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Descripción catalográfica
ORTIZ, DIEGOEl primo libro de Diego Ortiz Toletano nel qual
si tratta delle glose sopra le cadenze & altre sorte de punti in la musica del violone
nuovamente posto in luce. En Roma: Por Valerio Dorico y Luis su hermano, a X de
dezemb. 1553. 61, [1] h.; 4.º apaisado. |
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| f.
[2]r: Privilegio de impresión otorgado por el papa Iulio III por 10 años en latín; f.
[2]v: Dedicatoria en italiano de Diego de Ortiz a Pedro de Urries, Comendador de la orden
de Santiago, señor de Ayerbe y Baron de Riesi (Nápoles, 10 diciembre 1553); f. [3]r:
Prólogo al lector; f. [4]r: Tavola del primo libro; f. 25r: De Diego Ortiz toledano libro
segundo; f. 25v: Tavola del secondo libro. Sig.: [ ]4, B-P4, Q2
Colofón (h. [1]v). Marca tipográfica en colofón.
Texto en italiano. Letra romana. Hojas numeradas sólo en el recto, sin numerar h.
[1]-[4], en bl. h. [1]v, h. 61v y h. [1]r final.
Portada con grabado xilográfico y orla decorativa al comienzo del libro segundo (f.
25r). Iniciales xil. Pentagramas y notación musical figurada.
Biblioteca Nacional R/14653. Encuadernación contemporánea, en tela roja. En f. [1]r: Sello: «Biblioteca de D.
F. A. Barbieri»; Sello: « Biblioteca Nacional». En f. [2]r: Sello:
«Bibliotheca Landsbergiana».
Bibliografía: Sartori,
1957: 17.Sartori,
1958a: 14.EDIT16. |
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Comentario Entre
1450 y 1550, y al amparo de las capillas musicales integradas por voces de niños y
adultos e instrumentos, con la misión de interpretar la música polifónica vocal en los
actos litúrgicos del oficio divino y de amenizar las procesiones, surge un grupo de
polifonistas que llevan la música española a su máximo apogeo.
Figuras como Tomás Luis de Victoria y Francisco
Guerrero destacan en la composición de obras de polifonía religiosa. Asimismo
florecen las formas polifónicas profanas como el villancico, la canción, el romance y el
madrigal. En el terreno de la música instrumental, aunque hay que esperar hasta 1536 para
la aparición del primer tratado de música instrumental para vihuela de mano, y hasta
1557 para órgano, la perfección de su contenido musical presupone un profundo
conocimiento de estos instrumentos por parte de los músicos españoles (Rubio, 1983: 233-235).
El primer tratado sobre música de vihuela de arco («viola da gamba») fue
compuesto por el clérigo de origen toledano Diego de Ortiz. Como casi todos los músicos
españoles del XVI, se trasladó a Italia para completar su
formación musical y decidió permanecer en la corte virreinal de Nápoles. Se dio a
conocer como preceptor de viola en el entorno del barón de Riesi, don Pedro de Urríes.
En febrero de 1558, Ortiz es requerido por el virrey de Nápoles, el duque de Alba don
Fernando Álvarez de Toledo (1556-1558), para que ocupe el puesto de maestro de capilla.
El duque de Alcalá, don Pedro Afán de Ribera, virrey de Nápoles entre 1559 y 1571, lo
mantiene en el puesto de maestro de capilla hasta la fecha de su muerte, que se puede
situar en torno a 1570 (Stevenson,
1993: 368-371, n. 19). Por ello, a pesar de su origen español, su obra está muy
vinculada a la historia musical de Nápoles.
El 10 de diciembre de 1553 publicaba en Roma su tratado Primo libro nel qual si
tratta de le glose sopra le cadenze & altre sorte de punti in la musica del violone
nuovamente posto in luce, que tuvo gran éxito en la época y que le hizo merecedor de
la protección del papa Julio III, que firmó el privilegio de impresión
y venta del libro por un espacio de diez años. |
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Según reconoce el autor en la dedicatoria a los lectores, es
precisamente esta falta de tratados sobre un instrumento tan principal y usado como la
vihuela de arco lo que le impulsó a escribir la obra. Este interés por poner al alcance
de quienes estudian la música de vihuela con arco que manifiesta el autor refleja el
cambio que, en el siglo XVI, se ha operado en la concepción de la
música instrumental: pasa de ser interpretada exclusivamente por los profesionales con
capacidad de improvisar, y que en muchos casos no necesitan tener delante la partitura
para tocar, a ser apreciada por un público aficionado, que necesita que se le enseñe y
que demanda métodos pedagógicos y composiciones para tocar (Ife, 1988: 226). Sin duda,
cuando Ortiz compuso el tratado sobre la vihuela de arco estaba pensando en el noble Pedro
de Urríes, protector y gran aficionado a la música y en su entorno.El tratado estaba
escrito en italiano, aunque apareció simultáneamente una versión en castellano con el
mismo título, Tratado de glosas sobre cláusulas y otros géneros de puntos en la
música de violones nuevamente puestos en luz. La obra fue impresa también en Roma,
por los hermanos Valerio y Luis Dorico, y presenta idénticas características
tipográficas que la escrita en italiano. Algunos términos castellanos que se
observan en la versión italiana sugieren que el traductor fuera un español,
probablemente el mismo Ortiz, que con la traducción de su tratado buscó ampliar el
círculo de sus lectores en su país, donde en ese momento no existe tradición en música
sobre vihuela de arco. No obstante resultan extrañas algunas de las indefiniciones que se
han deslizado en la traducción y que no parecen propias de un músico. Ortiz en su
traducción al castellano utiliza la palabra violón para referirse a la viola
da gamba, traduciendo literalmente el término violone, que era el que en
Italia se usaba, junto con el de viola da gamba para referirse a los instrumentos
de esta familia (Robledo,
1987: 64; Grove, 1987b,
III: 739-741).
En el prólogo que dirige a sus lectores, Ortiz detalla la estructura del
tratado pedagógico. La obra está dividida en dos partes o libros, de acuerdo con los dos
modos de tocar la vihuela de arco: en concierto con otras vihuelas, o en contrapunto con
otro instrumento. En el primer libro muestra con abundantes ejemplos el orden que se ha de
seguir al tocar las glosas que se pueden hacer en las cadencias. En el segundo libro (f. 25r) muestra la manera
que se ha de seguir al tocar la vihuela en contrapunto con otro instrumento como el
címbalo. Ambas partes las ilustra con varios tientos o recercadas, que en
muchos casos solo se nos han conservado gracias al tratado de Ortiz. Cuatro de estas
composiciones están basadas en el madrigal italiano de Arcadelt O felici occhi mei,
y cuatro en la Chanson de Pierre Sandrin Douce mémoire, en tanto que la
música peninsular está ausente de su obra (Grove, 1987a, XIII:
875-876).
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La mise en page es bastante compleja, puesto que en una misma página aparecen
impresos los pentagramas, las notas, las claves y el texto con la explicación. La
impresión de los elementos musicales está realizada sobre madera y por el sistema de
yuxtaposición de los tipos en la prensa. Esta técnica, que fue empleada por primera vez
por Attaignant en París, en 1527, y pronto se extendió por Europa, consiste en poner en
una caja de tipos en los que se cincelan una nota y una porción de pentagrama, de modo
que cuando se yuxtaponen en la prensa dan la impresión de formar líneas continuas. A
pesar de su dificultad, la claridad y elegancia de la página muestra la habilidad con que
trabajó el impresor Valerio Dorico, que contaba con una amplia experiencia en impresión
de libros de música (Grove,
1987a, V: 576-577; ASTCI/B, 1989: 107-108). Dorico estaba asentado profesionalmente en Roma donde, por espacio de un
año (1526-1527), colaboró con el impresor Giovanni Giacomo Pasoti de Parma en la
impresión de seis de los ocho libros de música que realizó por encargo del editor
romano Giacomo Giunta. En sus primeros trabajos, Dorico sigue el método de doble
impresión para los impresos musicales. Esta técnica, perfeccionada por el veneciano
Ottaviano de Petrucci, consiste en imprimir en primer lugar el pentagrama, luego el texto
y luego las notas. El sistema era bastante costoso y exigía mucha pericia por parte del
impresor. Hacia 1531 Dorico se hace con los tipos y el material decorativo de Pasoti y se
establece por su cuenta como impresor y librero. Tras un largo paréntesis, en 1544
imprime las misas de Cristóbal de Morales, donde por primera vez utiliza el sistema de
impresión simple de Attaignant, que también emplea en la impresión del tratado de
Ortiz. Domina el espacio de la portada el retrato en madera del autor
(Páez, 1966:
6 730), de gran tamaño, en contraste con el título en cuerpo menor.
Aunque es este tratado el que le dio prestigio, Ortiz publicó también
algunas composiciones de música sacra. En 1565 ve la luz en Venecia, en casa de Antonio
Gardano (Grove, 1987a:
158-159), un ejemplar en folio de himnos, magnificats, motetes, salmos y
música de vísperas con el título de Musices liber primus Hymnos, Magnificat, Salves,
Motecta, Psalmos, alique diversa cantica complectent, que dedicó al virrey de
Nápoles Pedro Afán de Ribera. El ejemplar es interesante porque, además de permitir
contemplar la producción del músico toledano desde una perspectiva más amplia,
proporciona algunos detalles para completar los escasos datos biográficos que disponemos
de él como la fecha de su muerte ocurrida en 1570.
Este ejemplar de la Biblioteca Nacional procede de la colección del compositor y
musicólogo Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894), que reunió una importante biblioteca
musical para la historia de la música en España que proyectaba realizar. |
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