 |
2.1. Un enfoque orientado a la acción
Un marco de referencia para el aprendizaje, la enseñanza y la
evaluación de lenguas, que sea integrador, transparente y coherente, debe relacionarse
con una visión muy general del uso y del aprendizaje de lenguas. El enfoque aquí
adoptado, en sentido general, se centra en la acción en la medida en que considera a los
usuarios y alumnos que aprenden una lengua principalmente como agentes sociales, es decir,
como miembros de una sociedad que tiene tareas (no sólo relacionadas con la lengua) que
llevar a cabo en una serie determinada de circunstancias, en un entorno específico y
dentro de un campo de acción concreto. Aunque los actos de habla se dan en actividades de
lengua, estas actividades forman parte de un contexto social más amplio, que por sí solo
puede otorgarles pleno sentido. Hablamos de «tareas» en la medida en que las acciones
las realizan uno o más individuos utilizando estratégicamente sus competencias
específicas para conseguir un resultado concreto. El enfoque basado en la acción, por lo
tanto, también tiene en cuenta los recursos cognitivos, emocionales y volitivos, así
como toda la serie de capacidades específicas que un individuo aplica como agente social.
Por consiguiente, cualquier forma de uso y de aprendizaje de lenguas se podría describir
como sigue:
El uso de la lengua que incluye el
aprendizaje comprende las acciones que realizan las personas que, como individuos y
como agentes sociales, desarrollan una serie de competencias, tanto generales como competencias comunicativas, en particular.
Las personas utilizan las competencias que se encuentran a su disposición
en distintos contextos y
bajo distintas condiciones
y restricciones, con el
fin de realizar actividades de la
lengua que conllevan procesos
para producir y recibir textos
relacionados con temas
en ámbitos
específicos, poniendo en juego las estrategias
que parecen más apropiadas para llevar a cabo las tareas que han de realizar.
El control que de estas acciones tienen los participantes produce el
refuerzo o la modificación de sus competencias. |
Teniendo en cuenta que:
- Las competencias son la suma de conocimientos,
destrezas y características individuales que permiten a una persona realizar acciones.
- Las competencias generales son las que no se relacionan
directamente con la lengua, pero a las que se puede recurrir para acciones de todo tipo,
incluyendo las actividades de lingüísticas.
- Las competencias comunicativas son las que posibilitan
a una persona actuar utilizando específicamente medios lingüísticos.
- El contexto se refiere al conjunto de acontecimientos y
de factores situacionales (físicos y de otro tipo), tanto internos como externos a la
persona, dentro del cual se producen los actos de comunicación.
- Las actividades de lengua suponen el ejercicio de la
competencia lingüística comunicativa dentro de un ámbito específico a la hora de
procesar (en forma de comprensión o de expresión) uno o más textos con el fin de
realizar una tarea.
- Los procesos se refieren a la cadena de
acontecimientos, neurológicos y fisiológicos, implicados en la expresión y en la
comprensión oral y escrita.
- El texto es cualquier secuencia de discurso (hablado o
escrito) relativo a un ámbito específico y que durante la realización de una tarea
constituye el eje de una actividad de lengua, bien como apoyo o como meta, bien como
producto o como proceso.
- El ámbito se refiere a los sectores amplios de la vida
social en los que actúan los agentes sociales. Aquí se ha adoptado una clasificación de
orden superior que los limita a categorías principales que son adecuadas para el
aprendizaje, la enseñanza y el uso de la lengua: los ámbitos educativo, profesional,
público y personal.
- Una estrategia es cualquier línea de actuación
organizada, intencionada y regulada, elegida por cualquier individuo para realizar una
tarea que se propone a sí mismo o a la que tiene que enfrentarse.
- Una tarea se define como cualquier acción intencionada
que un individuo considera necesaria para conseguir un resultado concreto en cuanto a la
resolución de un problema, el cumplimiento de una obligación o la consecución de un
objetivo. Esta definición comprendería una amplia serie de acciones como, por ejemplo,
mover un armario, escribir un libro, obtener determinadas condiciones en la negociación
de un contrato, jugar una partida de cartas, pedir comida en un restaurante, traducir un
texto de una lengua extranjera o elaborar un periódico escolar mediante trabajo en
grupos.
Si se acepta que las distintas dimensiones que acabamos de señalar se
encuentran relacionadas entre sí en todas las formas del uso y del aprendizaje de la
lengua, entonces cualquier acto de aprendizaje o de enseñanza de idiomas estaría de
alguna manera relacionado con cada una de estas dimensiones: las estrategias, las tareas,
los textos, las competencias generales de un individuo, la competencia comunicativa, las
actividades de lengua, los procesos, los contextos y los ámbitos.
Al mismo tiempo, en el aprendizaje y en la enseñanza, también es
posible que el objetivo, y por tanto la evaluación, puedan estar centrados en un
componente o subcomponente concreto (considerando entonces a los demás componentes como
medios para conseguir un fin, como aspectos que hay que enfatizar más en otros momentos,
o como inadecuados para esas circunstancias). Los alumnos, los profesores, los
diseñadores de cursos, los autores de material didáctico y quienes elaboran los
exámenes resultan inevitablemente implicados en este proceso que supone centrarse en una
dimensión concreta y decidir hasta qué punto y de qué forma podrían tenerse en cuenta
otras dimensiones. (Todo esto se ilustra más adelante con ejemplos). Sin embargo, ya
queda claro que aunque la finalidad que a menudo se atribuye a un programa de enseñanza y
aprendizaje sea desarrollar destrezas de comunicación, (¿quizá porque esto sea lo más
propio de un enfoque metodológico?) algunos programas en realidad se esfuerzan por
conseguir un desarrollo cualitativo o cuantitativo de las actividades lingüísticas en un
idioma extranjero, otros hacen hincapié en la actuación dentro de un ámbito concreto,
otros se interesan por el desarrollo de determinadas competencias generales, mientras que
otros se preocupan principalmente por mejorar las estrategias. La afirmación de que
«todo está relacionado» no significa que los objetivos no puedan diferenciarse.
Cada una de las categorías principales planteadas anteriormente se
puede dividir en sub-categorías, todavía muy genéricas, que se examinarán en los
siguientes capítulos. Ahora sólo estamos contemplando distintos componentes de las
competencias generales, de la competencia comunicativa, de las actividades de lengua y de
los ámbitos.
2.1.1. Las competencias generales del individuo
Las competencias generales de los alumnos o usuarios de lenguas
(véase la sección 5.1.) se componen de sus conocimientos,
sus destrezas y su competencia existencial, además de su capacidad de aprender.
Los conocimientos, es decir, los conocimientos declarativos («saber», véase la sección 5.1.1.), se entienden como aquellos conocimientos
derivados de la experiencia (empíricos) y de un aprendizaje más formal (académicos).
Toda la comunicación humana depende de un conocimiento compartido del mundo. En lo que se
refiere al uso y al aprendizaje de lenguas, los conocimientos que entran en juego no
están relacionados directa y exclusivamente con la lengua y la cultura. El conocimiento
académico en un campo educativo de tipo científico o técnico, y los conocimientos
académico o empírico en un campo profesional desempeñan evidentemente un papel
importante en la recepción y comprensión de textos que están escritos en una lengua
extranjera relacionada con esos campos. El conocimiento empírico relativo a la vida
diaria (organización de la jornada, las comidas, los medios de transporte, la
comunicación y la información), en los ámbitos público o privado, es, por su parte,
igual de esencial para la realización de actividades de lengua en una lengua extranjera.
El conocimiento de los valores y las creencias compartidas por grupos sociales de otros
países y regiones como, por ejemplo, las creencias religiosas, los tabúes, la historia
común asumida, etc., resulta esencial para la comunicación intercultural. Estas
múltiples áreas de conocimiento varían de un individuo a otro; pueden ser específicas
de una cultura, pero también pueden estar relacionadas con parámetros y constantes más
universales.
Cualquier conocimiento nuevo no sólo se añade a nuestros conocimientos
anteriores, sino que está condicionado por el carácter, la riqueza y la estructura de
nuestros conocimientos previos y, además, sirve para modificar y volver a estructurar
estos conocimientos, aunque sea de forma parcial. Evidentemente, los conocimientos ya
adquiridos de un individuo están directamente relacionados con el aprendizaje de lenguas.
En muchos casos, los métodos de enseñanza y de aprendizaje presuponen esta conciencia
del mundo. No obstante, en determinados contextos (por ejemplo; en la inmersión, en la
asistencia a una escuela o a una universidad donde la lengua de instrucción no sea la
lengua materna), se da un enriquecimiento simultáneo y correlacionado de conocimientos
lingüísticos y de otros conocimientos. Hay que tener muy en cuenta, por tanto, la
relación existente entre los conocimientos y la competencia comunicativa.
Las destrezas y habilidades («saber hacer», véase
la sección 5.1.2.), ya sea para conducir un coche, tocar el
violín o presidir una reunión, dependen más de la capacidad de desarrollar
procedimientos que de los conocimientos declarativos, pero se puede propiciar esta
destreza mediante la adquisición de conocimientos interiorizados, y puede ir acompañada
de formas de competencia existencial (por ejemplo, la actitud relajada o la tensión a la
hora de realizar una tarea). De este modo, en el ejemplo citado anteriormente, el hecho de
conducir un coche, que por medio de la repetición y de la experiencia se convierte en una
serie de procesos semiautomáticos (desembragar, cambiar de marcha, etc.), requiere al
principio una separación explícita de las operaciones conscientes, que se pueden
expresar con palabras («levanta el pie lentamente del embrague, pon tercera, etc.»), y
la adquisición de determinados conocimientos (hay tres pedales en un coche no automático
que tienen las siguientes funciones, etc.), en los que no hay que pensar conscientemente
cuando «sabemos conducir». Cuando aprendemos a conducir, necesitamos por lo general un
nivel alto de concentración y una gran autoconciencia, ya que nuestra propia imagen es
especialmente vulnerable (riesgo de fracaso, de parecer incompetente). Una vez que se
dominan las destrezas, se supone que el conductor va a tener mayor facilidad y mayor
confianza en sí mismo; de lo contrario, se desconcertaría a los pasajeros y a los demás
conductores. No resultaría difícil trazar paralelismos con determinados aspectos del
aprendizaje de lenguas (por ejemplo, con la pronunciación y con algunas partes de la
gramática como las inflexiones morfológicas).
La competencia existencial («saber ser», véase la sección 5.1.3.), se puede considerar como la suma de las
características individuales, los rasgos y las actitudes de personalidad que tienen que
ver, por ejemplo, con la autoimagen y la visión que tenemos de los demás y con la
voluntad de entablar una interacción social con otras personas. Este tipo de competencia
no se contempla sólo como resultado de características inmutables de la personalidad,
pues incluye factores que son el producto de varios tipos de aculturación y que pueden
ser modificados.
Estos rasgos, actitudes e idiosincrasia de la personalidad son
parámetros que hay que tener en cuenta a la hora de aprender y de enseñar una lengua;
por tanto, aunque puedan ser difíciles de definir, deberían ser incluidos en un marco de
referencia. Se considera que forman parte de las competencias generales del individuo y
por ello constituyen un aspecto de sus capacidades. En la medida en que pueden ser
adquiridos y modificados en el uso y en el aprendizaje (por ejemplo, de una o más
lenguas), la formación de actitudes puede constituir un objetivo. Como se ha señalado
con frecuencia, las competencias existenciales se relacionan con la cultura y son, por lo
tanto, áreas sensibles para las percepciones y las relaciones interculturales: la forma
en que un miembro de una cultura específica expresa su amistad e interés puede que sea
percibida como agresiva u ofensiva por parte de alguien perteneciente a otra cultura.
La capacidad de aprender («saber aprender», véase la sección 5.1.4.), moviliza la competencia existencial, los
conocimientos declarativos y las destrezas, y hace uso de varios tipos de competencia. La
capacidad de aprender también se puede concebir como la predisposición o la habilidad
para descubrir lo que es diferente, ya sea otra lengua, otra cultura, otras personas o
nuevas áreas de conocimiento.
Aunque el concepto de capacidad de aprender es de aplicación general,
resulta especialmente indicado para el aprendizaje de idiomas. Dependiendo de los alumnos
en cuestión, la capacidad de aprender puede suponer grados y combinaciones variadas de
aspectos de la competencia existencial, de los conocimientos declarativos, de las
destrezas y de las habilidades, como pueden ser:
- La competencia existencial: por ejemplo, la voluntad de tomar
iniciativas e incluso de correr riesgos en la comunicación cara a cara para otorgarse a
uno mismo la oportunidad de hablar, de solicitar ayuda por parte de las personas con quien
se está hablando, haciendo que repitan lo que han dicho con palabras más sencillas,
etc.; también las destrezas de comprensión auditiva, el hecho de prestar atención a lo
que se dice, la conciencia acentuada de los riesgos que suponen los malentendidos
culturales en las relaciones con los demás.
- Conocimientos declarativos: por ejemplo, el conocimiento de
las relaciones morfosintácticas que se corresponden con unas estructuras dadas de una
declinación de una lengua concreta; o la conciencia de que puede existir un tabú o
rituales específicos asociados con prácticas dietéticas o sexuales de determinadas
culturas, o que pueden tener connotaciones religiosas.
- Destrezas y habilidades: por ejemplo, facilidad para usar un
diccionario o ser capaz de buscar algo fácilmente en un centro de documentación; saber
cómo manipular medios audiovisuales o informáticos (por ejemplo, Internet) como recursos
de aprendizaje.
Para un mismo individuo puede haber muchas variaciones en el uso de
destrezas y de habilidades y en la capacidad de enfrentarse a lo desconocido:
- Variaciones según el acontecimiento, dependiendo de si el
individuo está tratando con personas desconocidas, con un área de conocimiento nueva,
con una cultura desconocida, con un idioma extranjero.
- Variaciones según el contexto: enfrentados al mismo
acontecimiento (por ejemplo, relaciones paterno-filiales en una comunidad concreta), los
procesos de descubrimiento y de búsqueda de significado serán sin duda diferentes para
un etnólogo, un turista, un misionero, un periodista, un educador o un médico, pues cada
uno actúa según su especialidad o su perspectiva.
- Variaciones según las circunstancias presentes y la
experiencia pasada: es bastante probable que las destrezas aplicadas en el aprendizaje de
una quinta lengua extranjera sean diferentes a las aplicadas en el aprendizaje de la
primera.
Se han de considerar estas variaciones junto con conceptos del tipo «el
estilo de aprendizaje» o «el perfil del alumno», en la medida en que se tenga en cuenta
que estos conceptos no son algo fijo o inmutable.
Para fines de aprendizaje, las estrategias elegidas por el individuo
para realizar una tarea concreta dependerán de la diversidad de las distintas capacidades
para aprender de que disponga. Pero también el individuo amplía su capacidad de
aprendizaje mediante la diversidad de experiencias, siempre que no estén compartimentadas
ni sean estrictamente repetitivas.
2.1.2. La competencia comunicativa
Se puede considerar que la competencia comunicativa comprende varios
componentes: el lingüístico, el sociolingüístico y el pragmático.
Se asume que cada uno de estos componentes comprende, en concreto, conocimientos,
destrezas y habilidades. Las competencias lingüísticas incluyen los conocimientos
y las destrezas léxicas, fonológicas y sintácticas, y otras dimensiones de la lengua
como sistema, independientemente del valor sociolingüístico de sus variantes y de las
funciones pragmáticas de sus realizaciones. Este componente, que aquí se contempla desde
el punto de vista de la competencia lingüística comunicativa que posee un individuo
concreto, se relaciona no sólo con el alcance y la calidad de los conocimientos (por
ejemplo, las distinciones fonéticas realizadas o de la extensión y la precisión del
vocabulario), sino también con la organización cognitiva y la forma en que se almacenan
estos conocimientos (por ejemplo, las distintas redes asociativas en que el hablante
coloca un elemento léxico) y con su accesibilidad (activación, recuperación y
disponibilidad). Los conocimientos pueden ser conscientes y de fácil expresión o no
serlo (por ejemplo, una vez más en relación con el dominio de un sistema fonético). Su
organización y accesibilidad varía de un individuo a otro y también varía en un mismo
individuo (por ejemplo, para una persona plurilingüe, dependiendo de las variedades
inherentes a su competencia plurilingüe). También se puede considerar que la
organización cognitiva del vocabulario y el almacenamiento de expresiones, etc. dependen,
entre otras cosas, de las características culturales de la comunidad o comunidades donde
se ha socializado el individuo y donde se ha producido su aprendizaje.
Las competencias sociolingüísticas se refieren a las
condiciones socioculturales del uso de la lengua. Mediante su sensibilidad a las
convenciones sociales (las normas de cortesía, las normas que ordenan las relaciones
entre generaciones, sexos, clases y grupos sociales, la codificación lingüística de
determinados rituales fundamentales para el funcionamiento de una comunidad), el
componente sociolingüístico afecta considerablemente a toda la comunicación
lingüística entre representantes de distintas culturas, aunque puede que los integrantes
a menudo no sean conscientes de su influencia.
Las competencias pragmáticas tienen que ver con el uso funcional
de los recursos lingüísticos (producción de funciones de lengua, de actos de habla)
sobre la base de guiones o escenarios de intercambios comunicativos. También tienen que
ver con el dominio del discurso, la cohesión y la coherencia, la identificación de tipos
y formas de texto, la ironía y la parodia. Respecto a este componente, incluso más que
en el caso del componente lingüístico, apenas es necesario resaltar el gran impacto que
ejercen las interacciones y los entornos culturales en el que se desarrollan las
mencionadas capacidades.
Todas las categorías aquí utilizadas pretenden caracterizar las áreas
y los tipos de competencias asimiladas por un agente social, es decir, las
representaciones internas, los mecanismos y las capacidades, la existencia cognitiva que
se considera que explica el comportamiento y la actuación observable. Al mismo tiempo,
cualquier proceso de aprendizaje contribuye al desarrollo o la transformación de esas
representaciones, de esos mecanismos y de esas capacidades de carácter interno. Cada uno
de estos componentes será analizado con mayor profundidad en el capítulo
5.
2.1.3. Las actividades de la lengua
La competencia lingüística comunicativa que tiene el alumno o usuario
de la lengua se pone en funcionamiento con la realización de distintas actividades de
la lengua que comprenden la comprensión,
la expresión, la interacción o la mediación (en concreto,
interpretando o traduciendo). Cada uno de estos tipos de actividades se hace posible en
relación con textos en forma oral o escrita, o en ambas.
Como procesos, la comprensión y la expresión (oral y, en
su caso, escrita) son obviamente primarios, ya que ambos son necesarios para la
interacción. En este Marco de referencia, no obstante, el uso de estos términos
para las actividades de la lengua está limitado al papel que desempeñan de forma
aislada. Las actividades de comprensión incluyen la lectura en silencio y la atención a
los medios de comunicación. También tienen importancia en muchas formas de aprendizaje
(la comprensión del contenido de un curso y la consulta de manuales, obras de referencia
y documentos). Las actividades de expresión tienen una función importante en muchos
campos académicos y profesionales (presentaciones orales, estudios e informes escritos) y
se les otorga un valor social determinado (las valoraciones realizadas de lo que se ha
presentado por escrito o de la fluidez en la articulación de presentaciones orales).
En la interacción, al menos dos individuos participan en un
intercambio oral o escrito en el que la expresión y la comprensión se alternan y pueden
de hecho solaparse en la comunicación oral. No sólo pueden estar hablando y
escuchándose entre sí dos interlocutores simultáneamente; incluso cuando se respeta
estrictamente el turno de palabra, el oyente por lo general está ya pronosticando el
resto del mensaje del hablante y preparando una respuesta. Aprender a interactuar, por lo
tanto, supone más que aprender a comprender y a producir expresiones habladas.
Generalmente se atribuye gran importancia a la interacción en el uso y el aprendizaje de
la lengua dado su papel preponderante en la comunicación.
Tanto en la modalidad de comprensión como en la de expresión, las
actividades de mediación, escritas y orales, hacen posible la comunicación entre
personas que son incapaces, por cualquier motivo, de comunicarse entre sí directamente.
La traducción o la interpretación, una paráfrasis, un resumen o la toma de notas
proporciona a una tercera parte una (re)formulación de un texto fuente al que esta
tercera parte no tiene acceso directo. Las actividades de mediación de tipo
lingüístico, que (re)procesan un texto existente, ocupan un lugar importante en el
funcionamiento lingüístico normal de nuestras sociedades.
2.1.4. Los ámbitos
Las actividades de la lengua se encuentran contextualizadas dentro de ámbitos.
Estos pueden ser muy diversos, pero por motivos prácticos en relación con el aprendizaje
de lenguas, se pueden clasificar de forma general en cuatro: el ámbito público, el
ámbito personal, el ámbito educativo y el ámbito
profesional.
El ámbito público se refiere a todo lo relacionado con la
interacción social corriente (las entidades empresariales y administrativas, los
servicios públicos, las actividades culturales y de ocio de carácter público, las
relaciones con los medios de comunicación, etc.). De forma complementaria, el ámbito personal
comprende las relaciones familiares y las prácticas sociales individuales.
El ámbito profesional abarca todo lo relativo a las actividades
y las relaciones de una persona en el ejercicio de su profesión. El ámbito educativo
tiene que ver con el contexto de aprendizaje o formación (generalmente de carácter
institucional), donde el objetivo consiste en la adquisición de conocimientos o destrezas
específicas.
2.1.5. Tareas, estrategias y textos
La comunicación y el aprendizaje suponen la realización de tareas
que no son sólo de carácter lingüístico, aunque conlleven actividades de lengua y
requieran de la competencia comunicativa del individuo; en la medida en que estas tareas
no sean ni rutinarias ni automáticas, requieren del uso de estrategias en la
comunicación y en el aprendizaje. Mientras la realización de estas tareas suponga llevar
a cabo actividades de lengua, necesitan el desarrollo (mediante la comprensión, la
expresión, la interacción o la mediación) de textos orales o escritos.
El enfoque general anteriormente descrito está claramente centrado en
la acción. Se fija en la relación existente entre, por un lado, el uso que los agentes
hacen de las estrategias ligadas a sus competencias y la manera en que perciben o imaginan
la situación y, por otro lado, la tarea o las tareas que hay que realizar en un contexto
específico bajo condiciones concretas.
De esta manera, alguien que tenga que mover un armario (tarea) puede
intentar empujarlo, desmontarlo en piezas para transportarlo con mayor facilidad y
después volver a montarlo, llamar a un profesional para que lo mueva o rendirse y
convencerse a sí mismo de que el armario puede esperar hasta el día siguiente, etc.
(todas las estrategias). Dependiendo de la estrategia adoptada, la realización (o la
evitación, el aplazamiento o la redefinición) de la tarea puede implicar o no una
actividad de lengua y un procesamiento de texto (leer instrucciones para desmontar algo,
realizar una llamada telefónica, etc.). De igual modo, un escolar que tiene que traducir
un texto de una lengua extranjera (tarea) puede ver si ya existe una traducción, puede
pedir a un compañero que le enseñe lo que ha hecho, puede utilizar un diccionario, puede
intentar deducir algún significado basándose en las pocas palabras o estructuras que
conoce, puede discurrir una buena excusa para no presentar este ejercicio, etc. (todas las
posibles estrategias). Para todos los casos previstos aquí, habrá necesariamente una
actividad de lengua y un procesamiento de texto (traducción o mediación, negociación
verbal con un compañero de clase, excusas escritas o verbales dirigidas al profesor,
etc.).
La relación entre estrategias, tarea y texto depende del carácter de
la tarea. Esto puede estar principalmente relacionado con la lengua, es decir, puede que
requiera en gran medida actividades de lengua, y las estrategias aplicadas se relacionan
principalmente con estas actividades (por ejemplo, leer y comentar un texto, completar un
ejercicio de «rellenar huecos», dar una charla, tomar notas durante una presentación).
Puede, asimismo, incluir un componente lingüístico; es decir, las actividades de lengua
son sólo una parte de lo que se requiere y las estrategias aplicadas se relacionan
también, o principalmente, con otras actividades (por ejemplo, cocinar siguiendo una
receta). Es posible llevar a cabo muchas tareas sin recurrir a una actividad de lengua. En
estos casos, las actividades implicadas no están necesariamente relacionadas con la
lengua y las estrategias aplicadas se relacionan con otros tipos de actividades; por
ejemplo, levantar una tienda de campaña se puede realizar en silencio por parte de varias
personas que saben cómo hacerlo. Quizá puedan entablar unos cuantos intercambios
hablados relativos a la técnica, o puede que a la vez mantengan una conversación que no
tenga nada que ver con la tarea, o pueden llevar a cabo la tarea mientras uno de ellos
tararea una canción. El uso de la lengua se hace necesario cuando alguien del grupo no
sabe qué es lo siguiente que hay que hacer, o cuando por algún motivo la rutina
establecida no funciona.
En esta clase de análisis, las estrategias, tanto de comunicación como
de aprendizaje, al igual que las tareas correspondientes, son sólo un tipo más de
estrategias y tareas. De igual modo, los textos auténticos o los especialmente diseñados
para fines pedagógicos, los producidos por los alumnos y los manuales son sólo un tipo
más de textos entre otros.
En los siguientes capítulos se ofrece sucesivamente una explicación
detallada de cada dimensión y sus subcategorías, con ejemplos y escalas de descriptores
en los casos oportunos. El capítulo 4 se ocupa de la dimensión
del uso de la lengua: lo que tiene que hacer un usuario de la lengua o alguien que la
aprende, mientras que el capítulo 5 estudia las competencias que
permiten actuar a un usuario de la lengua.
2.2. Los niveles comunes de referencia para medir el
dominio de la lengua
Además del esquema descriptivo explicado anteriormente, el capítulo 3 proporciona una «dimensión vertical» y establece una
serie ascendente de niveles comunes de referencia para describir el dominio que el alumno
tiene de la lengua. El conjunto de categorías descriptivas presentadas en los capítulos 4 y 5 perfilan una «dimensión
horizontal» compuesta de parámetros de actividad comunicativa y de competencia
comunicativa. Es bastante frecuente presentar una serie de niveles y una serie de
parámetros en forma de cuadro descriptivo que tiene una dimensión vertical y otra
horizontal. Naturalmente, esto supone una simplificación considerable ya que sólo la
adición de un ámbito más le daría una tercera dimensión y convertiría dicho cuadro
en lo que podría denominarse un cubo nocional. Sin embargo, una completa representación,
en forma de diagrama, del grado de multidimensionalidad abarcado sería, en realidad, muy
complicada, si no imposible.
El añadido de una dimensión vertical al Marco de referencia, no
obstante, permite describir o trazar el perfil del espacio de aprendizaje, aunque sea de
forma simple, lo cual resulta útil por varios motivos:
- El desarrollo de definiciones del dominio que el alumno tiene
de la lengua, relacionadas con las categorías utilizadas en el Marco de referencia, puede
contribuir a concretar lo que se espera que sea apropiado en distintos niveles de
aprovechamiento en función de esas categorías. Esto, a su vez, puede contribuir al
desarrollo de especificaciones transparentes y realistas respecto a los objetivos
generales del aprendizaje.
- El aprendizaje que se desarrolla durante un período debe
organizarse en unidades que tengan en cuenta la progresión y que puedan proporcionar una
continuidad. Los programas de estudios y los materiales tienen que estar mutuamente
relacionados y un marco de niveles puede contribuir a este proceso.
- Los esfuerzos de aprendizaje relativos a esos objetivos y a
esas unidades también deben estar situados en esta dimensión vertical de progreso, es
decir, tienen que ser evaluados con relación al aprovechamiento en el dominio de la
lengua. Disponer de especificaciones de dominio de la lengua contribuye a este proceso.
- Dicha evaluación debería tener en cuenta el aprendizaje
incidental, la experiencia exterior al aula y el tipo de enriquecimiento colateral
descrito anteriormente. A este respecto puede ser útil disponer de un conjunto de
especificaciones de dominio de la lengua que supere el alcance de un programa de estudios
concreto.
- Disponer de un conjunto común de especificaciones de dominio
de la lengua posibilita las comparaciones de objetivos, niveles, materiales, pruebas y
grados de aprovechamiento en distintos sistemas y situaciones.
- Un marco que incluya tanto la dimensión horizontal como la
vertical posibilita la definición de objetivos parciales y el reconocimiento de perfiles
desiguales y de competencias parciales.
- Un marco de niveles y categorías que facilite la descripción
de objetivos para fines concretos puede ayudar a los inspectores. Tal marco puede permitir
valorar si los alumnos están trabajando en un nivel apropiado de distintas áreas; puede,
asimismo, inspirar decisiones respecto a si la actuación en esas áreas representa un
modelo apropiado para la fase de aprendizaje, a la vez que sugerir metas para un futuro
inmediato y a más largo plazo respecto a un dominio de la lengua y a un desarrollo
personal eficaces.
- Finalmente, en su trayectoria de aprendizaje, los estudiantes
de una lengua pasan por varios sectores educativos e instituciones que ofrecen servicios
de idiomas, y la existencia de un conjunto común de niveles puede facilitar la
colaboración entre esos sectores. Con el incremento de la movilidad personal, resulta
cada vez más corriente que los alumnos cambien de sistema educativo al final de sus
estudios o incluso en una etapa intermedia, por lo que tener la posibilidad de disponer de
una escala común que describa su aprovechamiento se convierte en un asunto que interesa
cada vez más.
Al considerar la dimensión vertical del Marco, no se debería
olvidar que el proceso de aprendizaje de lenguas es continuo e individual. Ni siquiera dos
usuarios de una misma lengua, ya sean hablantes nativos o alumnos extranjeros, tienen
exactamente las mismas competencias ni las desarrollan de la misma forma. Cualquier
intento de establecer niveles de dominio de la lengua es hasta cierto punto arbitrario,
como lo es en cualquier área de conocimiento o destreza. Sin embargo, por motivos
prácticos resulta útil establecer una clasificación de niveles definidos que segmenten
el proceso de aprendizaje para responder a las necesidades del diseño curricular, de los
exámenes, etc. Su número y su magnitud dependerán generalmente de cómo esté
organizado un sistema educativo concreto y de para qué fines se establezcan las escalas.
Es posible establecer procedimientos y criterios para llevar a cabo el escalonamiento y
para formular los descriptores utilizados en la caracterización de sucesivos niveles de
dominio de la lengua. Distintos asuntos y opciones a este respecto se analizan a fondo en
el anejo A. Se recomienda encarecidamente a los usuarios de este
Marco de referencia que consulten esa sección y la bibliografía que la acompaña
antes de tomar cualquier decisión sobre el escalonamiento de niveles.
También hay que recordar que los niveles reflejan sólo una dimensión
vertical. Por tanto, sólo pueden explicar de forma limitada el hecho de que el
aprendizaje de una lengua suponga un progreso tanto horizontal como vertical por el que
los alumnos van adquiriendo el dominio para actuar en una serie más amplia de actividades
comunicativas. El progreso no supone simplemente ascender en una escala vertical. No
existe un requisito lógico y concreto para que un alumno tenga que atravesar todos los
niveles inferiores de una subescala. Puede que tenga un progreso colateral (desde una
categoría paralela) al extender sus capacidades de actuación en vez de incrementar su
dominio de la lengua en la misma categoría. A la inversa, con la expresión «profundizar
nuestros conocimientos» se reconoce que puede que alguna vez sintamos la necesidad de
sustentar tales mejoras pragmáticas volviendo la vista a «lo básico» (es decir, las
destrezas de nivel inferior) en un área en la que nos hemos movido de forma lateral.
Por último, se debería tener cuidado a la hora de interpretar las
series de niveles y de escalas del dominio de la lengua como si fueran una escala lineal
de medida, igual que una regla. Ninguna escala ni ningún sistema de niveles ya existentes
puede pretender ser lineal en este sentido. Teniendo en cuenta la serie de descripciones
de contenidos realizadas por el Consejo de Europa, aunque el Nivel Plataforma
(Waystage) esté situado a medio camino del Nivel Umbral (Threshold) en una
escala de niveles, y éste a medio camino del Nivel Avanzado (Vantage), la
experiencia con escalas actuales sugiere que muchos alumnos tardarán más del doble en
alcanzar el Nivel Umbral desde el Plataforma de lo que tardaron en alcanzar el Plataforma;
luego es probable que necesiten más del doble de tiempo para alcanzar el Nivel Avanzado
desde el Nivel Umbral de lo que tardaron en alcanzar el Nivel Umbral desde el Nivel
Plataforma, aunque los niveles aparezcan como equidistantes en la escala. Esto es así por
la necesaria ampliación del conjunto de actividades, destrezas y elementos lingüísticos
que supone. Este hecho práctico se ve reflejado en la frecuente representación que se
hace de una escala de niveles en forma de diagrama que se parece a un cucurucho, un cono
tridimensional que se ensancha hacia arriba. Cuando se utilice cualquier escala de
niveles, se debe tener una extrema prudencia a la hora de calcular el tiempo medio
necesario para conseguir los objetivos concretos.
2.3. El aprendizaje y la enseñanza de la lengua
Estas especificaciones de objetivos del aprendizaje no describen los
procesos que capacitan a los alumnos para actuar como es debido, ni los que les permiten
desarrollar las competencias que posibilitan las acciones. No describen las formas en que
los profesores facilitan los procesos de adquisición y aprendizaje de lenguas. Sin
embargo, al ser una de las funciones principales del Marco de referencia animar y
capacitar a todos los que participan en la enseñanza de lenguas y en los procesos de
aprendizaje para que informen a otros, con la mayor transparencia posible, no sólo sobre
sus objetivos, sino también sobre los métodos que utilizan y los resultados conseguidos,
parece evidente que el Marco de referencia no se puede limitar a los conocimientos,
las destrezas y las actitudes que tienen que desarrollar los alumnos con el fin de actuar
como usuarios competentes de la lengua, sino que además debe ocuparse de los procesos de
adquisición y aprendizaje de idiomas así como de la metodología de la enseñanza. Estos
asuntos se analizan en el capítulo 6.
Sin embargo, se debe aclarar una vez más la función del Marco de
referencia respecto a la adquisición, el aprendizaje y la enseñanza de la lengua.
Según los principios básicos de la democracia pluralista, el Marco se propone ser
no sólo integrador, transparente y coherente, sino también abierto, dinámico y no
dogmático. Por ese motivo no puede tomar partido por una u otra posición en los debates
teóricos actuales respecto a la naturaleza de la adquisición de la lengua y su relación
con el aprendizaje de lenguas, y tampoco debe adscribirse a ningún enfoque concreto de la
enseñanza de lenguas excluyendo a los demás. Su función es la de instar a todas las
personas implicadas en el proceso de aprendizaje y enseñanza de lenguas a que declaren de
la forma más explícita y transparente posible su fundamento teórico y sus
procedimientos prácticos. Con el fin de cumplir esta función, el Marco de referencia
establece parámetros, categorías, criterios y escalas que pueden utilizar los usuarios y
que posiblemente los lleve a tener en cuenta una serie de opciones más amplia de lo que
pensaban o a cuestionar planteamientos tradicionales, no revisados, con los que todavía
están trabajando. Esto no quiere decir que tales posturas sean incorrectas, sino que a
todos los responsables de la planificación les convendría volver a examinar la teoría y
la práctica para tener en cuenta las decisiones que otros profesionales han tomado por
sí mismos y, especialmente, en otros países de Europa.
Un marco de referencia abierto y «neutral» no supone, lógicamente, la
ausencia de una línea de actuación. Al proporcionar este marco, el Consejo de Europa no
se está desdiciendo de los principios expresados anteriormente en el capítulo
1, así como en las Recomendaciones R(82)18 y R(98)6 del Comité de Ministros
dirigidas a los gobiernos de los países miembros.
Los capítulos 4 y 5
analizan principalmente las acciones y las competencias que necesita el usuario o alumno
de cualquier lengua con el fin de comunicarse con otros usuarios de esa lengua. Gran parte
del capítulo 6 analiza las formas de desarrollar las capacidades
necesarias y de facilitar ese desarrollo. El capítulo 7
profundiza en el papel que cumplen las tareas en el uso y en el aprendizaje de la lengua.
Sin embargo, quedan todavía por explorar las consecuencias últimas que se derivan de la
adopción de un enfoque plurilingüe y pluricultural. El capítulo 6
también examina por tanto el carácter y el desarrollo de la competencia plurilingüe;
sus consecuencias respecto a la diversificación de la enseñanza de idiomas y a las
políticas educativas se analizan después con detenimiento en el capítulo
8.
2.4. La evaluación
El presente documento es «un marco de referencia europeo para el
aprendizaje, la enseñanza y la evaluación de lenguas». Hasta este momento, la atención
se ha centrado en el carácter del uso de la lengua y del usuario de la lengua y en las
consecuencias respecto a la enseñanza y el aprendizaje.
En el capítulo 9, el capítulo final, la
atención se centra en las funciones del Marco de referencia relativas a la
evaluación. El capítulo describe tres formas principales de utilizar el Marco:
Para especificar el contenido de las pruebas y de los
exámenes
Para establecer los criterios respecto a la
consecución de un objetivo de aprendizaje, tanto los relacionados con la evaluación de
una actuación concreta, hablada o escrita, como los relacionados con la una evaluación
continua por parte del profesor, de un compañero, o de uno mismo
Para describir los niveles de dominio de la lengua en
pruebas y exámenes existentes, lo que permite que se establezcan comparaciones entre
distintos sistemas de certificados
Este capítulo expone posteriormente y con detenimiento las opciones de
que disponen quienes dirigen los procedimientos de evaluación. Las distintas opciones se
presentan en forma de pares divergentes. En cada caso se definen con claridad los
términos utilizados y se analizan las ventajas y desventajas relativas, respecto a la
intención de la evaluación en su entorno educativo. También se exponen las
consecuencias de la puesta en práctica de cada una de las opciones alternativas.
El capítulo estudia, posteriormente, asuntos relativos a la viabilidad
en el ámbito de la evaluación. El enfoque está basado en la evidencia de que no se
puede elaborar de forma exhaustiva un esquema de evaluación que sea práctico. Debe
adoptarse un criterio sobre el nivel de detalle que corresponda, por ejemplo, en la
descripción de los contenidos de un examen publicado, en relación con las decisiones
pormenorizadas que se deben tomar al establecer un examen real o un banco de exámenes.
Los evaluadores, sobre todo los que examinan la actuación oral, tienen que trabajar bajo
una considerable presión de tiempo y sólo pueden manejar un número estrictamente
limitado de criterios. Los alumnos que deseen evaluar su propio dominio de la lengua, por
ejemplo como orientación de lo que tienen que abordar posteriormente, disponen de más
tiempo, pero tienen que ser más selectivos respecto a los componentes de la competencia
comunicativa general más adecuados para ellos. Esto ilustra el principio general de que
el Marco de referencia debe ser integrador, pero todos sus usuarios deben ser
selectivos. Ser selectivo puede que sólo implique el uso de un esquema de clasificación
más sencillo que, tal y como hemos visto a propósito de las «actividades
comunicativas», puede que haga coincidir categorías que en el esquema general aparecen
separadas. Por otro lado, la intención de los usuarios puede que sea la de ampliar
algunas categorías y sus exponentes en áreas de especial relevancia. El capítulo
analiza los asuntos planteados e ilustra el debate presentando los esquemas que han
adoptado varias instituciones examinadoras como criterios para la evaluación del dominio
de la lengua.
El capítulo 9 permitirá a muchos usuarios
acercarse a las descripciones de los contenidos de exámenes públicos de una forma más
profunda y crítica, y centrar así sus expectativas respecto a la información que las
instituciones examinadoras deben proporcionar sobre los objetivos, el contenido, los
criterios y los procedimientos para calificar los exámenes a nivel nacional e
internacional (por ejemplo, ALTE, ICC). A los formadores de profesores les resultará
útil para tomar conciencia sobre asuntos de evaluación que afecten a los profesores en
una fase inicial de formación y a los que ya ejercen. Sin embargo, los profesores están
adquiriendo cada vez mayor responsabilidad respecto a la evaluación, tanto formativa como
sumativa, de sus alumnos en todos los niveles. También a los alumnos se les pide cada vez
con mayor frecuencia que realicen su propia autoevaluación, ya sea representando
gráficamente y planificando su aprendizaje, ya sea informando de su capacidad de
comunicarse en lenguas que no se les han enseñado de forma académica pero que
contribuyen a su desarrollo plurilingüe.
Actualmente se está analizando la introducción de un portfolio europeo
de las lenguas (European Language Portfolio). El Portfolio
posibilitaría que los alumnos documentaran su progreso en la competencia plurilingüe
mediante el registro de experiencias de aprendizaje de todo tipo con respecto a una amplia
serie de lenguas, ya que, de otro modo, gran parte de estas experiencias no quedaría
atestiguada ni reconocida. Se pretende que el Portfolio anime a los alumnos a que
incluyan con regularidad anotaciones que actualicen la información sobre su grado de
dominio de cada lengua, a partir de la autoevaluación. Será muy importante para la
credibilidad del documento que las anotaciones se realicen con responsabilidad y
transparencia. En este punto, la referencia al Marco resultará especialmente
valiosa.
Los profesionales que se ocupan del desarrollo de los exámenes, así
como de su administración y gestión, pueden consultar el capítulo
9 conjuntamente con la Guía para examinadores (documento CCLang(96)10
rev), que es más especializada. Esta guía, que trata en profundidad el desarrollo y la
evaluación de las pruebas, es complementaria del capítulo 9.
También contiene sugerencias bibliográficas, un anejo sobre los análisis de ítems y un
glosario de términos. |