 |

|
Del buen suceso [1] que el
valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de
viento, [2] con otros sucesos
dignos de felice recordación
En esto, descubrieron treinta o
cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a
su escudero:
La ventura va guiando nuestras
cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde
se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y
quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que esta es
buena guerra [3], y es gran servicio de
Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra [4].
¿Qué gigantes? dijo
Sancho Panza.
Aquellos que allí ves
respondió su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi
dos leguas.
Mire vuestra merced
respondió Sancho que aquellos que allí se parecen no son gigantes [5], sino molinos de viento, y lo que en
ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del
molino. |
|
Bien parece respondió don Quijote que no estás cursado en esto de las
aventuras [6]: ellos son gigantes; y si
tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con
ellos en fiera y desigual batalla [7]. Y, diciendo esto, dio de espuelas a su
caballo Rocinante [8], sin atender a las
voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de
viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer [*]. Pero él iba tan
puesto en que eran gigantes [9], que ni
oía [*] las voces de su
escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran, antes iba
diciendo en voces altas:
Non fuyades [10], cobardes y viles criaturas, que un solo
caballero es el que os acomete.
Levantóse en esto un poco de
viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:
Pues aunque mováis más
brazos que los del gigante Briareo [11],
me lo habéis de pagar.
Y en diciendo esto, y
encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le
socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre [12], arremetió a todo el galope de
Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y dándole una lanzada en
el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras
sí al caballo y al caballero [13], que
fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el
correr de su asno, y cuando llegó halló que no se podía menear: tal fue el golpe que
dio con él Rocinante. |
|
¡Válame Dios! dijo Sancho. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase
bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien
llevase otros tales en la cabeza?
Calla, amigo Sancho
respondió don Quijote, que las cosas de la guerra más que otras están
sujetas a continua mudanza [14]; cuanto
más, que yo pienso, y es así verdad [15],
que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en
molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas
al cabo al cabo [16] han de poder poco
sus malas artes contra la bondad de mi espada.
Dios lo haga como puede
respondió Sancho Panza.
Y, ayudándole a levantar, tornó a
subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba [17]. Y, hablando en la pasada aventura [18], siguieron el camino del Puerto Lápice
[19], porque allí decía don Quijote que
no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero [20]; sino que iba muy pesaroso, por haberle
faltado la lanza; y diciéndoselo a su escudero, le dijo:
Yo me acuerdo haber leído que
un caballero español llamado Diego Pérez de Vargas, habiéndosele en una batalla roto la
espada [*], desgajó
de una encina un pesado ramo o tronco, y con él hizo tales cosas aquel día y machacó
tantos moros, que le quedó por sobrenombre «Machuca» [21], y así él como sus decendientes se
llamaron desde aquel día en adelante «Vargas y Machuca». Hete dicho esto porque de la
primera encina o roble que se me depare pienso desgajar otro tronco, tal y tan bueno como
aquel que me imagino; y pienso hacer con él tales hazañas, que tú te tengas por bien
afortunado de haber merecido venir a vellas y a ser testigo de cosas que apenas podrán
ser creídas. |
|
A la mano de Dios [22] dijo
Sancho. Yo lo creo todo así como vuestra merced lo dice; pero enderécese un poco,
que parece que va de medio lado, y debe de ser del molimiento de la caída.
Así es la verdad
respondió don Quijote, y si no me quejo del dolor, es porque no es dado a los
caballeros andantes quejarse de herida alguna [23], aunque se le salgan las tripas por
ella.
Si eso es así, no tengo yo
que replicar respondió Sancho; pero sabe Dios si yo me holgara que vuestra
merced se quejara cuando alguna cosa le doliera. De mí sé decir que me he de quejar del
más pequeño dolor que tenga, si ya no se entiende también con los escuderos de los
caballeros andantes eso del no quejarse.
No se dejó de reír don Quijote de
la simplicidad de su escudero; y, así, le declaró que podía muy bien quejarse como y
cuando quisiese, sin gana o con ella, que hasta entonces no había leído cosa en
contrario en la orden de caballería. Díjole Sancho que mirase que era hora de comer.
Respondióle su amo que por entonces no le hacía menester [24], que comiese él cuando se le antojase.
Con esta licencia, se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento, y, sacando de
las alforjas lo que en ellas había puesto, iba caminando y comiendo detrás de su amo muy
de su espacio [*][25], y de cuando en cuando empinaba [*] la bota, con tanto gusto,
que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga [26]. Y en tanto que él iba de aquella
manera menudeando tragos, no se le acordaba de ninguna promesa que su amo le hubiese
hecho, ni tenía por ningún trabajo, sino por mucho descanso, andar buscando las
aventuras, por peligrosas que fuesen. |
|
En resolución [27], aquella noche la pasaron entre unos
árboles, y del uno dellos desgajó don Quijote un ramo seco que casi le podía servir de
lanza, y puso en él el hierro que quitó de la que se le había quebrado [28]. Toda aquella noche no durmió don
Quijote, pensando en su señora Dulcinea, por acomodarse a lo que había leído en sus
libros, cuando los caballeros pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y
despoblados [29], entretenidos con las
memorias de sus señoras [30]. No la
pasó ansí Sancho Panza, que, como tenía el estómago lleno, y no de agua de chicoria [31], de un sueño se la llevó toda, y no
fueran parte para despertarle [32], si su
amo no lo [*] llamara, los rayos
del sol, que le daban en el rostro, ni el canto de las aves, que muchas y muy
regocijadamente la venida del nuevo día saludaban. Al levantarse, dio un tiento a la bota
[33], y hallóla algo más flaca que la
noche antes, y afligiósele [*] el corazón, por
parecerle que no llevaban camino de remediar tan presto su falta. No quiso desayunarse don
Quijote, porque, como está dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias. Tornaron a su
comenzado camino del Puerto Lápice, y a obra de las tres del día le descubrieron [34]. |
|
|
|