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Bartolomé de Torres Naharro
Pro Palladia...



Descripción catalográfica


TORRES NAHARRO, BARTOLOMÉ DE [PROPALLADIA]

Pro Palladia / De Bartholome de Torres Naharro: dirigida al illustrissimo Señor el S. Don Ferrando Davalos de Aquino, Marques de Pescara... Contienense en la Propalladia Tres lamentaciones de

Amor. Una Satyra. Onze Capitulos. Siete Epistolas. Comedia Seraphina. Comedia Trophea. Comedia Soldadesca. Comedia Tinellaria. Comedia Ymenea. Comedia Jacinta. Dialogo del Nascimiento. Una Contemplation. Una Exclamation. Al hierro de la lança. Ala Veronica. Retracto. Romances. Canciones. Sonetos Comedia. Aquilana.— [Al fin]: Estampada en Napoles: por Ioan Pasqueto de Sallo. Iunto ala Anunciada... [1524].— 105, [8], [3] h. (85; f.º.— Aiij- Biij- Ciij- Dij- Eij- Fiiij- Giiij- Hiiij- Iiij- Kiij -Liij -Miij -Nij -Oiij -Piij- Qiij- Riij- Siij- Tiij- Uiij- Xiij-Y, riij-Qiij-yiij-aiij-biij (descripción de Rodríguez Moñino [1937: 57]).

Biblioteca Nacional R/12657.— Encuadernación s. XIX, holandesa con hierros secos en el lomo; tej.: VAHARRO PROPALLA.— Cuartilla pegada a cara interna de plano ant. con letra de Gayangos: «Este libro me regaló por Junio de 1852 mi querido amigo D. José María de Álava, de Sevilla. Ya antes había yo tratado de él en el tomo iº de mi traducción de Ticknor, que estoy publicando. [Firma]: Pascual de Gayangos». «Durán tiene un ejemplar, también falto, de la edición de Nápoles, que cotejado con este, es distinto; pero aunque yo fui de la opinión de Moratín de que este se imprimió en Roma, como lo parece indicar el privilegio papal y Real, y Torres Naharro imprimió en aquella ciudad estas obras, es un hecho que para mí no está del todo averiguado.»— [8] h. mss. y [3] h. en bl.— Sello: Pascual de Gallangos.— Ejemplar incompleto: faltan h.85-92 y 112.

Bibliografía: Rodríguez Moñino, 1937: 56-61.— Palau: 337 104.


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Comentario

Bartolomé de Torres Naharro nació hacia 1485 y murió en 1520. Su cronología es una invitación a considerarlo un hombre medieval pero su teatro hace temeraria esa presunción. Como los personajes de la comedia de Plauto, ejerció y padeció la condición de soldado y de parásito lejos de su patria. En el discurso del rústico encontró una manera de juzgar el mundo y de obtener la risa de auditorios complacidos en la sospecha intemporal de ser mejores que el bobo de la escena. Los introitos de sus obras teatrales, asegura la erudición impecable de Gillet (1961), son como palimpsestos en los que se puede leer la escritura de muchas generaciones. Nos asegura también que las obras dramáticas de Naharro son anuncio inequívoco del teatro español que se haría medio siglo después, y que se produjo decenios antes de que en el resto de Europa se hiciera algo comparable.

La obra de Torres Naharro se imprimió por vez primera en Nápoles, el año de 1517 con el título de Propalladia. El proemio que el autor puso al frente de los textos contiene la primera preceptiva dramática de Europa impresa durante el Renacimiento. La característica más sobresaliente de la dramaturgia de Torres Naharro es la impaciencia con que soporta la autoridad tradicional. Igualmente notable es su rechazo de las distinciones artificiales entre tragedia y comedia.

Consideró inútiles las clasificaciones del drama en función de la edad de los personajes o del atuendo con que aparecían en escena. Justificó la división del drama en cinco actos, que llamó «jornadas», por repartir mejor el esfuerzo físico de los actores y por prevenir la fatiga del público. Importa saber, por último, que en esa declaración teórica Torres Naharro admite dos géneros de comedias: «a noticia y a fantasía». Ambos procedimientos son lícitos para componer pero en la propuesta de escribir «de cosa fantástiga o fingida, que tenga color de verdad aunque no lo sea», logró elevar la literatura idealista al grado de legitimidad que, por tradición medieval —una tradición burlada periódicamente con el auxilio de la alegoría—, tenía la literatura realista. Con ello fue, acaso sin proponérselo, un adelantado valedor de uno de los más célebres principios estéticos contenidos en la Poética de Aristóteles: la verdad universal de la poesía no es inferior a la verdad particular de la historia. En 1517, reconocer la igualdad de derechos de la literatura realista y de la idealista, —de nuevo nos asiste Gillet en la reflexión— fue un logro crítico de primera importancia en la literatura de la Europa occidental.

Torres Naharro consideró que de todas las comedias agrupadas en la Propalladia solo eran realistas o «a noticia» la Soldadesca y la Tinellaria. Gillet (1961: 440-442) juzga que la Mandrágora de Maquiavelo (ca. 1512) o la Calandria del Bibbiena (1513), modelos italianos de esa tendencia literaria a proceder «de cosa nota y vista en realidad de verdad», son influencias en el teatro de Torres Naharro sofocadas por la lección de la Celestina. Hostilmente español, Torres Naharro resultó tan poco afectado por la influencia italiana como Juan del Encina. Pero, bajo el sol de Italia —concluye el magisterio de Gillet—, más cerca, pues, de la cultura renacentista, su genio produjo lo que la propia España daría de un modo más tardío por medio de los afortunados intentos de Juan de la Cueva, López Pinciano, Cervantes y, finalmente, Lope de Vega.


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Tras la edición príncipe de Nápoles (1517), la Propalladia volvió a estamparse en Sevilla por Jacobo Cromberger en 1520, con la adición de la Comedia Aquilana. Don Hernando de Colón poseyó ejemplar de esta estampa en su librería, adquirido en Valladolid por 75 maravedís el 13 de noviembre de 1524 (Escudero, 1894).

La siguiente edición (Nápoles: Ioan Pasqueto de Sallo, [1524]) es la que se expone. Rodríguez Moñino (1937), al describir este ejemplar, le llama «tormento de bibliógrafos». Su historia, que resume Palau (337 104), hace justicia a la definición de Moñino:

Jovellanos lo regaló a Leandro Fernández de Moratín y se le extravió. A Bartolomé José Gallardo, su siguiente poseedor conocido en 1834, se lo robaron. José Colom y Colón lo adquirió no sabemos a quién en 1844 y pegó en la guarda una cuartilla en la que copia el error de Moratín Roma 1517. A la muerte de Colón pasó a manos de Nicolás Böhl de Faber que anotó en el ejemplar también erróneamente Sevilla 1520. Luego lo tiene el profesor José María de Álava, que se lo regala a Pascual de Gayangos, el cual acierta al decir que es una segunda edición de Nápoles, sin negar la intermedia de Sevilla de 20 junio de 1520 de paradero desconocido. Al fin el ejemplar [...] descansa en la Biblioteca Nacional de Madrid aunque malherido en la espalda.

Esta impresión sigue, casi toda, a plana y renglón, la edición de Nápoles de 1517. Las diferencias están en la fecha del privilegio de León X, que en esta edición es M.D.VII, mientras que en la de Nápoles es de M.D.XVII; una diferencia más notable es la ausencia de la comedia Aquilana en la edición de 1517, presente en esta de 1524.

La buena fortuna editorial de la Propalladia fue constante durante el siglo XVI. De particular interés por su rareza es la impresión de Sevilla, Jacobo Cromberger alemán y Juan de Cromberger, 1526. Coincide con la de Nápoles de 1524 pero añade la Comedia Calamita que no había aparecido en ninguna de las ediciones anteriores. En Europa, Martín Nucio, uno de los impresores que más contribuyeron a la difusión de las letras hispanas desde su taller de Amberes, la editó sin indicación de año. Rodríguez Moñino juzga esa estampa dependiente de la edición sevillana de 1534 por la persistencia de algunos errores comunes entre ambas, ausentes en el resto de la tradición impresa. Basándose en la abstención de la letrería gótica característica del taller de Nucio hasta 1548, propone como fecha de impresión más reciente el año de 1549.

La memoria teatral de Torres Naharro encontró una perduración ejemplar en la obra de Gil Vicente, considerado el mayor dramaturgo de la Europa de su tiempo, y creador del teatro literario portugués. Las deudas de Gil Vicente con el teatro castellano están en la tradición del auto religioso, pero su comedia es herencia poco casual de las maneras alumbradas por Torres Naharro, un soldado que hizo fortuna en Italia escribiendo farsas «a noticia y a fantasía».

 

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