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El perro del hortelano

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Puerta principal de la Casa-Museo de Lope de Vega, en la calle de Cervantes, número 11, de Madrid. En el dintel: «Parva propria, magna. Magna aliena, parva». Fotografía tomada de Juan Manuel González Martell, «Casa Museo de Lope de Vega. Guía y catálogo», Madrid: Real Academia Española, 1993El séptimo relato de la quinta parte del Decamerón de Giovanni Boccaccio [27] pudo inspirar a Lope el motivo final de la obra: la anagnórisis de Teodoro. Kohler, primero, y Kossoff después, apuntan con reparos otra dudosa fuente: un relato de Bandello (Novelle, I, 45): «Narra messer Filippo Baldo come Anna reina d’Ungaria amata da uomo di basso legnaggio quello magnificamente rimeritò, con molti belli accidenti». [28] En efecto, un humilde secretario se enamora perdidamente de la reina Ana. El relato se centra en esa devoción absoluta de Filippo hacia la reina, que, conocedora del devotísimo vasallaje amoroso de su súbdito, lo recompensa recomendándolo al emperador Carlos V, quien lo nombra secretario y lo hace responsable de los asuntos italianos: «Del che sì bene a messer Filippo ne avvenne che egli, oltra che la sua vertù e prudenza dimostrò, ne acquistò di molte ricchezze, e di continovo più divenne servidore de la sua reina, quella come cosa santa adorando» (p. 430).

Estudio y mesa de trabajo del Fénix (Casa-Museo de Lope de Vega). Fotografía tomada de Juan Manuel González Martell, «Casa Museo de Lope de Vega. Guía y catálogo», Madrid: Real Academia Española, 1993Ese vasallaje es el que tal vez hubiera pretendido Diana, pero ni ella es reina ni Teodoro es un devotísimo adorador de su imagen. Por otra parte, fue ella quien descubrió su amor por el secretario; en cambio, en el relato de Bandello el secretario del señor Andrea Borgo fue quien vio a la reina en la iglesia y se enamoró perdidamente de ella, gozando infinitamente sólo con su mirada, con su palabra.

Como dice Kossoff (y a pesar de ello defiende esta supuesta fuente), «faltan en la novela varias circunstancias esenciales de la comedia» y «el tono general es diferente». [29]

El relato de Boccaccio comienza con la compra de un muchacho armenio por un rico gentilhombre:

Bellísimas señoras, en la época en que el buen rey Guillermo gobernaba en Sicilia, había en la isla un gentilhombre llamado micer Amerigo Abate de Trápani, el cual, entre otros bienes temporales, estaba muy bien provisto de hijos. Por lo que, como necesitaba servidumbre y llegaron de Levante galeras de corsarios genoveses, que habían capturado a muchos muchachos pirateando en Armenia, creyéndolos turcos compró algunos de ellos; y aunque todos los demás parecían pastores, había uno entre ellos que parecía gentil y de mejor aspecto que los demás, que se llamaba Teodoro. El cual, aunque era tratado como siervo, no obstante creció en la casa con los hijos de micer Amerigo; y tirando más su naturaleza que su circunstancia, comenzó a mostrar buenas costumbres y buenos modales, de modo que a micer Amerigo le agradaba tanto que le dio la libertad; y creyendo que era turco, le hizo bautizar y llamarse Pietro, haciéndolo administrador de sus negocios y confiando mucho en él. [30]

Jardín de la Casa-Museo de Lope de Vega. Fotografía tomada de Juan Manuel González Martell, «Casa Museo de Lope de Vega. Guía y catálogo», Madrid: Real Academia Española, 1993

Una bella hija de micer Amerigo, Violante, que crece junto al joven, se enamora de él:

Amándole y apreciando mucho sus modales y sus obras, no obstante le avergonzaba descubrírselo. Pero Amor la dispensó de ese trabajo, porque habiéndola mirado Pietro varias veces con atención, se enamoró tanto de ella que no sentía más bien que cuando la veía; pero temía mucho que alguien se apercibiese de esto, pareciéndole que hacía mal; por lo que la joven, que le miraba con agrado, lo advirtió, y para darle más confianza se mostraba muy contenta, puesto que lo estaba. Y así estuvieron mucho tiempo, no atreviéndose a decirse nada el uno al otro, aunque ambos mucho lo deseasen. Pero mientras que ardían en las llamas del amor igualmente encendidos, la fortuna, como si hubiese decidido que esto se cumpliese, les encontró el camino para arrojar el temeroso miedo que les frenaba.

Una tormenta —virgiliana— les llevará a refugiarse en una iglesia en ruinas, y allí descubrirán y gozarán de su amor. Seguirán viéndose a escondidas hasta que Violante descubre que está embarazada.

El padre hará prender a Pietro. Será condenado a ser azotado por las calles de la ciudad y luego colgado.

Pietro, condenado, mientras le llevaban azotándole a la horca como quisieron los que mandaban la cuadrilla, pasó delante de un albergue donde estaban tres nobles de Armenia, que habían sido enviados a Roma como embajadores de Armenia a tratar con el papa de asuntos muy importantes para una expedición que se iba a hacer, y que habían desembarcado allí para refrescarse y descansar unos días, y los nobles de Trápani y en especial micer Amerigo los habían honrado mucho. Éstos, al oír pasar a los que llevaban a Pietro, se asomaron a una ventana para ver.

Pietro iba todo desnudo de cintura para arriba y con las manos atadas atrás; y al mirarle uno de los tres embajadores, que era un hombre anciano y de gran autoridad, llamado Fineo, le vio una gran mancha bermeja en el pecho, no artificial sino marcada en la piel de nacimiento, como esas que las señoras llaman aquí «rosas». Y al verla se acordó súbitamente de un hijo suyo que había hecho ya quince años que se lo habían raptado los corsarios en la costa de Layazo, y nunca se había vuelto a tener noticias suyas. Y considerando la edad del pobrecillo al que azotaban, pensó que, si su hijo estaba vivo, debía tener la misma edad que ése aparentaba; y comenzó a sospechar por aquella señal que fuese él; y pensó que, si era él, debía acordarse aún de su nombre y del de su padre y de la lengua armenia.

Por lo cual, cuando estuvo cerca de él, le llamó:

—¡Eh, Teodoro!

Al oír Pietro esta voz levantó súbitamente la cabeza; y Fineo, hablando en armenio, le dijo:

—¿De dónde eres? ¿De quién eres hijo?

Los soldados que lo llevaban, por respeto al buen hombre le detuvieron, de modo que Pietro respondió:

—Yo fui de Armenia, hijo de uno llamado Fineo, y me trajeron aquí no sé qué gentes siendo un niño pequeño.

Y Fineo, al oír esto, supo con toda certeza que éste era el hijo que había perdido; por lo que, llorando, descendió con sus compañeros y corrió a abrazarle entre todos los soldados; y echándole por encima un manto de una tela riquísima que traía consigo, rogó al que le llevaba a ajusticiar que quisiese esperar allí hasta que le llegase la orden de devolverle de nuevo atrás. Éste respondió que esperaría gustoso.

  Posible retrato de Lope de Vega que se incluye, sin nombre, en el «Libro de descripciones de verdaderos retratos, de ilustres y memorables varones», de Francisco Pacheco (Sevilla, 1599). En el prólogo de «A Corpus of Spanish Drawings. Volume III: Seville 1600-1650» (London, Oxford University Press, 1985), de Diego Angulo y Alfonso E. Pérez Sánchez, el primero indica que el retrato es de Lope

Retrato anónimo de Lope de Vega (s. XVII), conservado en el Instituto Valencia de Don Juan, Madrid. Tomado de Juan Manuel González Martell, «Casa Museo de Lope de Vega. Guía y catálogo», Madrid: RAE, 1993

Retrato de Lope de Vega por Luis Tristán (1614), conservado en el Museo del Hermitage de San Petersburgo, Rusia


El final feliz es fácil de suponer: la pareja y su hijo gozarán de la familia recobrada y de sus riquezas.

Apuntan al posible recuerdo de Lope de este texto la coincidencia del nombre del personaje, Teodoro (de origen griego); el que los corsarios que capturan a los niños lo hacen «pirateando en Armenia» y que el padre del joven resulta ser embajador de Armenia. [31] Pero, sobre todo, la complicada y gratuita relación del gracioso Tristán se entiende mejor a partir de los detalles de la dramática historia del relato de Boccaccio: la convivencia de los dos niños (el siervo y la hija del señor) y su posterior enamoramiento, tópico además del género novelesco; y el embarazo de la muchacha, que produce la huida de los dos jóvenes —el del relato de Boccaccio, el de Tristán— por miedo al castigo de su señor. Pero en Tristán es ficción disparatada, que nadie va a tener en cuenta, por fortuna.

Busto de Lope de Vega, conservado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, realizado a partir de la mascarilla modelada por el escultor Antonio de Herrera BarnuevoFrente a la afirmación de Metford de que Lope
compuso entre 1595 y 1608 las comedias inspiradas en
el Decamerón, [32] si se aceptara esta fuente y la
que sugiero para el motivo central de La dama boba, [33] también de 1613, tendría, obviamente, que ampliarse el periodo. Como suele el dramaturgo, sólo se inspira en
el relato de Boccaccio para uno de los motivos de la obra; [34] en El perro del hortelano, sólo para la invención de Tristán (¡como si él fuera en realidad el lector de Boccaccio!).

 


«El perro del hortelano»: comedia de enredo

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