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De lo que contó un cabrero a
los que estaban con don Quijote
Estando en esto, llegó otro mozo de
los que les traían del aldea el bastimento [1],
y dijo:
¿Sabéis lo que pasa en el
lugar, compañeros?
¿Cómo lo podemos saber?
respondió uno dellos.
Pues sabed prosiguió el
mozo que murió esta mañana aquel famoso pastor estudiante llamado Grisóstomo [2], y se murmura que ha muerto de amores [3] de aquella endiablada moza de Marcela, la
hija de Guillermo el rico, aquella que se anda en hábito de pastora por esos andurriales
[4].
Por Marcela, dirás [*][5] dijo uno. |
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Por esa digo respondió el cabrero; y es lo bueno que mandó en su
testamento que le enterrasen en el campo [6],
como si fuera moro, y que sea al pie de la peña donde está la fuente del alcornoque,
porque, según es fama y él dicen que lo dijo, aquel lugar es adonde él la vio la vez
primera. Y también mandó otras cosas, tales, que los abades del pueblo [7] dicen que no se han de cumplir ni es bien
que se cumplan, porque parecen de gentiles [8].
A todo lo cual responde aquel gran su amigo Ambrosio, el estudiante, que también se
vistió de pastor con él, que se ha de cumplir todo, sin faltar nada, como lo dejó
mandado Grisóstomo, y sobre esto anda el pueblo alborotado; mas, a lo que se dice, en fin
se hará lo que Ambrosio y todos los pastores sus amigos quieren, y mañana le vienen a
enterrar con gran pompa adonde tengo dicho. Y tengo para mí que ha de ser cosa muy de ver
[9]; a lo menos, yo no dejaré de ir a
verla, si supiese no volver mañana al lugar [10].
Todos haremos lo mesmo
respondieron los cabreros, y echaremos suertes a quién ha de quedar a guardar
las cabras de todos.
Bien dices, Pedro [11] dijo uno, aunque [*] no será menester
usar de esa diligencia, que yo me quedaré por todos; y no lo atribuyas a virtud y a poca
curiosidad mía, sino a que no me deja andar el garrancho que el otro día me pasó este
pie [12].
Con todo eso, te lo
agradecemos respondió Pedro. |
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Y don Quijote rogó a Pedro le dijese qué muerto
era aquel y qué pastora aquella; a lo cual Pedro respondió que lo que sabía era que el
muerto era un hijodalgo rico, vecino de un lugar que estaba en aquellas sierras, el cual
había sido estudiante muchos años en Salamanca, al cabo de los cuales había vuelto a su
lugar con opinión de muy sabio y muy leído [13].Principalmente decían que sabía
la ciencia de las estrellas [14], y de lo
que pasan allá en el cielo el sol y la luna, porque puntualmente nos decía el cris del
sol y de la luna [15].
Eclipse se llama,
amigo, que no cris, el escurecerse esos dos luminares mayores dijo don
Quijote.
Mas Pedro, no reparando en
niñerías, prosiguió su cuento diciendo:
Asimesmo adevinaba cuándo
había de ser el año abundante o estil [16].
Estéril queréis
decir, amigo dijo don Quijote.
Estéril o estil
respondió Pedro, todo se sale allá [17]. Y digo que con esto que decía se
hicieron su padre y sus amigos, que le daban crédito, muy ricos, porque hacían lo que
él les aconsejaba, diciéndoles: «Sembrad este año cebada, no trigo; en este podéis
sembrar garbanzos, y no cebada; el que viene será de guilla de aceite [18]; los tres siguientes no se cogerá
gota» [19]. |
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Esa ciencia se llama astrología [20] dijo don Quijote.No sé yo cómo se llama
replicó Pedro, mas sé que todo esto sabía, y aun más. Finalmente [*], no pasaron muchos meses
después que vino de Salamanca [21],
cuando un día remaneció vestido de pastor [22],
con su cayado [*] y pellico [23], habiéndose quitado los hábitos largos
que como escolar traía [24]; y
juntamente se vistió con él de pastor otro su grande amigo, llamado Ambrosio, que había
sido su compañero en los estudios. Olvidábaseme de decir como Grisóstomo, el difunto,
fue grande hombre de componer coplas [25]:
tanto, que él hacía los villancicos para la noche del Nacimiento del Señor, y los autos
para el día de Dios [26], que los
representaban los mozos de nuestro pueblo, y todos decían que eran por el cabo [27]. Cuando los del lugar vieron tan de
improviso [28] vestidos de pastores a los
dos escolares, quedaron admirados y no podían adivinar la causa que les había movido a
hacer aquella tan estraña mudanza. Ya en este tiempo era muerto el padre de nuestro
Grisóstomo, y él quedó heredado en mucha cantidad de hacienda [29], ansí en muebles como en raíces [30], y en no pequeña cantidad de ganado,
mayor y menor, y en gran cantidad de dineros; de todo lo cual quedó el mozo señor de
soluto [31], y en verdad que todo lo
merecía, que era muy buen compañero y caritativo y amigo de los buenos, y tenía una
cara como una bendición [32]. Después
se vino a entender que el haberse mudado de traje no había sido por otra cosa que por
andarse por estos despoblados en pos de aquella pastora Marcela que nuestro zagal nombró
denantes [33], de la cual [*] se había enamorado el
pobre difunto de Grisóstomo. Y quiéroos decir agora, porque es bien que lo sepáis,
quién es esta rapaza: quizá, y aun sin quizá, no habréis oído semejante cosa en todos
los días de vuestra vida, aunque viváis más años que sarna.
Decid Sarra [34] replicó don Quijote, no pudiendo
sufrir el trocar de los vocablos del cabrero.
Harto vive la sarna
respondió Pedro; y si es, señor, que me habéis de andar zaheriendo a cada
paso los vocablos, no acabaremos en un año. |
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Perdonad [*], amigo
dijo don Quijote, que por haber tanta diferencia de sarna a Sarra
os lo dije; pero vos respondistes muy bien, porque vive más sarna que Sarra, y proseguid
vuestra historia, que no os replicaré más en nada.Digo pues, señor mío de mi alma dijo el
cabrero, que en nuestra aldea hubo un labrador aun más rico que el padre de
Grisóstomo, el cual se llamaba Guillermo, y al cual dio Dios, amén de las muchas y
grandes riquezas, una hija de cuyo parto murió su madre, que fue la más honrada mujer
que hubo en todos estos contornos. No parece sino que ahora la veo, con aquella cara que
del un cabo tenía el sol y del otro la luna [35];
y, sobre todo, hacendosa y amiga de los pobres, por lo que creo que debe de estar su
ánima a la hora de ahora [*]
gozando de Dios en el otro mundo. De pesar de la muerte de tan buena mujer, murió su
marido Guillermo, dejando a su hija Marcela, muchacha y rica, en poder de un tío suyo
sacerdote y beneficiado en nuestro lugar. Creció la niña con tanta belleza, que nos
hacía acordar de la de su madre, que la tuvo muy grande; y, con todo esto, se juzgaba que
le había [*] de pasar la de
la hija. Y así fue, que cuando llegó a edad de catorce a quince años nadie la miraba
que no bendecía a Dios, que tan hermosa la había criado, y los más quedaban enamorados
y perdidos por ella. Guardábala su tío con mucho recato y con mucho encerramiento; pero,
con todo esto, la fama de su mucha hermosura se estendió de manera que así por ella como
por sus muchas riquezas, no solamente de los de nuestro pueblo, sino de los de muchas
leguas a la redonda, y de los mejores dellos, era rogado, solicitado e importunado su tío
se la diese por mujer. Mas él, que a las derechas es buen cristiano [36], aunque quisiera casarla luego, así
como la vía de edad [37], no quiso
hacerlo sin su consentimiento, sin tener ojo a la ganancia y granjería [38] que le ofrecía el tener la hacienda de
la moza dilatando su casamiento. Y a fe que se dijo esto en más de un corrillo en el
pueblo [39], en alabanza del buen
sacerdote; que quiero que sepa, señor andante, que en estos lugares cortos [40] de todo se trata y de todo se murmura, y
tened para vos, como yo tengo para mí, que debía de ser demasiadamente bueno el clérigo
que obliga a sus feligreses a que digan bien dél [41], especialmente en las aldeas.
Así es la verdad dijo
don Quijote, y proseguid adelante, que el cuento es muy bueno, y vos, buen Pedro, le
contáis con muy buena gracia. |
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La del Señor no me falte, que es la que hace al caso [42]. Y en lo demás sabréis que aunque el
tío proponía a la sobrina y le decía las calidades de cada uno en particular, de los
muchos que por mujer la pedían, rogándole que se casase y escogiese a su gusto, jamás
ella respondió otra cosa sino que por entonces no quería casarse y que, por ser tan
muchacha, no se sentía hábil para poder llevar la carga del matrimonio. Con estas que
daba, al parecer, justas escusas, dejaba el tío de importunarla y esperaba a que entrase
algo más en edad y ella supiese escoger compañía a su gusto. Porque decía él, y
decía muy bien, que no habían de dar los padres a sus hijos estado contra su voluntad [43]. Pero hételo aquí, cuando no me cato [*][44], que remanece un día la melindrosa
Marcela hecha pastora; y sin ser parte su tío ni todos los del pueblo, que se lo
desaconsejaban, dio en irse al campo con las demás zagalas del lugar, y dio en guardar su
mesmo ganado. Y así como ella salió en público y su hermosura se vio al descubierto, no
os sabré buenamente decir cuántos ricos mancebos, hidalgos y labradores, han tomado el
traje de Grisóstomo y la andan requebrando por esos [*] campos; uno de los cuales, como
ya está dicho, fue nuestro difunto, del cual decían que la dejaba de querer y la adoraba
[45]. Y no se piense que porque Marcela
se puso en aquella libertad y vida tan suelta y de tan poco o de ningún recogimiento, que
por eso ha dado indicio, ni por semejas [46],
que venga en menoscabo de su honestidad y recato: antes es tanta y tal la vigilancia con
que mira por su honra, que de cuantos la sirven y solicitan ninguno se ha alabado ni con
verdad se podrá alabar que le haya dado alguna pequeña esperanza de alcanzar su deseo.
Que puesto que no huye ni se esquiva de la compañía y conversación de los pastores, y
los trata cortés y amigablemente, en llegando a descubrirle su intención cualquiera
dellos, aunque sea tan justa y santa como la del matrimonio, los arroja de sí como con un
trabuco [47]. Y con esta manera de
condición hace más daño en esta tierra que si por ella entrara la pestilencia [48], porque su afabilidad y hermosura atrae
los corazones de los que la tratan a servirla y a amarla; pero su desdén y desengaño los
conduce a términos de desesperarse [49],
y, así, no saben qué decirle, sino llamarla a voces cruel y desagradecida, con otros
títulos a este semejantes [*], que bien la calidad
de su condición manifiestan. Y si aquí estuviésedes, señor, algún día, veríades
resonar estas sierras y estos valles con los lamentos de los desengañados que la siguen.
No está muy lejos de aquí un sitio donde hay casi dos docenas de altas hayas [50], y no hay ninguna que en su lisa corteza
no tenga grabado y escrito el nombre de Marcela, y encima de alguna [*] una corona grabada en el
mesmo árbol [51], como si más
claramente dijera su amante que Marcela la lleva y la merece de toda la hermosura humana.
Aquí sospira un pastor, allí se queja otro; acullá se oyen amorosas canciones, acá
desesperadas endechas [52]. Cuál hay que
pasa todas las horas de la noche sentado al pie de alguna encina o peñasco, y allí, sin
plegar los llorosos ojos [53], embebecido
y transportado en sus pensamientos, le halló el sol a la mañana; y cuál hay que sin dar
vado ni tregua a sus suspiros [54], en
mitad del ardor de la más enfadosa siesta del verano [55], tendido sobre la ardiente arena, envía
sus quejas al piadoso cielo. Y deste y de aquel, y de aquellos y de estos, libre y
desenfadadamente triunfa la hermosa Marcela, y todos los que la conocemos estamos
esperando en qué ha de parar su altivez y quién ha de ser el dichoso que ha de venir a
domeñar condición tan terrible y gozar de hermosura tan estremada. Por ser todo lo que
he contado tan averiguada verdad, me doy [*] a entender que también lo es
la que nuestro zagal dijo que se decía de la causa de la muerte de Grisóstomo. Y así os
aconsejo, señor, que no dejéis de hallaros mañana a su entierro, que será muy de ver,
porque Grisóstomo tiene muchos amigos, y no está de este lugar a aquel donde manda
enterrarse media legua.
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En cuidado me lo tengo [56]
dijo don Quijote, y agradézcoos el gusto que me habéis dado con la
narración de tan sabroso cuento.
¡Oh! replicó el
cabrero, aún no sé yo la mitad de los casos sucedidos a los amantes de Marcela,
mas podría ser que mañana topásemos en el camino algún pastor que nos los dijese. Y
por ahora bien será que os vais a dormir debajo de techado, porque el sereno os podría
dañar la herida [57]; puesto que es tal
la medicina que se os ha puesto, que no hay que temer de contrario acidente [58].
Sancho Panza, que ya daba al diablo
el tanto hablar del cabrero, solicitó por su parte que su amo se entrase a dormir en la
choza de Pedro. Hízolo así, y todo lo más de la noche se le pasó en memorias de su
señora Dulcinea [59], a imitación de
los amantes de Marcela. Sancho Panza se acomodó entre Rocinante y su jumento, y durmió,
no como enamorado desfavorecido, sino como hombre molido a coces [60].
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