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Descripción catalográfica
CARRANZA, BARTOLOMÉ, ARZOBISPO DE TOLEDOComentarios del
reverendissimo señor frai Bartholome Carranza de Miranda, Arzobispo de Toledo, &c.
sobre el Catechismo Christiano divididos en quatro partes las quales contienen todo lo que
professamos en el sancto baptismo, como se vera en la plana siguiente. En
Anvers: En casa de Martin Nucio, año
1558. [8], 433, [1] h. [i. e. 428]; Fol. |
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| h.
[1]v: Sumario del privilegio; h. [1]v: Sumario de lo que se trata en cada una de las
quatro partes de estos comentarios; h. [2]r-[4]r: Dedicatoria a Felipe II; h. [4]v-[6]v:
Al pio lector; h. [7]r-[8]v: Tablas de capítulos. Sig.: *8, A-Z6, 2A6, 2B8, 2C-2Z6, 3A-3Z6, 4A-4B6, 4C8.
En cuatro partes con portada y pie de imprenta propia. Marca tipográfica en todas
salvo la primera portada. En portada correspondiente a la segunda parte: En Anvers en
casa de Martin Nucio, a la enseña de las dos cigüeñas, año MDLVIII.
Letra romana, ladillos. Numeración corrida para todo el volumen; en blanco, h. [151]v,
h. [1] y h. [2]v entre 151-152, 282v, 369v, 433v, [1] h. final; errores de numeración:
170 bis, 104 como 105.
Portada general con grab. xil. del escudo real.
Iniciales xilográficas de mayor tamaño para inicio de cada una de las cuatro partes
que reproducen escenas mitológicas.
Real Biblioteca IX/2356. Encuadernación s. XIX en pasta; en
planos orla de rueda en hierros dorados; lomo liso con filetes y florones en hierros
dorados; cortes en amarillo. Mal encuadernadas h. 375-376. Texto con frases subrayadas. En
portada anotación manuscrita: «Prohibido a flº 105». En h. [1]v final por mano del
siglo XVII, anotación manuscrita: «Yo Francisco López librero de
corte di este libro a la absa. mi señora [rubricado]».
Bibliografía: Cockx,
1968-1994, I: 572.Peeters-Fontainas, 1956:
núm. 99.Peeters-Fontainas,
1965, I: núm. 191.INAUR, 1976, IV: 578. |
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Comentario
El
nombre del arzobispo fray Bartolomé Carranza es sobre todo conocido por el proceso
inquisitorial que le fue abierto en 1559 y que duró dieciséis años. El detonante de la
acusación fue la publicación del Catecismo, pero en él se mezclaron razones políticas,
religiosas y personales que alargaron injustamente la causa y truncaron la carrera
eclesiástica del prelado, quien en el momento de escribir la obra se hallaba en su cima:
había acompañado al príncipe Felipe a su viaje a Inglaterra para contraer nupcias con
la reina María Tudor. Durante ese viaje Carranza tuvo un papel decisivo en los intentos
de restauración católica. Cuando el príncipe pasó a Flandes pidió a Carranza que
pasara a su servicio en calidad de arzobispo de Toledo.
La obra
sirvió de excusa al dominico Melchor Cano y al inquisidor general Fernando Valdés para
acusar al arzobispo de tendencias iluministas (Tellechea 1972a:
3-31). La obra fue escrita en castellano y editada en Amberes en 1558. Las razones que le
llevaron a elegir el castellano como lengua de transmisión para elaborar una obra de
carácter dogmático a pesar de las suspicacias que ello podía levantar en la
Inquisición española, las expone Carranza en una carta dirigida al Consejo de
Inquisición (CODOIN,
1844, V: 519). En ese documento el arzobispo explica que escribió en romance con la
intención de remediar o paliar el daño que hacían los muchos libros escritos por
autores de dudosa ortodoxia que circulaban en los Países Bajos e Inglaterra procedentes
de Alemania, que distribuía libros reformados desde la feria de Francfort. El autor
proyectaba publicar el catecismo también en latín para que de ese modo lo pudieran leer
las gentes de otras naciones (dedicatoria h. [4]). La obra había sido escrita con el
parecer del Legado del Papa en Flandes e Inglaterra y del Consejo de religión y a
petición de muchas iglesias de España y recibió la aprobación del rey, quien además
concedió el privilegio de impresión y venta por espacio de doce años que entraron en
vigor a partir de junio de 1557, fecha en que Carranza debió concluir su trabajo. Como
manifestación del apoyo real del que gozaba Carranza, en la portada se puso una
xilografía de gran tamaño con el escudo real. |
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Con estos avales es evidente que Carranza nunca imaginó que la publicación de su
catecismo en castellano iba a levantar las sospechas que llegó a provocar.La obra fue
impresa en Amberes, ciudad que a lo largo del siglo XVI se había
convertido en un importante centro comercial y económico, en torno a la cual se
estableció un nutrido grupo de españoles. Los principales impresores activos en aquel
momento son conscientes del mercado editorial que se abre con ellos y comienzan a publicar
libros en español o para españoles. Martin Nuyts, el impresor que se encarga de la
impresión del Catecismo, es uno de los principales impresores de libros
españoles. Para abordar con éxito su labor tiene a su servicio nativos que le ayudan a
traducir las obras, a preparar los originales para la imprenta y finalmente a corregir las
pruebas (Moll, 1995:
17).
En el AHN, sección Inquisición (Leg. 4 445, 2), se conserva el borrador original del Catecismo
que fue utilizado para la impresión y que nos permite conocer mejor el proceso de
impresión llevado a cabo en el taller de Martin Nuyts. El texto presenta muchas manchas
de tinta, testimonio del trabajo del tipógrafo. Están también las marcas del cajista
que preparó el texto a plana y renglón y separó las palabras con una ligera raya o
vírgula para facilitar la labor del componedor. |
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Por lo que respecta a su composición y organización, el manuscrito tiene el mismo
formato en folio que el ejemplar impreso y está articulado en cuatro partes con portada
independiente, tal y como aparece en la edición. Al contrario que en el texto impreso, el
manuscrito presenta una foliación independiente para cada una de las partes (166, 148,
103 y 70 folios) lo que parece indicar que este detalle fue modificado en el taller de
impresión. El borrador incluye también una tabla de capítulos que
ha perdido las hojas que remiten a las dos primeras partes de la obra. En los márgenes de
las entradas de cada uno de los capítulos una mano diferente a la del copista ha indicado
el folio al que se remite. La foliación es correlativa y por tanto no refleja la
foliación del borrador sino la de la edición. El impresor optó por foliar el texto de
forma continuada en vez de mantener la foliación independiente del original.El
manuscrito presenta, asimismo, muchas correcciones textuales de variada tipología. Hay
por un lado correcciones ortográficas o de estilo que no siempre se han incorporado a la
edición, tal vez por razones o exigencias debidas al momento de la composición del texto
en la forma. Otro tipo de correcciones, las de más interés desde el punto de vista
filológico, son las que tienen que ver con el contenido. Estas correcciones y añadidos
son de dos manos. Una de ellas podría ser la del propio Carranza que incorpora texto o lo
suprime y deja por escrito instrucciones al impresor sobre algún renglón que ha sido
tachado pero que se tiene que incluir en la edición. La otra, más pequeña y en tinta
sepia, parece corresponder a la del humanista Juan Páez de Castro, que en ese momento se
encuentra en Amberes como cronista de su majestad. Carranza, que habría conocido a Páez
durante el Concilio de Trento, le solicita la supervisión de la obra, tarea que al
parecer el humanista realizó con bastante largueza (Tellechea, 1976: XV).
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La obra
no tuvo mucha difusión en el momento de su publicación, en parte porque el propio
Carranza, consciente de los recelos que había levantado su lectura, ordenó retener la
edición en Amberes. Los pocos ejemplares que habían llegado a España estaban
controlados por él o por gente de su entorno. La obra fue sometida a la censura de los
teólogos por orden del inquisidor Valdés quien, finalmente, logró incluir la obra en su
riguroso Index librorum prohibitorum (Valdés, 1559) y
encarcelar a su autor. Aunque no fueron pocos los teólogos que defendieron su ortodoxia,
el Catecismo no se volvió a publicar hasta el siglo XX (Tellechea, 1972b;
1976). Esto
convirtió la edición en una rareza bibliográfica a la que solo tenían acceso quienes
contaban con permiso de las autoridades para leer o poseer obras prohibidas. Este parece
ser el caso de la abadesa para quien Francisco López, librero madrileño del siglo XVII, reservó el ejemplar que hoy se conserva en la Real Biblioteca.Fueron
muchos los ojos que escudriñaron la obra buscando una palabra o una frase sobre la
que apoyar su censura. Nadie reparó sin embargo en la representación de una de las
iniciales xilográficas que ilustra el comienzo de la tercera parte (f. 283). En esa
inicial el grabador ha reproducido el tema mitológico de Leda que, según cuenta la
leyenda, fue poseída por Zeus transformado en cisne. Aunque no deja de sorprender la
elección de los motivos ornamentales para ilustrar una obra de carácter religioso, se
podría pensar que la leyenda clásica estaba tan aceptada en el siglo XVI
que había perdido todo su valor erótico, hasta el punto de pasar inadvertida. |
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No obstante, el que una representación plástica de esta leyenda integre junto a otras
piezas de carácter erótico la Cámara Secreta de la colección Farnese en el Museo
Arqueológico de Nápoles, indica qué percepción se podía tener de la representación
de la historia mítica. La xilografía del Catecismo nunca fue motivo de censura
porque la atención del lector estaba centrada no en las imágenes sino en el texto, en el
contenido, como podemos apreciar en este ejemplar que tiene muchos de sus folios
subrayados por un censor que, después de la lectura, dejó constancia de su trabajo
anotando en la portada el número de folios prohibidos. A pesar de su minuciosa labor no
hizo ninguna referencia a la imagen comentada. |
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