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El
séptimo relato de la quinta parte del Decamerón de Giovanni
Boccaccio [27]
pudo inspirar a Lope el motivo final de la obra: la anagnórisis de
Teodoro. Kohler, primero, y Kossoff después, apuntan con reparos otra
dudosa fuente: un relato de Bandello (Novelle, I, 45): «Narra
messer Filippo Baldo come Anna reina dUngaria amata da uomo
di basso legnaggio quello magnificamente rimeritò, con molti belli
accidenti». [28]
En efecto, un humilde secretario se enamora perdidamente de la reina
Ana. El relato se centra en esa devoción absoluta de Filippo hacia
la reina, que, conocedora del devotísimo vasallaje amoroso de su súbdito,
lo recompensa recomendándolo al emperador Carlos V, quien lo nombra
secretario y lo hace responsable de los asuntos italianos: «Del che
sì bene a messer Filippo ne avvenne che egli, oltra che la sua vertù
e prudenza dimostrò, ne acquistò di molte ricchezze, e di continovo
più divenne servidore de la sua reina, quella come cosa santa adorando»
(p. 430).
Ese
vasallaje es el que tal vez hubiera pretendido Diana, pero ni ella
es reina ni Teodoro es un devotísimo adorador de su imagen. Por
otra parte, fue ella quien descubrió su amor por el secretario;
en cambio, en el relato de Bandello el secretario del señor Andrea
Borgo fue quien vio a la reina en la iglesia y se enamoró perdidamente
de ella, gozando infinitamente sólo con su mirada, con su palabra.
Como dice Kossoff (y a pesar de ello defiende esta supuesta fuente),
«faltan en la novela varias circunstancias esenciales de la comedia»
y «el tono general es diferente». [29]
El relato de Boccaccio comienza con
la compra de un muchacho armenio por un rico gentilhombre:
Bellísimas
señoras, en la época en que el buen rey Guillermo gobernaba en
Sicilia, había en la isla un gentilhombre llamado micer Amerigo
Abate de Trápani, el cual, entre otros bienes temporales, estaba
muy bien provisto de hijos. Por lo que, como necesitaba servidumbre
y llegaron de Levante galeras de corsarios genoveses, que habían
capturado a muchos muchachos pirateando en Armenia, creyéndolos
turcos compró algunos de ellos; y aunque todos los demás parecían
pastores, había uno entre ellos que parecía gentil y de mejor
aspecto que los demás, que se llamaba Teodoro. El cual, aunque
era tratado como siervo, no obstante creció en la casa con los
hijos de micer Amerigo; y tirando más su naturaleza que su circunstancia,
comenzó a mostrar buenas costumbres y buenos modales, de modo
que a micer Amerigo le agradaba tanto que le dio la libertad;
y creyendo que era turco, le hizo bautizar y llamarse Pietro,
haciéndolo administrador de sus negocios y confiando mucho en
él. [30]

Una bella hija de micer Amerigo, Violante,
que crece junto al joven, se enamora de él:
Amándole y apreciando mucho
sus modales y sus obras, no obstante le avergonzaba descubrírselo.
Pero Amor la dispensó de ese trabajo, porque habiéndola mirado
Pietro varias veces con atención, se enamoró tanto de ella que
no sentía más bien que cuando la veía; pero temía mucho que alguien
se apercibiese de esto, pareciéndole que hacía mal; por lo que
la joven, que le miraba con agrado, lo advirtió, y para darle
más confianza se mostraba muy contenta, puesto que lo estaba.
Y así estuvieron mucho tiempo, no atreviéndose a decirse nada
el uno al otro, aunque ambos mucho lo deseasen. Pero mientras
que ardían en las llamas del amor igualmente encendidos, la fortuna,
como si hubiese decidido que esto se cumpliese, les encontró el
camino para arrojar el temeroso miedo que les frenaba.
Una tormenta virgiliana
les llevará a refugiarse en una iglesia en ruinas, y allí descubrirán
y gozarán de su amor. Seguirán viéndose a escondidas hasta que Violante
descubre que está embarazada.
El padre hará prender a
Pietro. Será condenado a ser azotado por las calles de la ciudad
y luego colgado.
Pietro,
condenado, mientras le llevaban azotándole a la horca como quisieron
los que mandaban la cuadrilla, pasó delante de un albergue donde
estaban tres nobles de Armenia, que habían sido enviados a Roma
como embajadores de Armenia a tratar con el papa de asuntos muy
importantes para una expedición que se iba a hacer, y que habían
desembarcado allí para refrescarse y descansar unos días, y los
nobles de Trápani y en especial micer Amerigo los habían honrado
mucho. Éstos, al oír pasar a los que llevaban a Pietro, se asomaron
a una ventana para ver.
Pietro iba todo desnudo
de cintura para arriba y con las manos atadas atrás; y al mirarle
uno de los tres embajadores, que era un hombre anciano y de gran
autoridad, llamado Fineo, le vio una gran mancha bermeja en el
pecho, no artificial sino marcada en la piel de nacimiento, como
esas que las señoras llaman aquí «rosas». Y al verla se acordó
súbitamente de un hijo suyo que había hecho ya quince años que
se lo habían raptado los corsarios en la costa de Layazo, y nunca
se había vuelto a tener noticias suyas. Y considerando la edad
del pobrecillo al que azotaban, pensó que, si su hijo estaba vivo,
debía tener la misma edad que ése aparentaba; y comenzó a sospechar
por aquella señal que fuese él; y pensó que, si era él, debía
acordarse aún de su nombre y del de su padre y de la lengua armenia.
Por
lo cual, cuando estuvo cerca de él, le llamó:
¡Eh, Teodoro!
Al oír Pietro esta voz
levantó súbitamente la cabeza; y Fineo, hablando en armenio, le
dijo:
¿De dónde eres? ¿De
quién eres hijo?
Los soldados que lo llevaban,
por respeto al buen hombre le detuvieron, de modo que Pietro respondió:
Yo fui de Armenia,
hijo de uno llamado Fineo, y me trajeron aquí no sé qué gentes
siendo un niño pequeño.
Y Fineo, al oír esto, supo
con toda certeza que éste era el hijo que había perdido; por lo
que, llorando, descendió con sus compañeros y corrió a abrazarle
entre todos los soldados; y echándole por encima un manto de una
tela riquísima que traía consigo, rogó al que le llevaba a ajusticiar
que quisiese esperar allí hasta que le llegase la orden de devolverle
de nuevo atrás. Éste respondió que esperaría gustoso.
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El final feliz es fácil de suponer: la pareja y su hijo gozarán de
la familia recobrada y de sus riquezas.
Apuntan
al posible recuerdo de Lope de este texto la coincidencia del nombre
del personaje, Teodoro (de origen griego); el que los corsarios
que capturan a los niños lo hacen «pirateando en Armenia» y que
el padre del joven resulta ser embajador de Armenia. [31]
Pero, sobre todo, la complicada y gratuita relación del gracioso
Tristán se entiende mejor a partir de los detalles de la dramática
historia del relato de Boccaccio: la convivencia de los dos niños
(el siervo y la hija del señor) y su posterior enamoramiento, tópico
además del género novelesco; y el embarazo de la muchacha, que produce
la huida de los dos jóvenes el del relato de Boccaccio, el
de Tristán por miedo al castigo de su señor. Pero en Tristán
es ficción disparatada, que nadie va a tener en cuenta, por fortuna.
Frente
a la afirmación de Metford de que Lope
compuso entre 1595 y 1608
las comedias inspiradas en
el Decamerón, [32]
si se aceptara esta fuente y la
que sugiero para el motivo central
de La dama boba, [33]
también de 1613, tendría, obviamente, que ampliarse el periodo.
Como suele el dramaturgo, sólo se inspira en
el relato de Boccaccio
para uno de los motivos de la obra; [34]
en El perro del hortelano, sólo para la invención de Tristán
(¡como si él fuera en realidad el lector de Boccaccio!).
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