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Después de los
tres primeros capítulos, que son de carácter introductorio y explicativo, los capítulos
4 y 5 presentan un esquema bastante detallado de categorías para
la descripción del uso de la lengua y de su usuario. De acuerdo con el enfoque adoptado,
orientado a la acción, se parte de la base de que el alumno o estudiante va a convertirse
en usuario de la lengua. En este sentido, el mismo esquema de categorías se aplicará
tanto al alumno como al usuario de la lengua. Hay que hacer, sin embargo, una matización
importante: el alumno o estudiante de una lengua y de su correspondiente cultura, ya sea
lengua segunda o lengua extranjera, no deja de ser competente en su lengua y cultura
maternas; así como tampoco esta nueva competencia se mantiene separada totalmente de la
antigua. El alumno no adquiere dos formas de actuar y de comunicarse distintas y que no se
relacionan, sino que se convierte en plurilingüe y desarrolla una interculturalidad.
Las competencias lingüística y cultural respecto a cada
lengua se modifican mediante el conocimiento de la otra lengua y contribuyen a crear una
conciencia, unas destrezas y unas capacidades interculturales. Permiten que el individuo
desarrolle una personalidad más rica y compleja, y mejoran la capacidad de aprendizaje
posterior de lenguas y de apertura a nuevas experiencias culturales. Asimismo, capacitan
también a los alumnos para mediar, a través de la interpretación y de la traducción,
entre hablantes que no pueden comunicarse de forma directa en las dos lenguas implicadas.
Naturalmente, hay un lugar para estas actividades (4.4.4) y
competencias (5.1.1.3, 5.1.2.2.
y 5.1.4), que diferencian al estudiante de la lengua del
hablante nativo monolingüe.
Cuadros de preguntas. Los
lectores verán que, de ahora en adelante, cada sección va seguida por un cuadro en el
que se invita al usuario del Marco de referencia a «tener presente y, en su
caso, determinar» las respuestas a una o a más preguntas que aparecen a continuación.
Las alternativas de la frase «qué tendrá que hacer el alumno, cómo se le capacitará
para ello, qué se le exigirá al respecto» se relacionan con el aprendizaje, la
enseñanza y la evaluación respectivamente. El contenido del cuadro se enuncia como una
invitación más que como una instrucción, con el fin de enfatizar el carácter no
prescriptivo del Marco de referencia. Si el usuario piensa que toda un área no
tiene interés, no hay por qué considerar de forma detallada cada sección de esa área.
En la mayoría de los casos, sin embargo, se espera que el usuario del Marco
reflexione sobre la cuestión planteada en cada cuadro y tome una decisión en el sentido
que desee. Si la decisión tomada es importante, puede ser formulada utilizando las
categorías y los ejemplos que se ofrecen, complementados, si se considera necesario, para
la finalidad concreta.
El análisis del uso de la lengua y del usuario que
contiene el capítulo 4 resulta fundamental para utilizar el Marco de referencia,
pues ofrece una estructura de parámetros y categorías que debería permitir a todos los
implicados en el aprendizaje, la enseñanza y la evaluación de idiomas considerar y
exponer, en términos concretos y en el grado de profundidad que deseen, lo que esperan
que los alumnos puedan llegar a hacer mediante el uso de la lengua, así como lo que
deberían saber para ser capaces de desenvolverse. Su finalidad es ser integrador, pero en
nada exhaustivo. Los responsables del diseño de cursos, los autores de manuales, los
profesores y los examinadores tendrán que tomar decisiones muy pormenorizadas y concretas
respecto al contenido de los textos, los ejercicios, las actividades, las pruebas, etc.
Este proceso no se puede reducir simplemente a elegir de un menú predeterminado. Ese
nivel de decisión puede y debe estar en manos de los profesionales implicados, que
cuentan con sus valoraciones y su creatividad. No obstante, deberían ver aquí
representados todos los aspectos importantes del uso de la lengua y de la competencia que
tienen que tener en cuenta. De este modo, la estructura general del capítulo 4 resulta
ser una lista que puede consultarse en el «Índice general». Se recomienda a los
usuarios que se familiaricen con esta estructura general y que acudan a ella cuando se
hagan preguntas como las siguientes:
¿Puedo predecir los ámbitos en que
intervendrán mis alumnos y las situaciones que tendrán que abordar? Si es así, ¿qué
papeles tendrán que desempeñar?
¿Con qué tipo de personas tendrán que tratar?
¿Cuáles serán sus relaciones personales y profesionales y en qué marcos
institucionales se desarrollarán?
¿A qué objetos tendrán que referirse?
¿Qué tareas tendrán que realizar?
¿En torno a qué temas tendrán que desenvolverse?
¿Tendrán que hablar o sólo comprender lo que escuchan y leen?
¿Qué escucharán o leerán?
¿Bajo qué condiciones tendrán que actuar?
¿A qué conocimiento del mundo o de otra cultura tendrán que recurrir?
¿Qué destrezas tendrán que haber desarrollado? ¿Cómo pueden seguir siendo ellos
mismos sin ser mal interpretados?
¿De cuánto de esto me puedo responsabilizar?
Si no puedo predecir las situaciones en que los usuarios utilizarán la lengua, ¿cómo
puedo prepararles bien para que usen la lengua de forma comunicativa sin entrenarlos en
exceso en situaciones que puede que nunca surjan?
¿Qué puedo ofrecerles que sea de valor duradero en cualquiera de las diferentes
orientaciones que puedan dar a sus carreras?
¿Cómo puede contribuir mejor el aprendizaje de la lengua a su desarrollo personal y
cultural como ciudadanos responsables en una sociedad democrática y pluralista?
Evidentemente, el Marco de referencia no puede
responder a estas preguntas. De hecho, y precisamente porque las respuestas dependen
totalmente de una apreciación completa de la situación de enseñanza y aprendizaje y
sobre todo de las necesidades, las motivaciones, las características y los recursos de
los alumnos y de otras partes implicadas, resulta necesaria la diversificación de las
propuestas. La función de los siguientes capítulos es articular el problema de tal forma
que los asuntos sean considerados y, si es necesario, debatidos de forma racional y
transparente, y que las decisiones sean comunicadas a todos los afectados de manera clara
y concreta.
Siempre que sea posible, al final de cada sección se
hace referencia a lecturas apropiadas de la «Bibliografía General».
4.1. El contexto del uso de la lengua
Hace ya tiempo que se reconoce que el uso de la lengua
varía mucho según las necesidades del contexto en que se utiliza. En este sentido, la
lengua no es un instrumento neutral de pensamiento como, por ejemplo, las matemáticas. La
necesidad y el deseo de comunicarse surgen en una situación concreta, y tanto la forma
como el contenido de la comunicación son una respuesta a esa situación. Por tanto, la
primera sección del capítulo 4 se dedica a distintos aspectos del contexto.
4.1.1. Ámbitos
Cada acto de uso de la lengua se inscribe en el contexto
de una situación específica dentro de uno de los ámbitos (esferas de
acción o áreas de interés) en que se organiza la vida social. La elección de los
ámbitos en los que se prepara a los alumnos para que sean capaces de actuar tiene
consecuencias de largo alcance para la selección de situaciones, propósitos, tareas,
temas y textos que configuran los materiales y las actividades de enseñanza y de examen.
Los usuarios tienen que tener en cuenta los efectos que para la motivación supone la
elección de ámbitos que sean adecuados para el presente en relación con su utilidad
futura. Por ejemplo, puede que a los niños se les motive mejor con una concentración en
sus actuales áreas de interés, pero entonces puede que se encuentren mal preparados para
comunicarse posteriormente en un entorno de adultos. En la educación de adultos, pueden
surgir conflictos de interés entre empresarios que financien cursos y que deseen
una mayor atención al ámbito profesional y alumnos que puedan estar más
interesados en desarrollar las relaciones personales.
Existe un número indeterminado de ámbitos posibles,
pues cualquier esfera de actividad o área de interés que se pueda definir puede
constituir el ámbito de interés de un usuario particular o de un curso concreto.
Teniendo en cuenta los propósitos generales de aprendizaje y enseñanza de lenguas, puede
resultar útil distinguir al menos los siguientes:
el ámbito personal, que es el
de la vida privada del individuo que se centra en su familia y en sus amigos y en el que
se realizan prácticas individuales tales como la lectura por placer, la escritura de un
diario personal, la dedicación a un interés particular o a una afición, etc.;
el ámbito público, que es
aquel en el que la persona actúa como miembro de la sociedad o de alguna organización y
en el que se realizan transacciones de distinto tipo con una variedad de propósitos;
el ámbito profesional, que es
aquel en el que la persona desarrolla su trabajo o su profesión;
el ámbito educativo, en el que
la persona participa en alguna forma organizada de aprendizaje, sobre todo (pero no
necesariamente) dentro de una institución educativa.
Debe destacarse que en muchas situaciones puede entrar en
juego más de un ámbito. Para un profesor, los ámbitos profesional y educativo se
solapan. El ámbito público, con las interacciones y transacciones sociales y
administrativas, así como con los contactos con los medios de comunicación, se solapa
con los demás ámbitos. Tanto en el ámbito educativo como en el profesional, muchas
interacciones y actividades de la lengua corresponden al funcionamiento social que es
normal en un grupo y no reflejan una conexión con tareas profesionales o de aprendizaje;
del mismo modo, el ámbito personal no se debería considerar de ninguna manera como una
esfera aparte (por la penetración de los medios de comunicación en la vida personal y
familiar, la distribución de distintos documentos «públicos» en buzones «privados»,
la publicidad, los textos públicos en el embalaje de productos utilizados en la vida
privada, etc.).
Por el contrario, el ámbito personal individualiza o
personaliza las acciones de otros ámbitos. Sin dejar de ser agentes sociales, las
personas implicadas se sitúan como individuos; un informe técnico, una presentación en
clase, una compra realizada pueden permitir afortunadamente que una
«personalidad» se exprese no sólo en relación con el ámbito profesional, educativo o
público del que, en un tiempo y lugar concretos, forme parte su actividad lingüística.
| Los usuarios del Marco
de referencia pueden tener presente y, en su caso, determinar: En qué ámbitos tendrá que intervenir el alumno,
cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá al respecto. |
4.1.2. Situaciones
En cada ámbito, las situaciones externas que surgen
pueden ser descritas en función de:
el lugar y los momentos en que
ocurren;
las instituciones u organizaciones: la
estructura y los procedimientos de los que controlan gran parte de lo que normalmente
puede ocurrir;
las personas implicadas, sobre todo
según la relevancia de sus papeles sociales en relación con el usuario o alumno;
los objetos (animados e inanimados)
del entorno;
los acontecimientos que tienen lugar;
las intervenciones realizadas por las
personas implicadas;
los textos que se encuentran dentro de
esa situación.
El cuadro 5 (cuadros 5.1 y 5.2) ofrece algunos ejemplos de
estas categorías situacionales, clasificadas según los ámbitos, que se dan,
probablemente, en casi todos los países europeos. El cuadro, que es simplemente
ilustrativo, se puede usar como sugerencia y no pretende ser exhaustivo. En concreto, no
puede tener en cuenta los aspectos dinámicos de las situaciones interactivas, en las que
los participantes identifican las características destacadas de la situación conforme
esta se desarrolla y se preocupan más de cambiar que de describir. En las secciones 4.1.4. y 4.1.5. se tratan más a
fondo las relaciones entre interlocutores en actos de comunicación. Respecto a la
estructura interna de la interacción comunicativa, véase la sección
5.2.3.2. Respecto a los aspectos socioculturales, véase la sección
5.1.1.2.; para las estrategias del usuario, véase la sección
4.4.
Los usuarios del Marco
de referencia pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Las situaciones que el alumno tendrá
que abordar, cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá al respecto.
Los lugares, las instituciones u
organizaciones, las personas, los objetos, los acontecimientos y las acciones con los que
se relacionará el alumno. |
4.1.3. Condiciones y
restricciones
Las condiciones externas en las que se da la
comunicación imponen distintas restricciones en el usuario o alumno y en sus
interlocutores.
- Condiciones físicas:
- para el habla:
claridad de pronunciación;
ruido ambiental (trenes, aviones, obras, etc.);
interferencias (calle abarrotada, mercados, pubs, fiestas, discotecas, etc.);
distorsiones (malas condiciones de las líneas telefónicas, de la radio y de los
sistemas de megafonía);
condiciones atmosféricas (viento, frío extremo, etc.);
- para la escritura:
impresión de mala calidad;
mala letra;
iluminación deficiente, etc.
- Condiciones sociales:
- número de interlocutores y grado de familiaridad entre ellos;
estatus de los participantes (poder y solidaridad, etc.);
presencia o ausencia de público o de observadores;
naturaleza de las relaciones interpersonales entre los participantes (por ejemplo,
simpatía/hostilidad, cooperación).
- Presiones de tiempo:
- diferentes presiones para el hablante y el oyente (tiempo real) y
el que escribe o lector (más flexible);
tiempo de preparación para discursos, informes, etc. (por ejemplo, improvisado,
rutinario o preparado de antemano);
limitaciones del tiempo disponible (por diversas causas: normas, coste, asistencia
a actos y compromisos adquiridos, etc.) para turnos de palabras e intervenciones.
- Otras presiones:
- económicas, de ansiedad (por ejemplo, en exámenes), etc.
La capacidad de todos los hablantes, especialmente los
alumnos, de poner en acción su competencia comunicativa depende en gran medida de las
condiciones físicas en que tiene lugar la comunicación. La comprensión del discurso se
dificulta por el ruido, las interferencias y las distorsiones. La capacidad de funcionar
con eficacia y fiabilidad bajo condiciones difíciles puede tener una importancia crucial,
por ejemplo, para los pilotos de líneas aéreas que reciben instrucciones de aterrizaje,
donde no se admite margen de error. Los que aprenden a realizar declaraciones públicas en
lenguas extranjeras tienen que utilizar una pronunciación especialmente clara, repetir
palabras clave, etc. para asegurar la comprensión. Los laboratorios de idiomas han
empleado a menudo cintas copiadas de otras copias en las que el ruido y las distorsiones
se encuentran en niveles que serían rechazados por inaceptables en un medio visual y que
dificultan seriamente el aprendizaje de la lengua.
Hay que asegurarse de que todas las personas que se
examinan de comprensión oral disfruten de las mismas condiciones. Consideraciones
parecidas se pueden aplicar, mutatis mutandis, a la comprensión y la expresión
escritas. Los profesores y los examinadores también tienen que ser conscientes del efecto
que producen las condiciones sociales y las presiones del tiempo en el proceso de
aprendizaje y en la interacción en el aula, y su efecto en la competencia de un alumno y
en su capacidad de actuar en un momento dado.
Los usuarios del Marco
de referencia pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Cómo afectarán a lo que se pida al
alumno las condiciones en que el alumno tendrá que comunicarse.
Cómo afectarán a lo que se pida al
alumno el número y el carácter de los interlocutores.
Bajo qué presión de tiempo tendrá
que intervenir el alumno. |
4.1.4. El contexto
mental del usuario o alumno
El contexto externo está organizado de forma claramente
independiente del individuo. Esta organización, que es enormemente rica, proporciona una
articulación muy sutil del mundo, que se refleja íntimamente en la lengua de la
comunidad en cuestión y que adquieren los hablantes en el transcurso de su maduración,
educación y experiencia, al menos en la medida en que les resulta relevante. Como un
factor más de participación en un acto comunicativo, debemos distinguir, sin embargo,
entre este contexto externo, que es demasiado rico para actuar sobre él o incluso
percibirlo en toda su complejidad, y el contexto mental del usuario o alumno. El contexto
externo es filtrado e interpretado a través de los siguientes elementos del usuario:
el aparato perceptivo;
los mecanismos de atención;
la experiencia a largo plazo, que
afecta a la memoria, a las asociaciones y a las connotaciones;
la clasificación práctica de los
objetos, los acontecimientos, etc.;
la categorización lingüística.
Estos factores influyen en la percepción que tiene el
alumno del contexto. El grado en que la percepción del contexto exterior provee el
contexto mental para el acto de comunicación es determinado por consideraciones sobre la
relevancia a la luz de los siguientes factores del usuario:
las intenciones al iniciar la
comunicación;
la línea de pensamiento: el
flujo de pensamientos, ideas, sentimientos, sensaciones, impresiones, etc. a los que se
presta atención conscientemente;
las expectativas en función de
la experiencia previa;
la reflexión: la intervención
de los procesos de pensamiento sobre la experiencia (por ejemplo: la deducción y la
inducción);
las necesidades, los impulsos, las
motivaciones, los intereses, que provocan la decisión de actuar;
las condiciones y las restricciones
que limitan y controlan las elecciones de acción;
el estado de ánimo (fatiga,
excitación, etc.), la salud y las cualidades personales (véase la sección 5.1.3).
De esta forma, el contexto mental no se limita a reducir
el contenido de la información que posee el contexto externo inmediatamente observable.
La línea de pensamiento puede estar enormemente influida por la memoria, por los
conocimientos almacenados, por la imaginación y por otros procesos cognitivos (y
emotivos) internos. En ese caso, la lengua producida está sólo ligeramente relacionada
con el contexto externo observable. Pensemos, por ejemplo, en alguien que se examine en
una sala que no tiene características específicas distintivas, o en un matemático o un
poeta en su estudio.
Las condiciones y las restricciones externas son también
importantes principalmente en tanto el usuario o alumno reconoce, acepta y se acomoda a
ellas (o no consigue hacerlo). Esto depende en gran parte de la interpretación que de la
situación hace el individuo en función de sus competencias generales (véase la sección 5.1) como son, por ejemplo, los conocimientos previos,
los valores y las creencias.
Los usuarios del Marco
de referencia pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Qué apreciaciones se hacen sobre la
capacidad que tiene el alumno para observar e identificar las características relevantes
de los contextos externos de comunicación.
Cómo se relacionan las actividades
comunicativas y de aprendizaje con los impulsos, las motivaciones y los intereses del
alumno.
Hasta qué punto se pide al alumno que
reflexione sobre la experiencia.
De qué formas condicionan y
restringen la comunicación las características mentales del alumno. |
4.1.5. El contexto
mental del interlocutor
En un acto comunicativo también tenemos que considerar
al interlocutor del usuario. La necesidad de comunicarse presupone un «vacío de
comunicación» que, no obstante, se puede franquear debido a la superposición o a la
congruencia parcial que existe entre el contexto mental del usuario concreto y el contexto
mental del interlocutor o interlocutores.
En una interacción cara a cara, el usuario y los
interlocutores comparten el mismo contexto externo (salvo y esto es crucial
por la presencia de los otros), pero por los motivos expuestos anteriormente su
observación e interpretación del contexto difiere. El efecto y a menudo toda la
función o parte de ella de un acto comunicativo supone incrementar el área de
congruencia de la comprensión de la situación en interés de una comunicación eficaz
con el fin de cumplir los propósitos de los participantes. Aunque puede que se trate de
una cuestión de intercambio de información factual, más difícil de superar resultan
las diferencias de valores y creencias, de normas de cortesía, de expectativas sociales,
etc. en función de las cuales las partes interpretan la interacción, a menos que hayan
adquirido la consciencia intercultural adecuada.
Los interlocutores pueden estar sujetos a condiciones y
restricciones parcial o totalmente distintas de las del usuario o alumno y reaccionar a
ellas de forma diferente. Por ejemplo, un empleado que utiliza un sistema de megafonía
puede que no sea consciente de lo pobre que es su expresión. Una persona que tenga una
conversación telefónica puede que deba matar el tiempo mientras la otra tiene un cliente
a la espera, etc. Estas diferencias influyen enormemente en las presiones que recibe el
usuario.
Los usuarios del Marco
de referencia pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Hasta qué punto tendrán que
acomodarse los alumnos al contexto mental de su interlocutor.
Cómo se puede preparar a los alumnos
para que hagan los ajustes necesarios. |
4.2. Temas de
comunicación
Dentro de los distintos ámbitos podemos considerar los
temas, que son los asuntos del discurso, de la conversación, de la reflexión o de la
redacción, como centro de atención de los actos comunicativos concretos. Las categorías
temáticas se pueden clasificar de muchas formas distintas. Una buena clasificación en
temas, subtemas y «nociones específicas» es la presentada en el capítulo 7 de Threshold
Level 1990:
identificación personal;
vivienda, hogar y entorno;
vida cotidiana;
tiempo libre y ocio;
viajes;
relaciones con otras personas;
salud y cuidado corporal;
educación;
compras;
comidas y bebidas;
servicios públicos;
lugares;
lengua extranjera;
condiciones atmosféricas.
En cada una de estas áreas temáticas se establecen
subcategorías. Por ejemplo, el tema «Tiempo libre y ocio», está subdividido de la
forma siguiente:
ocio;
aficiones e intereses;
radio y televisión;
cine, teatro, conciertos, etc.;
exposiciones, museos, etc.;
actividades intelectuales y artísticas;
deportes;
prensa.
Para cada subtema se establecen «nociones
específicas». En este sentido, las categorías representadas en el cuadro 5 (cuadros 5.1 y 5.2), que suponen los lugares, las
instituciones, etc. que se van a tratar, son especialmente importantes. Por ejemplo, bajo
el epígrafe «Deportes», Threshold Level 1990 especifica lo siguiente:
lugares: campo, terreno, estadio;
instituciones y organizaciones:
deporte, equipo, club;
personas: jugador;
objetos: tarjetas, pelota;
acontecimientos: carrera, juego;
acciones: ver, jugar al (+ nombre del
deporte), echar una carrera, ganar, perder, empatar.
Evidentemente, esta selección y organización concreta
de temas, subtemas y «nociones específicas» no es definitiva; es el resultado de las
decisiones de los autores en función de la evaluación que realizan de las necesidades
comunicativas de los alumnos concretos. Se ve que los temas expuestos se relacionan
principalmente con los ámbitos personal y público, que es lo apropiado para visitantes
temporales que no es probable que se introduzcan en la vida profesional y educativa del
país. Algunos temas (por ejemplo, los del «Tiempo libre y ocio») pertenecen en parte al
ámbito personal y en parte al ámbito público. Los usuarios del Marco de referencia,
incluyendo, siempre que sea posible, a los alumnos, tomarán, desde luego, sus propias
decisiones basándose en la evaluación que hagan de las necesidades, las motivaciones,
las características y los recursos de los alumnos dentro del ámbito o ámbitos
relevantes en los que estén implicados. Por ejemplo, el aprendizaje de lenguas orientado
al mundo profesional puede desarrollar temas dentro del área profesional que sean
adecuados para los alumnos en cuestión. Los alumnos de los últimos cursos de secundaria
pueden explorar temas científicos, tecnológicos, económicos, etc. con cierta
profundidad. El uso de una lengua extranjera como medio de enseñanza supondrá
necesariamente preocuparse del contenido temático del área que se trate.
Los usuarios del Marco de referencia
pueden tener presente y, en su caso, determinar:
En qué temas tendrá que
desenvolverse el alumno, cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá al
respecto.
En qué subtemas se desenvolverá con
respecto a cada tema.
Qué nociones específicas relativas a
lugares, instituciones u organizaciones, personas, objetos, acontecimientos e
intervenciones tendrá que utilizar el alumno, cómo se le capacitará para ello o qué se
le exigirá al respecto. |
4.3. Tareas y propósitos
comunicativos
Los actos de comunicación con uno o más interlocutores
los realiza generalmente el usuario de la lengua con el fin de satisfacer sus necesidades
en una situación dada. En el ámbito personal, la intención puede ser la de entretener a
un visitante mediante el intercambio de información relativa a la familia, los amigos, lo
que le gusta o no le gusta, la comparación de experiencias y actitudes, etc. En el
ámbito público, la intención suele ser la de realizar transacciones tales como comprar
ropa de buena calidad a un precio razonable. En el ámbito profesional, la intención
puede ser la de comprender nuevas regulaciones y sus consecuencias para los clientes. En
el ámbito educativo, la de contribuir a un juego de roles o a un seminario, o la de
escribir un artículo sobe un tema especializado para un congreso o una publicación, etc.
Con el transcurso de los años, el análisis de las
necesidades y el examen detenido de la lengua han producido una extensa bibliografía
relativa a las tareas de uso de la lengua que un alumno debe estar capacitado para
realizar o que a un alumno se le debe exigir a la hora de enfrentarse a las exigencias de
las situaciones que surgen en los distintos ámbitos. Entre otros muchos, pueden ser
útiles los siguientes ejemplos de tareas dentro del ámbito profesional extraídas de Threshold
Level 1990 (capítulo 2, sección 1.12).
La comunicación en el trabajo
Como residentes temporales, los alumnos deberían saber lo siguiente:
buscar permisos de trabajo, etc. del
modo más adecuado;
preguntar (por ejemplo, a agencias de
empleo) sobre el carácter, la disponibilidad y las condiciones de empleo (por ejemplo,
descripción del puesto de trabajo, salario, normas del trabajo, tiempo libre y
vacaciones, duración del contrato);
leer anuncios de puestos de trabajo;
escribir cartas de solicitud de
trabajo y asistir a entrevistas ofreciendo información escrita o hablada sobre datos,
titulaciones y experiencia de carácter personal, y contestando a preguntas referidas a
ello;
comprender y seguir los procedimientos
para los contratos;
comprender y plantear preguntas
relativas a las tareas que hay que realizar al comenzar un trabajo;
comprender las regulaciones y las
instrucciones de seguridad;
informar de un accidente y realizar
una reclamación a la compañía de seguros;
hacer uso de las prestaciones de la
asistencia social;
comunicarse adecuadamente con los
superiores, los colegas y los subordinados;
participar en la vida social de la
empresa o institución (por ejemplo, en el bar, en los deportes y en las asociaciones,
etc.).
Como miembro de la comunidad anfitriona, un alumno
debería saber ayudar a un hablante de inglés (nativo o no) a realizar las tareas de esta
lista.
La sección 1 del capítulo 7 de Threshold Level 1990
ofrece ejemplos de tareas relativas al ámbito personal.
Identificación personal
Los alumnos saben decir quiénes son, deletrear su nombre, decir su dirección, su número
de teléfono, decir cuándo y dónde nacieron, expresar su edad, su sexo, su estado civil
y su nacionalidad, decir de dónde son, a lo que se dedican, describir a su familia, decir
cuál es su religión si la tienen, expresar lo que les gusta y lo que no les
gusta, decir cómo son otras personas; preguntar a otras personas una información similar
y comprenderla si se la ofrecen.
A los profesionales (profesores, autores de cursos,
examinadores, responsables de la elaboración de currículos, etc.) y a los usuarios
(padres, directores de centros educativos, empresarios, etc.), así como a los mismos
alumnos, estas especificaciones muy concretas de tareas les han resultado muy
significativas y motivadoras como objetivos de aprendizaje. Las tareas son, sin embargo,
enormemente numerosas; a un marco general le resulta imposible especificar de forma
exhaustiva todas las tareas comunicativas que pueden necesitarse en las situaciones de la
vida real. Corresponde a los profesionales reflexionar sobre las necesidades comunicativas
de los alumnos de los que son responsables y, después, utilizando adecuadamente los
recursos completos del Marco de referencia como modelo (por ejemplo, como se
detalla en el capítulo 7), especificar las tareas comunicativas
en las que sus alumnos deben aprender a desenvolverse. También se debería procurar que
los alumnos reflexionaran sobre sus necesidades comunicativas como un aspecto más de su
propia reflexión y de su independencia.
Los usuarios del Marco de referencia
pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Las tareas comunicativas en los
ámbitos personal, público, profesional y educativo que el alumno tendrá que aprender a
realizar, cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá al respecto.
La evaluación de las necesidades del
alumno en que se basa la selección de las tareas. |
En el ámbito educativo puede resultar
útil distinguir entre las tareas en las que participan los alumnos como usuarios
de la lengua y aquellas en que participan como parte del proceso de aprendizaje de
la lengua.
Con respecto a las tareas, entendidas como vehículos
para planificar, llevar a cabo e informar sobre el aprendizaje y la enseñanza de la
lengua, se puede ofrecer información adecuada respecto a:
tipos de tareas: por
ejemplo, simulaciones, juegos de roles, interacción en el aula, etc.;
objetivos: por
ejemplo, los objetivos de aprendizaje para todo el grupo en relación con las metas
diferentes y menos predecibles de los distintos participantes;
resultados: por
ejemplo, productos concretos tales como textos, resúmenes, tablas, presentaciones, etc. y
resultados del aprendizaje como, por ejemplo, la mejora de las competencias, la toma de
conciencia, el discernimiento, las estrategias, la experiencia en la toma de decisiones y
en la negociación, etc.;
actividades: por
ejemplo, procesos cognitivos o afectivos, físicos o de reflexión, de grupo, en pareja,
individuales, procesos de comprensión y de expresión, etc. (véase la sección 4.5);
roles: los roles de
los participantes tanto en las tareas mismas como en la planificación y la organización
de las tareas;
control y evaluación del
éxito relativo de la tarea concebida y realizada utilizando criterios como la relevancia,
las expectativas de dificultad, las restricciones y la adecuación.
En el capítulo 7 se ofrece una relación más
detallada de la función que cumplen las tareas en el aprendizaje y la enseñanza de
idiomas.
Los usuarios del Marco de referencia
pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Las tareas que los alumnos tendrán
que aprender a realizar en el ámbito educativo, cómo se les capacitará para ello o qué
se les exigirá al respecto:
- como participantes en interacciones guiadas y
dirigidas a un objetivo, en trabajos, en simulaciones, en juegos de roles, etc.;
- cuando se utilice la segunda lengua como medio
de instrucción en la enseñanza de la lengua misma o de otras asignaturas del currículo,
etc.
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Usos lúdicos de la lengua
El uso de la lengua para fines lúdicos a menudo desempeña un papel
importante en el aprendizaje y en el desarrollo de la lengua, pero no se limita al ámbito
educativo. Las actividades lúdicas comprenden ejemplos como:
- Juegos de lengua de carácter social:
orales (el juego del veo, veo, etc.);
escritos (el juego del ahorcado, etc.);
audiovisuales (el bingo con imágenes, el juego de las
películas, etc.);
juegos de tablero y de cartas (las palabras cruzadas, el
Pictionary, el juego de la oca, etc.);
charadas, mímica, etc.
- Actividades individuales:
pasatiempos (crucigramas, sopas de letras, adivinanzas, etc.);
juegos de televisión y radio («Cifras y letras»,
«Pasapalabra», etc.).
- Juegos de palabras:
anuncios publicitarios; por ejemplo: «Disfruta la fruta»;
titulares de los periódicos; por ejemplo, (distintas reacciones
ante la llegada del euro): «Las dos caras de la moneda»;
pintadas; por ejemplo: «La contaminación no te da respiro».
Usos estéticos de la lengua
Los usos imaginativos y artísticos de la lengua son importantes tanto
en el campo educativo como en sí mismos. Las actividades estéticas pueden ser de
expresión, de comprensión, interactivas o de mediación (véase la sección 4.4.4. más abajo), y pueden ser orales o escritas.
Comprenden actividades como las siguientes:
cantar (canciones infantiles,
canciones populares, canciones de música pop, etc.);
volver a contar y escribir historias,
etc.;
escuchar, leer, contar y escribir
textos imaginativos (cuentos, canciones, etc.) incluyendo textos audiovisuales,
historietas, cuentos con imágenes, etc.;
representar obras de teatro con guión
o sin él, etc.;
presenciar y escenificar textos
literarios como, por ejemplo: leer y escribir textos (relatos cortos, novelas, poesía,
etc.), representar y presenciar como espectador recitales, obras de teatro y de ópera,
etc.
Este tratamiento en forma resumida de lo que
tradicionalmente ha sido un aspecto importante, y a menudo predominante de los estudios de
lenguas modernas en los cursos superiores de secundaria y en la educación superior, puede
parecer superficial. No se pretende que así sea. Las literaturas nacionales y regionales
contribuyen de forma importante a la herencia cultural europea, que el Consejo de Europa
considera «un patrimonio común valioso que hay que proteger y desarrollar». Los
estudios literarios cumplen muchos más fines educativos, intelectuales, morales,
emocionales, lingüísticos y culturales que los puramente estéticos. Se espera que
muchas secciones del Marco de referencia resulten adecuadas para las preocupaciones
de los profesores de literatura de todos los niveles y que sean útiles a la hora de
lograr que los objetivos y métodos sean más transparentes.
Los usuarios del Marco de referencia
pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Qué usos lúdicos y estéticos de la
lengua tendrá que aprender el alumno, cómo se le capacitará para ellos o qué se le
exigirá al respecto. |
4.4. Actividades
comunicativas de la lengua y estrategias
Para llevar a cabo tareas comunicativas, los usuarios
tienen que realizar actividades de lengua de carácter comunicativo y poner en
funcionamiento estrategias de comunicación.
Muchas actividades comunicativas, tales como la
conversación y la correspondencia, son interactivas, es decir, los participantes
alternan como productores y receptores, a menudo con varios turnos.
En otros casos, como cuando se graba o se transmite el
habla o cuando se envían textos para su publicación, los emisores están alejados de los
receptores, a los que pueden incluso no conocer y que no pueden responderles. En estos
casos se puede considerar el acto comunicativo como el hecho de hablar, escribir,
escuchar o leer un texto.
En la mayoría de los casos, el usuario como hablante o
autor de un texto escrito está produciendo su propio texto para expresar sus propios
significados. En otros, está actuando como un canal de comunicación (a menudo, pero no
necesariamente, en distintas lenguas) entre dos o más personas que por un motivo u otro
no se pueden comunicar directamente. Este proceso, denominado mediación, puede ser
interactivo o no.
Muchas situaciones, si no casi todas, suponen una
combinación de varios tipos de actividades. En un aula de una escuela de idiomas, por
ejemplo, se puede pedir a un alumno que escuche la exposición de un profesor, que lea un
manual, en silencio o en voz alta, que interactúe con sus compañeros en pareja o en
grupos de trabajo, que escriba ejercicios o redacciones, e incluso que ejerza la
mediación, ya sea como una actividad de clase o para ayudar a otro alumno.
Las estrategias son un medio que utiliza el
usuario de la lengua para movilizar y equilibrar sus recursos, poner en funcionamiento
destrezas y procedimientos con el fin de satisfacer las demandas de comunicación que hay
en el contexto y completar con éxito la tarea en cuestión de la forma más completa o
más económica posible, dependiendo de su finalidad concreta. Por tanto, no
habría que ver las estrategias de comunicación simplemente desde una perspectiva de
incapacidad, como una forma de compensar una carencia o una mala comunicación. Los
hablantes nativos emplean habitualmente todo tipo de estrategias de comunicación (que se
analizarán más adelante) cuando el uso de una estrategia concreta es adecuado en
respuesta a las demandas comunicativas que se les presentan.
El uso de estrategias de comunicación se puede
considerar como la aplicación de los principios metacognitivos: planificación,
ejecución, control y reparación de los distintos tipos de actividad
comunicativa: comprensión, expresión, interacción y mediación.
El término «estrategias» se ha usado de distintas
formas. Aquí nos referimos al hecho de adoptar una línea concreta de acción con el fin
de maximizar la eficacia. Las destrezas que constituyen una parte inevitable del proceso
de comprensión o articulación de la palabra hablada o escrita (por ejemplo, fragmentar
un flujo de sonido con el fin de descodificarlo y convertirlo en una cadena de palabras
que tengan un significado proposicional) son tratadas como destrezas de nivel bajo en
relación con el proceso comunicativo apropiado (véase la sección
4.5).
El progreso en la enseñanza de lenguas se evidencia con
mayor claridad en la capacidad que tiene el alumno de realizar actividades de lengua
observables y de poner en práctica estrategias de comunicación. Por tanto, éstas son
una base adecuada para la elaboración de escalas de capacidad lingüística. En este
capítulo se sugiere una escala para varios aspectos de las actividades y las estrategias
analizadas.
4.4.1. Actividades y estrategias de
expresión
Las actividades y estrategias de expresión comprenden
actividades de expresión oral y escrita.
4.4.1.1. Actividades de expresión oral
En las actividades de expresión oral
(hablar), el usuario de la lengua produce un texto oral que es recibido por uno o más
oyentes. Algunos ejemplos de actividades de expresión oral son los siguientes:
realizar comunicados públicos
(información, instrucciones, etc.);
dirigirse a un público (discursos en
reuniones públicas, conferencias universitarias, sermones, espectáculos, comentarios
deportivos, presentaciones de ventas, etc.);
Pueden suponer, por ejemplo:
leer en voz alta un texto escrito;
hablar apoyándose en notas, en un
texto escrito o en elementos visuales (esquemas, imágenes, gráficos, etc.);
representar un papel ensayado;
hablar espontáneamente;
cantar.
Se proporcionan escalas ilustrativas para:
expresión oral en general;
monólogo sostenido: descripción de
experiencias;
monólogo sostenido: argumentación (por
ejemplo, en un debate);
declaraciones públicas;
hablar en público.
Los usuarios del Marco de referencia pueden
tener presente y, en su caso, determinar:
Qué serie de actividades de
expresión oral (hablar) tendrá que aprender el alumno, cómo se le capacitará para ello
o qué se le exigirá al respecto. |
4.4.1.2. Actividades de expresión escrita
En las actividades de expresión escrita
(escribir) el usuario de la lengua produce, como autor, un texto escrito que es leído por
uno o más lectores.
Algunos ejemplos de actividades de expresión escrita son
los siguientes:
completar formularios y cuestionarios;
escribir artículos para revistas, periódicos, boletines informativos, etc.;
producir carteles para exponer;
escribir informes, memorandos, etc.;
tomar notas para usarlas como referencias futuras;
tomar mensajes al dictado, etc.;
escribir de forma creativa e imaginativa;
escribir cartas personales o de negocios, etc.
Las escalas ilustrativas se proporcionan para:
expresión
escrita en general;
escritura creativa;
informes y redacciones.
Los usuarios del Marco de referencia pueden
tener presente y, en su caso, determinar:
Qué actividades de expresión escrita
tendrá que aprender a realizar el alumno, con qué finalidad, cómo se le capacitará
para ello y qué se le exigirá al respecto. |
4.4.1.3. Estrategias de expresión
Las estrategias de expresión suponen
movilizar recursos, buscar el equilibrio entre distintas competencias maximizando
las cualidades y evitando las insuficiencias con el fin de equiparar el potencial
disponible con la naturaleza de la tarea. Se ponen en funcionamiento los recursos
internos, lo que posiblemente conlleva una preparación consciente (preparación),
el cálculo del efecto de estilos, estructuras del discurso o formulaciones (atención
al destinatario), y la búsqueda en un diccionario o la obtención de ayuda
cuando se trate de una carencia (localización de recursos).
Cuando no se han movilizado o localizado los recursos adecuados, al usuario de la
lengua le puede resultar más aconsejable emprender una versión más modesta de la tarea
y, por ejemplo, escribir una postal y no una carta. Por el contrario, después de
localizar una ayuda apropiada, el alumno puede decidir hacer lo contrario: elevar el nivel
de la tarea (reajuste de la tarea). De forma parecida, sin
recursos suficientes, el alumno o usuario tendrá que hacer concesiones respecto a lo que
realmente le gustaría expresar con el fin de adecuarse a los medios lingüísticos
disponibles; y a la inversa, los recursos lingüísticos complementarios de que pueda
disponer posteriormente, durante la reelaboración, pueden permitirle ser más ambicioso a
la hora de dar forma y de expresar sus ideas (reajuste del mensaje).
Se definen como estrategias de evitación aquellos
procedimientos de reajuste a la baja de nuestros objetivos cuando los recursos de que se
dispone son limitados. Las estrategias de aprovechamiento, por su parte, son las
que permiten encontrar los medios para lograr desenvolverse mediante un reajuste al alza
de nuestros recursos. Al utilizar estrategias de aprovechamiento, el usuario de la
lengua adopta un enfoque positivo de los recursos de los que dispone, lo que permite hacer
aproximaciones y generalizaciones con un nivel de lengua muy sencillo, así como
parafrasear o describir aspectos de lo que se quiere decir o incluso «extranjerizar»
expresiones de la L1 (compensación); al utilizar una lengua muy accesible y
«prefabricada», el usuario se siente seguro «islas de seguridad» para
crear puentes a través de lo que para él es una situación nueva o un concepto novedoso
que quiere expresar (apoyo en los conocimientos previos) o
simplemente para intentar utilizar lo que recuerda a medias y piensa que podría funcionar
(intento). Tanto si el usuario de la lengua es consciente de la compensación, de
que está andando por la cuerda floja o de que está usando la lengua con vacilación,
como si no lo es, la retroalimentación proveniente de la expresión facial, de los gestos
y de los movimientos subsiguientes que se producen en la conversación, le ofrece la
oportunidad de controlar el éxito de la comunicación (control del éxito).
Además, sobre todo en actividades no interactivas (por ejemplo, realizar una
presentación, escribir un informe), el usuario de la lengua puede controlar
conscientemente tanto los aspectos lingüísticos como los comunicativos de los deslices
momentáneos y los errores más frecuentes y corregirlos (autocorrección).
Planificación |
Preparación
Localización de recursos
Atención al destinatario
Reajuste de la tarea
Reajuste del mensaje |
Ejecución |
Compensación
Apoyo en los conocimientos previos
Intento |
Evaluación |
Control del éxito |
Corrección |
Autocorrección |
Se proporcionan escalas ilustrativas para:
planificación;
compensación;
control y corrección.
4.4.2. Actividades y estrategias de
comprensión
Se incluyen actividades de escuchar y leer.
4.4.2.1. Actividades de comprensión auditiva
En las actividades de comprensión auditiva,
el usuario de la lengua como oyente recibe y procesa una información de entrada (input)
en forma de enunciado emitida por uno o más hablantes.
Las actividades de comprensión auditiva incluyen:
escuchar declaraciones públicas
(información, instrucciones, avisos, etc.);
escuchar medios de comunicación (radio, televisión, grabaciones, cine);
escuchar conferencias y presentaciones en público (teatro, reuniones públicas,
conferencias, espectáculos, etc.);
escuchar conversaciones por casualidad, etc.
En cada caso, el usuario puede estar escuchando:
para captar la esencia de lo que se
dice;
para conseguir información específica;
para conseguir una comprensión detallada;
para captar posibles implicaciones, etc.
Las escalas ilustrativas se proporcionan para:
comprensión auditiva en general;
comprender conversaciones
entre hablantes nativos;
escuchar conferencias y
presentaciones;
escuchar avisos e
instrucciones;
escuchar retransmisiones y
material grabado.
Los usuarios del Marco de referencia pueden
tener presente y, en su caso, determinar:
Qué serie de información de entrada
(input) tendrá que aprender a escuchar el alumno, cómo se le capacitará para ello o
qué se le exigirá al respecto.
Para qué fines escuchará el alumno
la información de entrada (input).
Qué modalidad de comprensión
auditiva realizará el alumno. |
4.4.2.2. Actividades de comprensión de lectura
En las actividades de comprensión de lectura,
el usuario como lector recibe y procesa como información de entrada textos escritos
producidos por uno o más autores.
Algunos ejemplos de actividades de lectura son los
siguientes:
leer para disponer de una orientación general;
leer para obtener información; por ejemplo, utilizar obras de consulta;
leer para seguir instrucciones;
leer por placer.
El usuario de la lengua puede leer:
para captar la idea general;
para conseguir información específica;
para conseguir una comprensión detallada;
para captar implicaciones, etc.
Se proporcionan escalas ilustrativas para:
comprensión
de lectura en general;
leer correspondencia;
leer para orientarse;
leer en busca de
información y argumentos;
leer instrucciones.
Los usuarios del Marco de referencia
pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Para qué fines tendrá que aprender a
leer el alumno, cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá al respecto.
En qué modalidades tendrá que
aprender a leer el alumno, cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá al
respecto. |
4.4.2.3. Actividades de comprensión audiovisual
En la comprensión audiovisual, el usuario
recibe simultáneamente una información de entrada (input) auditiva y visual.
Dichas actividades incluyen:
comprender un texto leído en voz alta;
ver televisión, un vídeo o una película con subtítulos;
utilizar las nuevas tecnologías (multimedia, cederrón, etc.).
Se proporciona una escala ilustrativa para:
ver televisión y cine.
4.4.2.4. Estrategias de comprensión
Las estrategias de comprensión suponen
identificar el contexto y los conocimientos del mundo adecuados a ese contexto, poniendo
en funcionamiento en ese proceso lo que se consideran esquemas apropiados. Estos, a su
vez, establecen expectativas respecto a la organización y al contenido de lo que va a
ocurrir (Encuadre). Durante el proceso de la actividad de
comprensión, se utilizan las claves identificadas en el contexto total (lingüístico y
no lingüístico), así como las expectativas respecto a este contexto establecidas por
los esquemas adecuados para elaborar una representación del significado que se expresa y
una hipótesis respecto a la intención comunicativa que subyace en él. Mediante un
proceso de aproximación sucesiva, se llenan los vacíos aparentes y posibles que haya en
el mensaje con el fin de materializar la representación del significado, y se deduce la
importancia del mensaje y de sus partes constituyentes (Inferencia). Los vacíos
que se resuelven mediante la inferencia pueden haber sido causados por restricciones
lingüísticas, condiciones receptivas difíciles, ausencia de conocimientos asociados o
por una supuesta familiaridad, predisposición, subestimación o reducción fonética por
parte del emisor. La viabilidad del modelo al que se ha llegado por este proceso se
comprueba con la evidencia de las claves cotextuales y contextuales para ver si
«encajan» en el esquema puesto en funcionamiento: la forma en que uno está
interpretando la situación (Comprobación de hipótesis). Si se
identifica un desajuste hay que volver a la primera fase (Encuadre)
en busca de un esquema alternativo que pudiera explicar mejor las claves mencionadas (Revisión
de hipótesis).
Planificación |
Estructuración (conformar la
disposición mental, poner en funcionamiento los esquemas, establecer las expectativas). |
Ejecución |
Identificación de las claves e
inferencia a partir de ellas. |
Evaluación |
Comprobación de la hipótesis:
ajuste de las claves con los esquemas. |
Corrección |
Revisión de la hipótesis. |
4.4.3. Actividades y
estrategias de interacción
4.4.3.1. Actividades de interacción oral
En las actividades de interacción oral, el
usuario de la lengua actúa de forma alterna como hablante y oyente con uno o con más
interlocutores para construir conjuntamente una conversación mediante la negociación de
significados siguiendo el principio de cooperación.
Las estrategias de comprensión y de expresión se
emplean constantemente durante la interacción. Hay también tipos de estrategias
cognitivas y de colaboración (también llamadas estrategias del discurso y estrategias de
cooperación) que suponen controlar la colaboración y la interacción en acciones tales
como tomar el turno de palabra y cederlo, formular el tema y establecer un enfoque,
proponer y evaluar las soluciones, recapitular y resumir lo dicho y mediar en un
conflicto.
Estos son algunos ejemplos de actividades de
interacción:
transacciones;
conversación casual;
discusión informal;
discusión formal;
debate;
entrevista;
negociación;
planificación conjunta;
cooperación práctica centrada en los objetivos;
etc.
Se ofrecen escalas ilustrativas para:
interacción
oral en general;
compreder a un interlocutor
nativo;
conversación;
conversación informal;
conversación formal y
reuniones de trabajo;
colaborar para alcanzar un
objetivo;
interactuar para obtener
bienes y servicios;
intercambiar información;
entrevistar y ser
entrevistado.
4.4.3.2. Actividades de interacción escrita
La interacción a través de la lengua escrita incluye actividades como
las siguientes:
pasar e intercambiar notas, memorandos, etc. cuando la
interacción hablada resulta imposible e inapropiada;
correspondencia por carta, fax, correo electrónico, etc.;
negociar el texto de acuerdos, contratos, comunicados, etc. volviendo a formular e
intercambiando borradores, modificaciones, correcciones de pruebas, etc.;
participación en conferencias por ordenador, conectados o no a Internet.
La interacción cara a cara puede suponer, naturalmente,
una mezcla de medios: hablados, escritos, audiovisuales, paralingüísticos (véase la sección 4.4.5.2) y paratextuales (véase la sección 4.4.5.3).
Con la creciente sofisticación de los programas
informáticos, la comunicación interactiva hombremáquina está desempeñando un
papel cada vez más importante en los ámbitos público, profesional, educativo e incluso
personal.
Se ofrecen escalas ilustrativas para:
interacción
escrita en general;
escribir cartas;
notas, mensajes y formularios.
Los usuarios del Marco de referencia
pueden tener presente y, en su caso, determinar:
En qué tipo de comunicación
interactiva tendrá que aprender a participar el alumno, cómo se le capacitará para ello
o qué se le exigirá al respecto.
Qué papeles tendrá que desempeñar
el alumno en la interacción, cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá al
respecto. |
4.4.3.3. Estrategias de interacción
La interacción abarca tanto la actividad de comprensión
como la de expresión, así como la actividad propia de la construcción de un discurso
conjunto y, por tanto, todas las estrategias de comprensión y todas las estrategias de
expresión mencionadas hasta ahora están también implicadas en la interacción. No
obstante, el hecho de que la interacción oral suponga la creación colectiva de
significado mediante el establecimiento de un cierto grado de contexto mental común, la
definición de lo que hay que considerar como dado, la deducción de la procedencia de las
personas, la convergencia de unos con otros o la definición y el mantenimiento de una
cómoda distancia, generalmente en tiempo real, significa que además de las estrategias
de comprensión y de expresión hay un tipo de estrategias exclusivas de la interacción
que tiene que ver con el control de este proceso. Asimismo, el hecho de que la
interacción sea principalmente cara a cara suele proporcionar una mayor abundancia tanto
en términos textuales y lingüísticos como respecto a características
paralingüísticas y señales contextuales, todo lo cual puede llegar a ser más o menos
elaborado, más o menos explícito hasta donde el constante control del proceso por parte
de los participantes considere apropiado.
La planificación de la interacción oral supone
la puesta en funcionamiento de esquemas mentales o un «praxeograma» (diagrama que
representa la estructura de la interacción comunicativa) de los intercambios posibles y
probables de la actividad que se va a llevar a cabo (Encuadre) y la consideración de la
distancia comunicativa que hay entre los interlocutores (Identificación de
vacío de información y de opinión; Valoración de lo que puede darse por supuesto)
con el fin de decidirse por opciones y preparar el posible desarrollo de tales
intercambios (Planificación de los intercambios). Durante la
actividad misma, los usuarios de la lengua adoptan estrategias de turnos de palabras para
llevar la iniciativa en el discurso (Tomar la palabra), para
consolidar la colaboración en la tarea y mantener vivo el debate (Cooperación
interpersonal), para contribuir a la comprensión mutua y a mantener un
enfoque preciso de la tarea en curso (Cooperación de pensamiento)
y para que ellos mismos puedan pedir ayuda a la hora de formular algo (Petición
de ayuda). Al igual que en el caso de la planificación, la evaluación
tiene lugar en el nivel comunicativo y considera el ajuste entre los esquemas mentales que
se pensaba aplicar y lo que sucede realmente (Control de los esquemas y del
«praxeograma») y el grado en que las cosas funcionan como uno quiere (Control
del efecto y del éxito); los malentendidos o la ambigüedad inaceptables
provocan peticiones de aclaración que pueden estar en un nivel lingüístico o
comunicativo (Petición u ofrecimiento de aclaración) así como
la intervención activa para restablecer la comunicación y aclarar los malentendidos
cuando sea necesario (Reparación de la comunicación).
Planificación |
Encuadre (selección del
«praxeograma»)
Identificación de vacío de información y de opinión (condiciones de idoneidad)
Valoración de lo que se puede dar por supuesto
Planificación de los intercambios |
Ejecución |
Tomar la palabra
Cooperación interpersonal
Cooperación de pensamiento
Enfrentarse a lo inesperado
Petición de ayuda |
Evaluación |
Control de los esquemas y del
«praxeograma»
Control del efecto y del éxito |
Corrección |
Petición de aclaración
Ofrecimiento de aclaración
Reparación de la comunicación |
Se ofrecen escalas ilustrativas para:
Tomar la palabra, cooperar y pedir aclaraciones.
4.4.4. Actividades y estrategias de
mediación
En las actividades de mediación, el
usuario de la lengua no se preocupa de expresar sus significados, sino simplemente de
actuar como intermediario entre interlocutores que no pueden comprenderse de forma
directa, normalmente (pero no exclusivamente) hablantes de distintas lenguas. Ejemplos de
actividades de mediación son la interpretación oral y la traducción escrita, así como
el resumen y la paráfrasis de textos de la misma lengua cuando el receptor no comprende
la lengua del texto original; por ejemplo:
4.4.4.1. Actividades de mediación oral:
interpretación simultánea
(congresos, reuniones, discursos formales, etc.);
interpretación consecutiva (charlas
de bienvenida, visitas con guías, etc.);
interpretación informal:
- de visitantes extranjeros en el país propio;
- de hablantes nativos en el extranjero;
- en situaciones sociales y en intercambios
comunicativos con amigos, la familia, clientes, huéspedes extranjeros, etc.;
- de señales, cartas de menú, anuncios, etc.
4.4.4.2. Actividades de mediación escrita:
traducción exacta (por ejemplo, de
contratos, de textos legales y científicos, etc.);
traducción literaria (novelas, obras
de teatro, poesía, libretos, etc.);
resumen de lo esencial (artículos de
periódicos y revistas, etc.) en la segunda lengua o entre la lengua materna y la segunda
lengua;
paráfrasis (textos especializados
para profanos, etc.).
4.4.4.3. Estrategias de mediación
Las estrategias de mediación reflejan las formas de
abordar las demandas del uso limitado de recursos para procesar la información y
establecer significado equivalente. Este proceso puede suponer una cierta planificación
previa para organizar y aprovechar al máximo los recursos (Desarrollo de los
conocimientos previos; Búsqueda de apoyos; Preparación de un glosario) así
como la consideración de la forma en que hay que abordar la tarea concreta (Consideración
de las necesidades del interlocutor; Selección del tamaño de la unidad de
interpretación). Durante el proceso de interpretación, explicación o
traducción, el mediador necesita ver lo que viene a continuación mientras formula lo que
se acaba de decir, generalmente haciendo malabarismos con dos distintos «fragmentos» o
unidades de interpretación simultáneamente (Previsión). Tiene
que apuntar las formas de expresar las cosas para aumentar su glosario (Anotación
de posibilidades y equivalencias) y construir «islas de fiabilidad»,
(fragmentos «prefabricados») lo que libera capacidad de procesamiento para la
previsión. Por otra parte, el mediador también tiene que utilizar técnicas para eludir
las incertidumbres y para evitar la interrupción mientras mantiene la previsión (Salvar
obstáculos). La evaluación tiene lugar en un nivel comunicativo (Comprobación
de la congruencia) y a nivel lingüístico (Comprobación de la
coherencia) y, desde luego respecto a la traducción escrita, provoca la
corrección mediante la consulta de obras de referencia y de personas que tengan
conocimientos en el campo en cuestión (Precisión mediante la consulta de
diccionarios; consulta de expertos y de fuentes).
Planificación |
Desarrollo de los conocimientos
previos
Búsqueda de apoyos
Preparación de un glosario
Consideración de las necesidades del interlocutor
Selección de la unidad de interpretación |
Ejecución |
Previsión: procesamiento de la
información de entrada y formulación del último fragmento simultáneamente en tiempo
real.
Anotación de posibilidades y equivalencias
Salvar obstáculos |
Evaluación |
Comprobación de la coherencia de
dos versiones
Comprobación de la consistencia de uso |
Corrección |
Precisión mediante la consulta de
diccionarios
Consulta de expertos y de fuentes |
Todavía no existen escalas ilustrativas
disponibles.
Los usuarios del Marco de referencia pueden
tener presente y, en su caso, determinar:
Las actividades de mediación que
tendrá que aprender a realizar el alumno, cómo se le capacitará para ello o qué se le
exigirá al respecto. |
4.4.5. Comunicación
no verbal
4.4.5.1. Gestos y acciones
Los gestos y acciones que acompañan a las actividades de
la lengua (normalmente actividades orales cara a cara) comprenden:
señalar, por ejemplo, con el dedo,
con la mano, con la mirada, con una inclinación de la cabeza. Estas acciones se utilizan
con deícticos para la identificación de objetos, personas, etc.; por ejemplo: «¿Me
puedes dar ése? No, ése no, aquél»;
demostración, con deícticos. Por
ejemplo: «Yo cojo éste y lo sujeto aquí, de esta forma. Ahora haced vosotros lo
mismo»;
acciones observables con claridad, que
se pueden suponer como conocidas en textos narrativos, comentarios, pedidos, etc.; por
ejemplo: «¡No hagas eso!», «¡Bien hecho!», «¡Oh, no, lo ha tirado!».
En todos estos casos, el enunciado no puede interpretarse
a menos que se perciba la acción.
Los usuarios del Marco de referencia pueden
tener presente y, en su caso, considerar:
Qué destrezas tendrá que aprender el
alumno, cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá al respecto, con el fin de
relacionar acciones con palabras y viceversa.
En qué situaciones tendrá que
ponerlas en práctica el alumno, cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá
al respecto. |
4.4.5.2. Acciones paralingüísticas
Las acciones paralingüísticas comprenden:
gestos (por ejemplo, el puño apretado
para indicar «protesta»);
expresiones faciales (por ejemplo,
sonreír o fruncir el ceño);
posturas (por ejemplo, dejarse caer
pesadamente para indicar «desesperación» o sentarse inclinado hacia delante para
expresar «interés entusiasta»);
contacto visual (por ejemplo, un
guiño de complicidad o una mirada fija de incredulidad);
contacto corporal (por ejemplo, un
beso o un apretón de manos);
proxémica (por ejemplo, permanecer
cerca o alejado).
«chsss» |
para pedir silencio |
«uuuuuuh» |
expresa desaprobación pública |
«agh» |
expresa asco |
«ay» |
expresa dolor |
«bah» |
expresa desprecio |
Cualidades prosódicas. El uso de estas
cualidades es paralingüístico si conlleva significados que se han hecho convencionales
(por ejemplo, relacionados con actitudes y estados anímicos), pero no pertenecen al
sistema fonológico regular donde participan características prosódicas de longitud,
tono, acentuación; por ejemplo:
cualidad de voz |
(chillona, ronca, profunda, etc.) |
tono |
(quejumbroso, alegre, conciliador, etc.) |
volumen |
(susurro, murmullo, grito, etc.) |
duración |
(¡vaaaaaale!) |
Muchos efectos paralingüísticos se
producen por combinación de tono, duración, volumen y cualidad de voz.
Se debería tener mucho cuidado en diferenciar la
comunicación paralingüística de los lenguajes de signos desarrollados, que no están
dentro del alcance del Marco de referencia, aunque a los expertos de ese campo muchos de
sus conceptos y categorías les puedan parecer adecuados para sus intereses.
Los usuarios del Marco de referencia pueden
tener presente y, en su caso, determinar:
Qué comportamientos
paralingüísticos de la lengua meta tendrá que reconocer y comprender el alumno, cómo
se le capacitará para ello o qué se le exigirá al respecto. |
4.4.5.3. Características paratextuales
Características paratextuales: una función
«paralingüística» parecida se adopta en relación con los textos escritos mediante
mecanismos como los siguientes:
ilustraciones (fotografías, dibujos,
etc.);
gráficos, tablas, diagramas, figuras,
etc.;
características tipográficas (tipos
de letras, intensidad, espaciado, subrayado, diseño), etc.
Los usuarios del Marco de referencia pueden
tener presente y, en su caso, determinar:
Qué características paratextuales
tendrá que reconocer el alumno (y a cuáles responder), cómo se le capacitará para ello
o qué se le exigirá al respecto. |
4.5. Procesos
comunicativos de la lengua
Para hablar, escribir, escuchar o leer, el alumno tiene
que llevar a cabo una secuencia de acciones realizadas con destreza.
Para hablar, el alumno debe saber:
planear y organizar un mensaje
(destrezas cognitivas);
formular un enunciado
lingüístico (destrezas lingüísticas);
articular el enunciado
(destrezas fonéticas).
Para escribir, el alumno debe saber:
organizar y formular el mensaje
(destrezas cognitivas y lingüísticas);
escribir el texto a mano o
teclearlo (destrezas manuales) o, de lo contrario, transferir el texto a escritura.
Para escuchar, el alumno debe saber:
percibir el enunciado
(destrezas fonéticas auditivas);
identificar el mensaje
lingüístico (destrezas lingüísticas);
comprender el mensaje
(destrezas semánticas);
interpretar el mensaje
(destrezas cognitivas).
Para leer, el alumno debe saber:
percibir el texto escrito
(destrezas visuales);
reconocer la escritura
(destrezas ortográficas);
identificar el mensaje
(destrezas lingüísticas);
comprender el mensaje
(destrezas semánticas);
interpretar el mensaje
(destrezas cognitivas).
Las fases observables de estos procesos se comprenden
bien. Otras, como las relacionadas con los hechos que ocurren en el sistema nervioso
central, no son tan fácilmente comprensibles. El siguiente análisis pretende sólo
identificar algunas partes de los procesos que son pertinentes para el desarrollo del
dominio de la lengua.
4.5.1. Planificación
Es la selección, interrelación y coordinación de
componentes de las competencias generales y comunicativas (véase el capítulo
5) que apoyan el acto comunicativo con el fin de posibilitar el logro de las
intenciones comunicativas del usuario o alumno.
4.5.2. Ejecución
4.5.2.1. Expresión
Al proceso de expresión contribuyen dos
componentes:
El componente de formulación toma el resultado
del componente de planificación y lo funde en una forma lingüística. Esto comprende
procesos léxicos, gramaticales, fonológicos (y, en el caso de la escritura,
ortográficos) que son distinguibles y que parecen tener (por ejemplo, en casos de
disfasia) cierta independencia, pero cuya exacta interrelación no se comprende
totalmente.
El componente de articulación organiza la
inervación motora del aparato vocal para convertir el resultado de los procesos
fonológicos en movimientos coordinados de los órganos del habla con el fin de producir
una sucesión de ondas de habla que constituyen el enunciado, o, de forma alternativa, la
inervación motora de la musculatura de la mano para producir un texto escrito a mano o
tecleado.
4.5.2.2. Comprensión
El proceso de comprensión supone cuatro
pasos que, si bien ocurren en secuencia lineal (de abajo a arriba), son actualizados y
reinterpretados constantemente (de arriba a abajo) en función del conocimiento del mundo,
las expectativas esquemáticas y la nueva comprensión textual dentro de un proceso
interactivo subconsciente:
la percepción del habla y de la
escritura: sonido/carácter y reconocimiento de las palabras (cursiva y redonda);
la identificación del texto, completo
o parcial, como adecuado;
la comprensión semántica y cognitiva
del texto como una entidad lingüística;
la interpretación del mensaje en el
contexto.
Las destrezas que comprende son las siguientes:
destrezas perceptivas;
memoria;
destrezas de descodificación;
inferencia;
predicción;
imaginación;
exploración rápida;
referencia a lo anterior y a lo
posterior.
La comprensión, sobre todo de textos escritos, puede ser
apoyada por el uso apropiado de ayudas, lo que incluye materiales de referencia como los
siguientes:
diccionarios (monolingües y
bilingües);
«thesaurus»;
diccionarios de pronunciación;
diccionarios electrónicos,
gramáticas, correctores de ortografía y otras ayudas;
gramáticas de consulta.
4.5.2.3. Interacción
Los procesos que conlleva la interacción oral
se diferencian de la simple sucesión de actividades de expresión oral y de comprensión
oral de varias formas:
Los procesos de expresión y de
comprensión se superponen. Mientras se está procesando el enunciado del interlocutor,
que es todavía incompleto, se inicia la planificación de la respuesta del usuario sobre
la base de una hipótesis respecto a la naturaleza del enunciado, su significado y su
interpretación.
El discurso es acumulativo. Mientras
continúa una interacción, los participantes convergen en sus lecturas de una situación,
desarrollan expectativas y se centran en asuntos relevantes. Estos procesos se reflejan en
la forma de los enunciados producidos.
En la interacción escrita (por ejemplo,
correspondencia por carta, fax, correo electrónico, etc.), los procesos de comprensión y
de expresión permanecen diferenciados (aunque la interacción electrónica, por ejemplo
vía Internet, se está convirtiendo cada vez más en una interacción en «tiempo
real»). Los efectos del discurso acumulativo son parecidos a los de la interacción oral.
4.5.3. Seguimiento y control
El componente estratégico supone poner en funcionamiento
las actividades y las competencias mentales en el curso de la comunicación. Esto se
aplica de igual forma a los procesos de comprensión y de expresión. Hay que destacar que
un factor importante del control de los procesos productivos es la retroalimentación
que recibe quien habla o escribe en cada etapa: formulación, articulación y acústica.
En un sentido amplio, el componente estratégico también
tiene que ver con el seguimiento del proceso comunicativo mientras éste se desarrolla y
con las formas de controlar el proceso; por ejemplo:
enfrentarse a lo inesperado como, por
ejemplo, a los cambios de ámbito, tema, esquema, etc.;
enfrentarse a las interrupciones de la
comunicación durante la interacción o la expresión como, por ejemplo, lapsus de
memoria;
competencia comunicativa inadecuada
para la tarea concreta (utilizando estrategias de compensación como la reestructuración,
los circunloquios, la sustitución, la demanda de ayuda);
comprensión e interpretación
erróneas (pidiendo aclaración);
lapsus línguae, audición errónea
(utilizando estrategias de reparación).
Los usuarios del Marco de referencia
pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Qué destrezas se requieren (y en qué
nivel), para el cumplimiento satisfactorio de las tareas comunicativas que se espera que
realice el alumno.
Qué destrezas pueden presuponerse y
cuáles habrá que desarrollar.
Qué herramientas de referencia
tendrá que utilizar con eficacia el alumno, cómo se le capacitará para ello o qué se
le exigirá al respecto. |
4.6. Textos
Como se explicó en el capítulo 2, el término
«texto» se utiliza para referirse a cualquier fragmento de lengua, ya sea un enunciado o
una pieza escrita, que los usuarios o alumnos reciben, producen o intercambian. Por tanto,
no puede haber un acto de comunicación por medio de la lengua sin un texto; las
actividades y los procesos se analizan y se clasifican en función de la relación
existente entre, por un lado, el usuario o alumno y cualquier interlocutor o
interlocutores y, por otro lado, el texto, ya sea visto como un producto acabado, como un
artefacto, como un objetivo o como un producto en proceso de elaboración. Estas
actividades y procesos se analizan con cierta profundidad en las secciones 4.4. y 4.5. Los textos tienen muchas
funciones diferentes en la vida social, lo que conlleva las diferencias correspondientes
en forma y sustancia. Los diferentes canales se utilizan para distintos fines. Las
diferencias de canal, propósito y función producen las correspondientes diferencias no
sólo en el contexto de los mensajes, sino también en su organización y presentación.
Por consiguiente, los textos pueden clasificarse en distintos tipos de texto que
pertenecen a distintos géneros. Véase también la sección
5.2.3.2. (macrofunciones).
4.6.1. Texto y canal de comunicación
Todo texto se transmite en un medio concreto, normalmente
ondas de sonido o soportes escritos. Se pueden establecer subcategorías según las
propiedades físicas del medio o canal de comunicación que inciden en los procesos de
expresión y de comprensión; por ejemplo, en cuanto al habla, un discurso directo y
físicamente cercano opuesto a un discurso público o por teléfono; o en cuanto a la
escritura, la escritura impresa opuesta a la escritura a mano, o a diferentes tipos de
escritura. Para comunicarse utilizando un canal de comunicación concreto, los usuarios o
alumnos deben tener el necesario equipamiento sensorial o motor. En el caso del habla,
tienen que ser capaces de oír bien bajo las condiciones concretas y deben tener un buen
control de los órganos de fonación y de articulación. En el caso de la escritura
normal, deben ser capaces de ver con la necesaria agudeza visual y de controlar su mano.
Además, deben tener los conocimientos y las destrezas ya descritas para, por un lado,
identificar, comprender e interpretar el texto y, por otro, para organizarlo, formularlo y
producirlo. Esto es válido para cualquier tipo de texto, sea cual sea su naturaleza.
Lo dicho anteriormente no debe desanimar a las personas
que tienen dificultades de aprendizaje o deficiencias sensoriales o motoras a la hora de
aprender o utilizar lenguas extranjeras. Se han creado mecanismos que incluyen desde los
aparatos para sordos hasta los ordenadores que sintetizan el habla manejados por los ojos
para superar incluso las deficiencias sensoriales o motoras más graves, y el uso de
métodos y estrategias apropiadas ha permitido que los jóvenes que tienen dificultades de
aprendizaje logren objetivos útiles de aprendizaje de lenguas extranjeras con notable
éxito. La lectura de los labios, el aprovechamiento de la audición residual o defectuosa
y el entrenamiento fonético han permitido que personas sordas consigan un nivel alto de
comunicación oral en una segunda lengua o en una lengua extranjera. Si se cuenta con la
voluntad y el espíritu necesarios, los seres humanos poseen una capacidad extraordinaria
para sortear obstáculos de comunicación, expresión y comprensión de textos.
En principio, cualquier texto puede ser transmitido por
cualquier canal de comunicación. Sin embargo, en la práctica, canal y texto están mucho
más relacionados. Los textos escritos generalmente no transmiten toda la información
fonética significativa que transmite el discurso hablado. La escritura alfabética no
suele transmitir información prosódica sistemáticamente (por ejemplo, acento,
entonación, pausa, reducción estilística, etc.). Las transcripciones consonánticas y
logográficas aún transmiten menos información. Las características paralingüísticas
generalmente no están representadas en ningún texto escrito, aunque se puede hacer
referencia a ellas, naturalmente, en el texto de una novela, en el de una obra de teatro,
etc. Como compensación, se emplean en la expresión escrita las características
paratextuales, que dependen del medio espacial y además no son utilizables en el habla.
Asimismo, la naturaleza del canal de comunicación ejerce una fuerte presión sobre la
naturaleza del texto y viceversa. Como ejemplos extremos se puede decir que la
inscripción en piedra es difícil y cara de producir y es muy duradera e inamovible; una
carta, por otro lado, es algo barato, fácil de utilizar y de transportar, pero sumamente
frágil; la comunicación electrónica, por su parte, necesita de la existencia de un
soporte permanente. En consecuencia, los textos que generalmente se transmiten a través
de diferentes medios contrastan notablemente: en un caso, un texto sobrio y cuidadosamente
compuesto que conserva información extraordinaria para futuras generaciones y que induce
a la reverencia del lugar y de la persona o personas rememoradas, y, en el otro caso, una
nota personal escrita apresuradamente de interés general pero de naturaleza efímera. Por
tanto, una ambigüedad de clasificación parecida surge entre, por un lado, los tipos de
texto y el canal de comunicación, y, por otro lado, entre los tipos de texto y las
actividades. Los libros, las revistas y los periódicos son, por su naturaleza física y
por su apariencia, medios o canales de comunicación distintos. Por la naturaleza y la
estructura de sus contenidos son tipos de texto diferentes. El canal y el tipo de texto
están íntimamente relacionados y ambos derivan de la función que realizan.
Los canales de comunicación comprenden:
voz (de viva voz);
teléfono, videófono,
teleconferencia;
sistemas de megafonía;
transmisiones radiofónicas;
televisión;
películas de cine;
ordenador (correo electrónico,
cederrón, etc.);
cinta de vídeo, cinta de casete,
vídeo digital (DVD);
casete y disco compacto;
imprenta;
manuscrito;
etc.
Los usuarios del Marco de referencia
pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Qué medios tendrá que manejar el
alumno, cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá al respecto:
para la comprensión;
o para la expresión;
de forma interactiva;
o en la mediación.
|
4.6.2. Tipos de texto
Los tipos de texto incluyen:
Textos orales:
declaraciones e instrucciones
públicas;
discursos, conferencias,
presentaciones públicas y sermones;
rituales (ceremonias, servicios
religiosos formales);
entretenimiento (obras de teatro,
espectáculos, lecturas, canciones);
comentarios deportivos (fútbol,
baloncesto, vueltas ciclistas, tenis, etc.);
retransmisión de noticias;
debates y discusiones públicas;
diálogos y conversaciones;
conversaciones telefónicas;
entrevistas de trabajo.
Textos escritos:
libros, ficción y no ficción,
incluyendo publicaciones literarias;
revistas;
periódicos;
manuales de instrucciones (bricolaje,
libros de recetas de cocina, etc.);
libros de texto;
tiras cómicas;
catálogos, prospectos;
folletos;
material publicitario;
carteles y señales públicas;
señales de supermercado, tienda,
puesto de un mercado;
embalaje y etiquetado de mercancías;
billetes, etc.
formularios y cuestionarios;
diccionarios (monolingües y
bilingües), «thesaurus»;
cartas y faxes comerciales y
profesionales;
cartas personales;
redacciones y ejercicios;
memorandos, informes y trabajos;
notas y mensajes, etc.;
bases de datos (noticias, literatura,
información general, etc.).
Las siguientes escalas (Tomar notas y Procesar textos), basadas en las ya
desarrolladas por los proyectos suizos y descritas en el Anejo B, ofrecen ejemplos de
actividades que suponen la producción de un texto escrito como respuesta a información
de entrada oral o escrita respectivamente. Sólo los niveles más altos de estas
actividades permiten a un alumno cumplir los requisitos de los estudios universitarios o
de la formación profesional, aunque en niveles más modestos es posible alguna capacidad
para enfrentarse a textos sencillos como material de entrada y producir una respuesta
escrita.
Los usuarios del Marco de referencia
pueden tener presente y, en su caso, considerar:
Qué tipos de texto tendrá que
producir el alumno, cómo se le capacitará para ello o qué se le exigirá al respecto. a)
para la comprensión b) para la expresión c) de forma interactiva d)
en la mediación. |
Las secciones que comprenden desde la 4.6.1. a la 4.6.2. se refieren a
los tipos de texto y el medio o canal que los transmite. Los asuntos que a menudo se
tratan bajo el epígrafe de «género» se analizan en este Marco de referencia en 5.2.3, «competencias pragmáticas».
Los usuarios del Marco de referencia
pueden tener presente y, en su caso, determinar:
Si se da el caso, cómo se tienen en
cuenta las diferencias de medio o canal de comunicación y de procesos psicolingüísticos
implicados en el habla, la audición, la lectura y la escritura en las actividades de
expresión, de comprensión y de interacción a) a la hora de la selección, la
adaptación o la composición de los textos orales y escritos presentados a los alumnos, b)
en la forma en que se espera que los alumnos manejen los textos y c) en la
evaluación de los textos que producen los alumnos.
Si se da el caso, cómo se consigue
que alumnos y profesores se conciencien de un modo crítico de las características
textuales de a) el discurso en un aula b) el tipo de texto típico de
las pruebas y de los exámenes c) los materiales de instrucción y de referencia.
Si se da el caso, cómo se consigue
que los alumnos produzcan de un modo más apropiado los textos, según a) sus
fines comunicativos, b) los contextos de uso (ámbitos, situaciones, receptores,
restricciones), c) los medios empleados. |
4.6.3. Textos y actividades
El resultado del proceso de producción lingüística es
un texto que, una vez pronunciado o escrito, se convierte en un «mensaje» transmitido
por un medio o canal concreto e independiente de su creador. El texto entonces funciona
como material de entrada del proceso de comprensión de la lengua. Los «mensajes»
escritos son objetos concretos, ya estén tallados en piedra, escritos a mano,
mecanografiados, impresos o generados electrónicamente. Permiten que se produzca la
comunicación a pesar de la total separación de emisor y receptor en el espacio y en el
tiempo, propiedad de la que en gran medida depende la sociedad humana. En la interacción
oral cara a cara el canal es acústico: ondas de sonido que suelen ser efímeras e
irrecuperables. De hecho, pocos hablantes pueden reproducir con todo detalle un texto que
acaban de pronunciar en el curso de una conversación. Una vez cumplida su finalidad
comunicativa, se desecha de la memoria, si es que ha llegado a habitar allí como una
entidad completa. Sin embargo, como resultado de la tecnología moderna, las ondas sonoras
se pueden grabar y transmitir o almacenar en otro medio y después reconvertirse en ondas
de habla. De esta forma, se hace posible la separación espaciotemporal de emisor y
receptor. Además, las grabaciones de discursos y conversaciones espontáneas se pueden
transcribir y analizar como textos cuando convenga. Existe necesariamente una correlación
entre las categorías propuestas para la descripción de las actividades de lengua y los
textos resultantes de dichas actividades; de hecho, la misma palabra se puede usar para
ambos. La «traducción» puede denotar el acto de traducir o el texto producido. De forma
parecida, los términos «conversación», «debate» o «entrevista» pueden denotar la
interacción comunicativa de los participantes, pero también la secuencia de sus
enunciados intercambiados, lo que constituye un texto de tipo específico que se
corresponde con un género.
Todas las actividades de expresión, comprensión,
interacción y mediación ocurren en el tiempo. El carácter de tiempo real que tiene el
habla es evidente, tanto en lo que respecta a las actividades de expresión oral y de
comprensión oral como en lo referente al medio mismo. El «antes» y el «después» en
un texto hablado hay que tomarlos literalmente. En un texto escrito, que suele ser
(excepto los textos electrónicos que se desplazan hacia arriba o hacia abajo) un
«dispositivo» espacial estático, esto no ocurre necesariamente. En la expresión, un
texto escrito puede ser corregido o se pueden insertar y borrar pasajes del mismo. No se
puede saber en qué orden se han producido los elementos, aunque se presenten en orden
lineal como una cadena de símbolos. En la comprensión, la mirada del lector es libre
para moverse por el texto en cualquier dirección, posiblemente siguiendo la secuencia
lineal en orden estricto, como suele hacer un niño que está aprendiendo a leer. Es mucho
más probable que los lectores adiestrados y maduros escudriñen un texto buscando
elementos portadores de mucha información con el fin de establecer una estructura general
de significado, y después lean con mayor atención y si es necesario relean varias
veces las palabras, frases, oraciones y párrafos que son especialmente relevantes
para sus necesidades y fines. Puede que un autor o un redactor utilice elementos
paratextuales (véase la sección 4.4.5.3) para conducir
este proceso y, de hecho, planificar el texto de acuerdo con la forma en que se espera que
lo lean los lectores a los que va dirigido. De manera parecida, un texto hablado puede ser
cuidadosamente planificado de antemano para que parezca espontáneo, asegurando así que
transmita con eficacia un mensaje esencial bajo las distintas condiciones que obstaculizan
la comprensión del discurso. Proceso y producto están, pues, indisolublemente unidos.
El texto es fundamental para cualquier acto de
comunicación lingüística y es el enlace externo y objetivo entre el emisor y el
receptor, se comuniquen cara a cara o a distancia. Los diagramas que se exponen a
continuación muestran, de forma esquemática, la relación existente entre el usuario o
alumno, a quien el Marco de referencia va dirigido, el interlocutor o
interlocutores, las actividades y los textos.
reciben con cierta distancia uno o más oyentes o
lectores, de los que no se espera respuesta alguna.

1. Expresión: El usuario o alumno produce un
fragmento hablado o un texto escrito, que, a su vez,
2. Comprensión: El usuario o alumno recibe, de
nuevo con cierta distancia, un fragmento hablado o un texto escrito, que no precisa
respuesta alguna.

3. Interacción: El usuario o alumno establece un
diálogo «cara a cara» con un interlocutor. El texto del diálogo se compone de
enunciados que se producen y se reciben por cada uno de ellos alternativamente.

4. Mediación: Incluye ambas actividades.
4.1. Traducción: El usuario o alumno
recibe un fragmento hablado o texto escrito, en una lengua o código determinado (Lx), sin
que el interlocutor que lo emite esté presente, y produce un fragmento o texto paralelo
en una lengua o código diferente (Ly) que será recibido a su vez por otro oyente o
lector tampoco presente.

4.2. Interpretación: El usuario o
alumno interviene como intermediario en una interacción «cara a cara» entre dos
interlocutores. Estos dos interlocutores no comparten la misma lengua o el mismo código.
El usuario recibe el texto o fragmento en una lengua (Lx) y lo convierte a la otra (Ly).

Además de las actividades de interacción y de
mediación ya definidas, hay muchas otras que requieren que el usuario de la lengua o el
alumno produzca una respuesta textual a un estímulo textual. El estímulo textual puede
ser una pregunta oral, un conjunto de instrucciones escritas (por ejemplo, el texto de un
examen), un texto discursivo (auténtico o redactado) o una combinación de tales
posibilidades. La respuesta textual requerida puede abarcar desde una sola palabra hasta
un discurso de tres o más horas. Tanto los textos de entrada (estímulo) como los de
salida (respuesta) pueden ser hablados o escritos, así como participar de la lengua
materna o de la segunda lengua. La relación entre los dos textos puede ser la de
conservar el significado o no. Consecuentemente, aunque pasemos por alto la función que
pueden cumplir en la enseñanza o el aprendizaje de lenguas modernas las actividades en
las que el alumno produce un texto en lengua materna como respuesta a un estímulo en la
misma lengua (como puede ocurrir a menudo respecto al componente sociocultural), se pueden
distinguir alrededor de veinticuatro tipos de actividades; por ejemplo, los siguientes
casos (cuadro 6) en los que tanto
el material de entrada como el de salida están en la lengua meta.
Aunque estas actividades «de texto a texto» no se dan
más que de un modo meramente ocasional en el uso cotidiano de la lengua, son muy
frecuentes en el aprendizaje o la enseñanza de la lengua y en los exámenes. Las
actividades de «conservación de significado» más mecánicas (repetición, dictado,
lectura en voz alta, transcripción fonética) han caído en desgracia en la enseñanza de
lenguas, actualmente orientada a la comunicación, debido a su artificialidad y a lo que
se considera que son efectos contraproducentes. Quizá se las pueda defender, sin embargo,
como recursos para los exámenes por la simple razón técnica de que la actuación
depende mucho de la capacidad para usar competencias lingüísticas con el fin de reducir
el contenido informativo del texto. En cualquier caso, la ventaja de analizar todas las
posibles combinaciones de categorías en series taxonómicas radica no sólo en que, de
este modo, se puede ordenar la experiencia, sino también en que pone de manifiesto
ciertos vacíos o fallos y, al mismo tiempo, sugiere nuevas posibilidades. |