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Juan Valdés
Comentario... sobre la Epistola de S. Paulo Apostol
a los Romanos



Descripción catalográfica



VALDÉS, JUAN

Comentario o declaración breve y compendiosa sobre la Epistola de S. Paulo Apostol a los Romanos, muy saludable para todo Christiano. Compuesto por Ivan Valdesio, pio y sincero theologo.— En Venecia [Ginebra]: En casa de Iuan Philadelpho [Jean Crespin], 1556.— 339 [i.e. 349], [3] p.; 8.º.

p. 3-13: Dedicatoria a Giulia Gonzaga; p. 14-26: Al christiano lector; p. 27-28: Argumento sobre la epistola de S. Paulo a los Romanos.

Sig.: a-z8. Pie de imprenta falso. La obra fue editada en Ginebra por Jean Crespin. Marca tipográfica de la Y sobre los dos caminos en portada. Letra romana para la traducción al castellano de la Epístola; letra romana de menor tamaño para el comentario; letra itálica para la dedicatoria al «christiano lector» y el texto bíblico en latín.

En bl. p. 2 y z8. Errores de numeración: salta de p. 128 a p. 119. Las p. 338-339 contienen lo que en el texto debía ser la p. 32 pero que se saltó por error. Fe de erratas en z7v.

Real Biblioteca I/B/153 (1). Encuadernación s. XIX en pasta; lomo liso con filetes en hierros dorados; cortes en azul. Signatura de la biblioteca del Conde de Gondomar: Sala 3, Estante 5, Cajón 1.º; Sello: «Inventariado por las Cortes, año 1874».

Encuadernado con el Comentario... sobre la primera Epistola de S. Paulo Apostol a los Corinthios de Juan Valdés.

Bibliografia: Moeckli, 1966: 30.— ADCAM, 1987: 301.


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Comentario

Durante siglos la Biblia había sido objeto de interpretaciones en las que la falta de comprensión textual se resolvía con interpretaciones exegéticas que no alteraban el texto establecido. Los filólogos del Renacimiento rompen con esta forma de interpretación alegórica y buscan la interpretación literal del texto a partir de su estudio directo. Entre el conjunto de libros bíblicos, los humanistas se sienten sobre todo atraídos por el Nuevo Testamento, donde creen encontrar los principios para una elevación moral. Erasmo publica en 1516 una edición del Nuevo Testamento en la que se esfuerza por establecer el texto griego. Sus Paraphrases a las Epístolas de san Pablo aparecen en 1517-1519 (Van der Haeghen, 1972: 143-146). Por esa misma época [1515-1516] Lutero concentra su esfuerzo de exégesis en los Psalmos y Epístolas, entre las que la Epístola a los Romanos de san Pablo, tiene un especial interés porque plantea la cuestión de la justificación, artículo fundamental en la teología reformista que fue objeto de debate en el Concilio de Trento, y que durante los años 1535 y 1555 atrajo en España a un buen número de seguidores católicos que se aproximaron en este punto a las ideas reformistas (Bataillon, 1966: 545-548).

Juan Valdés emprende primero la traducción y comentario de los Psalmos, Evangelios y Epístolas convencido de la necesidad de dar a conocer con exactitud y divulgar los textos sagrados. A las Epístolas de san Pablo se había acercado al leer el Enchiridion de Erasmo, libro de cabecera del iluminismo español y cuando compuso su Diálogo de la doctrina cristiana.


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Algunos detalles sobre la composición de la obra los encontramos en la dedicatoria a Giulia Gonzaga que preside la edición de la Epístola a los Romanos (p. 7). Valdés escribe la obra para su discípula y amiga para la que un año antes había hecho la traducción de los Psalmos de David del hebreo al castellano. Después, persuadido de la edificación espiritual que la obra reportaría a su discípula, le envía las Epístolas de san Pablo, traducidas del griego en romance. Valdés le explica los criterios que ha seguido para la traducción y presentación del texto bíblico, lo que pone de manifiesto su sentido crítico, su afán por evitar falsas interpretaciones y su deseo de alejar posibles críticas. Señala que (p. 7):

en la traducción he querido yr muy atado en la letra sacando palabra por palabra en quanto me ha sido posible y aun dexando ambigüidad adonde hallandola en la letra griega la he podido dexar en la castellana quando la letra se puede aplicar a una intelligencia y a otra. Esto he hecho porque traduziendo a San Paulo no he pretendido escrivir mis conceptos sino los de San Paulo. Es bien verdad que a donde me ha parecido, he añadido algunas palabrillas en el texto, pero algunas dellas se entienden en la letra griega aunque no estan escriptas. Y otras parece que necesariamente se han de entender. Todas estas como vereys van señaladas afin que las conozcays por mías y las trateys como os pareciere quanto a leerlas o no leerlas... En las declaraciones que he escripto sobre lo que he traduzido me he llegado en quanto me ha sido posible a la mente de San Paulo poniendo sus conceptos y no los míos. Y si en algo me he apartado ha sido por ignorancia y no por malicia y por tanto de muy buena voluntad holgare de ser corregido y emendado en lo que no hubiera acertado... Las palabras que pongo latinas al principio de las declaraciones no penseis que sirven para que por las castellanas entendais las latinas porque muchas vezes no conforman las unas con las otras. Pero pensad que solamente sirven para que mas facilmente entendais quales son las palabras latinas a que responden las catellanas (las quales como he dicho son conformes a la letra griega y no a la latina) porque San Paulo escribio en griego y no en latín.


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En la edición el editor ha procurado mantener estas distinciones que aparecen en el original manuscrito y ha diferenciado tipográficamente los textos y el comentario: el texto en latín se presenta con una letra itálica. La frase aparece destacada del resto y centrada. Aparece precedida de un calderón para facilitar su localización y lectura. La traducción al castellano de la frase bíblica se presenta en una letra romana de mayor tamaño mientras que para el comentario se ha buscado una letra redonda de menor cuerpo.

Como Wiffen y Usoz advirtieron al analizar estas ediciones para completar su obra sobre los Reformistas españoles antiguos en 22 volúmenes, las ediciones de la Epístola a los Romanos de 1556 y de la Epístola a los Corintios de 1557 son dos volúmenes muy raros. El análisis de la marca tipográfica y de las iniciales les llevó a pensar que no se trataba de un impreso veneciano, tal y como indica el pie de imprenta, sino que las obras habían sido impresas en Ginebra, por el impresor Jean Crespin.

El manuscrito que el autor había regalado a su mecenas y discípula Giulia Gonzaga, salió de Italia en 1548 y llegó a Ginebra probablemente con Pier Paolo Vergerio, discípulo del cardenal Contarini y de Reginald Pole —teólogos de promoción erasmiana que durante el Concilio de Trento buscaron la reconciliación entre las posturas más encontradas sobre la justificación por la fe—. El manuscrito llegó posteriormente a manos de Juan Pérez de Pineda, quien se encargó de su edición.


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Juan Pérez de Pineda forma parte del grupo de sevillanos con inclinaciones protestantes que salieron de España acosados por la persecución del Santo Oficio y que encontraron refugio en Alemania, Holanda y Ginebra. La presencia de españoles en la ciudad Suiza, de donde era natural Calvino, hizo posible la impresión de obras en lengua castellana para propagar la nueva fe y dar alimento espiritual a quienes permanecían en España (Bonnant, 1962: 50-57). Pérez de Pineda, pastor de la comunidad española en Ginebra, se encarga de hacer llegar a la península los libros protestantes que manda imprimir a Crespin. Cuenta con la ayuda de Julián Hernández, otro sevillano del grupo de protestantes que se vio obligado a salir de España por la presión del Santo Oficio, quien en su ausencia se encarga de supervisar el trabajo de impresión.

Existen muchas pruebas de la difusión que alcanzaron estas impresiones de literatura protestante en España. La más evidente para Bonnant (1962: 50-57) es la detención por la Inquisición de Julián Hernández en el momento de su llegada a Sevilla con un cargamento. La reconstrucción que hace Droz (1960: 119-132) de la lista de libros que transportaba Julián Hernández en el momento de su detención muestra que la mayor parte de los textos procedía de Ginebra y se había impreso para la propaganda calvinista en España, en el taller de Jean Crespin; junto a las biblias impresas en español formaban su valiosa mercancía una traducción al español del Catecismo de Calvino, las obras de Juan Pérez, sus ediciones de Valdés y la Imagen del antichristo de Bernardino de Ochino.


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Esta decena de ediciones de propaganda para España realizadas por Crespin (Gilmont, 1981: 134) tiene una característica en común: en la portada aparece como marca tipográfica la letra «y» blanca sin filete, adornada con flores y con dos figuras humanas: una recibe una corona para glorificar su esfuerzo por la elección del camino tortuoso de la salvación; el otro que ha optado por el camino ancho de la perdición recibe como única recompensa la llama del fuego eterno. Esta idea del bivium, tema de raíces clásicas muy utilizado no sólo por los teólogos de la Reforma, sino también por los de la Contrarreforma, que refleja la imagen y que lleva a una inmediata reflexión por parte del lector sobre la actitud a seguir en la vida, se completa con una leyenda inspirada en Mat., 7, 13, que Pérez tradujo de la siguiente manera: «Estrecho el camino de la vida y ancho el de la perdición».

Esta marca tipográfica, evidentemente falsa, preside también la portada de las dos ediciones de las Epístolas de Valdés de 1556 y 1557. El nombre de Crespin ha sido reemplazado con el seudónimo de raíz griega Juan Philadelpho, y el lugar de edición de Ginebra se cambió por el de Venecia, donde algunas obras de Valdés habían sido editadas con anterioridad.

La elección de caracteres en letra itálica y romana y el formato en octavo son características que comparten estas ediciones con las impresiones de literatura protestante. Los caracteres romanos e itálicos son signos de modernidad frente a las letras góticas y bastardas. Por su parte el pequeño formato permite ocultar el ejemplar con más facilidad, son ediciones más baratas y asequibles y recuerdan a los libros piadosos del periodo anterior, por lo que es más fácil que pasen inadvertidos a los controles de la Inquisición.


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Su trabajo de editor consistió en preparar el texto de Valdés, cuyo original manuscrito «vino tan estragado y tan viejo por causa del largo tiempo que avia que estaba escripto de la mano del mismo autor que se ha pasado grande trabajo en sacarlo a luz y restituyrlo en su primera integridad y pureza, conforme a la intención del que lo compuso...» (p.15). La dedicatoria manuscrita del autor a Giulia Gonzaga que acompañaba el texto de las dos Epístolas la puso al frente de la edición de la Epístola a los Romanos (pp. 3-13), la primera de las dos obras que se imprimió. Al frente de la edición de la Epístola a los Corintios que se publicó en 1557, puso la dedicatoria al emperador Maximiliano (pp. 3-9), con lo que pretendía evitar sospechas por parte de la censura y dar mayor apariencia de legalidad a la obra, del mismo modo que había hecho preceder la edición de su traducción de los Psalmos, impresa por Crespin en 1556, de una dedicatoria a su esposa la reina María de Hungría (Bataillon, 1966: 705). Su nombre aparece abreviado con las letras J. P., que recuerdan a las iniciales del falso pie de imprenta Juan Philadelpho. Completó los preliminares con sendas dedicatorias al lector en las que hace consideraciones sobre la necesidad de leer las Epístolas por su carácter edificante y su dificultad de interpretación.

La rapidez con la que trabaja el impresor Crespin ha sido comentada por Gilmont (1981: 201), quien justifica esta afirmación con ejemplos de obras que salieron inacabadas de sus prensas por las prisas del impresor por llevar las obras a las ferias de Francfort. La edición de 1556 presenta un error de composición que tal vez haya que achacar a las prisas: el texto que debía ir en la plana 32 se ha impreso al final por un error del impresor. Para evitar este y otros fallos, Juan Pérez encargó a Julián Hernández la supervisión de los trabajos de impresión durante su ausencia de Ginebra.


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La significación espiritual de la obra de Valdés se vio modificada por la manipulación que de ella hicieron sus discípulos y seguidores, como Juan Pérez o Bernardino de Ochino, claramente protestantes (Bataillon, 1966: 510). Ello hizo que muchas de sus obras se incluyeran en los índices de libros prohibidos. La Epístola de san Pablo a los Romanos, de 1556, y la Epístola de san Pablo a los Corintios, de 1557, figuran en el Index librorum prohibitorum de 1559 y 1583 (Valdés, Fernando, 1559; Quiroga, 1583).

Esta es la razón de que la mayor parte de la vasta producción de Juan Valdés circulara manuscrita y que las ediciones que existían de sus obras se convirtieran en una rareza para bibliófilos. Los dos ejemplares de la Real Biblioteca son un ejemplo de ello ya que proceden de la librería del Conde de Gondomar quien, a lo largo de su vida, logró despistar el control de la censura y hacerse con varios ejemplares de libros prohibidos.

Ambos ejemplares fueron reencuadernados juntos en el siglo XIX, momento en que recibieron la actual encuadernación en pasta. En la obra que aparece encuadernada en primer lugar (Valdés, 1556) se conserva la antigua signatura que el libro tenía en la biblioteca del Conde de Gondomar. La obra figura como suya en el inventario de sus libros que realizó su bibliotecario Teller en 1623 (B.N. ms. 13 574). El ejemplar encuadernado en segundo lugar (Valdés, 1557) carece de esta marca de identidad. Tampoco figura en el inventario de la biblioteca pero aunque es difícil tener total certeza de ello, parece bastante verosímil que ambos ejemplares le pertenecieran y que al tratarse de obras del mismo autor, el mismo contenido e idéntico pie de imprenta, estuvieran reunidas en un único volumen.



Estas dos obras no se volvieron a editar hasta 1856 gracias al proyecto concebido por Benjamin Wiffen y Luis de Usoz para editar, entre 1847 y 1865, los 22 volúmenes que forman su biblioteca de Reformistas españoles antiguos, en la que la obra de Juan Valdés ocupa los tomos X y XI (Boehmer, 1874: 119-120). Para esta edición utilizaron el ejemplar de la Epístola de san Pablo a los Romanos de 1556 que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid (U/10.759) y que lleva sus marcas de posesión: Wiffen incluyó [4] hojas con un extenso comentario en inglés sobre la obra de Valdés, que firmó en Woburn en el año 1850. Debajo del nombre Benjamin Wiffen, Luis Usoz y del Río escribió de su mano el suyo en Madrid, en el año de 1851, para dejar testimonio de su colaboración y amistad.
 

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