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Descripción catalográfica
[BIBLIA. Español]La Biblia que es los Sacros libros del
vieio y nuevo testamento trasladada en español [por Casiodoro de la Reina].
[Basilea: Thomas Guarin], 1569.
[30], 1438, [2], 544, 508 [i.e. 506], [6] p. ; 4.º mayor. |
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| p.
[2]: Decreto del Concilio de Trento en el catálogo de los libros prohibidos, reg. 4; p.
[5]-[18]: Ad sereniss. illustriss. generosos nobiles, prudentes reges, electores,
principes, comites, barones, equites atque magistratus civitatum...; p. [19]-[30]:
Amonestacion del interprete de los sacros libros al lector... Colofón: Anno del
señor MDLXIX en septiembre.
Sig.: [ ]2, [cruz]8, [estrella]6, Aa-Yy8,
2A-2R8, a-p8, q8.
Texto y paginación a dos columnas. Letra romana e itálica de dos tamaños. Errores de
paginación en la última serie: del 476 salta al 479. En bl. p. [3]-[4] de la primera
serie y p. [5] y [6] del final.
Ejemplar sin pie de imprenta. Marca tipográfica en portada.
Grabados xilográficos en p. [6] y [14]. Iniciales xilográficas.
Biblioteca Zabálburu 18-70. Encuadernación s. XVII en
becerrillo con hierros dorados en planos y nervios. Tej.: BIBLIA HISPANICA.
Bibliografía: Salvá
1872, II: 3 847. |
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ComentarioNo es por casualidad que esta traducción de las
Sagradas Escrituras se imprimiera en Basilea, ciudad que junto con Ginebra atrajo a gran
número de protestantes de origen español, que buscaban patrocinadores e impresores de
aquellas obras cuya difusión e impresión en España había sido prohibida por la
Inquisición. Entre los textos condenados estaban sobre todo las obras de carácter
piadoso y las versiones y comentarios de las Sagradas Escrituras. Durante muchos años el
lector de habla castellana solo podía acceder a la Escritura a partir de versiones más o
menos completas y fiables como la Vita Christi de Ludolphus de Saxonia o las
traducciones de las Epístolas evangélicas recopiladas en los leccionarios.
Francisco de Enzinas tuvo que imprimir en Amberes, en 1543, su versión del Nuevo
Testamento, que era la primera versión completa que se hacía en español. A pesar de la
dedicatoria a Carlos V, la obra fue rápidamente condenada. Juan Pérez encargó a Jean
Crespin la publicación en Ginebra, en 1556, de su traducción del Nuevo Testamento. Crespin y Pérez acuerdan, asimismo,
imprimir los Comentarios a las Epístolas de san Pablo de Juan Valdés (Venecia [Ginebra], 1556; Venecia [Ginebra],
1557). Por tanto es en este contexto en el que hay que ubicar la traducción que
realiza Casiodoro de la Reina. Esta edición es importante porque se convierte en la
primera edición íntegra de la Biblia en español a partir de sus originales hebreo y
griego.
A pesar de las prohibiciones del Santo Oficio, la introducción en España de ediciones
protestantes de libros de piedad y biblias está bastante bien documentada desde 1521 (Kinder, 1990a:
306). Para ello se sirven de argucias editoriales como las falsificaciones del autor. Por
lo que se refiere al texto bíblico, la Inquisición, en un intento por controlar la
situación, ordena en 1552 examinar todas las biblias y elaborar un índice con las
ediciones prohibidas. El examen concluye con la publicación, el 20 de agosto de 1554, de
una censura general contra los errores de las sagradas escrituras que elabora Fernando
Valdés (AHN Inquisición Leg. 4426, 32). Este rigor sobre la Biblia se mantiene en el Index
librorum prohibitorum de Fernando Valdés (1559)
y en las sucesivas ediciones del Índice (Pinto, 1981: 603-607).
Casiodoro tuvo que abandonar Sevilla y España en 1557. Consciente de que su nombre
hubiera hecho imposible que la obra entrara en España, la edición de la Biblia en
castellano aparece con escasos datos que permitan relacionar la obra con su autor y con su
impresor. El nombre de Casiodoro no aparece mencionado ni en la portada, ni en los
preliminares. Las siglas C. R. que cierran la dedicatoria a los príncipes (pp. [5]-[18]),
algunas referencias vertidas en la amonestación al lector (pp. [19]-[30]), una anotación
manuscrita que el autor puso en la portada del ejemplar que regaló, en junio de 1570, a
la Universidad de Basilea (Salvá,
1872, II: núm. 3 847), y las recientes investigaciones han permitido atribuir con
certeza la traducción de la obra a Casiodoro de la Reina. |
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Kinder (1990a: 322-323; 1990b: 1-11), que
es quien mejor ha estudiado esta edición, ofrece interesante información al respecto.
Casiodoro de la Reina hubiera preferido imprimir su traducción de la Biblia en Ginebra,
en el taller de Jean Crespin, porque
hubiera resultado más económico y porque Crespin tenía cierta experiencia con las
ediciones en castellano.Finalmente realiza la edición con Oporino, que comienza la
composición tipográfica de la obra en febrero de 1568. Pero le sobrevino la muerte y
hubo de concluir la obra otro impresor. Los estudiosos no se ponen de acuerdo en su
nombre. Por un lado, la correspondencia de Oporino menciona al impresor de origen francés
Thomas Guarine, que se había establecido
en Basilea en 1557. Su emblema es una palmera, marca tipográfica que no es la que aparece
en la portada de la edición de Casiodoro de la Reina. El oso que busca miel y se ve
rodeado de abejas es el emblema de Samuel Biener, también conocido con el nombre
latinizado de Apiarius que significa apicultor. Biener es un impresor
procedente de Berna, que había llegado a Basilea en 1565 y a quien se cree que Guarin
habría contratado a su vez para concluir la edición de la Biblia en castellano. Sea una
marca tipográfica o un simple grabado decorativo lo que aparece en la portada, lo cierto
es que la representación xilográfica del oso comiendo miel ha popularizado esta edición
de la Biblia con el nombre de Biblia del Oso. La obra, como reza en su colofón,
acabó de imprimirse en septiembre de 1569.
A pesar de las precauciones que tomó el autor, la obra no logró escapar del control
inquisitorial. Una red de espías españoles bien informados, cuya misión era evitar que
la obra fuera introducida en España, tenían conocimiento del proceso de impresión meses
antes de que este concluyera.
La obra está dedicada a los reyes y príncipes de Europa en general, y en particular a
los del Sacro Imperio Romano Germano, aunque parece que la intención del autor fue
dedicar la obra a la reina de Inglaterra. En la dedicatoria escrita en latín, el autor
solicita de estos príncipes el patrocinio y protección para la obra. |
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En la amonestación que el intérprete dirige al lector (pp. [19]-[30]), Casiodoro, entre
otras cosas, informa del tiempo que invirtió en la composición de la obra:
La obra nos ha durado entre las manos enteros doze años. Sacado el tiempo que nos han
llevado o enfermedades o viajes o otras ocupaciones necessarias en nuestro destierro y
pobreza podemos affimar que han sido bien los nueve que no hemos soltado la pluma de la
mano.
Teniendo en cuenta el año en que la obra vio la luz, es probable que el autor tuviera
iniciada ya la traducción antes de abandonar Sevilla en 1557, y bastante avanzada cuando
tuvo que huir de Inglaterra en 1563 (Kinder, 1990b:
4). A pesar de las condiciones adversas en las que se desarrolla su vida personal,
concluye la redacción de la obra 1565.
En ese mismo lugar (pp. [19]-[30]) Casiodoro, además de defender su condición de
católico frente a quienes le acusan de hereje, ofrece algunos detalles sobre los
criterios seguidos en su trabajo. Para la traducción de la obra, se sirvió de versiones
y comentarios ya existentes. Casiodoro ha descartado la versión latina de la Vulgata por
las inexactitudes que ofrecía con respecto al texto hebreo; en su lugar se sirve de la
versión de Santes Pagnino por su fiabilidad. Se sirve asimismo de la versión española
del Antiguo Testamento impresa en Ferrara, a pesar de que le reconoce ciertos errores.
Menciona otras versiones en caldeo y siriaco. No cita sin embargo la traducción de Juan
Pérez y, aunque nunca reconoció haberla manejado, hoy no existe ninguna duda de que
Reina copió casi literalmente su traducción del Nuevo Testamento editado en Ginebra en
1556 (Kinder, 1990a:
322).
Casiodoro ve justificada la inclusión de anotaciones en su traducción por la
oscuridad del texto sagrado. Según señala, son necesarias dos tipos de anotaciones:
«Unas que sirvan a la declaración de las palabras, figuras o formas de hablar, otras
para la declaración de las cosas, sin la intelligencia de las quales es imposible que
ninguna claridad de palabras pueda de veras servir». Para remediar la dificultad de las
palabras, Casiodoro procura mantener
toda la claridad que nos fue possible, mas de tal manera que el texto quedasse siempre
en su enterez reteniendo todas las formas de hablar hebraicas que o conciertan con las
españolas como son por la mayor parte o a lo menos que pueden ser facilmente entendidas
aunque en ello pecassemos algo contra la pulideza de la lengua española, teniendo por
menor mal pecar contra ella, aunque fuese en mucho, que en muy poco contra la integridad
del texto [
] Donde el hebraismo no es tan oscuro pero todavia tiene dificultad,
declaramoslo en el margen, como lo entendimos con esta nota, q. d. (quiere dezir), otras
vezes sin ella por no ocupar el margen que nos quedava pequeño. De manera que todas
nuestras annotaciones son o diversas interpretaciones en los lugares ambiguos o el
hebraismo donde es del todo absurdo en español o declaración del hebraismo donde es algo
dificil.
Casiodoro realizó también las anotaciones de contenido que consideró necesarias a la
comprensión del texto. Pero el volumen y el coste de la propia traducción hacía
inviable la publicación conjunta:
Las annotaciones que conciernen a la declaración de las cosas guardamos o para
imprimirlas a parte quando entendieremos que nuestro estudio agrada a la iglesia del
señor, o para ponerlas juntamente con el texto en otra impresión si el señor fuere
servido que vengamos a ella... En las que avemos puesto fuemos al principio de la
impression y aun hasta el medio algo escassos porque pensavamos poner las que dexavamos al
cabo del libro: mas quando vimos que el volumen crecia mas de lo que pensamos al principio
acordamos de cargar la mano algo mas aunque todo fue muy poco para satisfacer a nuestro
deseo y a lo que fuera menester para annotar todo lo que tuviera dificultad. Parte fue de
esta falta o cortedad aver tratado el margen para las annotaciones tan pequeño que muchas
vezes no bastasse en los lugares dificultosos (como son los canticos y los prophetas en
muchas partes, y ansi mismo en las epistolas apostolicas) a recibir todo lo que en el
texto estava ya señalado con su letra para ser annotado: y ansi se quedó señalado el
lugar en el texto y sin annotacion en el margen. Esta falta suplimos con hacer poner al
cabo del libro las annotaciones que no cupieron en sus propios lugares.
Estas notas están
colocadas en ambos márgenes del texto; las letras del alfabeto en minúscula remiten del
texto a la nota; un asterisco relaciona el texto con otras referencias bíblicas. El autor
sacrifica el aspecto final de la página, que por la abundancia de remisiones y
anotaciones resulta un poco abigarrado, en aras de la claridad. |
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Casiodoro justifica la extensión de los sumarios o resúmenes de contenido que preceden
cada capítulo:
advertira el lector que no pretendimos tanto hazer summarios que se quedassen siempre
por leer, como argumentos que sirviessen para la intelligencia del capitulo y las mas de
las vezes toda la disposicion de el, y la connexion de las sentencias cosa que como no nos
costó poco trabajo, no se hallará en todos los comentarios: de donde no es de maravillar
si aquellos donde hezimos semejante diligencia nos salieron al parecer un poco prolixos.
Digo al parecer porque el lector que no va contando los renglones sino buscando el
provecho de la intelligencia de lo que lee hallará que ni son largos ni sin fructo.
Y explica su organización en el texto:
La particion que en ellos guardamos fue primeramente, comprehendida toda la materia del
capitulo en la mente, reduzirlo a los menos miembros que nos fue posible lo qual por lo
primero sirve mucho a la continuacion de las sentencias del todo donde la menudencia de
miembros que en otros vemos, muchas vezes causa difficultad en la connexion y aun
confusion. Repartido ansi el capitulo, ponemos el argumento los miembros por su orden
señalandolos no por los versos del capitulo sino por propios numeros el primero el
primero, el segundo segundo &c y despues distribuyendo los mismos numeros por el
capitulo, poniendo a cada miembro el numero que tuvo en el argumento con un paragrapho tal
¶. Algunas veces se hallaran estos numeros confusos ansí en el argumento como en el
capitulo lo qual es quando el mismo capitulo tiene la misma confusion tratando despues del
segundo miembro algo que pertenece al primero. Entonces despues del numero segundo se
volvera a hallar el primero para que el lector sepa reduzir las sentenzias al miembro a
quien pertenecen.
Concluye la amonestación con una reflexión dirigida a las autoridades religiosas
españolas sobre la necesidad de encargar la traducción de la Biblia a un grupo de
especialistas, de modo que estuviera investida de la autoridad suficiente para permitir su
lectura. También sugiere que esa traducción debería imprimirse con especial cuidado.
Para evitar la corrupción del texto por culpa de los muchos impresores, sugiere Casiodoro
que se señale uno, el que:
se estimasse ser el más diligente y fiel en su officio, el qual solo fuesse
qualificado por publica autoridad del Synodo o concilio nacional para imprimir la Biblia
dicha, el qual fuesse obligado a hazer tantas impressiones de ella al año o de cierto en
cierto tiempo, quantas al Concilio pareciesse que bastarian, para que el no aver mas de un
impressor de ella no fuesse causa a el de avaricia y a la Iglesia de falta.
Esta reflexión de Casiodoro de la Reina sobre una única impresión autorizada de la
Biblia es ya una realidad en ese momento. En 1568, Felipe II dio la autorización al
impresor Christophe Plantin para iniciar
el proyecto de impresión de la Biblia Sacra, que
tendría como director científico a Benito Arias Montano. La idea de una edición
autorizada de la Biblia se extiende también a los libros litúrgicos, cuya reforma fue
acordada en el Concilio de Trento. El 22 de noviembre de 1568 Plantino obtiene del papa un
breve para la impresión del breviario reformado. Esta autorización a Plantino pone en
marcha un proyecto editorial para la publicación de los libros litúrgicos del Nuevo
Rezado (Kingdon, 1960)
para surtir a todas las diócesis de España en tanto que la administración y
distribución de los libros del Nuevo Rezado se concedió a la orden de San Jerónimo del
Monasterio de El Escorial (Péligry, 1977:
465-473). |
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