando veas que semejante canalla nos hace algún agravio [25], no aguardes a que yo ponga mano al
espada [*] para ellos,
porque no lo haré en ninguna manera: sino pon tú mano a tu espada y castígalos muy a tu
sabor [26], que si en su ayuda y defensa
acudieren caballeros, yo te sabré defender, y ofendellos con todo mi poder [27], que ya habrás visto por mil señales y
experiencias hasta adónde se estiende el valor de este mi fuerte brazo.
Tal quedó de arrogante el pobre
señor con el vencimiento del valiente vizcaíno. Mas no le pareció tan bien [*] a Sancho Panza el aviso de
su amo, que dejase de responder diciendo: |
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Señor, yo soy hombre pacífico, manso, sosegado, y sé disimular cualquiera injuria
[28], porque tengo mujer y hijos que
sustentar y criar. Así que séale a vuestra merced también aviso, pues no puede ser
mandato, que en ninguna manera pondré mano a la espada, ni contra villano ni contra
caballero, y que desde aquí para delante de Dios perdono cuantos agravios me han hecho y
han de hacer, ora me los haya hecho o haga o haya de hacer persona alta o baja, rico o
pobre, hidalgo o pechero, sin eceptar [*] estado ni condición alguna
[29].
Lo cual oído por su amo, le
respondió:
Quisiera tener aliento para
poder hablar un poco descansado, y que el dolor que tengo en esta costilla se aplacara
tanto cuanto [30], para darte a entender,
Panza, en el error en que estás. Ven acá, pecador: si el viento de la fortuna, hasta
ahora tan contrario, en nuestro favor se vuelve, llevándonos [*] las velas del deseo
para que seguramente y sin contraste alguno [31]
tomemos puerto en alguna de las ínsulas que te tengo prometida, ¿qué sería de ti si,
ganándola yo, te hiciese señor della? Pues lo vendrás a imposibilitar, por no ser
caballero, ni quererlo ser, ni tener valor ni intención de vengar tus injurias y defender
tu señorío. Porque has de saber que en los reinos y provincias nuevamente conquistados [32] nunca están tan quietos los ánimos de
sus naturales ni tan de parte del nuevo señor, que no se tengan [*] temor de que han de hacer
alguna novedad para alterar de nuevo las cosas y volver, como dicen, a probar ventura [33]; y, así, es menester que el nuevo
posesor tenga entendimiento para saberse gobernar y valor para ofender y defenderse en
cualquiera [*]
acontecimiento.
En este que ahora nos ha
acontecido respondió Sancho quisiera yo tener ese entendimiento y ese valor
que vuestra merced dice; mas yo le juro, a fe de pobre hombre, que más estoy para bizmas
que para pláticas [34]. Mire vuestra
merced si se puede levantar, y ayudaremos a Rocinante, aunque no lo merece, porque él fue
la causa principal de todo este molimiento. Jamás tal creí de Rocinante, que le tenía
por persona casta y tan pacífica como yo. En fin, bien dicen que es menester mucho tiempo
para venir a conocer las personas, y que no hay cosa segura en esta vida. ¿Quién dijera
que tras de aquellas tan grandes cuchilladas como vuestra merced dio a aquel desdichado
caballero andante había de venir por la posta [35] y en seguimiento suyo esta tan grande
tempestad de palos que ha descargado sobre nuestras espaldas?
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