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Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de
nuestro ingenioso hidalgo
El cual aún todavía dormía [1]. Pidió las llaves a la sobrina del
aposento donde estaban los libros autores del daño, y ella se las dio de muy buena gana.
Entraron dentro todos, y la ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de libros
grandes, muy bien encuadernados [2], y
otros pequeños; y, así como el ama los vio [3],
volvióse a salir del aposento con gran priesa, y tornó luego con una escudilla de agua
bendita y un hisopo [4], y dijo:
Tome vuestra merced, señor
licenciado; rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que
tienen estos libros, y nos encanten, en pena de las [*] que les queremos dar
echándolos del mundo [5].
Causó risa al licenciado la
simplicidad del ama [*][6] y mandó al barbero que le fuese dando de
aquellos libros uno a uno, para ver de qué trataban, pues podía ser hallar algunos que
no mereciesen castigo de fuego [7].
No dijo la
sobrina, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores:
mejor será arrojallos [*]
por las ventanas al patio y hacer un rimero dellos [8] y pegarles fuego; y, si no, llevarlos al
corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo [9]. |
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Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de aquellos
inocentes; mas el cura no vino en ello [10]
sin primero leer siquiera los títulos. Y el primero que maese Nicolás le dio en las
manos fue Los cuatro de Amadís de Gaula [11], y dijo el cura:
Parece cosa de misterio esta [12], porque, según he oído decir, este
libro fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han
tomado principio y origen deste; y, así, me parece que, como a dogmatizador de una secta
tan mala, le debemos sin escusa alguna condenar al fuego.
No, señor dijo el
barbero, que también he oído decir que es el mejor [*] de todos los libros que de
este género se han compuesto; y así, como a único en su arte, se debe perdonar.
Así es verdad dijo el
cura, y por esa razón se le otorga la vida por ahora. Veamos esotro que está junto
a él.
Es dijo el barbero
Las sergas de Esplandián [13],
hijo legítimo de Amadís de Gaula [14].
Pues en verdad dijo el
cura que no le ha de valer al hijo la bondad del padre. Tomad, señora ama, abrid
esa ventana y echadle al corral, y dé principio al montón de la hoguera que se ha de
hacer. |
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Hízolo así el ama con mucho contento, y el bueno de Esplandián fue volando al corral,
esperando con toda paciencia el fuego que le amenazaba.
Adelante dijo el cura.
Este que viene dijo el
barbero es Amadís de Grecia [15],
y aun todos los deste lado, a lo que creo, son del mesmo linaje de Amadís.
Pues vayan todos al corral
dijo el cura, que a trueco de quemar a la reina Pintiquiniestra, y al pastor
Darinel [*], y a sus
églogas, y a las endiabladas y revueltas razones de su autor, quemaré [*] con ellos al padre que me
engendró, si anduviera en figura de caballero andante.
De ese parecer soy yo
dijo el barbero.
Y aun yo añadió la
sobrina.
Pues así es dijo el
ama, vengan, y al corral con ellos.
Diéronselos, que eran muchos, y
ella ahorró la escalera y dio con ellos por la ventana abajo.
¿Quién es ese tonel [16]? dijo el cura. |
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Este es respondió el barbero Don Olivante de Laura [17]. El autor de ese libro dijo el cura fue
el mesmo que compuso a Jardín [*] de flores [18], y en verdad que no sepa determinar
cuál de los dos libros es más verdadero o, por decir mejor, menos mentiroso; solo sé
decir que este irá al corral, por disparatado y arrogante.
Este que se sigue es Florismarte
[*] de Hircania [19] dijo el barbero.
¿Ahí está el señor
Florismarte? replicó el cura. Pues a fe que ha de parar presto en el corral,
a pesar de su estraño nacimiento y soñadas [*] aventuras, que no da lugar
a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo. Al corral con él, y con esotro, señora
ama.
Que me place, señor mío
respondía ella; y con mucha alegría ejecutaba lo que le era mandado.
Este es El caballero Platir
[20] dijo el barbero.
Antiguo libro es ese
dijo el cura, y no hallo en él cosa que merezca venia [21]. Acompañe a los demás sin réplica.
Y así fue hecho. Abrióse otro
libro y vieron que tenía por título El caballero de la Cruz [22].
Por nombre tan santo como este
libro tiene, se podía perdonar su ignorancia; mas también se suele decir «tras la cruz
está el diablo» [23]. Vaya al fuego.
Tomando el barbero otro libro, dijo: |
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Este es Espejo de caballerías [24].
Ya conozco a su merced
dijo el cura. Ahí anda el señor Reinaldos de Montalbán con sus amigos y
compañeros, más ladrones que Caco [25],
y los Doce Pares, con el verdadero historiador Turpín [26], y en verdad que estoy por condenarlos
no más que a destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte de la invención del famoso
Mateo Boyardo [27], de donde también
tejió su tela [28] el cristiano poeta
Ludovico Ariosto [29]; al cual, si aquí
le hallo, y que habla en otra lengua que la suya [30], no le guardaré respeto alguno, pero,
si habla en su idioma, le pondré sobre mi cabeza [31].
Pues yo le tengo en italiano
dijo el barbero, mas no le entiendo.
Ni aun fuera [*] bien que vos le entendiérades
[32] respondió el cura; y
aquí le perdonáramos al señor capitán que no le hubiera traído a España y hecho
castellano, que le quitó mucho de su natural valor, y lo mesmo harán todos aquellos que
los libros de verso quisieren volver en otra lengua, que, por mucho cuidado que pongan y
habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer
nacimiento. Digo, en efeto, que este libro y todos los que se hallaren que tratan destas
cosas de Francia [33] se echen y
depositen en un pozo seco [34], hasta que
con más acuerdo se vea lo que se ha de hacer dellos, ecetuando a un Bernardo del
Carpio que anda por ahí [35], y a
otro llamado Roncesvalles [36];
que estos, en llegando a mis manos, han de estar en las del ama, y dellas en las del
fuego, sin remisión alguna.
Todo lo confirmó el barbero y lo
tuvo por bien y por cosa muy acertada, por entender que era el cura tan buen cristiano y
tan amigo de la verdad, que no diría otra cosa por todas las del mundo. Y abriendo otro
libro vio que era Palmerín de Oliva [37],
y junto a él estaba otro que se llamaba Palmerín de Ingalaterra [38]; lo cual visto por el licenciado, dijo:
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